Noelia Castillo, la batalla que perdimos todos
"Celebrar la muerte de Noelia como un triunfo político solo manifiesta estupidez o crueldad. Su dramático final es un fracaso colectivo y un signo de la inhumanidad de un época caracterizada por el individualismo, la incomunicación y un relativismo que despoja al ser humano de certezas y referencias sólidas"
Algunos medios progresistas han comunicado la triste muerte de la joven Noelia Castillo como una victoria. “Noelia gana la batalla a los ultras”, han vociferado algunos diarios digitales que se presentan como adalides de la libertad, la solidaridad y la tolerancia. Actualmente, soportamos el auge de la ultraderecha y eso nos hace olvidar que también hay un fascismo de izquierdas. La mal llamada “izquierda woke” (el wokismo surgió como una legítima y necesaria expresión de protesta de la comunidad afroamericana de Estados Unidos contra la discriminación) sostiene un discurso que aglutina algunas de las peores insensateces de las últimas décadas, como el lenguaje inclusivo, la cultura de la cancelación, la teoría queer o la retórica revolucionaria del Mayo del 68, con su corte de grupos terroristas y dictaduras personalistas disfrazadas de socialismo, como la Cuba de Fidel Castro o la Venezuela de Hugo Chávez y Maduro. Todos los que pedían “jarabe vietnamita” han celebrado la muerte de Noelia Castillo, una joven parapléjica de veinticinco años con trastorno límite de la personalidad y trastorno obsesivo-compulsivo.
Evidentemente, las mujeres continúan sufriendo agravios y agresiones que solo deberían suscitar solidaridad y respeto, pero es absurdo duplicar expresiones para combatir el supuesto sexismo del lenguaje. ¿Se puede decir que El hombre y lo divino, el clásico ensayo de María Zambrano, invisibiliza a la mujer por no incluir una referencia directa al género femenino? En cuanto a la cultura de la cancelación, su espíritu no está muy lejos del furor represivo de la Revolución Cultural china. Aristóteles justifica la esclavitud, Cervantes vitupera a los gitanos, Shakespeare no oculta su antisemitismo.
Esas posturas, totalmente deplorables, solo son un reflejo de los prejuicios de su tiempo. Los escritores no son santos, sino seres humanos imperfectos. Hasta el siglo XIX, nadie cuestionó seriamente la esclavitud y la discriminación de la mujer. ¿Debemos entonces cancelar a todos los escritores, artistas y filósofos que no alzaron la voz contra las abominaciones de su contexto histórico? ¿Cancelamos la Ilíada, la Odisea, la Eneida, la Biblia, pues todas estas obras exaltan la violencia en sus páginas o expresan opiniones despectivas sobre las mujeres o ciertos pueblos? Por último, ¿no es cierto que la biología es un hecho determinante? Los transexuales merecen ser respetados y no sufrir ninguna ofensa o discriminación, pero no a costa de invisibilizar a las mujeres. Muchas feministas se han pronunciado contra la teoría queer, alegando que diluye la categoría “mujer” al entender el género como algo performativo y no ligado al sexo biológico.
La degradación de la vida política se ha producido por demonizar al adversario y lo cierto es que el liberalismo y el socialismo son igualmente respetables, siempre que respeten los valores democráticos. Políticos conservadores como Alcide De Gasperi y Robert Schuman y filósofos como Karl Popper y Raymond Aron nos legaron un ejemplo de ética, coherencia e inteligencia. Se puede decir lo mismo de Nelson Mandela, Pepe Mújica, Enrico Berlinguer y Olof Palme, cuya trayectoria política se inscribe en el terreno del socialismo democrático. La mal llamada “izquierda woke” no destaca por su clarividencia, sino por su oportunismo. Eso explica que su paquete ideológico incluya la defensa de la eutanasia y el aborto.
Hace años, publiqué un artículo en Claves de Razón Práctica defendiendo la eutanasia. Empleé los argumentos de Hans Küng, que escribió un par de ensayos sobre el tema. Hoy veo las cosas de otra manera. Estoy totalmente en contra del encarnizamiento terapéutico y considero que cualquier paciente en fase terminal debe gozar del derecho de pedir una sedación terminal. Pienso que es una alternativa mucho más humana y compasiva que la eutanasia. En el caso de Noelia Castillo, su sufrimiento físico era similar al de cualquier parapléjico: dolores neuropáticos, incontinencia, parestesias. Ese cuadro no ha impedido a la nadadora Teresa Perales, Premio Princesa de Asturias de los Deportes, ganar 28 medallas entre 2000 y 2024 en los Juegos Paralímpicos y ostentar el récord paralímpico en 100 metros estilo libre.
Sería obsceno e inmoral reprochar a Noelia Castillo que no haya seguido su ejemplo, pero la diferencia de trayectorias pone de manifiesto que su sufrimiento era esencialmente psíquico. Su triste final es desesperanzador para todos los que sufren una paraplejia. Su caso incita a pensar que la vida de un parapléjico es una vida sin valor, una existencia indigna, por utilizar una expresión utilizada para justificar el monstruoso programa de «eutanasia» llamado Aktion T4, impulsado por decisión personal de Hitler y que acabó con la vida de 300.000 personas con diversidad funcional.
Uno de los síntomas del Trastorno Límite de la Personalidad, una de las patologías psiquiátricas más devastadoras, es el intenso deseo de morir. El 10% de los afectados se quitan la vida y el 70% lo intentan al menos una vez. De hecho, Noelia sufría una paraplejia por un intento de suicidio que fracasó. El sufrimiento que provoca esta enfermedad es terrible, pero si la sociedad facilita la eutanasia a todos los que padecen una patología psiquiatra, los casos como el de Noelia se multiplicarán trágicamente. En Holanda, cerca de 200 personas, a veces muy jóvenes, mueren de este modo cada año. Las enfermedades mentales no son irreversibles. Si la Administración proporcionara los medios necesarios para modificar entornos e incrementar significativamente la atención psicológica y social, muchos afectados mejorarían o lograrían una estabilidad duradera. De hecho, con el tratamiento adecuado, se puede llevar una vida plena y funcional. Y con la edad, los síntomas más graves suelen remitir. Celebrar la muerte de Noelia como un triunfo político solo manifiesta estupidez o crueldad. Su dramático final es un fracaso colectivo y un signo de la inhumanidad de un época caracterizada por el individualismo, la incomunicación y un relativismo que despoja al ser humano de certezas y referencias sólidas.
Para conseguir un mundo más justo y humano, hay que luchar contra pobreza, la desigualdad, la violencia, el odio, la explotación laboral, las leyes represivas, las arbitrariedad de ciertas sentencias judiciales, la ausencia de afectos, la desintegración familiar, la crispación social, los abusos del poder político y económico, el individualismo, los prejuicios y la insolidaridad. Facilitar la muerte a una joven atormentada por una enfermedad mental no puede considerarse un avance social, sino un retroceso. Pienso algo semejante del aborto. El hecho de que el 94% de las islandeses embarazadas de niños con síndrome de Down decidan interrumpir el embarazo, no es una buena noticia, sino un motivo de desolación. No soy partidario de prohibir el aborto, pues esa medida solo sirve para que las mujeres pobres aborten clandestinamente y, en muchos casos, mueran, pero sí creo que el aborto nunca es un hecho positivo.
Mi hermana Rosa, que fue profesora de instituto durante 32 años, nació con síndrome de Turner, pelvis de Otto y neurofibromatosis. Medía 1’40, pesaba 35 kilos y una de sus piernas era cinco centímetros más corta que la otra. Sin embargo, siempre luchó por su autonomía. Estudió biología, aprobó una oposición y trabajó hasta que la salud se lo permitió. ¿Alguien se atrevería a decir que su vida fue una vida indigna de ser vivida y que habría sido más sensato abortar su nacimiento? Mi hermana Rosa también sufría dolores neuropáticos y su cojera le causaba muchas molestias en la espalda y la cadera. No pretendo poner a mi hermana como contraejemplo de Noelia. Afortunadamente, Rosa no sufría ninguna enfermedad mental y por eso pudo luchar por llevar una vida plena.
El Catecismo de la Iglesia Católica sigue condenando el suicidio, lo cual me parece una insensatez. Nadie se suicida para desafiar a Dios. El suicido no es una decisión libre. Jamás. El suicida no quiere morir. Solo desea huir del sufrimiento. Me he equivocado en muchas cosas, pero tengo la certeza de que Dios ha acogido a Noelia en su seno y ahora le prodiga la ternura que le ha escatimado la sociedad. Noelia es el pecado de todos. Que nadie se atribuya una ficticia inocencia. Todos somos responsables del mal que hay en el mundo, pero siempre está en nuestro mano hacer lo posible para erradicarlo.