Cardenal Steiner: "Somos la Iglesia hecha de la experiencia de la resurrección, de un horizonte nuevo"
El cardenal amazónico dirigió una reflexión acerca de la experiencia de la resurrección y el testimonio de María Magdalena, "figura extraordinaria", invitando a los fieles a renovar la esperanza en medio de las incertidumbres del mundo.
(Micaele Alejandra Díaz/ADN Celam).- El cardenal Leonardo Ulrich Steiner, arzobispo de Manaus y presidente de la Conferencia Eclesial de la Amazonía (Ceama), dirigió una reflexión acerca de la experiencia de la resurrección y el testimonio de María Magdalena, invitando a los fieles a renovar la esperanza en medio de las incertidumbres del mundo.
Todo nuevo
En su meditación, el cardenal Steiner propuso contemplar la figura de María Magdalena, a quien describió como “tan extraordinaria”, resaltando que “es ella que va al sepulcro y va a anunciar que Jesús resucitó”.
Recordó que la discípula “va temprano al sepulcro”, buscando consuelo, pero se encuentra con la ausencia: “el sepulcro estaba vacío… la piedra retirada y el cuerpo ya no yacía allí”. En ese contexto, expresó el drama interior de María Magdalena con palabras cargadas de dolor: “Retiraron a mi Señor y no sé dónde lo han puesto”.
A través de una narración en primera persona, el cardenal recreó el itinerario espiritual de la discípula, quien reconoce a Jesús como “la razón de mi vida”, y revive su proceso de encuentro con Él, desde la atracción inicial por su palabra hasta la transformación profunda de su existencia. “Sus palabras penetraban mis entrañas, iban al fondo de mi alma”, evocó, remarcando cómo ese encuentro la llevó a sentirse “amada como una hija” y a experimentar una vida nueva: “salí renacida… nueva mujer, mujer entera, todo nuevo”.
La experiencia de pérdida y el reconocimiento del Resucitado
El purpurado también puso énfasis en el dolor de la cruz: “Hace tres días lo perdí en el dolor, en la cruz, en la muerte. Perdí el amor, perdí el padre, perdí el esposo, perdí el hijo, perdí el maestro”. Sin embargo, es en el jardín donde se da el giro decisivo, cuando María escucha su nombre: “Al oír ‘María’, vi a mi Señor y Dios. Solo ahora vi a mi Dios y Señor”.
Desde esa experiencia, expresó el descubrimiento de una fe más profunda: “Ahora creo, porque todo lo perdí, pero te oí, razón de mi vivir”, resaltó que fue necesario “el vacío completo de todo” para reconocer plenamente al Señor.
El cardenal Steiner extendió esta experiencia a toda la Iglesia: “Como María Magdalena, estamos todos en camino en busca de consuelo y encontramos tantos sepulcros abiertos y vacíos”. En ese sentido, recordó que “somos la Iglesia hecha de la experiencia de la resurrección”.
El don de la esperanza
El cardenal llamó a “retirar la piedra y dejar que la esperanza del Resucitado nos encuentre”, especialmente en medio de “tantas incertidumbres, sufrimientos y muertes”. Y añadió: “Él nos concede el don de la esperanza, de la vida nueva, luz que todo ilumina”.
El arzobispo de Manaus insistió en la necesidad de una Iglesia misionera: “Qué hermosa es una Iglesia que corre en salida, que sale por los caminos del mundo con el deseo de llevar a todos la alegría del Evangelio: Él resucitó”.
En su mensaje, el cardenal invitó a “rodar la piedra del sepulcro donde muchas veces encerramos al Señor” y a “liberar a Jesús de las formalidades donde frecuentemente nos encerramos”.
La alabanza como estilo de vida
A su vez, exhortó a llevar la fe a la vida diaria: “con obras de reconciliación en las relaciones rotas, de compasión hacia los necesitados, con acciones de justicia en medio de las desigualdades y de verdad en medio de las mentiras, y sobre todo con obras de un amor que es fraternidad”. En un contexto donde se vive violencia, remarcó la urgencia de la paz, asegurando que esta debe construirse también en lo cotidiano, incluso en “la violencia en las palabras que vivimos en la sociedad”.
Alaben a Dios no solo con la lengua y la voz, sino también con su conciencia, su vida y sus acciones
Retomando a san Agustín, el cardenal recordó que la Pascua es también una invitación a la alabanza: “Aleluya quiere decir alabar a Dios”. Por ello, animó a que “toda nuestra vida presente transcurra en la alabanza de Dios”.
“Alaben a Dios no solo con la lengua y la voz, sino también con su conciencia, su vida y sus acciones”, citó, añadiendo que la verdadera alabanza se expresa en una vida coherente: “Si no te desvías del buen camino, aunque tu lengua calle, tu vida alabará”.
El Resucitado, horizonte de vida nueva
En la parte final de su reflexión, el presidente de la Ceama manifestó que el Resucitado “no vive de un sepulcro vacío”, sino que “se afirma como horizonte nuevo, un cielo nuevo y una tierra nueva”.
Inspirado en san Pablo, recordó que la Pascua se celebra “con panes ázimos de pureza y de verdad”, y remarcó que, por la resurrección, “adquirimos una dignidad propia… en Él nos volvemos hijos e hijas de Dios”.
Hizo hincapié en la dimensión comunitaria de la fe: “Su cuerpo somos nosotros, que somos comunidad, que somos Iglesia”. En este sentido, dijo que el Resucitado está presente “donde está la comunidad de los discípulos misioneros”.
El cardenal concluyó con una invitación a la esperanza: “No nos desesperemos, corramos como Pedro y Juan para ser tocados por el misterio de la vida nueva”, y proclamó con fuerza el anuncio central de la fe cristiana: “El Señor resucitó. Aleluya. Amén”.