Desconexión con la realidad
La triste realidad en los dos últimos años del gobierno de Ferdinand Marcos, Jr.
El hijo del exdictador y actual presidente de Filipinas llegó a la cumbre del poder en junio de 2022 gracias a una alianza muy frágil con el partido del ahora expresidente Rodrigo Duterte, actualmente encarcelado en La Haya por crímenes de lesa humanidad. Ahora la hija de este es la vicepresidente, que está enfrentando el proceso de su destitución en el Senado filipino.
Todo ello, junto a la incompetencia y desconexión del régimen actual, como el régimen del dictador a mediados de la década de los ochenta, ha desatado quizás la peor crisis económica en el país caracterizada por El aumento de los precios y la debilidad del peso están avivando el descontento público. A su vez, todo ello ha desembocado en la pérdida de la confianza de parte de la ciudadanía.
Las declaraciones y las actuaciones del presidente no han logrado tranquilizar los ánimos. Ha dicho en público que el pueblo debería guardar el agua colectada de las lluvias y hacerla pasar por filtros, como respuesta al fenómeno devastador de El Niño que ya ha comenzado a hacer estragos en el país. Ha dicho también que la deuda nacional es solo una figura y que el público no debería perder la calma a la luz de la inflación y la devaluación de la moneda filipina.
Cabe señalar aquí que las presiones inflacionarias provienen tanto de factores externos —como el aumento de los precios del petróleo— como de debilidades estructurales en la economía filipina, incluida la falta de industrias nacionales fuertes y de industrialización agraria. Todo ello ha revelado la fragilidad de la fibra socio-económica del país.
Ya se ha aceptado a Marcos Jr. como el mal menor comparado con la hija del expresidente, ahora su vicepresidente. Sin duda, es este el momento más frágil en lo que a la estabilidad de la nación se refiere.
Además de todo eso, existe el cansancio colectivo con medidas extraordinarias para resolver estas crisis. Sobre todo es preciso evitar que la vicepresidente llegue a ser la presidente, sobre todo en estos momentos super difíciles.
Todo ello se debe a la obsesión partidaria de la mayoría con las personalidades, que a su vez forman parte de dinastías, cuyo historial dejan mucho que desear.
El mandatorio filipino ha declarado hace poco: ‘tenemos todas las herramientas para defender el peso’. Y todo esto cuando se superó la barrera de los 64 pesos filipinos por dólar estadounidense. Y al parecer este mismo mandatorio, desde la comodidad del poder y del historial de su familia, es indiferente a las consecuencias que sufre la gente común que ya apenas puede llegar al fin del mes con sus salarios. También esta gente común es víctima de un sistema abusivo de tarifas altas de electricidad y otras necesidades, ya que en Filipinas, el gobierno es incapaz de hacer la intervención económica adecuada para aliviar las vidas de los demás. Todo le interesa al gobierno es sobrevivir su propia crisis política para perpetuarse en el poder, junto a sus aliados y conservar los intereses propios de su dinastía y las de sus aliados.
El efecto que se palpa hoy en díam pese a la propaganda del Palacio Presidencial, que subraya solo los factores que el gobierno no puede controlar como el aumento de los precios mundiales del petróleo, las tasas de interés en Estados Unidos, los conflictos geopolíticos y el comportamiento de los inversores extranjeros, es un sentimiento generalizado de incompetencia y frustración. Todo lo mencionado constituye factores que pesan sobre el peso filipino. Mas no hay camino señalado para intentar atenuar los efectos negativos de los mencionados factores.
El resultado es una desconexión con la realidad vivida por la ciudadanía. No cabe duda de que las dificultades económicas están avivando la ira ciudadana y afectando la vida familiar, a medida que más filipinos buscan trabajo en el extranjero para mantener a sus parientes. Muchas voces, incluso desde los púlpitos, afirman que si bien este gobierno es el mal menor comparado con otro régimen Dutertiano se ha demostrado que este mismo gobierno es un fracaso a la hora de conectar con lo vivido por el pueblo.
Marcos ha insistido en que el pueblo no se asuste ante estas realidades. Y es este un verdadero insulto de una persona que ha perdido su sentido de la humanidad sobre todo para los más vulnerables en la sociedad, sobre todo las familias con miembros desempleados, con deudas de las que no encuentran salida y que se ven obligadas a comer menos y a sacar a sus hijos de la escuela.
Es que no hay escucha, no hay empatía. Solo propaganda cristalizada sobre todo en el reciente Discurso sobre el Estado de la Nación (SONA). Tampoco existe actuación con decisión en la campaña anticorrupción del mandatorio filipino que al parecer se ha aislado del pueblo con quien debería dialogar más y no dedicarse a monólogos ante la prensa.
Evidentemente, todo es fachada. Esa imagen de un líder ‘tranquilo e imperturbable’ demuestra la falta de sinceridad en lo que a los problemas nacionales se refiere. Se necesitan más medidas para amortiguar el impacto de la depreciación del peso. Tales medidas pueden incluir la aceleración del gasto en infraestructura, un programa de asistencia de 10.000 millones de pesos para agricultores y pescadores, subsidios de combustible para los operadores de transporte público y esfuerzos para mantener estables los precios de los productos básicos.
La inflación es real. La crisis es verdadera. La insatisfacción generalizada con este gobierno está creciendo pero esta administración no tiene empatía. De hecho, el Tribunal Supremo declaró no constitucionales dos presupuestos nacionales del Congreso avalado por este gobierno. Todo ello en medio de la crisis generada por la corrupción. Es el ciclo de los Marcos que había comenzado con el viejo dictador.Ahora, su hijo, que seguramente es más benévolo con el padre, ha demostrado su incapacidad, incluso mayor, para este gran reto.
Los pastores filipinos suelen limitarse al tema de la esperanza apenas denunciando los males ya tan evidentes. Mas somos capaces de la esperanza si se toman medidas concretas, empezando por nuevas opciones para las elecciones venideras y en el empeño de exigir reformas en los foros adecuados, sin tomar como opción las medidas extraordinarias que en tiempos pasados no han dado el resultado deseable.
De verdad, este pueblo anda más bien en pos de los difuntos pero más bien tiene que implorar la poderosa intercesión de todos los santos que ahora contemplan el Rostro Divino.