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La Iglesia española a la espera del Papa: Buscando un regreso

Ya no le espera al portador del anillo del pescador la antigua España católica, sino un país entregado en la forma de vida a una modernización desenfrenada que sus partidarios llaman «progreso»

Visita del Papa a España

(Mariano Delgado / Herder Correspondenz).- Del 6 al 12 de junio de 2026, con León XIV, volverá a visitar España un Papa por primera vez en 15 años. El viaje lo llevará a Madrid (misas multitudinarias y encuentros con grupos eclesiásticos y representantes de la sociedad civil, discurso en las Cortes como novedad), Barcelona (inauguración de la Torre de Cristo, con 172,5 m, la más alta de la cristiandad, 100 años después de la muerte de Gaudí y con su posible beatificación; encuentro con obispos del mediterráneo) y, finalmente, a las Islas Canarias, a Tenerife y Gran Canaria (para recuperar el viaje previsto por el papa Francisco debido a la persistente crisis de los refugiados).

¿En qué situación se encuentran la Iglesia y el catolicismo en España esperando al papa León?

Visita del Papa a España

¿Qué opinas de la religión?

Las encuestas del CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas), cercano al Gobierno, muestran desde hace años una tendencia a la baja. Pero el estudio sobre tendencias sociales de diciembre de 2025 recibe comentarios positivos incluso en los círculos conservadores: el descenso se ralentiza y tiende a estabilizarse entre los más jóvenes. A pesar de los profundos cambios culturales de las últimas décadas, más de la mitad de los españoles (alrededor del 52 %) sigue declarándose católico. De ellos, el 15,2 % se define como católico practicante. La fe ya no se transmite automáticamente en una sociedad sacralizada. Pero sigue arraigada en la cultura, la familia y la memoria moral. España es un país en el que incluso los agnósticos, los indiferentes y los ateos (el 39 % según la última encuesta del CIS) admiten tener una impronta cultural católica.

La juventud crece en un entorno marcado por la inseguridad económica, las condiciones laborales precarias y la fragilidad social, lo que favorece el redescubrimiento de cuestiones fundamentales sobre el sentido de la vida. 

Otro factor importante es el papel de las redes sociales. Se han convertido en un espacio en el que circulan discursos religiosos con mayor visibilidad y llegan a jóvenes que, en muchos casos, no han recibido una formación religiosa previa.

Además, uno de los cambios más llamativos es el fin del complejo religioso entre los jóvenes creyentes. A diferencia de generaciones anteriores, muchos jóvenes católicos no ocultan su fe ni la relegan al ámbito privado, sino que la expresan con total naturalidad en la vida pública y cultural. 

A este optimismo voluntarioso en la interpretación del estudio del CIS se opone el hecho de que, en los últimos cinco años, casi 400 000 alumnos se han dado de baja de las clases de religión en las escuelas públicas.

Regularización extraordinaria | Efe

La difícil relación entre Iglesia y política

Cuando los obispos se pronuncian sobre cuestiones de conciencia y de bien común, deben contar con que se enfrentarán a críticas tanto de la izquierda como de la derecha, tanto de los partidos gobernantes de la «coalición progresista» (socialistas y comunistas) en el poder como de la extrema derecha del partido emergente VOX, que se ha convertido en un punto de encuentro para los católicos de movimientos ultraconservadores. Cuando el presidente de la Conferencia Episcopal, el arzobispo Luis Argüello de Valladolid, afirmó en diciembre que la vía constitucional para salir de la crisis política (el Gobierno no tiene mayoría en el Congreso y apenas puede aprobar leyes; solo puede imponer su política mediante «decretos» que no se debaten) era una moción de censura o unas nuevas elecciones, se le reprochó que vulnerara la neutralidad política de la Iglesia y que no respetara al Gobierno. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, le llegó incluso a decir que entonces se presentara a las elecciones, junto con los partidos de derecha. Argüello (formado en Derecho antes de estudiar Teología) respondió que, frente al cumplimiento de las normas básicas de la Constitución, no podía ser neutral como ciudadano. 

Cuando a principios de 2026 el Gobierno decidió «por decreto» la legalización de medio millón de migrantes (que con la reagrupación familiar podrían llegar a ser el doble), Argüello se apresuró a elogiar esta medida, exigida por Cáritas y otras ONG, porque reconocía la dignidad humana de estas personas y facilitaba su integración en la sociedad y el mercado laboral. Sin embargo, Argüello señaló que esta medida se estaba llevando a cabo por motivos de oportunismo político (la oposición conservadora teme que se quiera contar con nuevos votantes agradecidos en las próximas elecciones) y que sigue siendo una tarea urgente coordinar la política migratoria, también a nivel europeo. El respaldo al decreto migratorio fue ya demasiado para la extrema derecha. El líder de VOX, Santiago Abascal, criticó que los obispos deberían presentarse a las elecciones o predicar su postura a los católicos que «todavía» acuden a la iglesia y que, en materia de migración, probablemente piensen de otra manera. A raíz de ello, algunos obispos se esforzaron por tender puentes con VOX. La migración es, en efecto, un tema delicado, en el que hace falta mucho consenso social. La Iglesia debe ayudar a los migrantes necesitados sin distinción de personas. Pero debe evitar el populismo y el «buenismo» y defender con buenos argumentos su postura en materia de derecho y ética migratorios. Esto incluye también tener en cuenta las preocupaciones legítimas de la población cuando la sociedad cambia demasiado rápido, como ha sido el caso en los últimos treinta años (más del 20 % de la población ha nacido en el extranjero). 

Tras la visita del Comité Ejecutivo de la Conferencia Episcopal al Papa el 17 de noviembre de 2025, se pudieron resolver rápidamente dos conflictos con el Gobierno, para que su visita no se viera empañada por ellos

Cruz del Valle de Cuelgamuros

El arzobispo de Madrid, el cardenal José Cobo, firmó un acuerdo sobre la remodelación de la iglesia faraónica que Franco mandó construir a unos 50 km al norte de Madrid (no muy lejos de El Escorial), en estilo fascista, en memoria de los caídos de ambos bandos en la Guerra Civil, de conformidad con la nueva ley de normalización de la memoria histórica. Ahora, una parte de la iglesia se convertirá en un museo conmemorativo. A cambio, la parte central podrá seguir utilizándose como iglesia; la comunidad benedictina podrá permanecer en el lugar con su escuela secundaria y su coro de niños; y se mantendrá en pie la monumental cruz de 152,4 m de altura, visible desde lejos. Para los católicos conservadores, la Iglesia ha cedido demasiado ante el Gobierno. Pero la alternativa sería un conflicto cultural en el que la Iglesia tendría pocas posibilidades.

El segundo acuerdo con el Gobierno, firmado el 30 de marzo por el presidente de la Conferencia Episcopal, se refiere a la indemnización de las víctimas de abusos, incluso en aquellos casos que habrían prescrito según el Derecho civil. La Conferencia Episcopal financiará un fondo de indemnización bajo la supervisión del Defensor del Pueblo designado por el Gobierno y establecerá un sistema mixto de indemnización y apoyo psicológico. Las víctimas pueden dirigirse al centro de atención a las víctimas del Defensor del Pueblo o a la comisión consultiva del Plan de Reparación Integral para las Víctimas de Abusos de la Iglesia. Si no se llega a un acuerdo en la comisión mixta, el Defensor del Pueblo tiene la última palabra. El acuerdo, que tendrá una vigencia inicial de un año, pero que podrá prorrogarse a dos, resulta muy ventajoso para la Iglesia, ya que así dejará de estar bajo fuego cruzado en un asunto tan delicado. 

Pero ya se vislumbra otro conflicto en el horizonte. Y es que el Gobierno quiere incluir el «derecho al aborto» en la Constitución. El Consejo de Estado (un órgano consultivo) ya se ha pronunciado mayoritariamente a favor, aunque con matices. Es difícil que se apruebe en el Congreso. Las reformas constitucionales requieren una mayoría de tres quintos y los partidos conservadores (PP y VOX) ya han anunciado que votarán en contra. Pero la «coalición progresista» habría conseguido lo que busca para la nueva campaña electoral: munición para la batalla cultural, con la Iglesia, que elogió su decreto migratorio, en el tema del aborto y el «feminismo» militante en el bando «de las derechas».

Firma del protocolo de ayuda a víctimas de abusos de la Iglesia española

Algunas patologías

Las patologías que surgen una y otra vez en el catolicismo español son de carácter sistémico y tienen que ver con la estructura social de la Iglesia. A veces se trata de monjas que han sido engañadas por clérigos falsos y extremadamente conservadores con dudosas intenciones inmobiliarias y se niegan a abandonar un convento de clausura, aunque ellas mismas hayan roto la comunión con el obispo local (como algunas clarisas de Belorado desde 2024, que sólo han abandonado el convento el 12 de marzo de este año). Actualmente, se trata sobre todo de víctimas de la joven asociación religiosa «Hijas del Amor Misericordioso» (HAM) en Madrid. Algunas víctimas han denunciado en una carta al papa León XIV abusos litúrgicos y una teología herética, pero también graves abusos sexuales, terapias de conversión y exorcismos contra la homosexualidad. Aunque este escándalo se esté ahora «controlando» gracias a la denuncia, no tardará mucho en salir a la luz el siguiente a través de los medios de comunicación. Y es que lael forma social-eclesial del catolicismo produce precisamente este tipo de patologías. En lugar de abordarlas de raíz y transformar esa forma con una buena teología y práctica, solo se actúa a posteriori, a raíz de las denuncias de víctimas valientes.

Aunque no se trata de una patología, sí es muy típico de la Iglesia en España la preocupación (excesiva) por la identidad, el bienestar (aislamiento) y la «vocación» del clero. Recientemente, el arzobispo de Madrid ha organizado una reunión del clero (Convivium) a la que acudieron más de 1300 sacerdotes de la diócesis. Los informes de los asistentes son, en su conjunto, positivos. Pero también hay voces discordantes. La teóloga Silvia Martínez Cano ha señalado que se debería evitar todo aquello que considere a los laicos indignos para ciertos ministerios y abandonar en el lenguaje la dualidad pastor-ovejas, que conduce al infantilismo de los laicos, pues solo Cristo es el buen pastor. 

El anhelo de un renacimiento católico

Mientras que en ciertos ámbitos, como la legislación sobre bioética o el inicio y el final de la vida, parece cumplirse el deseo del liberal y masón Manuel Azaña, expresado en la primera sesión parlamentaria de la Segunda República en 1931, de que España dejara (por fin) de ser católica, otros indicios apuntan a la vitalidad de la impronta cultural católica. Tres acontecimientos recientes han despertado un interés especial.

Vestida como una novicia, la famosa cantante de pop Rosalía presentó el 7 de noviembre de 2025 su nuevo álbum «Lux». En las letras recurre a grandes figuras de la mística, sobre todo del cristianismo. En medio de la canción «Magnolias», en la que describe su visión de su propio funeral, canta la famosa escolanía de la abadía benedictina de Montserrat: «Dios desciende y yo asciendo / Nos encontramos en el medio». ¿Serán conscientes todos los que escuchan esta canción en las discotecas y los conciertos de pop de que aquí resuena el motivo central de la mística cristiana, a saber, la vocación del ser humano a la unión con el Dios que viene a nuestro encuentro hasta el punto de asumir nuestra naturaleza en el misterio de la Encarnación? Como decía san Juan de la Cruz, Dios sale siempre a nuestro encuentro: «si el alma busca a Dios, mucho más la busca su Amado a ella». El nuevo álbum de Rosalía suscitó un acalorado debate en los medios de comunicación sobre si debía entenderse como un interés genuino por la esencia del catolicismo o más bien como una parodia superficial al estilo de la cantante Madonna. En él participaron columnistas, pero también teólogos y obispos.

'Los Domingos'

La película «Los domingos», de la directora Alauda Ruiz de Azúa, suscitó un debate similar. La obra fue galardonada en septiembre de 2025 con la Concha de Oro en el prestigioso Festival Internacional de Cine de San Sebastián y, el 28 de febrero de 2026, con cinco de los «Goyas» más importantes, otorgados por la Academia de Cine de España. La película trata de una estudiante de bachillerato (Ainara) que, durante una de las comidas dominicales en casa de la abuela paterna, anuncia a su familia que quiere ingresar en una orden religiosa de clausura estricta. Su padre viudo, agnóstico, al principio no quiere ni oír hablar del tema, pero más tarde respeta el deseo de su hija, siempre y cuando no suponga una carga económica para él. Su hermana, la tía Maite, atea, opina que la Iglesia está manipulando a la joven como si se tratara de una secta. Intenta desesperadamente impedir que entre en el convento. La sobrina debería primero estudiar, conocer el mundo y luego decidir con mayor libertad, todo muy razonable. La película muestra también cómo la joven recibe el consejo de un capellán y de una religiosa y sigue su camino sin desviarse, no solo porque siente una «vocación», sino también porque intuye que solo en la clausura del convento podrá ser verdaderamente «libre» y alejarse de los conflictos familiares.

El 4 de diciembre de 2025, tanto Rosalía como Alauda Ruiz de Azúa, que se define a sí misma como atea, fueron galardonadas con los premios «Bravo» de Comunicación de la Conferencia Episcopal. Su presidente elogió «Lux» y «Los domingos» como expresión artística del «giro católico» en la sociedad española.

A este anhelo de cambio se suma también el aumento de peregrinaciones, cofradías y procesiones, y sobre todo el reciente homenaje a las 46 víctimas del accidente ferroviario de Adamuz (cerca de Córdoba) la tarde del 18 de febrero. El Gobierno quería actuar como en otras catástrofes (la COVID o las inundaciones de Valencia) y planeó en Huelva, la capital de la provincia andaluza con más víctimas, una ceremonia conmemorativa laica con una simbología casi masónica. Pero los familiares de las víctimas se opusieron rotundamente a ello porque, según dijeron, en la región del santuario mariano de El Rocío solo encuentran consuelo en la fe en Dios y en la veneración a María. Así pues, organizaron, con la Iglesia, una misa en el pabellón más grande de la ciudad, que, en presencia de varios obispos, encarnó de forma mediática la dignidad, sobriedad y estética del culto católico. Al final de la celebración, una joven que había perdido a su madre en el accidente ferroviario pronunció un emotivo discurso sobre el dolor y el consuelo de la fe y la devoción mariana en estas situaciones.

Me parece exagerado interpretar estos acontecimientos como una muestra de un renacimiento católico. Más bien ponen de manifiesto la matriz cultural-católica de España y la «resiliencia» del anhelo de trascendencia, que se asocia con la religiosidad y la fe, cuando un Gobierno, bajo el pretexto de la «aconfesionalidad», eleva el laicismo immanente casi a doctrina de Estado

Visita del Papa a España

Mientras que el papa Francisco rechazó las reiteradas invitaciones para visitar España y ni siquiera acudió al país de los místicos y misioneros con motivo del quinto centenario de santa Teresa de Jesús (2015), León XIV ya ha aceptado de buen grado la primera invitación. En una entrevista en España, su secretario privado peruano afirmó que el Papa viene, entre otras cosas, para expresar su agradecimiento al país que tanto ha hecho por la Iglesia católica (¿qué sería de ella sin América Latina y Filipinas?).

Pero ya no le espera al portador del anillo del pescador la antigua España católica, sino un país entregado en la forma de vida a una modernización desenfrenada que sus partidarios llaman «progreso» (y que en Alemania o Suiza de momento no sería posible) y políticamente muy polarizado, en el que la Iglesia tiene dificultades para encontrar su sitio con arreglo al rumbo marcado por el cardenal Tarancón en la homilía durante la misa votiva del Espíritu Santo, con motivo de la entronización de Juan Carlos como rey de España el 27 de noviembre de 1975: 

«La fe cristiana no es una ideología política ni puede ser identificada con ninguna de ellas, dado que ningún sistema social o político puede agotar toda la riqueza del Evangelio, ni pertenece a la misión de la Iglesia presentar opciones o soluciones concretas de gobierno en los campos temporales de las ciencias sociales, económicas o políticas. La Iglesia no patrocina ninguna forma ni ideología política, y si alguien utiliza su nombre para cubrir sus banderías, está usurpándolo manifiestamente.

La Iglesia, en cambio, sí debe proyectar la palabra de Dios sobre la sociedad, especialmente cuando se trata de promover los derechos humanos, fortalecer las libertades justas o ayudar a promover las causas de la paz y de la justicia, con medios siempre conformes al Evangelio. La Iglesia nunca determinará qué autoridades deben gobernarnos, pero sí exigirá a todas que estén al servicio de la comunidad entera: que respeten, sin discriminaciones ni privilegios, los derechos de la persona; que protejan y promuevan el ejercicio de la adecuada libertad de todos y la necesaria participación común en los problemas comunes y en las decisiones de gobierno; que tengan la justicia como meta y como norma y que caminen decididamente hacia una equitativa distribución de los bienes de la tierra. Todo esto, que es consecuencia del Evangelio, la Iglesia lo predicará, y lo gritará, si es necesario, por fidelidad a ese mismo Evangelio y por fidelidad a la Patria en la que realiza su misión».

Visita del Papa a España

Aunque algunos no quieran oir o respetar la voz de la Iglesia, esta tiene que seguir pronunciándose en cuestiones de conciencia y bien común. Ante la pérdida de relevancia en esta España hipermoderna y polarizada, la Iglesia tiende a ver diversos indicios de un renacimiento o giro católico. Hace tiempo que dejó de ser un pilar del Estado y ya no se le consulta en temas políticos y éticos importantes. Pero sigue siendo una institución significativa que merecería más reconocimiento por su labor en el ámbito pastoral, educativo y asistencial. Porque sin esta contribución, el país no funcionaría, y los gobiernos, ya sean de una u otra tendencia, bien que lo saben.

*Mariano Delgado es catedrático emérito de Historia de la Iglesia en la Facultad de teología de Friburgo (Suiza), donde fue por dos veces Decano.

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