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Mondoñedo-Ferrol, una diócesis que apuesta por lo rural, la acogida y los jóvenes

Todo este trabajo pastoral y social tiene un claro impulso en la figura del obispo diocesano, Fernando García Cadiñanos. Cercano, trabajador y atento a la realidad del territorio, el prelado ha apostado desde el inicio por una Iglesia en salida, comprometida con el mundo rural, la acogida de migrantes y el acompañamiento de los jóvenes.

Alberto Varela- Fernando García Cadiñanos

Las informaciones difundidas a través de los canales y redes sociales de la diócesis de Mondoñedo-Ferrol dibujan una realidad que merece ser contada: una Iglesia que pisa tierra, que escucha el territorio y que responde con creatividad a los desafíos sociales y pastorales de nuestro tiempo. Desde la acogida de personas migrantes en el rural hasta nuevas propuestas de pastoral juvenil, la diócesis gallega está desarrollando iniciativas que combinan evangelio, compromiso social y futuro.

Uno de los proyectos más significativos se está gestando en Alfoz, un pequeño concello de A Mariña lucense que apenas supera los 1.500 habitantes y cuya población tiene una edad media superior a los 57 años. Allí, la diócesis de Mondoñedo-Ferrol, en colaboración con la Fundación La Caixa, impulsa la rehabilitación de la antigua casa rectoral de A Lagoa, un edificio que llevaba tiempo abandonado y que pronto se convertirá en un espacio de acogida y formación para personas migrantes.

La iniciativa se enmarca en el programa Corredores de Hospitalidad, promovido por la Conferencia Episcopal Española, y responde a un doble objetivo: luchar contra la despoblación rural y favorecer la integración real de personas migrantes, especialmente subsaharianas, que han llegado a España tras durísimos trayectos migratorios y permanecen en centros de acogida a la espera de una oportunidad para comenzar una nueva vida.

En los primeros meses de 2026, entre cuatro y cinco migrantes se instalarán en la rectoral rehabilitada. No se trata únicamente de ofrecer alojamiento, sino de poner en marcha un proyecto integral de acompañamiento, que incluye formación laboral, acceso al empleo y vinculación con la comunidad local. Una propuesta que conecta directamente con el corazón del Evangelio: «Fui forastero y me acogisteis» (Mt 25,35).

La directora de Cáritas diocesana, María Victoria González Rodríguez, subraya que el éxito del proyecto dependerá en gran medida de la implicación de los vecinos. “El proyecto saldrá adelante si estamos en contacto con la comunidad actual, si los vecinos aceptan a estas personas que vienen de fuera y ellas hacen esfuerzos por integrarse”, explica. Por ello, el programa Revive Rural contempla la creación de una red de apoyo social, con actividades que favorezcan el encuentro y el intercambio cultural.

El proyecto incluye además formación práctica en centros de trabajo de la zona. Entre las entidades colaboradoras se encuentra una explotación de vacuno de leche con quesería artesana, así como la posibilidad de realizar cursos de peón forestal, un sector con fuerte implantación en la comarca. Dos trabajadoras de Cáritas A Mariña tendrán presencia estable en la rectoral para realizar tareas de acompañamiento y seguimiento personalizado, convencidos de que el trabajo es una vía clave de integración y dignidad.

Esta iniciativa se suma a otras acciones impulsadas por la diócesis para dar un uso social a edificios eclesiales hoy vacíos o infrautilizados. En Foz, locales parroquiales acogen el programa Familia Educa, centrado en el refuerzo educativo de menores en situación de vulnerabilidad. En Viveiro, la Iglesia ha cedido pisos a familias en situación de extrema precariedad, y en el mismo municipio se desarrolla un proyecto específico de integración de adolescentes migrantes. “Sin infraestructuras, sin locales, Cáritas no podría emprender estos proyectos”, reconoce González.

Junto a este compromiso social, la diócesis muestra también una renovada vitalidad en la pastoral juvenil. La delegación diocesana de Juventud ha puesto en marcha “Domingos en la Dele”, una nueva propuesta semanal que busca ofrecer a los jóvenes un espacio de encuentro, fe y convivencia. Cine, diálogo, cena compartida y oración estructuran estos encuentros dominicales en Ferrol, pensados para acompañar a los jóvenes en su búsqueda personal y espiritual, siguiendo la invitación evangélica: «Venid y lo veréis» (Jn 1,39).

Al frente de esta pastoral se encuentra Alberto Varela Muñiz, un joven muy vinculado a la vida diocesana y al mundo cofrade, participante habitual en los encuentros y actividades juveniles. Su nombramiento refleja la apuesta de la diócesis por confiar responsabilidades a jóvenes comprometidos y cercanos a la realidad de sus iguales. El propio Varela ha expresado que está «muy contento por esta nueva misión que el obispo y la Iglesia confían en mí como servicio», y que su deseo es «llevar a Jesús a todos los jóvenes para que descubran la belleza de la vida cristiana».

Alberto Varela
La diócesis de Mondoñedo-Ferrol ofrece así un ejemplo concreto de cómo el Evangelio puede traducirse en proyectos reales, capaces de transformar personas, comunidades y territorios. Una Iglesia que no se limita a resistir, sino que siembra futuro allí donde otros solo ven dificultad.

Estas iniciativas juveniles se complementan con la oración joven de los miércoles en la iglesia de las Angustias de Ferrol, un espacio consolidado de silencio, encuentro y escucha que reúne cada semana a jóvenes universitarios y de la ciudad.

Todo este trabajo pastoral y social tiene un claro impulso en la figura del obispo diocesano, Fernando García Cadiñanos. Cercano, trabajador y atento a la realidad del territorio, el prelado ha apostado desde el inicio por una Iglesia en salida, comprometida con el mundo rural, la acogida de migrantes y el acompañamiento de los jóvenes. Un estilo episcopal marcado por el servicio, en la línea de aquel principio evangélico: «El que quiera ser primero, que sea servidor de todos» (Mc 9,35).

La diócesis de Mondoñedo-Ferrol ofrece así un ejemplo concreto de cómo el Evangelio puede traducirse en proyectos reales, capaces de transformar personas, comunidades y territorios. Una Iglesia que no se limita a resistir, sino que siembra futuro allí donde otros solo ven dificultad.

Rectoral A Lagoa

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