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El Papa, con las víctimas

RECONOCIMIENTO REAL E HISTÓRICO DESDE UNA PERSPECTIVA FILIPINA

A propósito de las declaraciones de Felipe VI el lunes, 16.03.2026, durante una visita a la exposición La mitad del mundo. La mujer en el México indígena en México

RECONOCIMIENTO REAL E HISTÓRICO DESDE UNA PERSPECTIVA FILIPINA

La prensa filipina ha subrayado la insistencia del monarca español en las lecciones que se han aprendido de una historia con incontables veredas y matices pero que no ha mencionado Filipinas explícitamente.

              Mas sí se supone (y estoy convencido de ello) que Felipe VI pensaba también en las Islas del Poniente (desde la perspectiva española) o las Islas del Oriente (desde el punto de vista portugués), pues se gobernaba a este archipiélago desde México y no directamente desde España hasta el año 1821, México logró la independencia. Desde esta fecha, Filipinas fue gobernada desde Madrid y todo ello coincidió con la época de la ilustración que eventualmente llegó a la cumbre de la revolución que a su vez significó el descenso de la rojigualda para ceder paso al pabellón con estrellas y barras.

             También se ha subrayado que el monarca no ha pedido perdón por todos los abusos. Y tengo entendido que este hecho sigue provocando recelos en los que se vio involucrado el mismo papa Francisco y que merece un ensayo aparte.

             Pedir disculpas podría consolar, aliviar, apaciguar, mitigar, aplacar ocasional y temporalmente. A mi juicio, es signo de cortesía social e incluso política que claramente podría tener consecuencias diplomáticas o relacionales. Podía haber sido oportuno si el rey hubiera pedido disculpas históricas.Podía haber sido un momento bonito.

             Mas creo que sus palabras han trascendido a lo ocasional y temporal. El rey, a mi modo de ver, ha ido más allá de la mera diplomacia. Ha ofrecido una perspectiva histórica que en efecto es una nueva memoria histórica que trasciende a nosotros que vivimos durante estas calendas poshumanas sacudidas por tensiones innecesarias y necias. Es una perspectiva pensada para las generaciones futuras.

             Revisitemos, aunque sea brevemente, sus palabras: “Hay cosas que, cuando las estudiamos, las conocemos, dices bueno, en nuestro criterio de hoy en día, con nuestros valores, pues obviamente no pueden hacernos sentir orgullosos, pero hay que conocerlo, y en su justo contexto, no con excesivo presentismo moral, sino con un análisis objetivo y riguroso. Y sacar lecciones porque también ha habido luchas, digamos, controversias morales y éticas en cuanto a cómo se ejerce el poder, desde el primer día. Es decir, los propios Reyes Católicos, la reina Isabel, con sus directrices, las Leyes de Indias, por el proceso legislativo, hay un afán de protección, que luego la realidad hace que no se cumpla como se pretende y hay mucha... mucho abuso".

             El rey no solo ha demostrado inteligencia al hablar de los cambios de perspectiva sino también diplomacia, pues en el mundo de hoy se pone en cuestión ‘nuestros valores’.Sus palabras son una confesión de que la época de las conquistas junto a su axiología no tiene cabida o vigencia en el mundo de hoy que está buscando nuevas formas de convivencia. Por supuesto, los estudios históricos han de seguir con todo el rigor necesario para que podamos cosechar lecciones no solo éticas y morales.

             Este reconocimiento real no es un punto y aparte sino que es una llamada a nuevos comienzos juntos más allá de alianzas y mancomunidades sobre todo por lo que se está viviendo hoy en día.

             Felipe VI no ha hecho una cosa bonita, pues no ha pedido perdón pero sí ha hecho algo bello al trazar un camino histórico que España y México, junto a las antiguas colonias podrían recorrer. No es que ya hayan dejado de tener vigencia las disculpas pero sí es preciso ir adelante, hacia la misma meta. Y para ello se necesita una perspectiva histórica tal cómo la captó el pintor filipino Juan Luna en que España y Filipinas, simbolizadas por dos mujeres una de constitución más fuerte y por lo tanto madura y la otra más esbelta y más joven. Las dos están oteando el mismo horizonte, el del progreso según afirman los intérpretes más autorizados de la historia filipina, pero lo bello en todo esto proviene de la nueva memoria histórica que las palabras de Fellipe VI han consignado con letras de oro en nuestro archivo colectivo.

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