Hazte socio/a
Última hora:
El Papa ya ha firmado Magnifica Humanitas

Cenáculo, circo, concubinato

La constitución del Senado filipino como Tribunal de Destitución

Los senadores filipinos en el momento de jurar a su cargo como magistrados del Tribunal de Destitución para procesar a la vicepresidente Sara Duterte el 18 de mayo de 2026

Por fin, tras aquel circo embarazoso e impresentable del 11 a 12 de mayo en que reapareció un senador fugitivo, al que busca la Corte Penal Internacional por crímenes de lesa humanidad, para deshacer la mayoría del Senado filipino y que se escapó gracias a la complicidad de otros senadores aliados de los Duterte como él, se constituyó el Senado filipino como Tribunal de Destitución para proceder con el proceso judicial contra la vicepresidente Sarah Duterte.

             Bien se sabe que los Duterte son archiconocidos por la violencia y la corrupción, se había iniciado el Proceso de Destitución en la Cámara Baja de los Representantes.

             Aquel círculo tenía finalidad de bloquear todo proceso contra Duterte. Los incondicionales de este, denominados los 13 Judas, siguen constituyendo la mayoría en el Senado pero ‘a la fuerza’ o conforme a la constitución se ha tenido que constituir como Tribunal el mismo senado.

             Pero todo es precario en Filipinas. Sobre todo las alianzas políticas que no suelen tener fondo ideológico o espiritual. Solo los intereses materiales que suelen ser de las dinastías, con la finalidad de perpetuarse en el poder hasta el punto de tergiversar las leyes, mentir ante el público, falsificar las realidades hasta el punto de inventarse y promulgarse bulos.

             Dos de los senadores neutros han manifestado sus intenciones de unirse con la minoría, la facción crítica a Duterte. No por iluminación repentina tras aquellos hechos nefastos de la semana pasado sino por miedo, sabiendo que se ha provocado la ira de muchos filipinos sensatos y honrables en un país en que la honra y la dignidad tienen precio.

             Lo único que une a los incondicionales de Duterte, y no me limito a hablar de los senadores judas, es la mirada hacia el futuro. Miran hacia su propio futuro y no el del país, pues piensan, y con fundamento, que posiblemente Sara sucederá a su examigo y ahora archienemigo Ferdinand Marcos, hijo del dictador, como presidente en 2028.Ahora ya están disputando descaradamente la atención y el afecto de Sarah, que sería muchísimo peor que su padre ahora encarcelado en La Haya.

             En Filipinas, la justicia no es igualitaria. Soy consciente de que esto pasa en todos los sitios. Pero en Filipinas la justicia es cuestión sobre todo dinástica y clasista. Siempre hay privilegiados, clases o dinastías favorecidas e incluso adoradas o aduladas, sobre todo si tienen posibilidad de regir los destinos del país ocupando los cargos más altos, lo cual les facilitaría acceso a los fondos y recursos que son el resultado del sudor, de las lágrimas, de la sangre del pueblo filipino, séame permitido modificar esta expresión famosa de Churchill.

             El que tiene menos recursos es más fácil que pierda ante los tribunales.Esto es fama de manera especial en Filipinas, pues nuestros anales están repletos de relatos, escritos con sangre, que avalan esto. La historia del poder en Filipinas la protagonizan las dinastías. Las sagas familiares determinan cómo esta nave que es Filipinas cruzará las mares tempestuosas de la historia, sobre todo a nivel político desde las estancias más ínfimas hasta el oficio más exaltado de la Presidencia de la República.

             Lo que debería ser un cenáculo de discernimiento podría convertirse en una reafirmación contundente de un concubinato, esto es, de alianzas maléficas consagradas a la prostitución y eliminación de los ideales de la verdad y de la justicia por privilegios de tipo institucional.

             Y cabe señalar aquí que algunos miembros de esta mayoría no son personas honradas; son personalidades con un largo historial de corrupción que siguen prostituyéndose hasta el punto de convertir la política filipina en un concubinato institucional. Sobre todo a raíz de los recientes escándalos de corrupción de fondos para controlar las inundaciones, todo esto ha quedado patente. Y esto ocurre en un país azotado por los monzones sobre todo a partir del mes de junio, puede que haya cambios, pues puede que haya detenciones.

             Muchos opinan que estos aliados de Sara esperan que si sale elegida ella en 2028 serán agraciados con el indulto presidencial, pues muchos de ellos tienen casos pendientes en los tribunales de justicia filipinos.

             En fin, como queda dicho, no hay nada estable en las alianzas políticas en este país. Los aliados de hoy pronto se traicionarán. Los ladrones no pueden ser amigos de otros ladrones por mucho tiempo. Su amistad o alianza tiene fecha de caducidad, por así decirlo.

                A tenor de todo ello, lo que por el momento queda claro es que este proceso será una ocasión para la manifestación de la verdad. Es decir, se pondrá de manifiesto, de manera pública, todo lo malo de Sara Duterte. Y el discurso será avalado por una demostración lógica por letrados competentes.Por supuesto que el campo dutertiano tendrá oportunidad de rebatir y defender a la acusada. Esto forma parte del proceso judicial.

             Pero la verdad se manifestará y triunfará por encima de toda la retórica y dialéctica humanas. La verdad puede ocultarse por un tiempo pero nunca podría suprimirse; puede tergiversarse por medidas sobre todo discursivas pero nunca podría borrarse. La verdad siempre deja huellas con las que puede construirse un itinerario de un descubrimiento más intenso y duradero. Al fin y al cabo, la verdad siempre triunfará y a través de ella también la justicia.

             Sentenciaba el Hiponense: Non vincit nisi veritas: victoria veritatis est caritas, es decir, la victoria de la verdad es la caridad (Sermo CCCLVIII). Lo más caritativo para Sara Duterte es que ella sea pronunciada culpable de todos los cargos contra ella en este proceso de Destitución. Asimismo que sus aliados, empezando con su padre en La Haya, junto a sus cómplices en la guerra sangrienta contra muchos filipinos inocentes, reciban la justicia merecida en los tribunales competentes. Y el mayor grado de caridad en todo ello consistirá en el bien común de Filipinas y el inicio firme del proceso de restitución de su dignidad y honra como nación, pues ya lleva años permitiendo que se aprovechen de ella los que juraron ser sus servidores.

             En otras palabras, la caridad para ellos es el pleno cumplimiento de la justicia por sus respectivos delitos que redundará en el bien de todo el pueblo filipino, tan sediento de la justicia tras una larga historia de sufrimiento y privaciones a causa de algunos privilegiados.

             Ojalá que el circo de concubinato que es el Senado filipino se convierta, por la intervención silenciosa de Dios a través de la vigilancia proactiva de los filipinos de buena voluntad, se convierta en un cenáculo de verdad, justicia y caridad.

También te puede interesar

Lo último