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El Amor, “ángel del Señor”, le impidió “repudiarla en privado” (San José 19 de marzo de 2026)

José actuó como Jesús, guiado por el Espíritu de amor: marginó la ley que no sirve a las personas

Ayúdanos, Jesús, a dejarnos guiar por tu Amor, que ilumina la voluntad del Padre Dios

Comentario:José hizo lo que le había mandado el ángel del Señor” (Mt 1, 16.18-21. 24a)

Así empieza hoy la lectura evangélica: Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació (egenéthe: fue engendrado) Jesús, llamado Cristo” (v. 16). Penúltimo versículo de la tabla genealógica de Jesús: “Libro del origen de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abrahán” (Mt 1,1). El verbo en activa pasa a pasiva en este versículo: “Jacob engendró (engénnesen) a José, el esposo de María, de la cual fue engendrado (egenéthe) Jesús, el llamado Mesías” (en griego “Cristo”). No menciona el ablativo agente. Es el llamado “pasivo divino”: el agente es Dios, su poder, su fuerza, su espíritu.

María, su madre, estaba desposada (μνηστευθείσης: dada en casamiento, prometida, acabada de casar) con José”. “Antes de vivir juntos” (συνελθεῖν: cohabitar, juntarse, tener relaciones maritales), “resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo” (εὑρέθη ἐν γαστρὶ ἔχουσα ἐκ πνεύματος ἁγίου: se percató de que tenía en el vientre -estaba encinta, preñada- de un espíritu santo). “Espíritu santo” sin artículo es un nombre de Dios, como “cielos” o “señor”. Está muy lejos la formulación de fe explícita en la Trinidad. Aquí sólo dice que en esta concepción actuó Dios con su fuerza o espíritu.

José, al darse cuenta del embarazo, deciderepudiarla en privado” para evitar las consecuencias de una denuncia pública: “sacarán a la joven a la puerta de la casa paterna y los hombres de la ciudad la lapidarán hasta que muera...” (Deut 22,21). De José se dice que era “justo”, más que honrado o bueno: observante de la ley. José, si hubiera sido justo en este sentido, fanático de la ley, hubiera denunciado a María para que la apedrearan. Pero, con “una justicia mayor que la de los escribas y fariseos” (Mt 5, 20), “no quería difamarla”. Hay quien piensa que María confió a José el secreto de la Encarnación, sin saber cuál era su misión. Lo cierto es que “no quería difamarlay decidió repudiarla en privado”.

Pero, apenas había tomado esta resolución” (ταῦτα δὲ αὐτοῦ ἐνθυμηθέντος: “pensando él esto”) traduce un aoristo ingresivo griego: “empezó a deliberar” (J. Monserrat traduce: “mientras meditaba tomar esta decisión”; Cantera-Iglesias: “cuando andaba él danto vueltas a esto” o “cuando ya estaba decidido a ello”). Pensando, pues, la hipótesis de repudiarla en privado, José sobrepasa la justicia legal (como haría Jesús muchas veces). Más bien indica que siente un “santo temor” ante la acción divina. Si Dios anda en este asunto, mejor es dejar el asunto, echarse a un lado. Sería una decisión comprensible para un hombre de aquella época y mentalidad. Pero el repudio “privado” no solucionaba el problema del todo. Lo trasladaba al momento del parto.

Por ello, “se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: «José, hijo de David, no temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo”. Es un modo de expresar la inspiración divina, el trabajo de Dios en la conciencia personal que ilumina para descubrir su voluntad en cada situación concreta. La acción portentosa se interpreta realizada por los servidores del cielo (He 5,19; 12,7): “un ángel del Señor”. A José le llama “Hijo de David”, título que, en los evangelios, excepto en esta ocasión, se le da a Jesús, y él nunca rehuyó (Mt 1,1; 9,27; 12,23; 15,22; 20,30s; 21,9; 21,15; 22,42; Mc 10,47s; Lc 1,32; 18,38s). Le intima que no tenga reparo en recibir a Marúa, su esposa, pues lo concebido en su seno “viene del Espíritu Santo” (de un espíritu santo, de Dios). No quiere decir que Dios sea padre o principio generante, al modo humano, sino la fuerza o el poder divino está actuando en la humanización o encarnación del Hijo de Dios.

Dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados”. No podrá elegir el nombre, pero “le pondrás por nombre Jesús”, haciendo las veces de padre. Jesús “salvará a su pueblode sus pecados”. “El Hijo del hombre” nos realiza como personas humanas. En él tenemos la salvación plena: sentirnos hijos de Dios, aceptar su amor creador, vivir como Jesús, “ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él” (He 10,38). Nos “salva o libera” de toda inhumanidad: lo que desvía al ser humano de su realización humana. Eso es justamente “pecado”: creernos más que seres humanos: dioses, tiranos sobre nosotros mismos y los demás. O la conciencia de indignidad: sentirnos despreciables, carecer de compasión hacia el ser humano, rebajarnos a la irracionalidad.

Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y acogió a su mujer. Y sin haberla conocido, ella dio a luz un hijo al que puso por nombre Jesús” (v. 24s). José es “despertado” por el Amor de Dios que no abandona nunca al ser humano. Actuó como actuaría Jesús, guiado por el Espíritu de amor en toda su vida. Marginó toda ley humana que no sirve a las personas.

Oración:José hizo lo que le había mandado el ángel del Señor” (Mt 1, 16.18-21. 24a)

Hoy, Jesús, hacemos la oración desde la cruda realidad:

como fue la situación que vivió José, esposo de tu madre;

hoy muchas personas viven situaciones incompatibles con la ley;

el Amor de José sigue iluminando.

María, divorciada, vino a Madrid con su familia:

su marido la abandonó por otra mujer;

hace quince años conoce a José y vive con él;

María acude semanalmente a la eucaristía;

la han aconsejado que no comulgue,

o que deje a ese hombre;

muchas veces, para poder comulgar,

se ha negado a la intimidad;

ha llegado incluso a dejarle alguna temporada;

José, deprimido, buscó refugio en la bebida;

el amor de María regenera a José:

con amor no hay depresión ni bebida.

¿Es Jesús incompatible con mi amor?,

se pregunta María.

¿No es el amor de María un “ángel del Señor”:

que le dice: «María, hija de Dios,

no temas acoger a José, tu esposo,

porque el amor viene del Espíritu Santo”?

¿Qué debe hacer María? ¿Abandonar a José?

¿Vivir como dos hermanos, sin relación sexual?

¿Para comulgar, hay necesidad de deprimir o hundir a José?

“Todos conocemos personas que, sin anular su matrimonio:

han rehecho con otra persona su vida de amor conyugal:

...muchas de estas parejas están formadas por creyentes

con una honda sensibilidad espiritual

y un inequívoco compromiso con el Reino de Dios.

¿Su experiencia de amor constituye o no un espacio humano

posibilitante del encuentro con Dios que es Amor?

¿Necesitará este Dios autorización del Tribunal de la Rota

para hacerse presente en la vida amorosa de esa pareja?”

(F.J. Vitoria: Malos tratos, nulidad matrimonial y sacramento.

“Iglesia Viva” n. 212. p. 413-416).

Esta reflexión, Jesús, ilumina también tu Amor:

“... la Iglesia no conoce más que una sola categoría:

la del «divorciado vuelto a casar» ...

Poco importa...

si se trata de un divorcio provocado o padecido,

si la persona es culpable o no de la situación,

o cuáles son las razones profundas de su fracaso,

o cuál ha sido la evolución ulterior de un divorciado

(aun culpable) que, al cabo de un cierto tiempo,

logra reconstruir algo válido ante Dios y ante los hombres.

Todo eso no le interesa a la Iglesia, la cual no ve en ese ser humano

más que a un «divorciado vuelto a casar»;

es decir, no lo ve en su vida real--que es como Dios lo ve-,

sino únicamente en función de la estructura de la Iglesia,

y, consiguientemente, lo rechaza.

Últimamente se guardan más las formas,

pero el rechazo sigue siendo igualmente absoluto;

ya no se le excomulga, pero se le excluye

para siempre de la comunión...”

(F. Varone: El Dios sádico. Sal Terrae. Santander 1988, p.99-100).

Pienso, Cristo del Amor, que hay que hacer como José:

inspirarse en el amor gratuito de Dios;

amor concreto a cada persona en su momento histórico;

amor que sólo busca el bien de sus criaturas.

José desobedeció la ley:

por amor no quiso denunciar la debilidad de su mujer,

el Amor, “ángel del Señor”, le impidió “repudiarla en privado”;

el Amor le inspiró hacerse cargo de la madre y del niño,

porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo”.

Ayúdanos, Jesús, a dejarnos guiar por tu Amor:

que ilumina la voluntad del Padre Dios;

que impulsa la acción por la vida en paz, libertad y amor.

rufo.go@hotmail.com

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