¿Qué “losas” hacen de nuestra vida un sepulcro maloliente? (Domingo 5º Cuaresma A 22.03. 2026)
Muchos judíos creyeron, pero los dirigentes “aquel día decidieron darle muerte”
Jesús de la vida, sácanos del sepulcro de la rutina, del egoísmo y de la obediencia ciega
Comentario: “El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá” (Jn 11, 1-45)
Leemos hoy el último de los siete signos del evangelio de Juan del llamado “Libro de los signos” (Jn 1,19-11,57). Al llamarlos "signos" o “señales”, insinúa que no son hechos históricos. Son relatos que explican la persona de Jesús. Este Lázaro es una creación literaria inspirada en el Lázaro que aparece en Lucas (Lc 16,19-31). Con este signo pretende explicar que Jesús es la Vida. Para ello crea un relato que cumple la parábola del rico y del pobre Lázaro: “si no escuchan a Moisés y a los profetas, no se convencerán ni aunque resucite un muerto” (Lc 16,31). Eso queda relatado en este episodio. Muchos judíos creyeron, pero los dirigentes, “aquel día decidieron darle muerte” (Jn 11,47-53).
El relato presenta los personajes, el lugar donde viven y su relación. “Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro” (v. 5). Vivían en Betania, unos tres kilómetros de Jerusalén. Desde allí le llega la noticia: “Señor, el que tú amas está enfermo” (v. 3). Jesús reacciona: “Esta enfermedad no es para la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado”. Se insinúa la providencia sobre la enfermedad y la muerte. “Los sumos sacerdotes y los fariseos convocaron el Sanedrín… Este hombre hace muchos signos. Si lo dejamos seguir, todos creerán en él, y vendrán los romanos y nos destruirán el lugar santo y la nación» … Caifás… les dijo: «Vosotros no entendéis ni palabra; no comprendéis que os conviene que uno muera por el pueblo, y que no perezca la nación entera» … Y aquel día decidieron darle muerte” (Jn 11,47-53).
“Cuando Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado” (v. 17). Algunos rabinos de la época creían que el alma permanecía en el cuerpo durante tres días. Al cuarto día, al iniciarse la putrefacción, partía hacia el más allá. Este dato subraya la muerte real y el poder de quien lo devolvió a la vida. Las dos hermanas aparecen como en Lucas: una dada al servicio y otra contemplativa: “Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedó en casa” (v. 20). Cada una actúa conforme su carácter, pero las dos piensan lo mismo y confían en el amor de Jesús: “dijo Marta a Jesús: «Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano” (v. 21).“María… se echó a sus pies diciéndole: «Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano»” (v. 32).
En el diálogo con Marta aparece la gran revelación de Jesús. Marta manifiesta su fe en la oración de Jesús: “sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá”. Más adelante, Jesús afirmará esto mismo: “Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que tú me escuchas siempre; pero lo digo por la gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado” (v. 41s). Jesús se adhiere a la fe del judaísmo vigente: “Tu hermano resucitará”. Marte se une a esta fe: “Sé que resucitará en la resurrección en el último día”. Pero Jesús le dice lo que sucede ahora y aquí: “Yo soy la resurrección y la vida” (v. 25). Como el prólogo: “En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres” (Jn 1,4). La vida de Jesús transforma la vida humana: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre” (v. 26). Marta acepta a Jesús: “Sí, Señor: yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo” (v. 27).
Brilla la humanidad profunda de Jesús: “Jesús, viéndola llorar a ella y viendo llorar a los judíos que la acompañaban, se conmovió en su espíritu, se estremeció” (v. 33). Los verbos griegos usados (ἐνεβριμήσατο: exteriorizar su disgusto, irritarse…; ἐτάραξεν: removerse, agitarse) expresan una afectación emocional muy profunda, fruto del cariño ante muerte o desgracia de personas queridas. “¿Dónde lo habéis enterrado?». Le contestaron: «Señor, ven a verlo». Jesús se echó a llorar. Los judíos comentaban: «¡Cómo lo quería!» ... Jesús, conmovido (el mismo verbo, en participio pasivo: ἐμβριμώμενος) de nuevo en su interior, llegó a la tumba” (vv. 34-38).
Los últimos versículos (11,39-45) tiene una fuerza simbólica singular. Jesús invita: “quitad la losa” de la falta de fe. Como Marta, creemos que los muertos están de verdad muertos: “ya huele mal porque lleva cuatro días”. Jesús le dice y nos dice a todos: “¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?”. Cuando retiramos nuestra “losa”, Jesús dice: “Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que tú me escuchas siempre; pero lo digo por la gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado”. Y luego dice al muerto, y a todos nuestros muertos: “Lázaro, sal afuera”. Y nos pide a todos: “Desatadlo y dejadlo andar”. No afligirnos “como los que no tienen esperanza” (1Tes 4,13). Así creemos que Jesús es nuestra resurrección. Como “muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él”. Escenifica nuestras exequias en cristiano.
Oración: “El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá” (Jn 11, 1-45)
Con este relato, Jesús de todos, concluimos la cuaresma:
salir de nuestros “sepulcros” es meta de todo ejercicio espiritual;
remover los agobios que nos impiden vivir: “Quitad la losa”;
alumbrar caminos de vida, de justicia, paz y alegría: “Lázaro, ven fuera”.
recuperar la libertad del Amor divino: “Desatadlo y dejadlo andar”.
¿Qué “losas” hacen de nuestra vida un sepulcro maloliente?
¿la rutina, que impide ver y cambiar? “Estad atentos, vigilad:
pues no sabéis cuándo es el momento” (Mc 13,33);
¿el desamor? “Quien no ama, permanece en la muerte” (1Jn 3,14);
¿el odio? “Quien odia a su hermano es un homicida” (1Jn 3,15);
¿“el amor al dinero?, raíz de todos los males” (1Tim 6,10);
¿cerrar las entrañas al hermano en necesidad?
¿cómo va a estar en nosotros el amor de Dios? (1Jn 3,17);
¿apego a leyes, costumbres… contra derechos humanos?
“Dejáis a un lado el mandamiento de Dios
para aferraros a la tradición de los hombres” (Mc 7,8);
¿miseria material o espiritual, sin esperanza y sin trabajo por salir?
“Eres un siervo negligente y holgazán” (Mt 25,26);
¿pesimismo que no confía en nosotros, en los demás, en Dios...?
“Todo lo que ha nacido de Dios vence al mundo.
Lo que ha conseguido la victoria sobre el mundo es nuestra fe” (1Jn 5,4-5).
¿silencio ante injusticias, marginación, situación antievangélica…
por ahorrarse problemas, medrar en escalafón…?
“Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan
y os calumnien de cualquier modo por mi causa” (Mt 5,11).
A todos, Cristo Jesús, nos dices: “salid fuera”?
a la escucha del Espíritu, “señor y dador de vida” (Credo);
a la vida de los enfermos, de los marginados, de los fracasados...;
a grupos que trabajan por la justicia, la paz, la fraternidad...;
a vivir en comunidades de diálogo, encuentro, amor...;
a reformar desde dentro nuestras comunidades...
A todos, Jesús resucitado, pides: “desatadlo y dejadlo andar”:
“para la libertad nos ha liberado Cristo;
manteneos, pues, firmes, y no dejéis que vuelvan
a someteros a yugos de esclavitud” (Gál 5,1);
recuperad la libertad de “la fe que actúa por amor” (id. v. 6b).
Esta libertad, Jesús del amor, te llevó:
a anunciar el reino de la verdad y la vida, surgidas del amor;
a formar una familia, guiada por tu mismo Espíritu;
a estar con los más débiles, desposeídos, fracasados morales...;
a enfrentarte con la institución religiosa, amiga de la ley;
a “despojarte de ti mismo, tomando la condición de esclavo,
hecho semejante a los humanos;
reconocido como hombre por tu presencia,
te humillaste a ti mismo, hecho obediente hasta la muerte,
y una muerte de cruz” (Flp 2,7-8).
Jesús de la vida, del amor, de la libertad:
conviértenos a tu “justicia, paz y alegría en el Espíritu Santo” (Rm 14,17);
sácanos del sepulcro de la rutina y obediencia ciega;
despierta la ilusión del amor incondicional, perdonador...;
“Infunde, Señor, tu gracia en nuestros corazones
para que sepamos dominar nuestro egoísmo
y secundar las inspiraciones que nos vienen del cielo”
(Liturgia de las Horas viernes III semana cuaresma).
rufo.go@hotmail.com