Clausura de la Semana del ITVR: "El futuro de la Vida Consagrada no peligra"

Cristóbal López: "El antídoto fundamental para la depresión religiosa es el descubrimiento del Reino de Dios", señaló en la ponencia final el cardenal salesiano, aunque "puede darse la paradoja de que haya mucha Iglesia pero poco Reino".

Aquilino Bocos: "En esta hora se espera de la vida consagrada más lucidez, más generosidad, más disponibilidad y más coraje", pidió por su parte en la eucaristía de clausura el cardenal claretiano.

Clausura de la 55ª Semana de la Vida Religiosa
Clausura de la 55ª Semana de la Vida Religiosa | RD/Captura

Clausura de la 55ª Semana Nacional de la Vida Consagrada, que, organizada por el ITVR ERA bajo el lema “Afrontar la reducción. Caminando y habitando en el desierto”, se ha celebrado en Madrid hasta este sábado, y en donde, sin derrotismo, pero sí con un realismo esperanzado, representantes de la vida religiosa en España, pero también desde otros países gracias a su retransmisión online, reflexionaron y escucharon a expertos sobre la manera de transitar el presente y acoger el futuro.

Y, de nuevo con claridad, pero sin dramatismos, ante una realidad en la que "a nadie se le oculta que sobre la pervivencia de numerosas congregaciones cuelga un gran interrogante", Antonio Bellella, director del ITVR, afirmó que "el futuro de la vida consagrada no peligra, pero sí lo haría su modelo de desarrollo, su configuración específica en el mundo actual y su encaje teológico con el resto de las realidades eclesiales".

"Tres serios retos –añadió el religioso claretiano–que conviven en un contexto muy crítico, donde es casi imposible encontrar una salida a corto plazo" y que se constituyen en "tres desafíos que reclaman la disciplina del pensamiento y la paciencia de la semilla", pero recordando que "tenemos mucho camino andado", pues "bajo el paraguas de la llamada 'crisis crónica' de la vida consagrada no ha habido pasividad e inercia, sino creatividad, discernimiento y valentía".

Antonio Bellella
Antonio Bellella | RD/Captura

"Hemos constatado que llevamos años buscando proyectos que nos ilusionen y apostando por una lenta transformación. Somos hombres y mujeres de Iglesia, hace años que crecemos en la conciencia de que la riqueza de las formas de vida eclesiales no es una falacia y que éstas no se pueden manipular ni encajonar en departamentos estancos. Ninguna vocación crea grupos autosuficientes y ninguno de los carismas se basta por sí mismo. Si algo pone de manifiesto la crisis de la reducción es que hay que repensar y rehacer el tejido relacional intraeclesial, a todos los niveles", indicó Bellela en su alocución conclusiva, y en donde reconoció también que "esta Semana ha sido la más viva de los últimos años" y realizada "en sinodalidad".

Con todo, el director del ITVR identificó –a la luz del desarrollo de las jornadas y los análisis ofrecidos, así como de la puesta en común de los centenares de participantes– un triple peligro: "El de mirar la realidad con los ojos de nuestra disminución efectiva, como si la reducción fuera lo único que existe entre nosotros; el de leer nuestros problemas con un enfoque espiritualista, pensando que nuestra situación se inscribe en los esquemas de la teología de la abundancia o los de la reprobación moral; el de perder de vista la primacía de Dios, descuidando la mirada de fe y concentrando nuestros esfuerzos en aplicar técnicas o criterios que no responden a nuestra identidad de creyentes y de personas consagradas".

Asistentes a la 55ª Semana del ITVR
Asistentes a la 55ª Semana del ITVR | RD/Captura

"Reestructuración no es el repliegue en grandes conventos. No va de retirarnos de muchas partes, sino sentirnos iglesia doméstica, pequeña, que camina con el pueblo…", abundó el claretiano, recordando que "estamos en el momento de integrar a los laicos, nos apoyamos en la misión compartida", e incidiendo también en la necesidad de "formación compartida para religiosas y laicos".

Las 'recetas' del cardenal de Rabat

La jornada comenzó con la ponencia conclusiva encargada al cardenal salesiano Cristóbal López, quien, a través de un vídeo que hizo llegar, proporcionó pistas con su estilo desenfado, pero lleno de hondura, con un texto titulado "Has de ir por donde no sabes. Ser en minoridad", empezando por alertar sobre "una tentación de quienes sufren de depresión religiosa, que es la de volver atrás, 'antes esto no era así', 'esto nos ha llegado después del Vaticano II', 'volvamos atrás, a como siempre se ha hecho...'".

"¡Atención! es una falsa pista, una falsa solución y una tentación que hay que combatir", remarcó el arzobispo de Rabat. "Una buena solución es viajar, salir de la burbuja en la que vivimos, conocer otras experiencias. Por ejemplo, a los cristianos de España les hace mucho bien conocer cómo viven su fe los cristianos de Latinoamérica o de África o de Asia. Conocer cómo vivimos la fe en Marruecos ha ayudado a muchos...".

El cardenal salesiano Cristóbal López
El cardenal salesiano Cristóbal López | RD/Captura

"La cuestión es descubrir que el mundo no se acaba en mi ciudad, ni en España ni en Europa. La cosa es no identificar la Iglesia con mi parroquia o mi diócesis, no encerrase, sino descubiri que hay vida más alla de Gibraltar", expresó, aunque también sugirió remedios para "casos más graves", ante lo que "ay que acudir a los medicamentos, pero que no sean antibiórticos, porque van contra la vida; hay que hacer uso de probióticos, el más común, barato y socorrido de los cuales es la 'optimicina', un poco de ella cada mañana nos va muy bien a todos" , señaló con ironía.

El descubrimiento del Reino como antídoto

"Bormas aparte –dijo–, el antídoto fundamental para la depresión religiosa es el descubrimiento del Reino de Dios como horizonte utópico movilizador. Sí, el Reino de Dios, el regalo que pedimos a Dios cada vez que rezamos el Padenuestro", porque, remarcó, una de las misiones de cada cristiano es "adelantar el Reino de Dios".

En este punto, prosiguió, "para escandalizar a los pusilánimes, suelo decir que yo no trabajo para la Iglesia. Como cristiano y obispo, trabajo en Iglesia y como Iglesia de la que formo parte, pero trabajo por y para el Reino de Dios, mi objetivo no es aumentar el número de cristianos", indicando que "puede darse la paradoja de que haya mucha Iglesia pero poco Reino".

El broche final de esta señera Semana Nacional para Institutos de Vida Consagrada lo puso la celebración eucarístrica, presidida por el alma mater de la misma, hace más de medio siglo, el P. Aquilino Bocos. "Después de los análisis y reflexiones de estos días, Hermanas y Hermanos, se nos pide más fe, más creatividad, más audacia para llevar adelante la misión recibida. ¿No nos sorprende que a los once que quedaban fieles, se les encargue ir por todo el mundo a predicar el Reino de Dios?", expresó en su homilía, recordando en este punto el salmo 20 y el libro de los Proverbios: "La victoria no depende de los recursos humanos o tecnológicos (carros y caballos), sino de la intervención divina. Dios escoge lo pequeño, débil o despreciable para realizar grandes obras, como nos recuerda San Pablo. El garante de la misión que se nos ha confiado es el Espíritu Santo. Él nos ilumina, nos sostiene, nos empuja y nos urge a testimoniar".

Aquilino Bocos, en la eucaristía de clausura
Aquilino Bocos, en la eucaristía de clausura | ITVR

"No deja de ser curioso observar que los Papas postconciliares hayan venido alentando a los institutos religiosos -como lo han hecho con todos los miembros de la Iglesia universal-, para que, dentro de nuestra escasez y pequeñez, seamos fermento y fuerza de atracción y para que irradiemos y contagiemos alegría y esperanza", remarcó el cardenal claretiano.

En esta hora se espera de la vida consagrada más lucidez, más generosidad, más disponibilidad y más coraje

"Ha llegado la hora del asombro, de despertarse y actuar la imaginación creadora –animó–. En esta hora se espera de la vida consagrada más lucidez, más generosidad, más disponibilidad y más coraje. Son los contrapuntos a la indiferencia y pasividad, al entretenimiento en lo que hacemos sin advertir la trascendencia de lo que se espera de nosotros y al radical cambio de mentalidad y de actitudes para acometer con entusiasmo la bella misión universal de la Iglesia".

Finalmente, el religioso quiso acabar trayendo a la memoria el mensaje muy bergogliano de quien fue también su amigo y le confirió la dignidad cardenalicia. "Va a hacer un año de la muerte del Papa Francisco. Estas cuatro palabras suyas quieren sellar esta 55ª Semana: Alegría: ser testigos y profetas de la resurrección de Jesús, a quien seguimos. Creatividad: ser sal, luz y levadura en las periferias. Audacia: atreverse a dar de lo poco y no dejarnos robar el Evangelio ni la fuerza misionera. Confianza. Estamos en las manos de Dios Padre y continuamos haciendo de la misericordia la viga maestra que sostiene a nuestra Iglesia que camina".

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