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Un mes después de la visita apostólica, el recuerdo de León XIV sigue vivo en cinco generaciones de catalanes

Un retrato coral del legado que el Papa sigue dejando en Cataluña 30 días después

León XIV, en Barcelona. | José Luis Gómez Galarzo

Ha pasado exactamente un mes desde que el papa León XIV puso los pies en Cataluña en su primera visita apostólica a España. La emoción de los días 9, 10 y 11 de junio ha dado paso a una mirada más serena. Es ahora, cuando las multitudes ya se han dispersado y los escenarios han recuperado la normalidad, cuando empieza a perfilarse con mayor nitidez el recuerdo que la visita ha dejado en miles de personas.

Los grandes acontecimientos no se agotan cuando se apagan los focos. Su trascendencia se mide por la huella que dejan en las personas y por la manera en que siguen inspirando conversaciones, decisiones y vivencias. Un mes después, la memoria de León XIV puede explicarse a través de cinco generaciones separadas por apenas 25 años. Desde un bebé que aún no ha aprendido a hablar hasta una mujer centenaria que ha conocido varios pontificados, todos coinciden en una misma convicción: aquellos tres días dejaron una huella que todavía perdura.

Cinco generaciones de catalanes unidas por el legado de León XIV. | Archivo

0 años | Una bendición para comenzar la vida

La primera de estas generaciones aún no puede expresar sus recuerdos con palabras. Daniel, un bebé de diez meses de La Ràpita, se convirtió en una de las imágenes más emotivas de la visita cuando León XIV hizo detener el papamóvil en la plaza de Santa María de Montserrat para bendecirlo ante sus padres.

Sus padres, João Victor Diniz Laranja y Lauriane Gomes de Oliveira, recuerdan aquel instante con la misma emoción que el primer día. La fotografía ocupa ya un lugar especial en su hogar y representa mucho más que un recuerdo familiar. Después de años marcados por la migración, las dificultades económicas y la incertidumbre, aquella bendición se ha convertido en un símbolo de esperanza.

El pequeño Daniel, con León XIV. | Archivo

"Cuando miramos la fotografía seguimos sintiendo la fuerza de aquel momento. Nuestro hijo fue mirado y tocado por el Papa. Es una emoción difícil de explicar", cuenta Lauriane. La familia, establecida en Cataluña desde 2022, asegura que la comunidad parroquial de La Ràpita y Cáritas han sido su principal apoyo desde su llegada al país.

Varios voluntarios y familiares de voluntarios de Cáritas son hoy los padrinos de Daniel, una muestra de los vínculos creados durante estos años. El pequeño, nacido en Cataluña, ya ha iniciado los trámites para obtener la nacionalidad española, pese a las dificultades iniciales.

25 años | El Papa visto desde el seminario

Veinticinco años después aparece la mirada de Pau Jover Serra. Tiene 25 años, cursa quinto de seminario y colabora pastoralmente en la parroquia de Sant Cebrià de Valldoreix. Durante la visita apostólica participó en diversos actos, desde la recepción en la catedral de Barcelona hasta la vigilia de oración en el Estadio Olímpico de Montjuïc y la celebración del centenario de Antoni Gaudí en la Sagrada Familia.

Cuando recuerda aquellos días, no habla de las multitudes ni de la solemnidad de las celebraciones. La imagen que conserva con más fuerza es la de la llegada de León XIV a la Catedral de Barcelona. "Nosotros estábamos dentro. Lo recibimos rezando y lo vimos pasar por el pasillo central. Vi a un Santo Padre emocionado, sencillo y muy consciente de la responsabilidad que llevaba sobre sus hombros", rememora.

Para el futuro sacerdote, la cercanía con el pontífice permitió descubrir sobre todo su dimensión humana. "Tener un Papa tan cerca te hace ver que es una persona normal, pero al mismo tiempo alguien que sabe perfectamente cuál es la misión que tiene encomendada", explica, y asegura que, pasado un mes, las conversaciones entre los seminaristas se han centrado más en el contenido de sus discursos que en el impacto emocional de la visita.

"La primera capa es la fascinación, pero después llega el momento de preguntarte qué cambia dentro de ti", reflexiona. Además, el joven recuerda especialmente las respuestas de León XIV a los testimonios de los jóvenes durante la vigilia de Montjuïc. "Demostró que se pueden afrontar cuestiones muy delicadas sin perder ni la verdad ni la cercanía. Somos una generación de futuros sacerdotes que ha vivido la presencia de un Papa en el seminario. Somos unos privilegiados", subraya.

50 años | El recuerdo que se cocina a fuego lento

A sus 50 años, Xavier Pérez Esquerdo conserva un recuerdo muy distinto de aquellos días. El periodista y presentador condujo la vigilia de oración del Estadio Olímpico de Montjuïc junto a Mercè Raga. Y confiesa que solo ahora empieza a disfrutar plenamente de una experiencia que, mientras la vivía, exigía una concentración absoluta para que todo funcionara con precisión.

"Lo disfruto mucho más ahora que durante los días previos o el mismo día. Cuando estás trabajando en un acontecimiento así no tienes tiempo para saborearlo", afirma, antes de reconocer que con frecuencia vuelve a ver las imágenes de la vigilia y todavía le sorprende la felicidad que descubre en ellas. "Veo una expresión que nunca antes me había visto. Ahora es cuando todo va sedimentando", sostiene.

Xavier Pérez Esquerdo y Mercè Raga, la noche del pasado 9 de junio. | Catalunya Cristiana / Agustí Codinach

Para Pérez Esquerdo, también los discursos de León XIV han ido adquiriendo una nueva profundidad con el paso de las semanas. "Es como una buena comida cocinada a fuego lento. Ahora empiezo a comentar aquellos textos en muchas actividades y es cuando los descubro de verdad", asegura, antes de considerar que la visita dejó "una huella espiritual muy profunda, tanto si eres creyente como si no".

El comunicador destaca igualmente la coordinación de toda la organización. "Siempre es más fácil que un acto pequeño se descontrole que uno grande. En cambio, aquellos días todo el mundo sabía exactamente lo que tenía que hacer. Era como un enjambre de abejas. Todo funcionaba con una naturalidad sorprendente, seguramente por la presencia del Espíritu Santo", concluye.

75 años | Los jóvenes, esperanza de la Iglesia

Setenta y cinco años resumen la experiencia pastoral del obispo de Terrassa, Salvador Cristau, que el pasado mes de abril cumplió 76. Un mes después de la visita, como ha dejado escrito, considera que uno de los principales legados de León XIV es el impulso que ha dado a los jóvenes. De hecho, destaca su capacidad de adaptación, su creatividad, su iniciativa, su alegría y una sensibilidad social especialmente viva.

Cristau saludó personalmente a León XIV. | Obispado de Terrassa

Al mismo tiempo, advierte de los retos que afronta esta generación: la sobresaturación informativa, la dependencia de las tecnologías, la presión psicológica y la dificultad para acceder a un empleo estable o a una vivienda digna. Pero Cristau identifica una carencia aún más profunda. "Muchos jóvenes viven hoy sin referentes sólidos", señala.

Por ello, defiende que la visita apostólica ha contribuido a recordar cuál es el verdadero modelo de vida. "El referente es Jesucristo", afirma, evocando también a figuras jóvenes como Carlo Acutis, Pier Giorgio Frassati o Teresa del Niño Jesús. "Todos ellos manifiestan que la acción de Dios es real cuando nos dejamos guiar por su Espíritu Santo", precisa.

100 años | Lo esencial sigue siendo amar

La última mirada corresponde a Montserrat Torrent, quien a sus 100 años sigue observando la actualidad con la serenidad que proporciona toda una vida dedicada a la música. Después de haber conocido varios pontificados, resume el recuerdo de León XIV en el mensaje que más la interpeló durante la visita.

"Me reconfortaron sus palabras sobre amar al prójimo y la búsqueda de la justicia social", asegura. Para la organista catalana, ese es el fundamento sobre el que puede construirse una sociedad mejor. "Es la base para que los seres humanos encontremos un camino más solidario y con mayor atención hacia nuestro entorno", afirma.

Desde un bebé que apenas empieza a descubrir el mundo hasta una mujer que acaba de celebrar un siglo de vida. Entre ambos, un seminarista, un periodista y un obispo. Cinco generaciones separadas por 25 años que coinciden en una misma percepción: la visita de León XIV no terminó cuando el Papa abandonó Cataluña.

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