Respuesta a Álex Navajas y a El Debate sobre Cristianía, diálogo interreligioso y compromiso político cristiano
Cuando la batalla cultural entra en la Iglesia
Respuesta a Álex Navajas y a El Debate sobre Cristianía, diálogo interreligioso y compromiso político cristiano
El pasado 4 de agosto, El Debate publicó un artículo firmado por Álex Navajas bajo el llamativo título «Cábala, zen, esoterismo y pensamiento ecosocial: el exmonje de Podemos, predicador habitual en conventos». El texto pretende presentar las actividades de Cristianía y mi propia trayectoria como síntomas de una supuesta penetración de doctrinas «completamente ajenas a la doctrina católica» en casas de espiritualidad de la Iglesia.
La acumulación de términos —«Podemos», «exmonje», «cábala», «zen», «esoterismo», «teúrgia»— parece destinada a provocar en determinado lector una asociación inmediata entre heterodoxia religiosa, esoterismo y militancia política.
Pero el problema fundamental del artículo es otro: semejante construcción solo funciona si se omiten más de sesenta años de desarrollo de la Iglesia católica desde el Concilio Vaticano II, así como buena parte de los estudios académicos contemporáneos sobre diálogo interreligioso, contemplación e historia de las religiones.
La verdadera cuestión no es si un cristiano puede conocer el zen, estudiar la cábala, investigar el hermetismo o dialogar con otras tradiciones espirituales. La cuestión es desde qué perspectiva lo hace, con qué discernimiento y desde qué identidad espiritual.
Primera rectificación: no soy un «predicador habitual en conventos»
Antes de entrar en cuestiones teológicas es necesario corregir una afirmación que aparece nada menos que en el titular. El Debate me presenta como «predicador habitual en conventos». No es una descripción adecuada de lo que hago.
Nunca he acudido a esos lugares para realizar homilías, predicación litúrgica, catequesis de las comunidades religiosas ni campañas de evangelización. He acudido para realizar retiros de oración o actividades formativas destinadas a grupos ajenos a las comunidades, en los edificios que las comunidades ponen a disposición de quienes desean con autenticidad retirarse y profundizar humana y espiritualmente.
Por eso, calificarme de «predicador habitual en conventos» genera una imagen de mi actividad que no se corresponde con los hechos. De hecho, el propio cuerpo del artículo reconoce después que se trata de cursos, retiros y actividades formativas.
No es una distinción irrelevante. Una comunidad religiosa puede abrir sus espacios a conferencias, encuentros culturales, actividades de formación o experiencias de diálogo espiritual sin que ello convierta a quienes animan dichas actividades en «predicadores» de esas comunidades.
Se puede discrepar de mis planteamientos. Pero primero habría que describir correctamente lo que hago.
El Vaticano II: reconocer lo verdadero y santo en las demás religiones
Resulta sorprendente que un artículo que pretende defender la identidad católica prácticamente ignore lo que el Concilio Vaticano II enseñó sobre las demás tradiciones religiosas.
La declaración conciliar Nostra aetate constituye el texto fundamental. El Concilio declara que «la Iglesia católica no rechaza nada de lo que en estas religiones hay de santo y verdadero».
Y añade que considera con sincero respeto aquellos modos de obrar y vivir y aquellas doctrinas que, aunque difieran en muchos aspectos de lo que la Iglesia sostiene, reflejan frecuentemente un destello de aquella Verdad que ilumina a todos los seres humanos.
Pero existe un texto todavía más significativo para esta polémica. Se encuentra precisamente en el número 18 del decreto conciliar Ad gentes, dedicado a la actividad misionera de la Iglesia.
El Vaticano II pide allí que los institutos religiosos consideren atentamente cómo pueden «asumir las tradiciones ascéticas y contemplativas» cuyas semillas fueron depositadas por Dios en determinadas culturas antiguas antes de la predicación del Evangelio.
La afirmación posee enorme importancia. El Vaticano II no pide a los religiosos que vivan encerrados dentro de una burbuja cultural ni que consideren contaminante cualquier contacto con las espiritualidades no cristianas.
¿Puede un cristiano aprender de las formas contemplativas de otras religiones?
La Iglesia ha reconocido expresamente la posibilidad de un «diálogo de la experiencia religiosa».
El documento Diálogo y anuncio. Reflexiones y orientaciones sobre el diálogo interreligioso y el anuncio del Evangelio, elaborado conjuntamente por el Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso y la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, explica que personas arraigadas en sus respectivas tradiciones religiosas pueden compartir sus riquezas espirituales en lo referente a la oración y la contemplación, la fe y las formas de búsqueda de Dios o del Absoluto.
Incluso la Congregación para la Doctrina de la Fe, en la carta Orationis formas. Sobre algunos aspectos de la meditación cristiana, publicada en 1989, se plantea explícitamente cómo la oración cristiana puede entrar en relación con métodos de meditación procedentes de otras religiones y culturas.
Naturalmente, el documento advierte también contra el sincretismo, la confusión doctrinal y determinadas interpretaciones incompatibles con la oración cristiana. Precisamente por eso resulta significativo: la respuesta que propone no es la demonización de otras tradiciones, sino su discernimiento desde la identidad cristiana, lo cual supone conocerlas y dialogar con ellas.
Francisco: el diálogo como camino
El papa Francisco convirtió el diálogo en una de las categorías fundamentales de su pontificado.
Uno de sus grandes símbolos fue el encuentro con el gran imán de Al-Azhar, Ahmad al-Tayyeb, y la firma en Abu Dabi, el 4 de febrero de 2019, del Documento sobre la fraternidad humana por la paz mundial y la convivencia común.
Allí encontramos una expresión que resume buena parte de su concepción: «La cultura del diálogo como camino; la colaboración común como conducta; el conocimiento recíproco como método y criterio».
Francisco no entendía el diálogo interreligioso como una amenaza para la identidad cristiana. Lo entendía como consecuencia de ella.
León XIV: diálogo frente a polarización
Esta orientación no terminó con Francisco. Resulta especialmente significativo comprobar cómo León XIV la ha continuado y ha advertido expresamente contra la polarización ideológica dentro de la propia Iglesia.
En su encuentro con los representantes de los medios de comunicación del 12 de mayo de 2025, León XIV agradeció a los periodistas que fueran capaces de abandonar los estereotipos y lugares comunes desde los que tantas veces se contempla la vida cristiana y la Iglesia. Advirtió además contra una comunicación construida mediante lenguajes «ideológicos y facciosos» y reclamó una comunicación capaz de generar espacios de diálogo y confrontación auténtica.
La observación resulta especialmente pertinente para el periodismo religioso: las palabras utilizadas no se limitan a transmitir hechos. Construyen también marcos desde los que esos hechos son interpretados.
Meses después, durante el Jubileo de los Equipos Sinodales y de los órganos de participación, el 26 de octubre de 2025, León XIV volvió sobre el problema. Reconoció que dentro de la Iglesia existen tensiones reales —entre unidad y diversidad, tradición y novedad, autoridad y participación—, pero pidió expresamente que esas tensiones no degenerasen en «contraposiciones ideológicas y polarizaciones dañinas».
Y en junio de 2026, clausurando el Consistorio extraordinario del 27 de junio, formuló una consideración particularmente significativa: en una época marcada por la polarización, la manera misma en que la Iglesia escucha y dialoga se convierte en parte de su anuncio.
El discernimiento de las propias comunidades religiosas
Existe además un elemento del artículo de El Debate que debería preocupar especialmente a quienes valoramos la vida religiosa.
El autor llega a referirse al «inane Instituto de Misioneras Seculares» y parece cuestionar que determinadas comunidades religiosas puedan decidir por sí mismas qué actividades desean acoger.
Se puede discrepar de sus decisiones. Lo que resulta difícil de justificar es tratarlas implícitamente como incapaces de distinguir una actividad formativa de una predicación religiosa o de discernir, desde su propia identidad cristiana, qué experiencias desean acoger y a quiénes desean abrir sus casas.
Y aquí aparece una paradoja importante. Ad gentes 18 se dirige precisamente a los institutos religiosos y les anima a estudiar cómo determinadas tradiciones ascéticas y contemplativas presentes en otras culturas pueden ser asumidas dentro de la vida cristiana.
¿Quién reconoce mejor el discernimiento que el Vaticano II atribuye a la vida religiosa: quienes dialogan y disciernen o quienes pretenden determinar desde fuera qué pueden conocer y con quién pueden dialogar?
El hermetismo no puede reducirse intelectualmente a «magia»
Algo semejante ocurre cuando el artículo menciona el hermetismo. Presentarlo mediante una simple asociación entre teúrgia y magia supone reducir varios siglos de historia intelectual occidental a una caricatura.
El hermetismo constituye una corriente importante para comprender la historia espiritual e intelectual de Occidente, especialmente sus relaciones con el platonismo, el neoplatonismo y determinadas expresiones del humanismo renacentista.
Autores cristianos antiguos como Lactancio utilizaron los textos atribuidos a Hermes Trismegisto. Posteriormente, Marsilio Ficino tradujo el Corpus Hermeticum al latín por encargo de Cosme de Médici. Ficino interpretó a Hermes dentro de una genealogía sapiencial anterior a Platón y relacionó algunos de sus contenidos con verdades que consideraba compatibles con el cristianismo.
Ese encuentro entre cristianismo, platonismo, hermetismo y cábala cristiana constituye una corriente significativa del humanismo cristiano renacentista. Marsilio Ficino y Pico della Mirandola difícilmente pueden comprenderse sin tener presente este contexto.
Estudiarlo no significa aceptar todos sus planteamientos, del mismo modo que estudiar a Platón no significa profesar la antigua religión griega.
La renovación académica de los estudios sobre hermetismo
En las últimas décadas se ha producido además una profunda renovación académica de los estudios sobre hermetismo y esoterismo occidental. Una figura fundamental es Wouter J. Hanegraaff, profesor de Historia de la Filosofía Hermética y Corrientes Relacionadas de la Universidad de Ámsterdam.
Su libro Hermetic Spirituality and the Historical Imagination, publicado por Cambridge University Press en 2022, ha contribuido a revisar profundamente la interpretación del Corpus Hermeticum, destacando su dimensión de espiritualidad experiencial y transformación.
También resultan fundamentales en la consolidación académica del estudio del esoterismo occidental investigadores como Antoine Faivre, Nicholas Goodrick-Clarke, Marco Pasi, Egil Asprem o Henrik Bogdan. En el ámbito español cabe mencionar asimismo los trabajos del profesor José Antonio Antón.
Hoy existe un verdadero campo académico internacional dedicado al estudio histórico del hermetismo, el esoterismo occidental y las tradiciones relacionadas.
El compromiso político forma parte de la responsabilidad cristiana
Otro de los elementos utilizados para caracterizarme es mi relación con Podemos. El propio titular de El Debate habla del «exmonje de Podemos», como si esa circunstancia aportara por sí misma alguna información relevante acerca de la ortodoxia o heterodoxia de mis actividades espirituales.
Pero la participación política de los cristianos no solamente es compatible con la tradición católica, sino que forma parte de la responsabilidad de los laicos en la construcción del bien común.
La Congregación para la Doctrina de la Fe recordó en su Nota doctrinal sobre algunas cuestiones relativas al compromiso y la conducta de los católicos en la vida política que los fieles laicos «de ningún modo pueden abdicar de la participación en la política».
Francisco fue todavía más expresivo. En Evangelii gaudium calificó la política como «una altísima vocación» y «una de las formas más preciosas de la caridad» cuando busca verdaderamente el bien común.
Posteriormente, en Fratelli tutti, dedicó todo un capítulo a «La mejor política» y recuperó el concepto de «caridad política».
Si consideramos legítimo que un católico conservador participe activamente en política, debemos reconocer exactamente el mismo derecho a un católico progresista. Después podremos discutir sus respectivas opciones. Lo contrario significaría convertir una determinada sensibilidad política en criterio implícito de ortodoxia religiosa.
El criterio cristiano último no debería ser preguntarnos si alguien es de izquierdas o de derechas, sino si su compromiso busca sinceramente el bien común, la dignidad humana, la justicia, la fraternidad y la atención preferencial a quienes sufren.
¿Desde dónde habla Álex Navajas?
Cuando un periodista utiliza mi relación con Podemos como elemento destacado para caracterizar mi actividad religiosa, parece legítimo aplicar el mismo criterio y preguntarnos desde qué contexto político-cultural interpreta él los hechos sobre los que escribe.
Álex Navajas fue director de la Hospedería del Valle de los Caídos. En 2018, cuando el Gobierno inició el proceso para proceder a la exhumación de Franco, Navajas se posicionó públicamente contra aquella iniciativa. En declaraciones recogidas entonces por elDiario.es, interpretó la decisión de Pedro Sánchez como una forma de «contentar a sus huestes más extremistas, más de extrema izquierda» y planteó incluso la posibilidad de una «profanación de tumbas». Puede consultarse la información publicada entonces.
En noviembre de 2025, en un artículo titulado «Cuando los obispos ensalzaban a Franco como “un hombre providencial, el Caudillo de los españoles”», Navajas escribió que, cuando murió Franco, se trataba de «una figura querida, respetada y admirada por la mayoría de los españoles».
Si mi trayectoria política constituye información necesaria para que el lector interprete mis planteamientos religiosos, entonces la trayectoria pública y los posicionamientos político-culturales del periodista pueden ayudar igualmente a comprender el marco desde el que interpreta los hechos.
Navajas es además uno de los responsables de Zona AntiWoke, un programa de El Debate que el propio periódico presentó expresamente como el espacio que «defiende la batalla cultural sin complejos».
Navajas, CONFER y los religiosos: ¿información o marco interpretativo?
El artículo sobre Cristianía tampoco aparece completamente aislado. El 25 de marzo de 2026 Navajas firmó «La extraña formación que recibirán los religiosos españoles: “La presencia divina en la danza cósmica”», referido a la Asamblea General de Superiores Mayores de CONFER.
Pocos días después, el 8 de abril, publicó «Los religiosos definen la ola de conversiones como “una reacción integrista de la revolución ultraderechista”». El subtítulo destacaba que esos mismos religiosos reconocían que las congregaciones se estaban «quedando en los huesos», y el texto comenzaba con un irónico «Inasequibles al desaliento».
Contemplados conjuntamente, estos artículos muestran un enfoque reiteradamente crítico hacia CONFER y determinados sectores de la vida religiosa.
Cabe preguntarse, por tanto, hasta qué punto ese enfoque responde exclusivamente a discrepancias teológicas concretas y hasta qué punto está condicionado por el marco de «batalla cultural» que el propio autor reivindica públicamente en otros espacios.
Cuando la batalla cultural entra en la Iglesia
Antes de publicar esta respuesta en Religión Digital, me dirigí el 17 de agosto de 2026 a El Debate para solicitar que pudiera publicarse en sus páginas una aclaración a las afirmaciones realizadas sobre Cristianía y sobre mi persona.
Mi intención inicial era que esta respuesta apareciera precisamente en el medio que había publicado el artículo que la motivaba, de modo que sus propios lectores pudieran conocer directamente nuestra posición y formarse después libremente su propio juicio.
Hasta el momento de cerrar este artículo, El Debate no ha respondido a mi petición ni ha publicado mi aclaración. Por esa razón he decidido hacerla pública en Religión Digital.
El problema comienza cuando la lógica de la batalla cultural deja de limitarse a determinados espacios explícitamente dedicados a ella y corre el riesgo de convertirse en el filtro desde el que se interpreta también la realidad eclesial.
Francisco advirtió precisamente contra este peligro. En su conferencia de prensa durante el vuelo de regreso de Mongolia, el 4 de septiembre de 2023, afirmó que también dentro de la Iglesia pueden instalarse ideologías que terminan separándola de la acción del Espíritu Santo. Y señaló una consecuencia particularmente significativa: cuando la ideología domina, se vuelve «incapaz de dialogar».
León XIV ha continuado esta misma preocupación. En la homilía del Jubileo de los Equipos Sinodales y de los órganos de participación ha pedido evitar dentro de la Iglesia las «contraposiciones ideológicas y polarizaciones dañinas»; y, en su discurso a los representantes de los medios de comunicación, recordó a los profesionales de la comunicación la responsabilidad de superar estereotipos, lugares comunes y lenguajes «ideológicos y facciosos».
Estas advertencias resultan especialmente importantes cuando hablamos de periodismo religioso.
Porque el problema no es que existan discrepancias. Deben existir. Tampoco que haya sensibilidades políticas diferentes entre los cristianos. Es inevitable y puede ser incluso saludable.
El problema aparece cuando el cristianismo corre el riesgo de convertirse en una trinchera dentro de una batalla cultural previamente definida y las categorías de amigo y enemigo terminan sustituyendo al diálogo, al discernimiento y a la voluntad de comprender al otro.
¿Quién está politizando el cristianismo?
Si la proximidad a determinados movimientos políticos se convierte en elemento sospechoso cuando esos movimientos pertenecen a la izquierda, ¿por qué no habría de aplicarse el mismo criterio cuando las simpatías políticas o culturales se sitúan en la derecha?
El problema teológico verdadero no comienza cuando un cristiano participa en política. Comienza cuando el Evangelio queda subordinado a cualquier ideología política, sea de izquierdas o de derechas.
Y hoy existe un fenómeno que merece una reflexión seria: la utilización del cristianismo como elemento identitario dentro de determinadas estrategias políticas y culturales de sectores de la derecha radical contemporánea.
Precisamente León XIV ha formulado recientemente una advertencia extraordinariamente pertinente. En su Mensaje para la LIX Jornada Mundial de la Paz de 2026 denunció la tendencia contemporánea a «arrastrar las palabras de la fe al combate político», bendecir el nacionalismo y justificar religiosamente la violencia y la lucha armada. Frente a ello reclamó oración, espiritualidad y diálogo ecuménico e interreligioso como caminos para desactivar la hostilidad.
Cristianía: diálogo, contemplación y compromiso
Cristianía no pretende sustituir el cristianismo por el zen, la cábala o el hermetismo. Tampoco pretende utilizar el cristianismo como un instrumento de confrontación político-cultural al servicio de batallas prefabricadas.
Cristianía pretende contribuir a recuperar un cristianismo arraigado en Jesús, contemplativo, humanizador, abierto al diálogo interreligioso y comprometido con las víctimas y con la transformación de las situaciones de injusticia.
Una Iglesia que dialoga no es una Iglesia que ha perdido su identidad
Francisco comprendió algo esencial: la identidad cristiana no necesita conservarse construyendo muros alrededor de sí misma. Una fe profundamente arraigada puede dialogar precisamente porque sabe dónde está su centro.
León XIV parece querer continuar decididamente ese camino. En su discurso a las delegaciones ecuménicas e interreligiosas del 19 de mayo de 2025, apenas iniciado su pontificado, afirmó que «hoy es tiempo de dialogar y de construir puentes», recordó que el diálogo con judíos y musulmanes debía continuar incluso en tiempos marcados por conflictos y malentendidos, y señaló que las diferentes tradiciones religiosas pueden aportar su sabiduría, su compasión y su compromiso con el bien de la humanidad.
Cristianía ha realizado su opción. Entre un cristianismo convertido en mera cultura identitaria y utilizado como instrumento de confrontación política, y otro arraigado en Jesús, contemplativo, crítico, dialogante y comprometido con la fraternidad y la justicia, hemos elegido conscientemente el segundo.
Y frente a quienes presentan esa elección como una anomalía dentro del catolicismo, conviene recordar que no caminamos solos. El Concilio Vaticano II abrió ese camino, Francisco lo recorrió decididamente y León XIV está insistiendo en la necesidad de evitar que las diferencias legítimas degeneren en polarizaciones ideológicas.
Frente a un cristianismo convertido en identidad de combate dentro de una confrontación político-cultural, seguimos prefiriendo un cristianismo arraigado en Jesús, capaz de dialogar sin perder su identidad, de discernir sin miedo y de comprometerse con la justicia sin convertir ninguna ideología en Evangelio.
Quizá la verdadera cuestión planteada por esta polémica sea precisamente esa:
¿qué ocurre con nuestra fe cuando la batalla cultural comienza a importar más que el diálogo, el discernimiento y la búsqueda honesta de la verdad?
También te puede interesar
Respuesta a Álex Navajas y a El Debate sobre Cristianía, diálogo interreligioso y compromiso político cristiano
Cuando la batalla cultural entra en la Iglesia
De Evola y el fascismo espiritual al trumpismo cristiano: la manipulación política del Evangelio
Cuando la ultraderecha secuestra el cristianismo: fascismo espiritual y cristoneofascismo
Una lectura contemplativa de la película "La Odisea" de Christopher Nolan
Ulises tiene que volver a Troya: lo que le falta a la Odisea de Nolan
¿Por qué miles de personas abandonan Marruecos? ¿Por qué arriesgan la vida? La respuesta está en la pobreza estructural. En la desigualdad económica.
Cuando los medios de comunicación de la Iglesia hablan el lenguaje de la ultraderecha
Lo último