La fotografía que resuelve el misterio del báculo gaudiniano regalado al papa León XIV en Barcelona
La imagen pone punto final a un recorrido que, hasta ahora, había transcurrido casi por completo en silencio
Hay fotografías que responden a más preguntas que cualquier comunicado oficial. La imagen difundida estos días por el Arzobispado de Barcelona es una de ellas. Después de semanas de incertidumbre sobre el destino del báculo gaudiniano regalado al papa León XIV, la instantánea confirma que la obra llegó a manos del pontífice y que este la examinó personalmente antes de la misa del 10 de junio en la Basílica de la Sagrada Familia.
La fotografía pone punto final a un recorrido que, hasta ahora, había transcurrido casi por completo en silencio. Se sabía que la pieza había sido concebida expresamente para la visita papal, pero el hecho de que no se utilizara durante la conmemoración del centenario de Antoni Gaudí había dejado abiertos muchos interrogantes. ¿Había llegado realmente al Papa? ¿La había visto? ¿Cuál había sido su recorrido después de la entrega? La imagen hecha pública ahora resuelve, por fin, todas estas incógnitas.
La instantánea fue tomada en la sacristía de la Sagrada Familia, instantes antes del inicio de la celebración. El espacio se reconoce por las grandes puertas de madera, la columna de piedra y los característicos óculos circulares del fondo. Precisamente es la luz natural que penetra por estas aberturas la que permite situar el momento de la fotografía: los rayos del sol poniente entran con fuerza desde el exterior y proyectan un haz de luz sobre el ambiente, un detalle que corresponde a los momentos previos a la misa de la tarde.
León XIV aparece revestido con los ornamentos litúrgicos blancos y dorados, mirando directamente a la cámara con una ligera sonrisa. Con la mano izquierda sostiene el báculo gaudiniano en una posición completamente natural, como lo haría cualquier celebrante antes de una ceremonia. No se trata de una fotografía improvisada con el objeto simplemente sostenido entre las manos. El obispo de Roma lo sujeta correctamente, asume su peso y su equilibrio, en un gesto que transmite familiaridad con la pieza. Todo ello convierte la imagen en mucho más que un recuerdo protocolario: es la constatación visual de que el regalo fue recibido y valorado personalmente.
El origen de este momento hay que buscarlo dos días antes. El lunes 8 de junio, el joyero y escultor tarraconense Joan Serramià trasladó personalmente el báculo hasta el Palacio Episcopal de Barcelona. La pieza viajaba dentro de un baúl de madera construido expresamente para la ocasión, concebido casi como un complemento de la propia obra. En su interior, el baúl incorporaba una inscripción en latín dedicada expresamente al papa León XIV, un detalle que reforzaba el carácter solemne de una ofrenda pensada hasta el último detalle.
Aquella entrega se realizó con la máxima discreción. Sin actos públicos, sin fotografías y sin declaraciones. El báculo cruzó la puerta del Palacio Episcopal y quedó incorporado al complejo dispositivo de protocolo que preparaba la visita del Papa. A partir de ese instante, sus promotores perdieron completamente su rastro. Nadie sabía si la pieza había sido entregada, si llegaría a manos del Papa o qué recorrido seguiría dentro de la organización vaticana.
Los días siguientes no hicieron más que alimentar la incertidumbre. Durante la misa del 10 de junio en la Sagrada Familia, León XIV presidió la celebración con su férula habitual, estrenada el pasado mes de enero en sustitución de la utilizada por los papas anteriores desde Pablo VI. El báculo gaudiniano no apareció en ningún momento de la liturgia y la ausencia de imágenes oficiales hacía pensar que su destino seguía siendo desconocido.
Por eso, la fotografía difundida ahora adquiere una dimensión especial. No documenta únicamente que el Papa sostuviera la pieza durante unos instantes. Certifica que la ofrenda culminó su recorrido y que el trabajo artesanal impulsado desde Cataluña llegó al sucesor de Pedro.
Para Joan Serramià, autor de la obra, la publicación de la imagen representa también una profunda satisfacción. Después de meses de trabajo y de días de espera sin ninguna noticia sobre el destino del báculo, verlo finalmente en las manos de León XIV es la mejor confirmación posible. Más allá de que no fuera utilizado durante la celebración, la fotografía acredita que la pieza fue recibida, observada y sostenida por el Papa, culminando así un proyecto nacido de la sociedad civil.
El báculo es una obra cargada de simbolismo gaudiniano. La cruz superior reproduce la que corona la torre de Jesucristo de la Sagrada Familia; la base de plata evoca las nubes y las formas de la fachada del Nacimiento; el asta integra madera de olivo milenario del Camp de Tarragona con otras maderas nobles procedentes de los cinco continentes, como símbolo de la universalidad de la Iglesia. Financiado gracias a pequeñas aportaciones particulares, el proyecto nació con una vocación plenamente colectiva: ofrecer al sucesor de san Pedro una obra inspirada en el lenguaje espiritual y arquitectónico de Antoni Gaudí.
Al fin y al cabo, hay objetos que no llegan a entrar plenamente en la historia hasta que una fotografía les da contexto. Esta imagen hace exactamente eso. No muestra solo a un Papa sosteniendo un báculo. Documenta el final de un recorrido discreto, iniciado con una entrega silenciosa en el Palacio Episcopal de Barcelona y culminado, horas antes de la misa del 10 de junio, en la sacristía de la Sagrada Familia. Es la fotografía que faltaba para que la historia quedara completa.