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Apagouse un lume (Se cerro una casa)

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El tejado de su casa era el cielo raso, las estrellas sus lámparas, el viento sus puertas y la lluvia sus cortinas. En lo que había sido la casa de sus padres solo había recuerdos como flujos que preceden a la vida, que, como aves, venían a posarse en sus sienes grandes como mostachos. Se veía en la mirada de las cosas y escuchaba la música del viento en los juncos. Entraba en la noche vacía y la llenaba con las miradas de la gente que había encontrado en los caminos que le peguntaba: ¿Qué haces? Pensaba: A la busca de los pasos de los antepasados. No preguntaba nunca ni dónde, ni cuándo ni cómo ni quién. Se asomaba a todo con el temblor de estar en el umbral de las sombras. Su mirada era como la coincidencia de todas las miradas, su voz como el canto de todos los pájaros y el zumbido sordo del abismo. Se murió, era el último de su casa. “Onte apagouse un lume (ayer se cerró para siempre una casa)”.

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