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Pedro Sánchez, con el Papa

Madrid, 'zona cero' de la visita papal: una ciudad envuelta en el caos aguarda, con esperanza y resignación, a León XIV

La cruz de la plaza de Lima

Contemplado desde la Castellana, el Santiago Bernabéu parece una catedral. No del fútbol, entiéndanme (mi corazón es azulón. Del sur de Madrid, por más señas), sino un templo religioso. Desde la sede del Canoe, con el altar creciendo como una inmensa mole de hierros (la imagen evoca, con todas las diferencias del mundo, a la 'zona cero' del World Trade Center de NY, aunque en esta ocasión no se trata de un memorial, sino del escenario de un encuentro con el Papa), una inmensa cruz asoma como añadida al estadio del Real Madrid.

Pronto (ya veremos si con nuevo presidente, o no, casualidades 'blancas'), León XIV pisará las calles del centro de Madrid, que ya asisten a cortes de tráfico demenciales, que hay que sumar al cierre de la línea 10 de Metro al paso por el estadio, o las obras de la zona norte de la Castellana (y de Cibeles), que complican, aún más si cabe, ese caos circulatorio que es la capital de España.

Carteles de bienvenida al Papa tapan las obras junto al Bernabéu

El próximo 6 de junio, por la tarde, el altar de la plaza de Lima acogerá el primer gran acto multitudinario de un Papa en nuestro país en los últimos 15 años. Francisco no quiso venir a España. León lo hace, ahora que estamos más peleados, incluso, que cuando profetizó Bergoglio. El viaje, además, se ha preparado en tiempo récord (con el añadido fundamental de Madrid a dos ideas que ya tenía en la cabeza Roma: el centenario de la muerte de Gaudí, y la mortífera ruta atlántica), lo que dota de épica (y de una evidente ausencia de control en muchos casos) la organización de los eventos. Muchos, la gran mayoría en realidad, de los que quieran ver a Prevost en la Castellana se encontrarán con árboles (al menos el alcalde Almeida no ha ordenado derribar los de la plaza de Lima, como ha hecho en Cibeles), no podrán ver bien al Papa. Cosas de los 'corralitos', que han ido cambiando para favorecer a unos y entorpecer a otros, los que no representan a los 'grandes' grupos eclesiales. Como siempre, los de siempre. Una más.

Cosas de los 'corralitos', que han ido cambiando para favorecer a unos y entorpecer a otros, los que no representan a los 'grandes' grupos eclesiales. Como siempre, los de siempre. Una más

A lo largo de la zona centro de Madrid, desde Callao a Cibeles, a lo largo de toda la Castellana en obras, carteles blancos y amarillos saludan la llegada de León XIV. También lo hacen los puentes de la M-30 que Prevost recorrerá, camino al Palacio Real desde Barajas, o siempre que vaya y vuelva a la Nunciatura (donde, por el momento, solo protestarán los nostálgicos de Cuelgamuros). Las vallas de las obras se han envuelto de carteles con la imagen del primer pontífice norteamericano de la historia. En Cibeles, el altar está más cerca del palacio de Correos, que ejercerá de imponente sacristía en la mañana del 7 de junio, mientras los libreros siguen sin saber qué pasará esa mañana en la Feria del Libro, si se abrirá o no el Retiro, si habrá conexión, si será posible la otra gran fiesta de la cultura que se celebra en Madrid estos días. De Bud Bunny no hablamos, que pilla muy lejos, en otro estadio (el del Aleti).

Carteles en Gran Vía

La ciudadanía, mientras, asiste con expectación, agobio y nuevas dosis de resiliencia los cortes, las obras, los ruidos, la sensación de que la ciudad se parará por y para el Papa (y para los papaboys, que siguen haciendo acto de presencia en estos días). Hay mucho caos alrededor, mucha historia que jamás se contará, muchas lágrimas de impotencia de familias que se quedarán fuera de muchos de los eventos (conseguir invitación es toda una odisea), aunque todas esas dudas quedarán opacadas cuando León XIV haga acto de presencia en nuestro país. Primero, con el boato de un encuentro en Palacio Real, donde escucharemos las primeras claves 'políticas' de un viaje histórico. Después, entre las calles del barrio de Lucero, con un primer contacto con el sufrimiento. Finalmente, con la vigilia multitudinaria frente al Bernabéu.

Esa noche, en la que muchos no dormirán (y esperemos que sin algaradas de unos y otros), con museos abiertos y parques cerrados, a la espera de la misa del Corpus, con decenas de GEOS apostados en los edificios de Gran Vía y Alcalá vigilando que ningún loco intente atentar contra el pontífice, el encuentro en el Madrid Arena, y la tranquilidad. Porque el lunes, León, tiene dos citas relevantes: la primera, con el presidente del Gobierno. La segunda, con los diputados y senadores, en el segundo gran momento 'político' de esta visita. Con, a buen seguro, inmediatas reacciones de tirios y troyanos, rasgándose las vestiduras o arrimando el ascua del papa a su particular sardina. Tras una visita a la casa de los obispos, el encuentro diocesano del Bernabéu (con Florentino o con Riquelme a las puertas), de vuelta al caos del centro de Madrid. Con el Cristo de Medinaceli y la Virgen de la Almudena entre cantantes, magos y humoristas. Un ejemplo de algo que, aparentemente caótico, puede resultar un éxito.

El Papa, en el Metro de Madrid

El 9 de junio, Barcelona recogerá el testigo. Otro perfil, mucho más organizado, con las instituciones más conectadas, con la Sagrada Familia como eje. Después, Canarias y la migración, en el último gran momento 'político' del trayecto, a la espera de la ansiada rueda de prensa final. En esos días, Madrid tratará de recuperar la normalidad. Mientras los de siempre, tras encontrar su particular 'tesoro', dejarán la ciudad llena de agujeros.

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