Hazte socio/a
Especial Bergoglio: un año después
Vuelve a ver el webinar-homenaje al Papa Francisco

El Verbo que vive en nosotros: Xabier Pikaza y la actualidad de Cristo y la Biblia

En Verbo de Dios, Cristo y la Biblia, Xabier Pikaza nos recuerda que Dios es Palabra viva que se hace carne y comunión, no poder ni idea.

Cristo vive en nosotros y abre una vida nueva de amor compartido frente a toda lógica de dominio.

Pikaza Maestro de la Palabra Libre, Profunda y Viva

Hablar de Xabier Pikaza es hablar de un pensador que ha sabido unir como pocos la profundidad intelectual con la autenticidad de vida. Su trayectoria no se limita a la erudición —que es inmensa—, sino que se despliega como testimonio: el de un hombre que ha hecho de la teología una forma de existencia, de búsqueda y de compromiso. En su último libro, Verbo de Dios, Cristo y la Biblia, encontramos una síntesis luminosa de ese camino, una obra que no pretende ser un tratado académico, sino una comunicación viva de fe, una invitación a redescubrir el corazón del cristianismo.

Pikaza parte de un punto decisivo, tan antiguo como siempre nuevo: la revelación del nombre de Dios en el Libro del Éxodo, ese “Yo soy el que soy” (Ex 3,14) que ha marcado la conciencia religiosa de Occidente. Pero su lectura rompe con cualquier tentación de entender a Dios como una sustancia inmóvil o un concepto abstracto. Para él, ese “Yo soy” es, ante todo, verbo, acción, presencia dinámica: Dios no es algo que se posee o se define, sino alguien que acontece, que acompaña, que impulsa la vida. Es el “Yo estoy con vosotros”, el que se hace presente en la historia concreta, especialmente en la liberación de los oprimidos.

Desde ese inicio, el libro avanza hasta el prólogo del Evangelio de Juan, donde se afirma que el Verbo se hizo carne. Entre ambos extremos —el Dios que se revela como presencia activa y el Dios que se encarna en la historia— se despliega toda la experiencia bíblica como historia de una Palabra creadora que no cesa de decirse. Y ahí radica uno de los ejes fundamentales de la obra: Cristo y la Biblia no son dos realidades separadas, sino dos dimensiones de una misma realidad viva, el Verbo de Dios que se comunica y se hace historia.

Cristo y la Biblia
Verbo de Dios, Cristo y la Biblia se presenta, así como una invitación a volver a lo esencial, a redescubrir la fuerza de una Palabra que no pertenece al pasado, sino que sigue creando presente. En un tiempo marcado por la dispersión y la superficialidad, Pikaza nos recuerda que la verdadera palabra es la que da vida, la que construye comunidad, la que abre horizontes de esperanza.

En este sentido, Xabier Pikaza insiste en que lo decisivo no es el análisis técnico de las palabras, ni el dominio de las lenguas originales, sino la capacidad de entrar en relación viva con esa Palabra que sigue actuando. La Escritura no es un objeto del pasado, sino un espacio de encuentro; Cristo no es solo una figura histórica, sino presencia que sigue actuando. La teología, por tanto, no puede reducirse a un ejercicio académico, sino que ha de ser experiencia compartida, palabra que se hace vida.

Uno de los aspectos más provocadores del libro es su lectura de la muerte de Jesús. Frente a las expectativas de triunfo que muchos han proyectado sobre la figura de Cristo, Pikaza subraya el carácter profundamente escandaloso de su final. Jesús no resucita para imponerse sobre sus enemigos, ni para tomar el poder religioso o político. No aparece como vengador ni como dominador. Su camino es otro: el de quien entrega la vida sin reservas, el de quien hace de su muerte un acto de donación radical. Y en esa entrega se revela una verdad que atraviesa toda la obra: morir es dar vida para otros.

Pero esa muerte tiene también un sentido histórico y crítico: con Jesús y por Jesús muere un tipo de vida marcado por el pecado entendido como enfrentamiento, como violencia de unos contra otros, como imposición del poder social, económico y religioso. Los grandes sistemas de dominio —el imperio y el templo, la ley de la fuerza y la religión convertida en norma excluyente— aparecen así desenmascarados. Han sido ellos quienes han condenado a Jesús, quienes han intentado sofocar una vida que no se sometía a sus lógicas. Y, sin embargo, en esa misma muerte queda en evidencia que ese modelo ya no tiene la última palabra.

Porque allí donde parecía imponerse el fracaso, surge algo radicalmente nuevo: una vida en amor para todos y con todos, una existencia fundada en la fe y vivida como comunión universal. La resurrección no solo afirma que Jesús vive, sino que inaugura un modo distinto de ser humanos. Se trata, en palabras que atraviesan todo el libro, de reconocer e inventar una vida nueva, de vivir con Cristo y como Cristo, como resucitados en él.

Migrantes
El crucificado, condenado por los poderes de su tiempo, se convierte en principio de una nueva humanidad. Y esa novedad no es neutra ni abstracta: implica una toma de posición a favor de la vida amenazada, de los excluidos, de quienes sufren la violencia de los sistemas de poder.

La resurrección, en esta perspectiva, no es un simple retorno a la vida anterior ni un espectáculo sobrenatural destinado a impresionar, sino la manifestación de una presencia nueva. Los discípulos descubren que Jesús vive en ellos, que su vida no ha sido anulada por la muerte, sino que se ha transformado en una forma más honda de existencia compartida. Así, la fe pascual no consiste solo en afirmar que Jesús vive, sino en reconocer que vive en quienes le siguen, que ellos mismos participan de su vida.

Aquí se sitúa otra de las intuiciones centrales del libro: la existencia humana como comunión. Cada persona es única, irrepetible, pero al mismo tiempo está llamada a habitar en los demás, a darse o a destruirse en la relación con otros. Jesús aparece entonces como el arquetipo de una humanidad que vive dando vida, que se realiza en la entrega. Sus discípulos, al experimentar su presencia, comprenden que la verdadera vida no se posee de forma aislada, sino que se comparte, que se construye en la relación.

En este horizonte, el Cristo pascual no puede entenderse como un poder cerrado de Dios sobre el mundo, sino como vida compartida, como Palabra divina encarnada que se comunica de unos a otros. Su forma de existir es verbo, es decir, relación viva, donación continua, presencia que crea vínculos. Así nace la Iglesia, no como institución de dominio, sino como comunidad de vida, como espacio donde los seres humanos aprenden a vivir unos en otros y para otros, haciendo de su propia existencia una comunicación de amor.

Iglesia Fraterna

Desde esta perspectiva, Pikaza relee el “Yo soy” del Éxodo como una afirmación profundamente relacional: Dios es aquel que vive en nosotros y nos hace vivir unos en otros. La fe cristiana se convierte así en experiencia de interdependencia, de comunión, de vida compartida. No se trata de escapar del mundo, sino de transformarlo desde dentro, creando espacios de vida donde antes había muerte.

La novedad cristiana, tal como la presenta el autor, radica precisamente en la afirmación de que Jesús ha resucitado ya, y que esa resurrección no es un acontecimiento relegado al final de los tiempos, sino una realidad que transforma el presente. El crucificado, condenado por los poderes de su tiempo, se convierte en principio de una nueva humanidad. Y esa novedad no es neutra ni abstracta: implica una toma de posición a favor de la vida amenazada, de los excluidos, de quienes sufren la violencia de los sistemas de poder.

En este horizonte, cobra pleno sentido la afirmación de que en Dios vivimos, nos movemos y existimos. No como una idea filosófica, sino como una experiencia vital que define la condición humana. Vivimos en Dios porque recibimos de él la vida; nos movemos en él porque nuestra existencia es proceso, búsqueda, relación; existimos en él porque en ese vínculo encontramos nuestro verdadero ser. La vida se entiende entonces como camino compartido, como búsqueda en común, como apertura constante a una realidad que nos desborda y nos sostiene.

Y, sin embargo, esta visión profundamente teológica no pierde nunca su anclaje histórico. Cristo ha sido un hombre concreto, que vivió en Galilea, que fue crucificado por su manera de vivir y de amar, y que entregó su vida sin reservas. Su grandeza no radica en el poder, sino en haber hecho de su existencia un don total. Precisamente por eso, su vida no termina en la muerte, sino que se abre a una forma nueva de presencia que sigue actuando en la historia.

Xabier Pikaza
Pikaza nos recuerda que la verdadera palabra es la que da vida, la que construye comunidad, la que abre horizontes de esperanza. Y en ese recordatorio se percibe la voz de un maestro que no solo enseña, sino que acompaña, que no solo explica, sino que vive aquello que dice.

Todo esto no es, en Pikaza, una construcción teórica desligada de la realidad. Su obra está atravesada por una profunda coherencia entre pensamiento y vida. Quien lo ha leído y escuchado sabe que en él hay algo más que conocimiento: hay experiencia, hay cercanía, hay una forma de estar en el mundo que refleja aquello que anuncia. Por eso, este libro no solo transmite ideas, sino que comunica una forma de vivir la fe, una manera de entender el cristianismo como camino de humanidad.

Verbo de Dios, Cristo y la Biblia se presenta, así como una invitación a volver a lo esencial, a redescubrir la fuerza de una Palabra que no pertenece al pasado, sino que sigue creando presente. En un tiempo marcado por la dispersión y la superficialidad, Pikaza nos recuerda que la verdadera palabra es la que da vida, la que construye comunidad, la que abre horizontes de esperanza. Y en ese recordatorio se percibe la voz de un maestro que no solo enseña, sino que acompaña, que no solo explica, sino que vive aquello que dice.

la Palabra de Dios es Vida

También te puede interesar

Lo último