¿SEMANA SANTA O SEMANA SANTA-SANTAHAN?
Reflexiones sobre una semana no del todo santa tal cómo se vive la misma en las Islas Filipinas
Sin duda la semana más festiva en este archipiélago cuando ya arrecian los calores mientras que el mes o los meses más festivos son los relacionados con la Navidad que prácticamente en estas islas comienzan en septiembre y terminan en el Segundo Domingo del Tiempo Ordinario con la Solemnidad del Señor Santo Niño.
Crucifixiones auténticas y no solo dramatizadas, sacerdotes convertidos en vaqueros en caballo para el reenactment de la Entrada Triunfal del Señor en Jerusalén, sacerdotes utilizando pistolas de agua o mangueras de agua o rociadores de agua para bendecir los ramos, ramos (hechos de frondas de coco o palmeras) vendidas a precios muy altos en los recintos parroquiales como si se tratasen de ser unos capitalistas consumados los vendedores, doce hombres y mujeres disfrazados de apóstoles que son los patrocinadores de todos los festejos (con el honor singular de tener sus pies lavados y besados por el párroco a cambio de grandes donativos), meditaciones acerca de las Siete Palabras convertidas en espectáculos centrados en los personajes que predican acerca de cada una de las Palabras, peregrinaciones no del todo santas a iglesias de patrimonio nacional, cenáculos o dramatizaciones de los episodios evangélicos muchas veces convertidas en farsas o comedias de errores, lectores y lectoras ostentando ropa, talento y cortes de pelo al subir a leer la Pasión (varias veces sin ensayos suficientes, lo mismo digo de los sacerdotes que presiden las liturgias que cometen los mismos errores año tras año), comilonas exageradas en que se excluyen a los más pobres pero sí hay ocasionales ‘caridades’ o comida repartida gratuitamente a los transeúntes pero de ínfima calidad en algunos pueblos, etc.
He aquí solo una muestra. No es exhaustiva. Solo quiero dar a mis lectores benévolos una idea.
Como dijera un eslogan del Ministerio filipino de Turismo hace años: Wow Philippines! ¡Guau, Filipinas! A mi parecer es más apropiado remedar el acuñado en tiempos de Franco, mas con los necesarios ajustes: The Philippines is Different!
Otra vez las mismas luchas para hacer que esta semana sea verdaderamente santa, sobre todo cuando personas que no pisan las iglesias empiezan a afluir en ellas.Pero los oficios no están del todo concurridos. Más bien vienen a hacer, a su manera, la ‘visita iglesia’, normalmente el Via Crucis acomodado a sus gustos incluso cuando hay culto dentro de los templos, lo cual no deja de molestar a los que son más bien litúrgicos en sus gustos devocionales.
Esta semana es ocasión para los que buscan rédito público para hacer sus devociones en lugares muy concurridos. Sobre todo ahora cuando están muy enfrentados la dinastía del actual presidente, hijo del exdictador y la del expresidente detenido en La Haya por crímenes de lesa humanidad que había insultado al Dios Cristiano y al papa Francisco y cuya hija es la vicepresidente ahora en medio de un proceso de destitución contra ella iniciada en la Cámara de Representantes del Congreso Filipino.
El país está muy dividido. Quizá estamos viviendo la peor división política de todos los tiempos en que la cultura de los troles ha tenido amplísima difusión, sobre todo en tiempos del expresidente Duterte. Hoy en día, trolear es un oficio lucrativo. Y no hace falta esconderse detrás del sigilo digital. Hoy en día ya no hay inhibiciones. Los filipinos faltan en el respeto mutuo incluso cara a cara y en todos los foros públicos. Prácticamente ya no existe la decencia pública, el respeto hacia el otro, el comedimiento social.
Todo esto se palpa también en las iglesias en donde abundan las ‘marités’ o ‘las beatas marujas’ que matan no físicamente pero sí al menos en lo que a la reputación ajena se refiere. Sus labios susurran incesantemente Avemarías mientras que sus lenguas viperinas crean y diseminan bulos por doquier. Hasta el punto de actuar sin educación frontalmente.
Bueno, en realidad la legendaria hospitalidad filipina solo se extiende hacia no al forastero en sí sino solo al forastero ‘blanco’, es decir, superior, poderoso y rico, es decir, forastero con mucha blanca y de quien uno podría beneficiarse sobre todo económicamente. ‘Forastero’ en este sentido puede ser incluso un filipino pero de categoría ‘trascendente’ como los políticos o hacendados. Los filipinos somo unos racistas distintos, pues el objeto de nuestro racismo no son los ‘otros’ o los ajenos sino nosotros mismos, los que pertenecemos a la misma categoría o los que son de la ínfima.Ahora, todo esto se ha hecho peor con la cultura de trolling capaz de eliminar alianzas familiares o de tantos años en un santiamén todo por el dinero, todo por el rédito político, todo por el beneficio propio.
Todo esto en medio de un fenómeno global, pues nos vemos involucrados en una guerra que nadie quería y que ha resultado invencible o imposible de ganar amén de carecer toda la justificación ética conforme a los paradigmas comúnmente aceptados como racionales y razonables.
¿Semana Santa o Semana de los que fingen ser santos para justificar sus maldades (Santa-santahan)?
Redacto este ensayo siguiendo la transmisión de la misa del papa León XIV desde la Plaza de San Pedro. Luego de su visita triunfante al Principado de Mónaco seguramente nos brindará varios puntos para nuestra reflexión en esta semana que es su primera Semana Santa como Sumo Pontífice.
Como es Domingo de Ramos, y tras haber seguido las meditaciones del predicador pontificio todo este tiempo, estas palabras de mi maestro san Juan de la Cruz siguen resonando y con ellas cierro estas reflexiones y con las cuales quiero desear a todos una semana verdaderamente santa: ‘Lo cual podrás bien entender en aquella fiesta que hicieron a Su Majestad cuando entró en Jerusalén, recibiéndole con tantos cantares y ramos (Mt. 21, 9) y lloraba el Señor (Lc. 19, 41); porque, teniendo ellos su corazón muy lejos de él, le hacían pago con aquellas señales y ornatos exteriores. En lo cual podemos decir que más se hacían fiesta a sí mismos que a Dios, como acaece a muchos el día de hoy, que, cuando hay alguna solemne fiesta en alguna parte, más se suelen alegrar por lo que ellos se han de holgar en ella, ahora por ver o ser vistos, ahora por comer, ahora por otros sus respectos, que por agradar a Dios. En las cuales inclinaciones e intenciones ningún gusto dan a Dios, mayormente los mismos que celebran las fiestas cuando inventan para interponer en ellas cosas ridículas e indevotas para incitar a risa la gente, con que más se distraen; y otros ponen cosas que agraden más a la gente que la muevan a devoción’ (3 Subida del Monte Carmelo 38, 2).