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Las vacaciones de Dios

Tocar a los Reyes Magos, un sueño de infancia | EFE

Rayos de inocencia, montones de deseos indeseados, mundos de cristal y de colores subían desde la tierra al cielo la noche pasada. Los ojos de los niños, pensamientos de Dios como membrillos, acribillaban el mundo de destellos de luz. Desde el cielo bajaban los ángeles a recoger ideas de un mundo nuevo y Dios se daba vacaciones porque su imaginación no daba para más.

El mundo, por momentos, puso en duda lo que es, y ha sido, tal vez, como debía haber sido si los hombres, con la experiencia y la astucia inmodesta de los años, no se avergonzaran y no detestaran de ser los niños que son. Los sueños no tienen fronteras y la luz no tiene lengua, es todo ojos pero ya se han apagado las luces en las que ardieron los harapos del tiempo. 

Cuando, al disiparse la dudosa luz del alba, el rostro desgreñado de la tierra surgió del fondo del amanecer, la guerra, los accidentes y la política nos sacudieron y exclamamos: Ahhhhh, y nos olvidamos de los zapatitos que nos habían dejado los Reyes.

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