Mesa y mantel de León XIV en la casa de Cobo
"Vista con detalle la agenda papal, sea cae en la cuenta de que la puerta de León XIV para entrar a la Iglesia en España parece que pasa también por la calle de la Pasa"
Desvelada por fin la agenda papal en España, como decía el cardenal Omella en su presentación, este 6 de mayo en Madrid, hay que “ver con buen ojo” los lugares que va a visitar León XIV, en el sentido de que hay que saber interpretar su presencia en ellos. Alguna razón hay.
Estará con los migrantes, con los presos, con los más vulnerables, con los jóvenes y, aunque no se ha hecho oficial todavía, muy probablemente con las víctimas de abusos. Lo cual, como dijo el arzobispo de Barcelona trayendo a colación a su querido papa Francisco, no dejan todos ellos de ser también lugares periféricos y existenciales, por más que estén en un país de la Unión Europea.
También periférico para muchos –por lejano– es el Congreso de los Diputados. Y también allí estará, para disgusto de quienes temen boicots de los rojos de siempre, cuando lo que les da pavor es el mensaje que ponga en orden las verdaderas prioridades como sociedad.
Lo definió bien el cardenal Cobo –junto con el presidente de la CEE y los obispos de Canarias, presentes también en la rueda de prensa– al señalar que “la puerta de entrada” a España del papa Prevost era “por el mundo de la fragilidad, de los heridos, de la vulnerabilidad… y los mensajes que dará serán desde el estilo evangélico”.
Parada (sin fonda) en La Pasa
Pero, vista con detalle la agenda papal, sea cae en la cuenta de que la puerta de León XIV para entrar a la Iglesia en España parece que pasa también por la calle de la Pasa, donde tiene su residencia el arzobispo de Madrid.
Habrá que aclararle que son objetos dejados allí por el cardenal Rouco. Y a la comitiva que le traslade, que no equivoque el rumbo y le deje en el cercano piso de don Antonio, porque en Madrid siguen siendo muchos los caminos que conducen hasta él
Allí, el domingo 7 de junio, cenarán juntos el Papa y el cardenal de la diócesis más poblada de España. Quizás aprecie entonces Robert F. Prevost Martínez en el edificio algunos elementos de inconfundible procedencia galaica. Quizás crea que es un guiño del purpurado jienense a los orígenes maternos del de Chicago. Habrá que aclararle que son objetos dejados allí por el cardenal Rouco. Y a la comitiva que le traslade, que no equivoque el rumbo y le deje en el cercano piso de don Antonio, porque en Madrid siguen siendo muchos los caminos que conducen hasta él.
Pero dejemos el Viaducto y volvamos a la calle de la Pasa. Lo que pase en esa cena no será una mera anécdota, por más que sea un gesto de cortesía del Papa al visitar la única residencia de los obispos diocesanos en la que no dormirá durante esta estancia, al quedarse en Madrid en la Nunciatura, como ya hicieran Juan Pablo II y Benedicto XVI.
Algunas de las cosas que hablen en esa cena puede que tengan eco en lo que les diga al día siguiente el Papa a los obispos españoles, con los que comerá en la Nunciatura y con los que se reunirá en Añastro para conmemorar los 60 años de la Conferencia Episcopal Española.
No es porque León XIV necesite las claves de interpretación que le pueda dar Cobo. Ya las conoce. Y lo conoce a él. Compartieron dicasterio. Y también conoce el perfil de los obispos españoles. Hasta hace menos de un año, era el encargado de ratificar sus nombramientos.
Es posible que en la Nunciatura, entre plato y plato, el Papa repita ante Cobo argumentos, análisis, temores y los ánimos de su última cena. Porque Prevost y Cobo comparten los mismos. Será una buena ocasión para que el anfitrión, Piero Pioppo, salga definitivamente de dudas. Será el cierre definitivo de la etapa Omella. Se abre la de Cobo. Si acepta el reto. No parece que acabe de llegar la de Argüello.