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"Nuestra fe en Jesucristo debe siempre propiciarnos infinita confianza en su amor"

Podemos sufrir una intención malévola de querernos hacer caer en una trampa, o también de alguien que nos quiera eliminar: ¿Y qué es lo que nos recomienda el mismo Jesús?

Amor infinito

“Todos los que eran mis amigos espiaban mis pasos. Esperaban que tropezara y me cayera… Pero el Señor, guerrero poderoso, está a mi lado… y no podrán conmigo”.  

El profeta Jeremías nos narra esta experiencia porque, de una u otra manera, no siempre le caemos bien a los demás; y surge la envidia o el rencor, que promueven en el interior de quienes no aceptan a una persona el deseo de hacerle daño, de mostrar que están totalmente en contra de ella. 

¿Qué es lo que sostiene entonces al profeta, y nos recomienda también a nosotros al transmitirnos esta experiencia suya mientras ejercía su misión? Confiar plenamente en la ayuda divina. 

Ahí está la clave: confiar en que, cuando actuamos de acuerdo con la verdad, Dios siempre saldrá de nuestra parte para defendernos y ayudarnos. 

Confianza

Por eso, siguiendo el ejemplo de Jeremías, hagamos nuestra la súplica confiada con la que respondimos a la primera lectura en el salmo: “A ti, Señor, elevo mi plegaria… Escúchame, Señor, porque tú eres bueno”. 

Con esa confianza, que en Dios siempre debemos tener. Él nunca quiere nuestro mal; siempre quiere nuestro bien, porque somos sus hijos; y papá y mamá nunca quieren el mal de sus hijos. Imaginen entonces a Dios, que es amor por excelencia. 

San Pablo, por su parte, en la segunda lectura, nos alienta recordándonos que Jesucristo vino para ofrecernos un testimonio contundente del amor que Dios Padre nos tiene. Por eso se entregó totalmente a su misión, independientemente de lo que iba a afrontar hasta la muerte en cruz. 

De ahí que el apóstol San Pablo, al final de la segunda lectura de hoy, nos dice: “Por el pecado de un solo hombre, Adán, fueron castigados con la muerte. Por el don de un solo hombre, Jesucristo, se ha desbordado sobre todos la abundancia de la vida y de la gracia de Dios”. 

Y para culminar en esta misma línea, el evangelista San Mateo nos exhorta a ser fuertes en la fe para afrontar todo tipo de adversidad, incluida la muerte misma; al decirnos, que Jesús había dicho a sus apóstoles: “No tengan miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Teman más bien a quien puede arrojar al lugar de castigo el alma y el cuerpo”

Es decir, podemos sufrir una intención malévola de querernos hacer caer en una trampa, o también de alguien que nos quiera eliminar: ¿Y qué es lo que nos recomienda el mismo Jesús?

“A quien me reconozca delante de los hombres, yo también lo reconoceré ante mi Padre que está en los cielos. Pero al que me niegue delante de los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre que está en el cielo”.  

Es decir, nuestra fe en Jesucristo debe siempre propiciarnos esa infinita confianza en su amor, que estará pendiente de ayudarnos en las buenas, claro, pero también en las adversidades. 

Sí, debemos reconocer a Jesucristo como nuestro Redentor, que nos muestra el camino para llegar al cielo, a la casa de Dios Padre. 

Imploremos a nuestra Madre, María de Guadalupe que nos acompañe en nuestro seguimiento a su Hijo Jesús; que seamos fieles discípulos y también discípulos misioneros.  

Que demos a conocer a los demás, con quienes nos vamos encontrando en el camino de la vida, lo que significa Jesús para nosotros; compartir este gran don, que Dios quiere que todos los seres humanos conozcan. 

Pidámosle a ella, que fue misionera al venir a nuestra patria. Digámosle aquello que está en nuestro interior preocupándonos. Digámosle: Señora y Madre mía, auxíliame; dame la fortaleza que tuviste para ver a tu Hijo clavado en la cruz, y mantenerte firme en la fe y en la confianza en Dios.  

Salto de Fe

En un momento de silencio nos ponemos de pie, la miramos y le abrimos nuestro interior. 

Madre querida, Madre nuestra, María de Guadalupe: Al escuchar hoy que Dios nuestro Padre está pendiente de nosotros, especialmente cuando en la vida debemos afrontar injusticias o cualquier adversidad, te pedimos que nos auxilies para mantenernos con plena confianza y continuemos siendo fieles discípulos de tu Hijo Jesús. 

Ayúdanos a descubrir con claridad nuestra vocación y misión para promover, en nuestros ambientes y circunstancias, que Dios es amor y que, confiando en Él, podremos generar la civilización del amor que tanto desea Dios Padre y que, por esa razón, nos envió a través de ti a Jesucristo nuestro Salvador. 

Este domingo te encomendamos a todos los padres de familia para que sean generosos y fieles en su matrimonio, dando buen ejemplo a sus hijos en unión con su esposa, reflejando así la imagen y semejanza de Dios Amor, bajo la cual hemos sido creados. 

Todos los fieles aquí presentes este domingo nos encomendamos a ti, que brillas en nuestro camino como signo de salvación y de esperanza. 

¡Oh clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María de Guadalupe! Amén.

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