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¿Y es que a usted le duele ese muerto?

Reflexiones de viernes santo

Era también normal que los violentos prohibieran enterrar a los muertos y los que se atrevían a enterrarlos sufrían la misma violencia; los muertos que ellos mataban no podían dolerle a nadie. Mataban y prohibian el luto. Y en esta situacicón, no faltaron los Josés de Arimatea y los NIcodemos.

Detalle de Cruxifición blanca de Marc Chagall

A José de Arimatea, a Nicodemo, y a otros hombres y mujeres, les dolía Jesús muerto en la cruz y no lo que querían dejar allí pudriéndose y comido de los gallinazos y, aunque era peligroso, le pidieron a Pilato y a los que lo habían crucificado que les entregaran el cuerpo y que se los dejaran enterrar.

Don Gustavo, por muchos años bombero voluntario, me contó que un día asesinaron a una persona en una vereda de su pueblo. Los violentos prohibieron recoger el cadáver y la orden era dejarlo que se lo comieran los gallinazos y que se pudriera para escarmiento de todos. Don Gustavo supo que no podía ser así, y aunque no conocía el muerto, sabía que era un ser humano, que era un hijo de Dios y que había que recogerlo y darle cristiana sepultura. Y animó a sus compañeros bomberos y se fue con el propósito de traerse el muerto y enterrarlo. Era muy peligroso desafiar a los armados que querían imponer su ley.

Antes de llegar a la vereda, había un retén, allí los violentos controlaban el paso, y, descaradamente los detuvieron y los requisaron y les preguntaron que qué hacían por allá, que qué se les había perdido.Gustavo les dijo que eran bomberos y que iban a recoger el cadáver. El violento le preguntó: - ¿Y es que a usted le duele ese muerto? Sin vacilar, el bombero dijo que sí:  - “Sí, a mí me duele ese muerto y todos los muertos, y lo voy a recoger”. El violento notó tanta decisión y fuerza en la respuesta que se quedó desarmado y no pudo hacer más que dejarlos pasar y hasta ordenó a uno de sus subalternos que acompañaran a los bomberos y juntos recogieron el cadáver, lo trajeron al cementerio y lo enterraron. 

Como José de Arimatea y Nicodemo, como don Gustavo y los bomberos, bajemos a Jesús de la cruz, nos duele ese muerto y todos los muertos; y decidámonos a bajar a todos los crucificados y las crucificadas de sus cruces; lo que quiere Dios es lo que quieren los crucificados, que los bajemos de sus cruces; las víctimas están crucificadas y a nosotros nos duelen.Nos duelen los muertos y nos duelen las personas que están muertas en vida a causa del mal. Bajemos a Cristo de la Cruz.

Tomado de https://share.google/MfhV1s6BBzCbNHXM6

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