"Extremadura no puede esperar más": Rodríguez Carballo convoca un toque de campanas por la esperanza en el mundo rural
En el primer aniversario del llamamiento conjunto de los obispos de la Provincia Eclesiástica de Extremadura, el arzobispo de Mérida-Badajoz, además de reflexionar sobre la despoblación, convoca un toque de campanas el próximo 31 de marzo como signo visible de vida, presencia y esperanza en nuestros pueblos
(Archidiócesis de Mérida-Badajoz).- En el primer aniversario del llamamiento conjunto de los obispos de la Provincia Eclesiástica de Extremadura, el arzobispo dirige esta carta a todos los fieles de la archidiócesis. En ella, además de reflexionar sobre la despoblación, convoca un toque de campanas el próximo 31 de marzo como signo visible de vida, presencia y esperanza en nuestros pueblos, invitando a toda la sociedad a implicarse activamente en la revitalización del mundo rural:
Queridos hermanos y hermanas de la Archididcesis de Mérida-Badajoz:
¡Paz y Bien!
Al cumplirse un año de aquel grito unánime de los obispos de la Provincia Eclesiástica de Extremadura, me dirijo a vosotros con el corazón puesto en cada una de nuestras parroquias, especialmente en aquellas que custodian la vida en los rincones más alejados de nuestra geografía diocesana. Como vuestro Pastor, no puedo sino dar continuidad a la preocupación manifestada en 2025, pues la herida de la despoblación, lejos de cerrarse, sigue exigiendo de nosotros una mirada de fe, compromiso y denuncia profética.
A lo largo de mis visitas pastorales durante este último año, he podido constatar que el diagnóstico de la “Extremadura vaciada” sigue siendo una realidad punzante. Recorrer las calles de nuestros pueblos es, a menudo, contemplar un silencio que sobrecoge. No es solo la falta de servicios básicos o las deficientes comunicaciones que siguen lastrando nuestro desarrollo; es el dolor de ver cómo el talento de nuestros jóvenes se ve obligado a emigrar, dejando tras de sí una población envejecida que, aunque rica en sabiduría y fe, se siente a menudo olvidada por los centros de decisión.
Las cifras que manejábamos hace un año no han dado tregua. La pérdida de habitantes sigue goteando de forma constante, y la brecha social en las zonas rurales se manifiesta en una soledad no deseada que afecta, de manera singular, a nuestros ancianos y a las mujeres que sostienen, casi sin apoyos, el cuidado de la vida.
Extremadura no puede esperar más. Se requieren políticas valientes que no sean meros parches electorales, sino proyectos de largo alcance que garanticen la dignidad de la vida rural, el acceso a la sanidad, la mejora de las infraestructuras ferroviarias y el apoyo decidido a quienes desean emprender en nuestra tierra
Sin embargo, como hombres y mujeres de esperanza, no podemos instalarnos en el lamento. En mis encuentros con los consejos pastorales y con los emprendedores rurales, he visto semillas de una Extremadura que se resiste a morir. El teletrabajo, las iniciativas de economía circular y el inmenso patrimonio espiritual y cultural de nuestros pueblos son luces que brillan en la penumbra.
Como nos exhorta el Santo Padre, la esperanza “es la virtud de quien no se rinde”. No es una espera pasiva, sino una fuerza que nos impulsa a la acción. Por ello, la Iglesia en Mérida-Badajoz quiere seguir siendo ese “hospital de campaña” y ese hogar acogedor donde nadie se sienta solo, independientemente del número de habitantes de su municipio.
Desde esta sede arzobispal, reitero mi petición a las autoridades civiles, agentes económicos y responsables políticos: Extremadura no puede esperar más. Se requieren políticas valientes que no sean meros parches electorales, sino proyectos de largo alcance que garanticen la dignidad de la vida rural, el acceso a la sanidad, la mejora de las infraestructuras ferroviarias y el apoyo decidido a quienes desean emprender en nuestra tierra.
La Iglesia no busca privilegios, sino el bien común de su pueblo. Por amor a esta tierra, pedimos que se escuche el clamor de quienes habitan el mundo rural.
Para renovar nuestro compromiso y dar voz a quienes no la tienen, dispongo que:
-El próximo 31 de marzo de 2026, a las 12.00 horas, las campanas de todos los templos de nuestra Archidiócesis repiquen como signo de presencia, vida y esperanza por nuestros pueblos.
-En las celebraciones eucarísticas del domingo 29 de marzo, se incluya en la Oración de los Fieles una petición expresa por los habitantes de las zonas rurales y por quienes tienen en sus manos la responsabilidad de revertir el proceso de despoblación.
Que nuestra Señora de Guadalupe, Reina de la Hispanidad y Patrona de Extremadura, nos acompañe en este camino y fortalezca nuestro amor por esta bendita tierra.