Francisco: “A los curas suelo preguntarles cuándo fue la última vez que lloraron… y algunos ni se acuerdan”
La amistad de Francisco a través de sus cartas
Nacho Puente: “No puedo decir mucho, más bien nada, del Francisco Pontífice, menos del político, ni siquiera del profeta o padre de la primavera”
“Para mí y para él, sumaría solo a Jesús, nuestra amistad era sagrada. O se hablaba con el corazón o mejor callar”
“Muchas veces Francisco hablaba con sus silencios. Y yo avergonzado volvía a lo sagrado. Pero, cuando apelabas al corazón, Francisco era un verdadero amigo”
En medio de las celebraciones y eventos con motivo del primer aniversario del regreso a la casa del Padre del papa Francisco, amigos personales suyos también lo recuerdan en el silencio agradecido y oculto de sus vidas. Recuerdos entrañables de momentos vividos con el amigo y padre Jorge Mario Bergoglio convertido en padre universal, son un tesoro para sus amigos detrás de cámaras, sin reflectores.
Ignacio Puente Olivera, es uno de ellos. Sacerdote de Buenos Aires, ordenado por Bergoglio, fue amigo de Francisco, y durante los años de su pontificado mantuvo comunicación epistolar con él no obstante su retiro del ministerio sacerdotal.
Solicité a Nacho compartir con los lectores de Religión Digital una muestra de las misivas que intercambiaba con Francisco, a propósito del primer aniversario de su fallecimiento. Según me cuenta, no fue fácil para él acceder a esta solicitud por la confidencialidad de su amistad. Sin embargo, decidió en oración compartir dos cartas: una que él escribe a Francisco, relatando tristezas y alegrías en su nuevo apostolado “seglar” en las villas de Buenos Aires, y la respuesta manuscrita del papa.
Me parece pertinente compartir también el mensaje que Nacho me envió, junto con las dos cartas, porque muestra la humanidad de Francisco y la sinceridad de su amistad:
Llorar a un amigo que ya no está
Hace un tiempo querido Dumar me pusiste en un aprieto, me pediste que desvele algo para mi sagrado. Francisco entablaba relaciones personales, profundamente humanas, y cercanas, a pesar de las distancias. Todo corazón humano es sagrado, ahí solo se puede entrar descalzo y con la suavidad suficiente como para no dejar huella. Y cuando hay encuentro, cuando dos corazones se encuentran, lo sagrado se multiplica. Que te devele, o cuente, parte de este vínculo me generó en un primer momento rechazo… después me fui ablandando, rezando. Por ahí hay gracias que a uno lo trascienden.
Mi vínculo con él se daba en ese plano. No puedo decir mucho, más bien nada, del Francisco Pontífice, menos del político, ni siquiera del profeta o padre de la primavera. Te diría que mi vínculo con él no era algo importante para nadie. Yo no puedo dar testimonio de nada que interese a los que están detrás de sus roscas políticas o eclesiales. Ahora para mí y para él, sumaría solo a Jesús, nuestra amistad era sagrada. O se hablaba con el corazón o mejor callar. Así se dio desde el principio, cuando estaba en el seminario y el apareció como Obispo auxiliar de Flores siendo aquel cura que mi mamá conoció incluso antes de entrar al seminario. Siempre de corazón a corazón… y cuando derivaba a cosas “de este mundo” terminábamos a las patadas. Me daba vergüenza acercar gente o buscar que reciba a este o aquel… nunca entendí los mundillos de los alcahuetes que tiene el poder, poner en juego por una foto o una entrevista un vínculo tan importante me parecía una violación. Un manosear algo sagrado. Y cuando caía en eso, su manera de dejarme en falta era que simplemente no me contestaba… hacia o respondía a lo que le pedía, pero no me decía nada. Muchas veces Francisco hablaba con sus silencios. Y yo avergonzado volvía a lo sagrado. Ahora cuando apelabas al corazón Francisco era un verdadero amigo.
Se cumplió hace unos días el aniversario de su partida a la casa del Padre y, no podía ser de otra manera, salieron todos a competir por quien es más Francisquista de quien. Se habla, para bien o para mal, un montón de cosas de él. Y a mí me cuesta mucho, incluso los homenajes me cuestan un montón. Todavía lo lloro… y me meto para adentro esperando aprender a vivir con este dolor, con esta ausencia. Trato de comprender, y acompañar, el dolor y la perdida eclesial y social, soy consciente de lo que perdimos. Pero lo mío va por otro carril.
Te comparto dos cartas… una mía, y otra de él. Elegí estas porque hablan del llanto y revelan algo de su sensibilidad y de cómo me veía él. Cuanta necesidad tenemos de llorar. Pienso que todavía no lo lloramos lo suficiente. Lamentamos su perdida sí, pero llorar… ¡¡Que lindo hacerlo presente ungido por nuestro llanto!!
Te mando un gran abrazo, y sigamos rezando unos por los otros.
Nacho.
Querido Padre:
Ya es de noche en Buenos aires. Y si bien “la noche debilita los corazones” para un papá de 4 la noche se convierte en el único momento en que uno se puede sentar a escribir con la mínima tranquilidad necesaria para hacerlo.
Vengo un poco golpeado, incluso un poco más llorón que de costumbre… alguna vez nos dijiste que tenemos que llorar más, que pidamos esa Gracia. En ese momento no me di cuenta de la dimensión de la que nos hablabas, incluso hoy estoy descubriendo qué significa convivir con el dolor sin dejar que este te derrote. Me niego, y reniego de mí, cuando las defensas y la naturalización, me vuelven indiferente. Un “siga, siga” para no terminar huyendo.
Hace un mes mataron a Bebe, Bebe era un pibe más bien perfil bajo. Un pibe más que me tenía yendo y viniendo con sus muchas enfermedades propias de su realidad… la última vez que fuimos al hospital le diagnosticaron sífilis, tenía su miembro todo lleno de llagas supurantes: ¡un asco! Había que hacerle curaciones y me la pase volviendo del hospital diciéndome: ¡yo no lo voy a curar ni en pedo! Nunca llegue a hacerlo… A los tres días lo mataron. La bandita de adolescentes de la canchita del fondo vino armada a marcar la parada. Revoleaban los fierros de acá para allá y se les escapo un tiro… Bebe estaba sentado, medio apartado, no sé si se dio cuenta, pero el tiro que se escapó le entro por la cabeza y cayó. En el lugar le hicimos un monolito, me sorprendió al ver tu foto en él…
Hace unos quince días mataron a un ingeniero en Palermo, Mariano Barbieri. Me golpeó de una forma inexplicable su imagen pidiendo ayuda: “no me quiero morir”. Acababa de ser papá de una beba… desde que tengo hijos siempre convivo con ese miedo y esto me lo enrostro… quien lo mató de una puñalada al corazón huyó para la villa 31, zona de la Conteinera, ahí es donde tengo la Casa de atención comunitaria. Cuando leí eso me angustié, temí lo que después se hizo realidad… lo mató Isaías.Un pibe de los míos. Se asustó porque se le paró de manos y lo apuñaló con un cuchillo tramontina… el lunes estuvo, un poco esquivo, en la casa. Cayó preso esa tarde…
El sábado de la semana pasada, a la noche, mataron a Bryan… lo mataron los narcos y lo tiraron detrás de la capilla Caacupe del barrio. Venía seguido el Bryan, barría y limpiaba a la par. Tenía la costumbre de ayudarme con las mesas y los bancos… como que si se ocupaba de eso era más suyo, era más parte. La última vez que lo vi, el miércoles, hablamos de eso, y ordenamos la “oficina” juntos… él siempre me cargaba con mi ser cura. Era un poco pesado y bardero, pero se lo veía remándola… alquilaba y se hacía unos mangos con el carro. Lo mataron los narcos de adelante, dicen que porque la bardeaba…
El lunes cuando fui al barrio todo siguió como si nada, me mostraron las fotos de él ya sin vida tirado en el fondo de la capilla, se le veía el tatuaje en el brazo del nombre de su hija y de una cruz debajo de la oreja… y siga, siga. ¿Que comemos hoy? Polenta con carne…. Camino a casa lloré por Bryan, por Bebe, por Mariano, por Isaías y por mi… y recé, recé porque hay momentos en que no se puede hacer otra cosa… No tengo idea cuál es la trama final de toda esta historia, pero seguro que Él es protagonista principal de la misma…
Vamos de drama en drama, de violencia en violencia y de frustración en frustración. Me peleo con mis defensas para no naturalizar la violencia que me genera la realidad violenta que me rodea: una chica que se prostituyó toda la noche para consumir y viene a bañarse, la que perdió a sus hijos porque el que acaba de nacer nació con cocaína en sangre, el pibe que está terminando su semana de gira y no sabe ni su nombre, el que se quemó los brazos de un fogonazo intentando robar cables y los tiene llenos de pus y una costra que duele de solo verla, los chicos que vienen descalzos por una jarra de te o mate cocido, la arbitrariedad y sometimiento de los narcos, nuestros muertos, etc.… mucha violencia adormecida, anestesiada para poder sostener la cotidianidad y no salir corriendo…
Cuando estabas por acá estuvo la muestra de Ferrari que agraviaba a la Virgen María, ¿te acordás?… mientras muchos especulábamos qué había que hacer, o no, una señora de la parroquia me dijo: valoro mucho la empatía doliente que generó en la gente, si dolió es porque se la quiere… pensé en esto con la misa, Milei y todo eso. Nos dolió, es porque te queremos… quédate con eso. La verdad no necesita de abogados defensores, vos tampoco… pero como no valorar el inmenso amor que se moviliza cuando “tocan a mamá”, en este caso a papá…
En general te escribo y no te mando nada, simplemente creo que en tu corazón de Papa pasan tantas cosas, tanto dolores y angustias, tanta esperanza y misterio que solo no quiero molestarte… salvo que pase algo que me impulse a hacerlo…
Bueno, perdón lo largo…te mando un fuerte abrazo y seguimos, con los chicos, rezando por vos. Sabemos y confiamos que lo haces por nosotros.
Nacho.
19.9.23
Sr. Ignacio Puente
Querido hermano,
Gracias por el correo. Me alegra verte, tan igual a vos mismo, y tan padre. La paternidad te copa:
Bryan, Bebé, Mariano, Isaías y también… Ignacio Puente te hicieron llorar; te aseguro con lágrimas en esa vereda de Buenos Aires. Gracias por permitirse llorar. El llanto es una unción. A los curas suelo preguntarles cuándo fue la última vez que lloraron… y algunos ni se acuerdan. En el ritual romano hay un lindo verso para pedir el don de lágrimas: “Señor, tú que hiciste salir agua de la roca con la vara de Moisés, toca la roca de mi corazón para que broten lágrimas…” (más o menos así). Y seguí peleándote con tus defensas para no “naturalizar” la violencia que te genera la realidad violenta.
Gracias por sentir y no esquivar el sinsentido. Y, como aconsejó Juan XXIII en aquella noche de la luna, seguí acariciando a tus hijos. De allí alimentá la ternura que, junto a la compasión y la cercanía, es el gran atributo de Dios.
Decile a Nati que no tengo todavía la agenda de enero. Que me escriba a mitad de diciembre por favor.
Rezo por vos, por tu esposa, por tus hijos. Por favor seguí haciéndolo por mí.
Que Jesús te bendiga y la Virgen Santa te cuide.
Fraternalmente,
Francisco
P.D.: Mi actual e-mail es éste, desde el que escribo ahora.
F.