David Abadías: "La visita de León XIV no ha terminado: ahora comienza el tiempo de los frutos"
El obispo auxiliar de Barcelona relee la experiencia de la estancia del Papa en Cataluña los días 9 y 10 de junio
La misa de acción de gracias celebrada este lunes 27 de julio en la catedral de Barcelona, presidida por el cardenal Juan José Omella, no ha sido únicamente un gesto de reconocimiento hacia las decenas de personas que hicieron posible la estancia del papa León XIV. Para David Abadías, obispo auxiliar de Barcelona y presidente del comité organizador de la visita papal a Cataluña, la celebración ha representado también una oportunidad para mirar atrás y comprender, con cierta perspectiva, la intensidad de unos meses que han marcado profundamente su vida episcopal. "La visita no ha terminado", afirma convencido. "Ahora comienza el tiempo más largo: el de los frutos".
Hablar con Abadías es descubrir que la visita papal sigue ocupando su presente. Su relato no gira tanto en torno a los grandes actos o a las cifras como a las personas, los procesos y las experiencias vividas. Todavía hoy, según explica, siguen llegando ecos de aquellos días. "Hay cosas que ahora nos llegan como resonancia de la visita", comenta, consciente de que solo el paso del tiempo permite comprender plenamente lo vivido.
Por ello describe la visita como un camino dividido en tres etapas. La primera fue la preparación: 104 días de intenso trabajo, reuniones constantes y decisiones tomadas a menudo al límite de los plazos. El equipo trabajó conjuntamente con el Vaticano para dar forma a una visita que, sin perder la dimensión universal del ministerio petrino, pusiera de relieve la realidad propia de Barcelona. "Queríamos contar nuestro relato", recuerda, con la figura de Antoni Gaudí y la singularidad de la Iglesia barcelonesa como ejes de una propuesta que debía ser irrepetible.
La segunda etapa se concentró en apenas dos días, pero condensó meses de preparación. "Cada minuto contaba", recuerda. La rapidez de los acontecimientos exigía una coordinación casi perfecta, hasta el punto de que, en muchos momentos, no había margen para detenerse y tomar conciencia de lo que estaba ocurriendo. "Fue un regalo ver que todo el mundo estaba en su sitio para que todo funcionara", afirma. Solo después han podido valorar el alcance de aquel esfuerzo colectivo.
Es precisamente esa distancia la que ha convertido los actos de agradecimiento en un momento especialmente significativo. Abadías recuerda con emoción el encuentro con cerca de 800 voluntarios, el primer gran reencuentro tras la visita. "No solo les dábamos las gracias —continúa—, sino que nos ayudábamos a tomar conciencia de lo que habíamos vivido". Aquella celebración sirvió para poner nombre a muchas emociones compartidas y constatar que la experiencia había dejado una profunda huella. "Si no mantenías los ojos bien abiertos en todo momento, casi te perdías algo", añade.
Para el obispo auxiliar, la tercera etapa es la más decisiva. Es el tiempo discreto de los frutos, aquello que no ocupa titulares pero que determina el verdadero alcance de una visita apostólica. "Hemos visto un impacto en muchos corazones, llegando al fondo, a la experiencia espiritual", asegura. En su opinión, el papa León XIV supo hablar con una cercanía que atravesó sensibilidades muy diversas e hizo que muchas personas se sintieran interpeladas. "Conseguimos nuestro sueño. Todo el mundo hizo un poco suya la visita", afirma el prelado.
Durante la celebración de este lunes también se entregó a los miembros del comité organizador un volumen que recoge las homilías pronunciadas por el obispo de Roma en Barcelona, acompañado de una selección fotográfica de los momentos más significativos de la visita. El libro se distribuirá igualmente, de forma gratuita, en todas las parroquias de la archidiócesis. "Nos ha dejado un gran contenido teórico, frases y reflexiones dignas de ser leídas", subraya Abadías. El libro, dice, quiere ser "un recuerdo más duradero" de una experiencia que sigue dando fruto en la vida de muchas comunidades.
Si hay un aspecto que el obispo destaca especialmente es el factor humano. Y admite que una organización de esta magnitud lleva a las personas al límite y acaba revelando tanto sus fortalezas como sus fragilidades. Sin embargo, lo que más le ha impresionado es la manera en que el equipo supo situarse por encima de los intereses personales. "Siempre existe el peligro de que aparezcan los egos y lo distorsionen todo. La verdad es que aquí no los ha habido". En cambio, asegura, "ha predominado la generosidad", hasta el punto de que todos trabajaban "al servicio de algo más grande", dentro de una auténtica "dinámica de amor y entrega".
Al mirar atrás, Abadías compara inevitablemente esta experiencia con las demás visitas papales que ha conocido a lo largo de su vida. Recuerda que asistió, siendo aún muy joven, a la celebración de san Juan Pablo II en el Camp Nou en 1982; años después pudo tratarlo durante su etapa de estudiante en Roma y también vivió su funeral. Con Benedicto XVI participó en la dedicación de la basílica de la Sagrada Familia. Pero ninguno de aquellos recuerdos ocupa el lugar que reserva a los días compartidos con León XIV.
"La de León XIV ha sido la visita papal que he vivido con mayor intensidad", afirma. No lo dice solo por la responsabilidad organizativa que ha asumido, sino porque considera que ha sido testigo privilegiado de un momento de gracia para la Iglesia de Barcelona. Y concluye con una convicción que resume toda la conversación: "Ninguna supera esta, y nada podrá superarla en el futuro".