“Nuestro hijo fue mirado por los ojos del Papa y tocado por él: es una emoción difícil de explicar”
León XIV bendijo a Daniel, un bebé de diez meses de La Ràpita, en una escena que ha marcado a su familia
Entre las miles de imágenes que dejó la visita de León XIV a Montserrat, hay una que ha quedado grabada con una fuerza especial en la memoria de una familia de La Ràpita. El 10 de junio, en plena plaza de Santa Maria de Montserrat, una de ellas tuvo como protagonista a un bebé de 10 meses de este municipio del Montsià. Mientras el papa León XIV avanzaba lentamente sobre el papamóvil hacia la basílica, entre una multitud entregada que lo saludaba a su paso, el pontífice se detuvo para bendecir al pequeño Daniel. Una escena de pocos segundos que quedó grabada para siempre en la memoria de sus padres, João Victor Diniz Laranja, de 35 años, y Lauriane Gomes de Oliveira, de 43.
Una semana después, la familia aún revive aquel momento con una emoción intacta. La fotografía en la que León XIV bendice al pequeño ya se ha convertido en uno de sus recuerdos más preciados y pronto ocupará un lugar destacado en su hogar. Para los Diniz Gomes, aquella bendición llegó en un momento especialmente significativo, después de años marcados por las dificultades, la migración y la incertidumbre. “El Papa tiene una energía muy fuerte. Cuando miramos la fotografía la sentimos. Nuestro hijo fue mirado por los ojos del Papa y tocado por él. Es una emoción difícil de explicar”, asegura Lauriane.
Su historia comienza en Três Rios, una pequeña ciudad del estado de Río de Janeiro, donde tuvieron a su primera hija, Sofía. Allí habían construido una vida estable hasta que una concatenación de dificultades económicas los obligó a replantearse el futuro. “Teníamos trabajo en Brasil, pero la empresa cerró y me quedé sin nada. No había oportunidades laborales y nuestra hija estudiaba en una escuela privada que ya no podíamos pagar. Vivíamos en el campo y cada día teníamos que hacer un trayecto muy largo. Acabamos vendiendo el coche y todo se fue complicando cada vez más”, recuerda.
La posibilidad de empezar de nuevo llegó gracias a un familiar residente en Europa. Una tía de Lauriane, establecida en Suiza, disponía de un piso de veraneo en La Ràpita y les propuso instalarse allí. La decisión no fue fácil, pero tampoco había demasiadas alternativas. En octubre de 2022, la familia llegó a Cataluña con la voluntad de reconstruir su futuro.
Una nueva familia lejos de Brasil
La integración resultó mucho más amable gracias a un encuentro que aún hoy consideran providencial. “Una semana después de llegar conocimos a la comunidad parroquial de La Ràpita. Desde entonces, Cáritas es nuestra única familia aquí”, explica Lauriane. “Nos recibieron con los brazos abiertos —continúa— y todas las puertas se nos abrieron gracias a ellos”.
La ayuda fue mucho más allá del acompañamiento espiritual. La entidad les orientó en cuestiones administrativas, les facilitó ropa y material de primera necesidad y les ofreció una red humana imprescindible para afrontar las dificultades de los primeros años. Con el tiempo, esos vínculos se convirtieron en una auténtica familia elegida.
Cuando la situación comenzaba a estabilizarse, una nueva noticia alteró todos los planes. La llegada de un segundo hijo fue recibida con alegría, pero también con una profunda preocupación por la situación económica que aún atravesaban. “Trabajé hasta una semana antes de dar a luz. No tenía derecho al paro y tenía que ahorrar todo lo posible. Lo pasé mal”, explica. Daniel nació el 25 de agosto de 2025 en medio de aquel contexto de incertidumbre. Cuando se acercaba el parto y los recursos escaseaban, la comunidad volvió a responder. “Mi marido no trabajaba, no teníamos dinero y se acercaba la fecha del parto. Cáritas nos regaló bolsas de ropa, toallas, sábanas, un cochecito, pañales… Prácticamente todo lo que tiene Daniel es un regalo”, rememora la familia.
Una bendición cargada de esperanza
La visita de León XIV a Montserrat llegó en medio de este recorrido vital. Para la familia era la primera vez que subía a la montaña sagrada y acudieron sin imaginar que acabarían viviendo una experiencia extraordinaria. Formaban parte de un grupo numeroso desplazado desde La Ràpita, junto con el alcalde del municipio. “Nos apuntamos y no teníamos ni idea de cómo sería. Viendo las multitudes de los días previos, pensábamos que ni siquiera nos acercaríamos al Papa. Nos habíamos hecho a la idea de que lo veríamos de lejos”, explica Lauriane.
La espera estuvo llena de momentos inesperados. Antes de la llegada del pontífice, varias figuras destacadas de la jerarquía eclesiástica se detuvieron ante el pequeño Daniel. Entre ellas, el cardenal Pietro Parolin y el obispo auxiliar de Barcelona, David Abadías, que saludaron a la familia y conversaron con el padre. Aquellas muestras de cercanía ya les parecieron extraordinarias, pero el momento culminante aún estaba por llegar.
Cuando el papamóvil entró en el carril central de la plaza de Santa Maria, la multitud se fundió en una única expectación. León XIV avanzó lentamente entre los fieles hasta llegar frente a ellos. “Notamos que el Papa es un hombre que lleva una carga muy grande, la de la Iglesia de todo el mundo”, afirma Lauriane. La familia interpreta hoy aquel gesto como una inyección de esperanza en medio de otra preocupación que sigue muy presente. A pesar de haber nacido en España, Daniel aún afronta un complejo proceso administrativo relacionado con su documentación y su nacionalidad.
“Es como si todo estuviera bloqueado. Aún lo están estudiando. Fuimos a Montserrat con esta preocupación en el corazón”, explica la madre. Quizá por eso la bendición recibida en la plaza de Santa Maria ha adquirido una fuerza aún más profunda. Después de años de dificultades, sacrificios y perseverancia, la familia interpreta aquel instante como un signo de esperanza. “Ahora tenemos aún más fe”, añade la madre. “Sabemos que nuestro hijo fue tocado por el Papa. Y eso nos da fuerzas para seguir esperando”, concluye.