El Papa, a los voluntarios: "Os merecéis un 'gracias' muy especial ¡Gracias de todo corazón!"
Cardenal Cobo: "Rece por esta Iglesia que camina en Madrid, para que nunca pierda la alegría del Evangelio ni la sencillez de los pequeños"
La estancia de León XIV en Madrid ha sido todo un éxito de organización, que casi ha rozado la perfección logística (salvo la ausencia del papamovil en el barrio Lucero), y gran parte de ese éxito se debe al equipo organizador (por supuesto), pero sobre todo a las voluntarias y voluntarios, a los que el Papa, además de agradecérselo de "todo corazón", les dedicó una pequeña parábola. "Me gustaría compartir con vosotros una sencilla reflexión, que resumiría así: los cristianos están llamados a llevar al mundo la levadura de la gratuidad".
Según el Papa León, "la gratuidad es una levadura que hace crecer la calidad humana, ética y espiritual de una sociedad, porque podríamos decir que es un rasgo típico de la 'ciudad de Dios'", que se plasma en la vida diaria y en acontecimientos relevantes como su visita a Madrid: "Sabemos que, en estos días, también gracias a vosotros, esta ciudad ha crecido, está más cerca del Reino de Dios".
En IFEMA, participaron unos 12.000 del total de 17.000 voluntarios de entre 20 y 65 años que colaboraron en la la visita del Papa a Madrid. En el acto, que fue presentado por los periodistas Pedro José Rodríguez y Raquel Caldas, también intervinieron un misionero digital, 70 tunos y María Vilumbrales, que cantó 'Como tus brazos' y el himno de la visita 'Alza la mirada'.
Asimismo, participaron dos voluntarios, Mercedes y Nuño, con sendos testimonios, junto a la rapera Aisha Ruah, y la intervención del cardenal arzobispo de Madrid, José Cobo.
Discurso del cardenal Cobo
Santidad:
Gracias es la mejor palabra y la oración con la que le despedimos Santo Padre.
Al concluir estos días intensos llenos de encuentros y de intensidad, venimos aquí para elevar una acción de gracias con muchos de los voluntarios y voluntarias que han hecho posible cada momento. Nos sale del corazón hacer nuestras las palabras de María con toda nuestra diócesis: “Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi salvador”.
Ese es hoy nuestro canto. Cuando María canta no habla primero de sí misma. Habla de lo que Dios ha hecho. Y eso queremos hacer hoy nosotros.
Es el canto sencillo de quienes se han atrevido a alzar la mirada y han dado lo mejor de sí desde el momento en que se les comunicó que el Papa venía a visitarnos. Por eso hemos podido vivir realmente una experiencia de Iglesia misionera y en comunión.
Durante estos días hemos visto rostros emocionados, jóvenes buscando sentido, familias rezando juntas, sacerdotes entregados, voluntarios felices desde primera hora hasta el final de cada jornada. Y hemos alcanzado a ver algo muy importante: que la Iglesia vive cuando sirve, cuando se entrega y cuando lo hace unida mirando juntos al mismo horizonte misionero.
Por eso hoy queremos presentar las maravillas que el Señor hace cuando damos con gratuidad, y cuando servimos a los otros en lo escondido alzando la mirada.
Como María en Nazaret, aquí habéis venido una representación de los muchos que habéis trabajado en silencio, sin buscar reconocimiento, pero haciendo posible el milagro del encuentro, de la acogida y de la comunión, y poniendo en el centro a las personas concretas, especialmente a las más frágiles y olvidadas.
Gracias a vosotros proclamamos la grandeza del señor y sus maravillas porque Dios mira lo pequeño y lo oculto. Sabemos que quizá lo más evangélico de esta visita no ha sido lo que apareció en las pantallas, sino la cantidad de amor escondido que la sostuvo por medio de vosotros, voluntarios.
Así, Santidad, hemos tenido, una vez más, la gracia de contemplar el rostro más hermoso de la Iglesia: el de unas manos que sirven con alegría.
Gracias por ayudarnos a levantar la mirada y ver la grandeza del Señor.
Gracias por recordarnos que el Evangelio sigue teniendo fuerza para tocar el corazón de nuestras ciudades y abrir caminos de fraternidad en medio de un mundo cansado de divisiones y ruido.
Ahora seguimos caminando como diócesis, siendo “más pueblo” gracias a su paso entre nosotros. Como María guardamos lo vivido en el corazón y nos ponemos en marcha con todos los procesos que se han emprendido
Rece por esta Iglesia que camina en Madrid, para que nunca pierda la alegría del Evangelio ni la sencillez de los pequeños.
Nosotros no dejamos de rezar por usted y su ministerio, y ahora con más fuerza, pues el encuentro de estos días ha reforzado nuestra vinculación a Pedro.
Santidad
Cuente siempre con nosotros y gracias por poder proclamar juntos la grandeza del señor.
Discurso del Papa a los voluntarios de Madrid
Eminencia,
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Este encuentro es el último de la etapa madrileña de mi Viaje apostólico, y me alegra mucho que sea con vosotros, voluntarios y voluntarias de Madrid y de tantas partes de España. Os merecéis un “gracias” muy especial, porque habéis ofrecido vuestra presencia y vuestro servicio, y lo habéis hecho por amor al Señor, a la Iglesia y al Papa. ¡Gracias de todo corazón!
Agradezco a los dos “portavoces” que nos han brindado sus testimonios y a quienes han realizado el vídeo y la actuación musical.
He sabido que, desde el principio, vuestra respuesta a la convocatoria ha sido entusiasta: en pocos días habéis superado las cifras solicitadas y así las necesidades han quedado ampliamente cubiertas. Os habéis tomado días libres en el trabajo, algunos de vosotros os habéis dedicado a tiempo completo durante meses, pero cada uno ha dado lo que ha podido, entregando corazón, manos, ideas, talentos, sonrisas. ¡Que Dios os recompense como sólo Él sabe hacerlo!
Me gustaría compartir con vosotros una sencilla reflexión, que resumiría así: los cristianos están llamados a llevar al mundo la levadura de la gratuidad.
Jesús utilizó la imagen de la levadura en una parábola sobre el Reino de los cielos, recogida por el evangelista Mateo: «El Reino de los cielos se parece a la levadura; una mujer la amasa con tres medidas de harina, hasta que todo fermenta» (Mt 13,33). Vuestra experiencia de estos días, como la de tantos hermanos y hermanas, voluntarios en circunstancias similares —pienso en el Jubileo del año pasado—, es un signo del Reino que viene, y lo es por un aspecto esencial: la gratuidad.
La gratuidad es una levadura que hace crecer la calidad humana, ética y espiritual de una sociedad, porque podríamos decir que es un rasgo típico de la “ciudad de Dios”. En un mundo continuamente influenciado por la lógica del interés y del lucro, donde el término “crecimiento” se reduce a la dimensión económico-financiera, es necesario pensar y vivir según la lógica más verdadera, es decir, la de un crecimiento humano integral. Es la lógica del Evangelio, que dice: «Y si hacéis bien solo a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores hacen lo mismo. Y si prestáis a aquellos de los que esperáis cobrar, ¿qué mérito tenéis?» (Lc 6,33-34).
Queridos hermanos, Jesucristo vino a traer al mundo la levadura del Reino de los cielos; la mezcló con la masa de nuestra humanidad enferma para sanarla desde dentro, con el agua y la sangre de su sacrificio y con el fuego de su Espíritu Santo. Y tras su muerte y resurrección, envió a sus discípulos, con la fuerza del mismo Espíritu, para que fueran en el mundo signos e instrumentos de su Reino de amor, justicia y paz. Esto se realiza mediante la predicación, pero también, y diría más aún, a través de un estilo de vida, una forma de pensar y de comportarse que es la del Evangelio. Pues bien, un rasgo esencial de este estilo es la gratuidad que habéis testimoniado estos días aquí en Madrid. ¡Gracias! Quizá las estadísticas no lo registren, pero sabemos que, en estos días, también gracias a vosotros, esta ciudad ha crecido, está más cerca del Reino de Dios. ¿Mérito nuestro? ¡No! ¡Todo es gracia suya! Este es el secreto: el amor de Dios, que mueve el sol y los astros, y mueve los corazones de quienes han encontrado al «Señor Jesús, que dijo: “Hay más dicha en dar que en recibir”» (Hch 20,35).
Hermanas, hermanos, ¡sigamos por este camino! Con humildad y mansedumbre, sin ninguna presunción, pero firmes en la fe y generosos en el servicio. Que la Virgen María os conceda ser levadura del Reino siempre y en todas partes. ¡Gracias! ¡Nos vemos en Roma!