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En busca de nada

Los hinchas no hablan unos con otros, farfullan sobre esto y aquello sin saber exactamente sobre qué; miran el mundo a través de su afición. Son como una jauría, sin cumplidos, que no trata de comprender por qué están allí así. Es una agonía que nunca se acaba. Nada está claro, siempre queda un gran espacio confuso que permite soñar. Los sueños surgen del no saber, de la angustia de la incertidumbre, de la ilusión de “tal vez, quizás, puede ser”; hacen soportable la soledad dentro del hormiguero humano; la única razón de peso para vencer el vacío y seguir existiendo. A fuerza de tomar y dejar sueños, al día siguiente sólo queda la conciencia de haberlos tenido. Tal vez los sueños sean una mina de oro sin los cuales el espíritu se ahoga. “No voy al fútbol para pensar sino para desfogarme”, me dijo un hincha. Vivir para el fútbol sin ser futbolista o empresario del juego es como cualquier otra expresión del miedo que lleva a zambullirse en simulacros de valor. Cada uno se agarra con fervor desesperado a lo que puede. Tal vez los hinchas hayan emprendido el viaje buscando la nada.

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