El Camino Neocatecumenal y su "gran misericordia" con quienes nos salimos y contamos la verdad

Cientos de heridos por el Camino Neocatecumenal dan su testimonio en internet, y casi todos lo hacen desde el anonimato; los que hemos dado la cara no llegamos a cinco. Los que se esconden lo hacen porque saben hasta dónde son capaces de llegar sus adeptos en su "Santa Ira" contra los desertores.

Kiko y Carmen. Fundadores del movimiento
Kiko y Carmen. Fundadores del movimiento

«No hay nada oculto que no haya de ser manifiesto, ni secreto que no haya de ser conocido y salga a la luz» (Lc 8,17)

Si alguien quiere entender lo que voy a contar, le propongo un ejercicio muy sencillo: que entre en internet y lea los comentarios de blogs como CruxSancta. Encontrará cientos de testimonios de personas heridas por el Camino Neocatecumenal: abusos de autoridad, abusos espirituales, conciencias intervenidas, matrimonios presionados, décadas perdidas. Son miles, de países y de generaciones distintas, y todos cuentan esencialmente lo mismo.

Pero hay algo que llama la atención y es que la inmensa mayoría de esos testimonios son anónimos. Los que hemos dado la cara con nombre y apellidos somos un puñado que no llega a cinco. Cuando tantas personas tienen tanto miedo a contar la verdad habrá que averiguar qué les ocurre a los que salen de este armario.

Yo puedo responder a esa pregunta, porque soy uno de esos "menos de cinco".

Hace unos días publiqué en este blog un artículo titulado «El Camino Neocatecumenal: la verdad que sus miembros no se esfuerzan por ocultar». En este artículo empiezo diciendo que "cuando criticas a una estructura sectaria, la respuesta nunca va al contenido; va a ti. Te diagnostican. Te etiquetan. Tienen que hacerlo para tranquilizar su conciencia y convencerse de que no están tirando su vida a la basura". Lo firmé, como firmo todo lo que escribo, con mi nombre, mis apellidos y mis veinte años vividos dentro. Y se han dado toda la prisa por darme la razon: han respondido atacándome a mi.

Su triste respuesta ha sido la calumnia. Ni un argumento, ni un dato, ni un desmentido. Tan solo sembrar la sospecha sobre mi honradez, atribuirme veladamente hechos que jamás he cometido. Y lo han hecho del modo más vil y cobarde que existe: sin dar la cara, desde el anonimato.

Me duele la calumnia porque es rastrera y no busca otra cosa más que sembrar la duda y el odio, pero me alegra constatar hasta qué punto los neocatecúmenos no tienen ni un solo argumento para rebatir mi razonamiento, el cual no es una simple sutileza, porque cuestiona cada uno de sus actos y deja al descubierto la verdadera naturaleza del movimiento neocatecumenal: una secta coercitiva.

Hay un detalle que no deja de tener gracia. Los kikos creen ser los únicos a quienes guía el Espíritu Santo, y están convencidos de que los que nos vamos —y en general todo el que no pertenece a su movimiento— hemos sido engañados por el demonio. Es su idea obsesiva, el miedo que les persigue día y noche. Pues bien: resulta que diábolos significa, literalmente, «el calumniador». Llevan la vida entera combatiendo al diablo y han acabado trabajando para él.

Diábolos significa, literalmente, «el calumniador». Llevan la vida entera combatiendo al diablo y han acabado trabajando para él

Por eso cientos de heridos callan su nombre: porque han visto muchas cosas y saben lo que este movimiento ha hecho y sigue haciendo con quien discrepa, critica o se marcha. Lo veremos más abajo en palabras del propio fundador: al que se va se le declara destruido, mala persona, endemoniado y destructor de su familia. Y se actúa en consecuencia.

En mi caso a día de hoy todo está documentado, cada texto, cada fecha, cada autoría rastreable, y esa vía seguirá su curso donde debe seguirlo, que es el juzgado, porque la calumnia no es una opinión sino un delito. Y dejarla pasar no es una opción.

El anonimato es una confesión

Jesús, en el momento más peligroso de su vida, delante del sumo sacerdote, dijo: «Yo he hablado abiertamente ante el mundo... y no he dicho nada a escondidas» (Jn 18,20). Y cuando un guardia le golpeó, respondió: «Si he hablado mal, muestra en qué; pero si he hablado bien, ¿por qué me pegas?» (Jn 18,23). Ahí está todo: el que tiene la verdad la firma, el que tiene razones las muestra, y el que solo tiene miedo y consignas pega y se esconde, porque «todo el que obra el mal aborrece la luz» (Jn 3,20).

Conviene, eso sí, no confundir los dos anonimatos que aparecen en este artículo, porque no son iguales. El herido que calla su nombre se esconde de un movimiento que castiga, y su anonimato responde a un miedo que le enseñaron. El calumniador que calla el suyo se esconde de la verdad y pretende burlar el Código Penal. Su anonimato confiesa una malicia. Pero los dos señalan al mismo culpable: un movimiento que ha conseguido que calumniar al de fuera se considere una virtud cristiana y que decir la verdad sea pecar contra el Espíritu Santo.

La mera insinuación en público ya es delito

Cegados por el odio, insinúan sin afirmar, creyendo que así evitan el delito. Publican en blogs y redes sospechas graves, en este caso sobre mi vida disfrazadas de preguntas o de insinuaciones. “solo son preguntas”, decía una de ellas, como si el signo de interrogación los protegiera. Pero el Código Penal castiga imputar delitos con temerario desprecio hacia la verdad (art. 205) y más aún si se hace públicamente (art. 206). Lo que importa no son los signos de puntuación, sino el mensaje: sembrar la duda en público ya es calumniar. No es nada nuevo: la primera calumnia fue también una pregunta —“¿De verdad os ha dicho Dios…?” (Gn 3,1)

Y aquí viene lo que mis calumniadores no han entendido. Para atacarme a mí tienen que inventar; para responderles yo, en cambio, me basta con citar. Con fuentes y palabra por palabra: frases del fundador del Camino Neocatecumenal, Kiko Argüello, recogidas de sus propios mamotretos y catequesis y recopiladas por el blog CruxSancta en su sección «Frases K». No las escribo yo; las dijo él. Léanse despacio.

Y aquí viene lo que mis calumniadores no han entendido. Para atacarme a mí tienen que inventar; para responderles yo, en cambio, me basta con citar. Con fuente y palabra por palabra: frases del fundador del Camino Neocatecumenal, Kiko Argüello

Sobre vuestros hijos.

A los padres del Camino se les enseña esto: «Nos volvemos ansiosos por nuestros hijos porque constantemente estamos pensando en la muerte. Ahora os hago una pregunta: ¿Por qué se piensa en la muerte del bebé? Te lo digo: PORQUE TÚ LA DESEAS EN TU SUBCONSCIENTE» (mamotreto del shemá). Decirle a una madre o a un padre que desean la muerte de su bebé no es teología: es demolición psicológica de una persona.

Sobre sí mismo.

«Yo (Kiko Argüello, de profesion pintor , compositor y predicador) soy imagen del amor que Cristo os tiene, de modo que quien me ve a mí ve a Cristo, y quien ve a Cristo ve el amor del Padre por ti» (Adviento 2022). Y también: «Cuando yo os anuncio el kerigma, en este momento aumenta vuestra fe, en este momento se da la salvación» (mamotreto 6). Y por si quedaba alguna duda del tamaño de la misión: «O nosotros salvamos el mundo o aquí no se salva nadie» (mamotreto 4).

Sobre la mujer.

«¿Que la mujer no quiere humillarse ante su marido? ¡Pues que se vaya al infierno!». «Pues tenías que arrodillarte y besarle los pies a tu marido». «No sé qué Camino habéis hecho y qué hemos hecho nosotros con vosotros, ¡si no os hemos enseñado a humillaros!» (las tres citas: inicio de curso 2017-18) (Pascua 2008). Y para las mayores tiene reservado un porvenir de servicio doméstico: «alguna hermana, ya adulta» para las missio ad gentes y explica el porqué sin sonrojarse — que la gente no piense que los dos varones «son una pareja gay» y entonces «metemos una hermana, que hace de madre, de hermana, que les hace la comida…».

Sobre la amenaza como pedagogía.

«¡Considérate el último y el peor de todos! No sea que te llegue algo muy grave […] no solamente un cáncer, algo peor quizás» (Cuaresma 2013). «Por eso, el Señor se asegura de que venga una enfermedad, una prueba, para que se vea si lo que habíamos construido se colocó sobre la roca o en la arena. Y gracias a Dios muchas personas caen».. 

Kiko bajando de transporte privado
Kiko bajando de transporte privado

Sobre la obediencia.

«El hilo conductor en el camino neocatecumenal es una obediencia perfecta. Porque «si no hay obediencia al catequista no hay camino neocatecumenal» (mamotreto 1). «No eres tú el que dice si tienes fe o no, te lo diremos nosotros» (mamotreto 2). Es decir, que hasta la fe te la administran otros: la conciencia, expropiada.

Sobre los que nos vamos.

«Abandonan el camino, dejan a Moisés, y la vanguardia del Faraón que los persigue de cerca cae sobre ellos y los destruye» (catequesis iniciales). Y su colaborador, el padre Mario, remata que dejar el Camino es «destruir su propia familia» (kikotesis sobre la familia). Quien sale queda declarado, por doctrina, destruido, endemoniado y destructor.

La calumnia no es un exceso: es la doctrina aplicada

Ahora basta con unir las piezas. En mi artículo anterior describí cómo el Camino demoniza a sus críticos porque no puede rebatirles. Justamente esto es lo que han hecho conmigo y además de manera cobardemente anónima. No han tardado ni una semana en darme la razón.

El "diábolo" o calumniador está obedeciendo a su fundador, y a su ya casi Santa Fundadora. Porque les han enseñado que quien se va, lo hace engañado por el demonio y se le puede insultar y denigrar sin ninguna cargo de conciencia. Así funciona la persona manipulada: hace el mal convencida de hacer el bien.

El eslabón que falta

No me calumnian «unos kikos»: me calumnian desde dentro de la Iglesia católica personas formadas durante décadas en un itinerario que ella misma llama «de conversión». No me atacan «cuatro exaltados»: me atacan discípulos que aplican lo aprendido en un movimiento con estatutos aprobados por la Santa Sede (2008), reconocido por Juan Pablo II como «itinerario de formación católica válida» (Ogniqualvolta, 1990) y con catequesis revisadas por la Congregación para la Doctrina de la Fe (2011). Y no son «anónimos que no representan a nadie»: son el fruto previsible de una pedagogía que se imparte en salones parroquiales, con conocimiento de párrocos y obispos, desde hace más de cincuenta años.

Las frases que acabáis de leer se proclaman con micrófono, se imprimen en mamotretos y se transmiten como formación católica. Sin la Iglesia, el Camino no duraría ni un día. Por eso la pregunta no es solo qué hace el Camino con sus críticos, sino qué hace la Iglesia con las palabras de su fundador, que lleva más de medio siglo escuchando sin ordenar silencio.

Sin la Iglesia, el Camino no duraría ni un día. Por eso la pregunta no es solo qué hace el Camino con sus críticos, sino qué hace la Iglesia con las palabras de su fundador, que lleva medio siglo escuchándolas sin ordenar silencio.

A mis calumniadores

Yo estoy aquí, escribiendo en Religión Digital con nombre, apellidos y cara; y en las redes, con más de 250k seguidores. Mis artículos están firmados y mis veinte años dentro, contados a la luz. Vuestras calumnias están guardadas, fechadas y en las manos que tienen que estar, y os aseguro que de ellas hablaremos donde la ley manda hablar de los delitos.

Pero os ofrezco algo mejor que un juzgado: el día que queráis debatir con nombre y apellidos, aquí me tenéis. Traed vuestros argumentos y yo llevaré los míos. «Que vuestro hablar sea sí, sí; no, no; lo que pasa de aquí viene del Maligno» (Mt 5,37). Lo que pasa de ahí —el anónimo, la insidia, la mentira— ya sabéis de dónde viene. Lo dijo Jesús, no yo.

A los que habéis salido

A vosotros, los miles que testificáis sin nombre, nadie puede reprocharos nada, porque bastante habéis pagado ya. Vuestro testimonio anónimo también es luz: gracias a él ya nadie puede sostener que esto somos «cuatro resentidos». Y sabed una cosa: los que damos la cara firmamos también en vuestro nombre, y cada firma nuestra lleva dentro miles de nombres callados.

No quiero terminar sin decir que no les guardo rencor; los entiendo. He vivido lo que ellos viven y conozco muy bien el nivel de presión, manipulación y denigración humana al que están sometidos. Son dignos de compasión. Ojalá puedan despertar algún día.

"El que obra la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios" (Jn 3, 21)

Ramón Fandos

fandosrj@gmail.com

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