'¿Para quién eres?' Los obispos advierten a los religiosos de una "mirada un tanto obsesiva sobre nosotros mismos"
Defienden "la vivencia plena de la castidad, la obediencia y la pobreza, verdadero don profético de las personas consagradas para toda la Iglesia y para los hombres y las mujeres de buena voluntad" en su mensaje para la Jornada de la Vida Consagrada
Los obispos españoles han advertido a las personas consagradas del "peligro" de la "autorreferencialidad" y han ensalzado la "vivencia plena" de los votos de castidad, obediencia y pobreza como un "don profético" para la Iglesia.
Así lo indican los obispos de la Comisión para la Vida Consagrada de la Conferencia Episcopal Española (CEE) en su mensaje con motivo de la Jornada Mundial de la Vida Consagrada, que se celebrará el próximo 2 de febrero bajo el lema 'Vida consagrada, ¿para quién eres?'.
"El lema que hemos elegido este año para la Jornada en España pone de relieve que la pregunta por la propia identidad (¿qué o quién soy?) es ineludible, pero quedarse solo en ella entraña algunos peligros, sobre todo si la mirada un tanto obsesiva sobre nosotros mismos termina por impedirnos ver a quienes, estando más allá de nosotros, conforman nuestro horizonte último de vida y misión", señalan en el texto, consultado por Europa Press.
Con el fin de "evitar la autorreferencialidad --un peligro presente para la vida consagrada, como advirtió en diversas ocasiones el papa Francisco--", los obispos invitan a los consagrados a pasar de una "mirada centrífuga" a otra "centrípeta".
A su vez, señalan que la cuestión vocacional, "que tanto preocupa en estos tiempos y estas latitudes", no es solo "una urgencia coyuntural" sino "sobre todo una exigencia carismática". "Somos para aquellos a quienes llamamos a través de nuestro amor evangélico; o mejor, para aquellos a los que el Señor llama, también a través de nosotros, a vivir a fondo la fe cristiana y la entrega de la vida", subrayan.
En este sentido, los obispos destacan el voto de castidad, que es "el del amor centrado en Dios y ofrecido a todos; particularmente, a quienes el Señor quiere llegar con una palabra veraz de claridad y calidez". "Él es el camino de luz y esperanza que nos lleva al amor infinito. Un amor que contribuye a la comunión fraterna sinodal que la vida consagrada está urgida a tejer en su seno y con el resto del pueblo de Dios en camino, propiciando una conversión de las relaciones por amor", explican.
También destacan el voto de obediencia, que es "el del amor que desea al Señor, a Cristo Hijo de Dios vivo, a quien quiere ir y de cuya palabra de vida eterna quiere vivir, como confiesa Pedro"; y el de pobreza, "el del amor que se contenta sencillamente con la presencia del amado y de los amigos del amado; y no necesita nada más que ser cercano y estar disponible para los que no tienen a nadie que sea y esté con ellos, sin asustarse de su humillación ni huir de su pobreza".
Aquellos en los que podemos enriquecer a muchos -y a nosotros mismos-, poniendo en juego nuestra vida de dedicación entera a Dios y a los hermanos a través de la vivencia plena de la castidad, la obediencia y la pobreza, verdadero don profético de las personas consagradas para toda la Iglesia y para los hombres y las mujeres de buena voluntad
"La vida consagrada es para los pobres, a quienes se entrega. Es para el que ha sido privado de la compañía y el consuelo de los hombres, pero nunca de Dios, que se abaja para servirle. Y en ese servicio a los desamparados el Señor no quiere estar solo; quiere a su lado a los hombres y mujeres que han conocido su amor y saben que se puede vivir de él y de su Palabra en toda circunstancia, también -quizá especialmente- en las más aciagas y las más adversas", subrayan los prelados.
Una pobreza, según añaden los obispos, que es "puerta abierta de esperanza a la austeridad liberadora y a la generosidad que brota de la gratuidad".
Así, los obispos apuntan que el lema 'Vida consagrada, ¿para quién eres?' se convierte así en algo más que un lema, en "un eco de la Palabra viva que, vivida en clave de consagración, amplía los horizontes de comunión, participación y misión".
"Aquellos en los que podemos enriquecer a muchos -y a nosotros mismos-, poniendo en juego nuestra vida de dedicación entera a Dios y a los hermanos a través de la vivencia plena de la castidad, la obediencia y la pobreza, verdadero don profético de las personas consagradas para toda la Iglesia y para los hombres y las mujeres de buena voluntad", añaden.