Cumpleaños de Buda y Pascua florida

Este año coincidieron, el ocho de abril, la Pascua florida cristiana y la conmemoración budista del nacimiento de Shakamuni; en sincronía, además, con los cerezos en flor. Si la última cena del Nazareno hubiera sido en Japón, habrían compartido arroz y bebido sake, en vez de pan y vino. Me reuní en Tokyo a charlar con un grupo interreligioso, en el marco de un brindis al aire libre; en Murcia lo habríamos hecho con un tinto en las barracas. Espontáneamente, se suma a la fiesta un grupo de “gente sin techo”, de quienes plantan tenderetes ilegales en el mismo recinto del parque.

No perdemos tiempo en discutir sobre reencarnación y resurrección, ni en cotejar nacimientos maravillosos: el elefante de la leyenda sobre el nacimiento virginal de Gautama y el ángel Gabriel del evangelio. Budistas y cristianos actualizados descubren tras lo simbólico el misterio de la Vida que vivifica toda vida.

Gautama Shakamuni, sabio de los Shaka llamado el Buda o Iluminado, despertó y. ayudó al despertar de otras personas a la espiritualidad y la compasión. Jesús, profeta de Nazaret, para sus seguidores el Cristo o Ungido, guiado por el Espíritu, pasó por el mundo animando y liberando. Ambos parecen ateos, peligrosos para la religión y los poderes establecidos. Ambos reaccionan ante la agresividad crispada con serenidad dialogante. Ambos originan movimientos de transformación de la religiosidad: de lo exterior a lo interior y del egoísmo a la solidaridad. Ambos son traicionados por sus herederos: restauración involutiva de estructuras dogmatizadoras, moralizantes o ritualistas, contra las que Gautama y Jesús se rebelaron. El rey Ashoka protegió al budismo y el emperador Constantino al cristianismo. Las confesionalidades estatales (con “subvenciones”) desactivan la espiritualidad.

Pero en ambas tradiciones, tras el invierno, rebrota vida. Budistas y cristianos, bajo el cerezo, compartimos esperanza desde la iluminación y la resurrección. El encuentro anima, pero no hay que adormecerse. Urge el compromiso por la paz y la vida: fomentar juntos, local e interculturalmente, procesos de paz y procesos de vida. El intercambio me ha recargado las pilas para un doble compromiso: la ética de la liberación y la bioética global.

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