Jesús "servidor inútil", leer la parábola de las monedas en Sarayaku
Reflexiones al participar del II Congreso de PAKKIRU
En estos últimos dos años, he pasado buena parte en Sarayaku, en la cuenca del río Bobonaza, y aquí, en este contexto, medito los evangelios. Sarayaku, una comunidad kichwa en medio de la selva, ha resistido por años a la explotación de su suelo y, ejerciendo su soberanía, resistió al Estado ecuatoriano que, sin consulta previa y de modo arbitrario, había concesionado, desde 1996, su territorio a las petroleras; en el año 2012, la Corte Interamericana de Derechos Humanos, falló a favor de la comunidad indígena y Sarayaku se volvió símbolo de soberanía y sentó un precedente en el derecho internacional; muchos han tachado al pueblo de “vagos”, de que se oponen al progreso, de que se pierden regalías y riquezas; no han faltado los que quieren tachar de criminales y terroristas a las autoridades locales y líderes ambientales, y tampoco los muertos, asesinados por cuidar la creación.
¿Cómo entender desde aquí, desde estas luchas, desde esta resistencia, la parábola de las diez monedas de Jesús? (Lc 19, 11-27).
En estos últimos dos años, he pasado buena parte en Sarayaku, en la cuenca del río Bobonaza, y aquí, en este contexto, medito los evangelios.Sarayaku, una comunidad kichwa en medio de la selva, ha resistido por años a la explotación de su suelo y, ejerciendo su soberanía, resistió al Estado ecuatoriano que, sin consulta previa y de modo arbitrario, había concesionado, desde 1996, su territorio a las petroleras; en el año 2012, la Corte Interamericana de Derechos Humanos, falló a favor de la comunidad indígena y Sarayaku se volvió símbolo de soberanía y sentó un precedente en el derecho internacional; muchos han tachado al pueblo de “vagos”, de que se oponen al progreso, de que se pierden regalías y riquezas; no han faltado los que quieren tachar de criminales y terroristas a las autoridades locales y líderes ambientales, y tampoco los muertos, asesinados por cuidar la creación.
La semana pasada, en Sarayaku tuvimos el II congreso de PAKKIRU, organización que representa a todos los pueblos kichwa en la provincia de Pastaza y allí, por unanimidad de todos los delegados, unos ochocientos participantes, después de hacer análisis de la realidad, se reafirmó el no a la explotación petrolera y a la minería; todo ello en oposición al gobierno del presidente Daniel Noboa. ¿Cómo entender desde aquí, desde estas luchas, desde esta resistencia, la parábola de las diez monedas de Jesús? (Lc 19, 11-27).
- Una parábola que se me volteó al revés
En este contexto, se me volteó al revés la parábola de Jesús sobre las diez monedas que un hombre de familia noble entregó a sus servidores; veo la historia que cuenta Jesús reflejada, como en un espejo, en los testimonios de los indígenas que defienden su territorio del extractivismo.
- El que se fue a buscar poder, ¿Jesús?
Se me volteo al revés porque en tantas predicaciones, desde los padres de la Iglesia hasta nuestros días, hemos identificado con Jesús a ese hombre “noble”, que se fue a un país lejano, tal vez a la capital del imperio, a ver al mismo emperador, para ganar su favor, ganar influencias y ser nombrado rey, y que además era odiado por sus compatriotas a quienes explotaba y reducía a producir para él, temido por todos, porque era exigente, porque reclamaba como suyo lo que otros habían trabajado y cosechaba lo que otros habían sembrado y no dudaba en asesinar a los que no se sometían a su tiranía.
Sí, no puedo ver a Jesús en él, veo más bien, a los hijos de Herodes el Grande viajando a Roma y buscando congraciarse con el emperador, y después de ellos y hasta nuestros días, a las aristocracias que nos han gobernado, se llaman a sí mismos “gente de bien”, van a los emperadores de turno y a los que tienen el dinero, a buscar el favor capitalista y el poderío militar, haciéndose a credenciales para volver y lucrarse, adueñarse de las tierras de los otros, crear miedo para vender seguridad y ejercer su “necro-poder”; hemos visto el desfile de políticos, aquí en el Ecuador y en estos países de América Latina, buscando los favores del presidente de los Estados Unidos, siguiendo a rajatabla las indicaciones del neoliberalismo económico, poniéndose a su servicio, dados a la guerra de aranceles, asegurando así sus reinados, aplaudiendo el genocidio en Israel y las invasiones violentas a otras naciones. Para mantenerse en el poder, los reyezuelos de la Pax Romana tenían que arrojar sus coronas a los pies del emperador y estos nuestros, de América Latina y del Sur Global, ponen a disposición del imperio y del capital sus propios países, vendiendo sus territorios, ofreciéndolos para establecer bases militares extranjeras; concesionando para ellos, sin consulta previa, como lo establecen las leyes nacionales e internacionales, las riquezas, el petróleo, el oro, el cobre, la plata, las tierras raras, la biodiversidad; la vida cambiada por poder y dinero. Ecuador, dicen los líderes indígenas, no es la excepción.
PAKKIRU, el pueblo kichwa de la provincia de Pastaza y las otras nacionalidades indígenas de la Amazonía ecuatoriana con sus organizaciones, como los ciudadanos de la parábola de marras que no querían por rey a ese hombre noble que se fue a buscar poder, se oponen a un gobierno que quiere entregar la Amazonía al mejor postor y reclaman la soberanía en sus territorios ancestrales; así lo percibo en el día a día de Sarayaku y en el congreso que acaba de pasar.
- Los servidores que hicieron rico al hombre noble, ¿dignos de imitar?
Siempre nos dijeron que eran dignos de imitar los servidores que multiplicaron las monedas del noble que en vez de quedarse al servicio de su pueblo se fue a buscar influencias y su nombramiento como rey; ahora que la parábola se me volteó al revés ya no me parecen tales; creo que representan lo que precisamente no podemos ni ser ni hacer: resignarse a multiplicar las monedas, a producir, a ser una pieza más en el engranaje de la economía de muerte.
En tiempos de Jesús, estos eran los recaudadores al servicio de reyes, por ejemplo los de Herodes Antipas, que pedían más de lo que exigía el tirano para enriquecerse ellos mismos enriqueciéndolo a él; eran los encargados de cobrar los impuestos, de apretar a la gente imponiéndo gravámenes a la pesca, a las cosechas, al vino, a la circulación por los caminos, al transporte de mercancías, a la tierra que habitaban, a la vida misma; así no se poseyera nada y no hubiera actividad lucrativa, las gentes tenían que pagar por el mero hecho de vivir, muchos, para poder cumplir estas injustas obligaciones tenían que venderse como esclavos o vender a sus seres queridos. Naturalmente, esto no se podía hacer sin una extensa burocracia, que mientras más producía para el rey más beneficios recibían para ellos, “al que tiene se le dará” dice al final el rey de la parábola. Entre los que colaboraban con el sistema estaban también los sacerdotes y los representantes de la religión, los que también cobraban impuestos en el templo y que tenían que tributar ellos mismos. Todos estos funcionarios eran despreciados por el pueblo y su actividad era considerada una ofensa al mismo Dios.
Hay también hoy y en este país, y en los vecinos, según lo denunciaron los que tomaron la palabra en el congreso de PAKKIRU, todo un aparato de agentes que aseguran el lucro del Estado neoliberal y la plutocracia, y ahí están los que desde el poder legislativo hacen leyes para satisfacer el apetito neoliberal y arrebatar la soberanía de los territorios; los jueces que se benefician dictando sentencias contra los líderes ambientales y que absuelven a los que más dinero dan; los funcionarios al servicio del sistema que aprovechan sus cargos para saquear; están los inversionistas y las multinacionales que financian las campañas a los que han de gobernar y legislar según sus intereses; están las iglesias y grupos religiosos, aquí habría también un mea culpa para los católicos, que disfrazados de celo por la moral y por la religión, con su evangelio de la prosperidad, ungen a los que están en el poder para favorecer sus propios intereses; la fuerza pública no pocas veces desplegada no para proteger a los ciudadanos y sí a los campamentos, la maquinaria, los mecheros, los oleoductos, instalaciones, para la represión y criminalización de la resistencia social e indígena y para “neutralizar” (eufemismo para no decir asesinar) a los que puedan representar amenazas; están también las empresas y sus tentáculos que hablan de inversión y de traer dinero y luego dejan en la pobreza a las mayorías; no pocos líderes indígenas entran también en esta lista de “multiplicadores de monedas” para él estado, dejando de servir a los que ponen en ellos su confianza, dividiendo las comunidades y dejándose cooptar por el Estado a cambio de dinero y privilegios. Ellos son los que multiplican la riqueza de los que se ponen por encima de todos, “10 monedas más”, “5 monedas más”, los que reciben más porque producen más, “al que tiene se le dará”: a ellos se les prometen regalías y obras públicas, se les perdonan los impuestos, se les condonan los intereses, las multas, los recargos tributarios; baste pensar, como ejemplo de esto, la reducción significativa de la deuda de la Exportadora Bananera Noboa, S.A.
Gracias a todos estos que multiplican las monedas del Estado se han dado en el Ecuador leyes que facilitan el extractivismo: la ley de áreas protegidas que solapadamente restringen los derechos de los que habitan los territorios en favor de los que quieren entrar para explotarlos; la ley de transparencia y control social, que permite entre otras cosas congelar las cuentas bancarias de las personas y organizaciones que cuidan el medio ambiente; la ley de fortalecimiento minero que simplifica los trámites y obvia los requisitos ambientales; la fusión del ministerio de minas y energía y el del medio ambiente, haciendo prácticamente desaparecer el segundo y así dar luz verde a los proyectos extractivos; ampliación del catastro minero para facilitar nuevas concesiones a las empresas que ambicionan las riquezas que guarda la tierra; las rondas petroleras, especialmente en el bloque 28 (Subandina y Suroriente), que ignoran la voz de los dueños del territorio y pone en juego la vida de las comunidades. PAKKIRU denunció en su congreso todas estas movidas y no dejó de señalar a algunos líderes indígenas que se prestan a ellas, creando división y traicionando a su propio pueblo.
- El que se resistió a multiplicar su moneda, ¿servidor inútil?
A este punto no podemos ya fácilmente concluir que el servidor que no multiplicó la moneda haya sido un inútil, como lo llamó el hombre que buscaba poder y como lo tildaron seguramente los otros que sí se prestaron para que aumentaran las ganancias que también los favorecían. Después de que la parábola se me volteó al revés, considero que este último servidor representaba más bien a los pobres de Dios, los “anawin”, los que ponían toda su esperanza y confianza en la Providencia; los que se resistían a ser una pieza en la maquinaria de Mammon; los que, como María que canta el mágnificat, testimoniaban que Dios en vez de dar más a los que tienen más, despide vacíos a los ricos, colma de bienes a los hambrientos y ensalza a los humildes.
Entre estos pobres de Dios estaba el mismo Jesús, quien no tenía donde reclinar la cabeza (Lc 9,58), que vivía de la hospitalidad, que no quiso poseer dinero, que cuando quiso hablar de lo debido al César y a Dios tuvo que pedir a uno de sus oyentes que le mostrara una moneda (Mt 22, 19-20), que cuando precisó pagar el impuesto que le exigían en el templo no pudo sacarlo de su bolsillo (Mt 17, 24-27), que recomendaba no llevar bolsa ni alforjas (Lc 9,3), que relativizaba la producción enseñando que no había que pasar la vida hilando ni sembrando y que bastaba el trabajo de cada día (Mt 6, 24-34); él no quiso multiplicar las monedas para los tiranos de su tiempo, resistió, no vivió para tener y no sirvió a las riquezas, le bastaba ser hijo y esto era revolucionario, subvertía el orden establecido, y por eso le quitaron lo poco que tenía, porque “al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene”, lo desnudaron despojándolo de todo honor, le arrebataron la vida. en el último servidor veo pues a Cristo, el Hijo de Dios que nos enriqueció no con su riqueza sino con su pobreza (2Cor 8,9); un inútil para el sistema, el salvador para nosotros.
Esos pobres de Dios, los que se resisten a multiplicar monedas, son en nuestra Amazonía, los pueblos indígenas, los que por siglos han custodiado esta selva y saben que está viva, kawsak sacha, que está llena de espíritu, samayuk, y que es fuente de vida, Pachamama; no les interesa amontonar, multiplicar monedas que no conocen, no están pensando en el mañana, saben que a cada día basta su trabajo, no es lo suyo explotar, piden a la tierra permiso para sembrar y cosechar, trabajan arrodillados besando el suelo y agradeciendo a Dios, Pachayaya, que alimenta a manos llenas a sus hijos e hijas.
Y claro, los pueblos indígenas y sus líderes, por no prestarse a la economía que da muerte, son también estigmatizados, se les tilda de vagos, de gente perezosa, de ignorantes, de “servidores inútiles”. “Quítenle la moneda y dénsela al que tiene diez”, se sigue oyendo en esta Amazonía, quítenles a los pueblos indígenas lo que no quieren poner a producir y dénselo a los grandes inversores, a los que sí saben para qué son los recursos, a las multinacionales, a las empresas mineras y petroleras, a las mafias, a los astutos.
“En cuanto a esos enemigos míos que no me quisieron como rey, tráiganlos aquí y mátenlos en mi presencia”; estas sentencias extrajudiciales siguen produciendo ejecuciones; defender la naturaleza se volvió de lo más peligroso, los líderes ambientales de este país y de nuestra América Latina están condenados y mueren cada día, no falta entre nosotros algún obispo amenazado por resistir a la explotación; cuántos indígenas han sido no sólo perseguidos judicialmente por reclamar sus derechos, sino también asesinados por no dejarse cooptar por los negocios del Estado, de las empresas, de los corruptos; desconociendo el derecho a la protesta, a la defensa de sus territorios, muchos han sido dadas de baja por la mismas fuerzas que habrían de protegerlos.
Estos pobres de Dios, y vi a muchos de ellos en el II Congreso de PAKKIRU en Sarayaku, como el Hijo de Dios, nos enriquecen, la suya es la “civilización de la pobreza” de la que hablaba Ignacio Ellacuría, civilización que garantiza la vida de la humanidad y del planeta. Todos esos hombres y mujeres, de culturas tan diversas, tienen en común su conexión con la creación, con los ríos, los árboles, los animales, las montañas, no quieren dominar y sacar provecho, quieren vivir en armonía, buen vivir, sumak kawsak. La vida es el tesoro de la Amazonía, si seguidores de Jesús, el “servidor inútil”, trabajaremos para que todos y todo la tengan en abundancia.