Armand Puig: “La visita de León XIV ayudará a redescubrir al Antoni Gaudí arraigado en la pequeña patria”
El biógrafo de Gaudí sitúa la infancia del genio entre Reus y Riudoms como el núcleo fundacional de su sensibilidad artística y espiritual
En el Círcol de Reus, la conferencia Vivencias religiosas de Antoni Gaudí en Reus y en las comarcas tarraconenses, impartida este lunes 18 de mayo por el biblista Armand Puig, adquirió el tono de una reflexión densa sobre el origen, la pertenencia y aquello que el propio ponente definió como la “materia vital” de Gaudí: la tierra y el aire que lo formaron.
Puig —académico de proyección internacional y que, desde hace algunos años, combina el estudio bíblico con Gaudí y todo su universo— construyó una lectura profundamente arraigada en la idea de la “racialidad” gaudiniana, entendida no en clave biológica sino como sedimentación de un mundo vivido desde la cuna. En este sentido, evocó aquella mirada del crítico Daniel Giralt-Miracle, comisario del Año Gaudí 2002, que ha definido su perfil intelectual como un “gaudinismo racial”: el de alguien que ha respirado el mismo aire que Gaudí, que ha crecido dentro de la misma atmósfera del Baix Camp.
“Cuando estoy en Roma respiro otro aire”, afirmó Puig. “El aire que respiramos es diferente según las regiones del mundo, y él se formó en este aire”, dijo. La frase, repetida con una serenidad casi litúrgica, condensaba la tesis central: Gaudí no se explica solo por la obra, sino por una atmósfera originaria que lo marca desde la infancia. “Tuvo tiempo de integrar el Camp de Tarragona hasta los 16 años”, añadió, subrayando la densidad formativa de aquel primer mundo.
La conferencia, presentada por Emili Correig y coorganizada por los Amigos de Gaudí de Reus, fue desplegando esta idea a través de imágenes fundacionales: el campanario de San Pedro como primer gran impacto visual, o la intuición temprana de las formas ondulantes —“la curva de la G de su firma con 11 años”— como preludio del futuro lenguaje arquitectónico.
Pero la lectura de Puig también incorporó las tensiones del relato biográfico. “Gaudí y Reus empiezan a quererse de verdad”, aseguró, antes de recordar el episodio del Santuario de Misericordia y la frase atribuida al arquitecto —“Vámonos, aquí no nos quieren”—, que el propio conferenciante confesó vivir como una herida persistente. En contraste, Riudoms apareció como el espacio de la plenitud y la felicidad originaria.
En este mapa emocional del Camp de Tarragona, Puig situó también Tarragona, Valls o La Selva del Camp como nodos de una red vital que configura al joven Gaudí, siempre bajo una idea central: “Gaudí entra en el mundo global desde su identidad más pequeña”, subrayó el biblista.
“Gaudí será un santo, esperad unos cuantos años”
El momento más comentado de la conferencia llegó cuando el sacerdote y académico, en una afirmación cargada de densidad simbólica, sostuvo que “como hombre de fe, Gaudí será un santo, esperad unos cuantos años”. Una frase que, pronunciada sin estridencias, resonó con especial fuerza en un año de conmemoraciones y relecturas espirituales de su figura.
La velada también dejó espacio para una lectura de la actualidad eclesial. Puig se refirió a la dimensión universal de la devoción gaudiniana en un contexto en el que incluso la proyección del nuevo pontificado de León XIV podría, según algunas interpretaciones, “contribuir a reactivar la dimensión espiritual y patrimonial de su obra”. En este sentido, el conferenciante insinuó que el momento presente “podría ser decisivo para una nueva comprensión del Gaudí creyente, más allá de los tópicos consolidados”.
El acto se cerró con la entrega del diploma de embajador de la entidad en Roma por parte de los Amigos de Gaudí de Reus. Un reconocimiento que refuerza la imagen de un intelectual que, desde la distancia romana, sigue pensando a Antoni Gaudí desde la raíz: desde aquel aire primero que, según Puig, “todavía hoy sigue respirándose dentro de su obra”.