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2026: un año nuevo de noticias

1.1.26.Nacido de mujer, nacido bajo la ley. Así nace Jesús, de María, la mujer, feliz año 2026,

1.1.26. Madre de Dios, mujer María. Feliz año 26, entre  la Mujer  y la serpiente (Gal 4, 4)

         Meditación de Año Nuevo nueva creación, vinculando el texto litúrgico del día (Gal 4,4-6), con el proto-evangelio (Gen, 3, 15), que sitúa a la Mujer (Eva, María) entre Dios que es vida y la serpiente que somos nosotros mismos como principio de envidia, violencia y muerte.

         Estos son los dos quicios de la Biblia y de la historia de la salvación (Gen 3, 15) y Gal 4, 44. Quien entienda estos dos entenderá la Biblia entera, abiendo el nuevo años 26, con la Mujer María. No estoy seguro de haber entendido bien los textos, pero llevo 50 años en ello. Aquí ofrezco una parte de mi reflexión.

         Siga pensando y orando quien quiera quien quiera entender mejor los principios de la vida. Quien tenga tiempo y quiera acompañarme en la reflexión siga leyendo mi texto. Lo encontrará quizá largo y tedioso, pero quizá le ayude  a sentirse mejor en el Dios de la mujer del proto-evangelio, en aquella de la que dice San Paablo que fue y sigue siendo madre del Cristo, que nació  de mujer, nació bajo la ley, para liberarnos de la ley  de volencia y muerte en la que estamos presos. Buen ´día, buen año 26

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La liturgia del primer día del año (¡felicidad!) nos pone en camino con Santa María, tal como ha sido evocada por San Pablo al decir que Jesús, hijo de Dios nación de Mujer, nació bajo la ley, para rescatarnos a los que estábamos dominados por la ley, serpiente de muerte, pero abiertos al signo de la Mujer (Eva, María), abiertos a la esperanza de la vida. La lectura de este primer domingo de año no puede ser otra que la de Pablo, Gal 4, 4:  

 

Pero cuando (ὅτε δὲ) llegó la plenitud de los tiempos

envió Dios a su Hijo

nacido de mujer, nacido bajo la ley,

para recatar a los que estaban bajo la ley,

para que alcanzáramos la filiación.

 

Dios envía a su Hijo, amado, que brota de su entraña. Siendo Señor de todo lo que existe podría parecer, Dios no necesitaba una mujer para engendrar a su hijo divino en el mundo, pero a fin de que su hijo sea plenamente humano, en la línea de la humanidad entera él ha necesito que nazca de mujer, en la línea de Gen 3, 15. Más aún, en un pueblo (Israel) y en una humanidad sometida a la ley de la lucha contra pecado, Jesús tuvo que nacer bajo la ley: “  “Pues lo que la ley no pudo hacer, ya que era débil por causa de la carne, Dios lo hizo, enviando a su propio Hijo en semejanza de carne de pecado y como ofrenda por el pecado, condenó al pecado en la carne, para que el requisito de la ley se cumpliera en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu (Rom 8, 3). No se “reservó a su Hijo”, no se encerró con él, en eternidad de eternidades, sino que lo “entregó”, es decir, lo regaló, para compartirlo de esa forma con nosotros, en un camino de solidaridad, de gracia mutua y comunión.

Dios no necesita mujer en sentido sexual para ser Dios, pero necesita una mujer para que su Hijo nazca y sea humano y por eso ha querido que él,  (su vida-amor) nazca en la historia de los hombres como Hijo de María, una mujer del entorno mesiánico de David, pero pobre entre los pobres de la tierra”. Esa mujer ha sido, según eso Alma Dei, es decir, compañera y asociada de Dios. y describiendo con asombro admirada, en sorpresa creciente los cuatros evangelios, El Hijo de Dios se define por tanto como "nacido de mujer", surgiendo en el mundo a través de una persona (unas personas) que le acogen y alumbran, que le engendran y educan, aprendiendo así, por medio de María, a ser persona en la historia de los hombres. Pablo no ha citado el nombre de esa mujer”,  pero los cristianos saben que es María.

Pablo no afirma sólo que Dios envío a su hijo nacido de mujer, sino que añade nacido bajo la ley, es decir,sometido a la ley de vida de los hombres, concretizada en la ley del judaísmo, que se convierte en María (por María) en camino abierto hacia la vida de Dios en la tierra. 

 

El hijo de Dios ha querido nacer en un mundo hecho por hombres, para someterse a sus leyes, ofreciéndonos así su libertad, para que no seamos siervos, sino hijos. De esa forma ha superado Dios la situación de sometimiento en que se hallaban encerrados hombres y mujeres. El mismo Hijo de Dios siendo pura libertad, se ha sometido por nosotros, a nuestras leyes de violencia, siendo juzgado por un tribunal de sacerdotes de Jerusalén y de  soldados de Roma, que le condenaron a muerte, para que así nosotros podamos vivir en libertad: Dios envió a su Hijo divino, sometido a la ley de los hombres, para que nosotros alcancemos la filiación (=libertad) divina.

Jesús no ha tenido que enfrentarse con violencia a su madre, pues no era como Marduk de Babilonia, ni su madre era Tiamat, sino María, portadora de libertad. Jesús no ha tenido que matar tampoco a su padre divino y/o humano, como decía y quería en el fondo Sigmund Freud (1865-1956), que ha sido quizá el mayor antropólogo y “teólogo” judío de la modernidad. Los hombres no han tenido ni tienen que matar a Dios (padre verdadero), porque Dios no es competidor y juez, sino amigo, compañero, vida nutriente de los hombres, que actúa humanamente por la entraña de la vida generosa de María. Por eso, como dice Pablo “Dios envió (=engendró)a su Hijo, nacido (=engendrado) de mujer.

Esa mujer engendró y educó humanamente al Hijo de Dios, Así podemos afirmar que ella enseñó a Jesús a ser Dios en la tierra, pero, al mismo tiempo, como veremos en el próximo capítulo, el mis Jesús tuvo que “educar” a su madre, para ser así, plenamente, madre humana del Hijo de Dios.  

De esa forma se distinguen y enfrentan mutuamente los dos principios de la historia, uno de sometimiento y otro la libertad. Frente a la antigua esclavitud que sometía a los humanos (haciéndoles siervos de poderes religiosos y sociales) se ha elevado y ha nacido el principio de la filiación, entendida como experiencia de gratuidad y apertura en Dios, entre los hombes. Porque han sido creados como hijos de Dios, los hombres y mujeres de la tierra han de vivir en libertad, por Jesucristo.

         Desde ese fondo se entiende la definición de Jesús como "nacido de mujer", es decir, de la persona que siendo en sí libertad para el amor ha sido convertido en servidora de la paternidad de Dios y de su libertad en la vida de los hombres. Esa mujer libre para la vida en amor de Dios, por encima del sometimiento impuesto por los hombres es María, como ponen de relieve los dos textos básicos del adviento: Mt 1, 18-25 y Lc 1, 26-28.

         María no es madre por imposición de los hombres, por sometimiento a un varón que la utiliza y “posee”, sino por gracia y libertad en el espíritu divino (Espíritu santo como amor creador de Dios).No ha enviado Dios a su Hijo para mandar y dominar sobre la tierra (como nuevo dictador de imperio, como los reyes babilonios o los césares de Roma… No le enviado tampoco de mentiras, como un fantasma imaginario, separado de la historia real de los hombres, sin hacerse parte de ella, sino en la misma historia, en el centro de ella, al cumplirse la plenitud de los tiempos (Gal 4, 1; Mc 1, 14-15)

         Dios no envía a su Hijo ya hecho, terminado y maduro, como un extraterrestre super-man, que ha nacido y crecido fuera de la tierra, para aparecer después en ella, como un clon violentísimo del Dios violento, en una guerra de supra-galaxias, como en un imaginario de los poderosos de este mundo. Al contrario, Dios le envía como a los demás seres humanos, haciéndole que nazca historia, como los restantes hombres y mujeres, por medio de la fe y acogida de María, madre humana de Dios. En ese sentido, Dios hace a María la engendradora (educadora, troqueladora, formadora/formateadora humana) de su hijo divino, eterno, a través de un sencillo y riquísimo proceso de concepción, surgimiento intrauterino, alumbramiento y primera educación humana, que incluye acogida, limpieza, lactancia, educación en palabra, amor y socialización.

Año de María, año de humanidad

Por eso dice Pablo que "ha nacido de mujer", en proceso muy hondo y misterioso de fecundación, embarazo y alumbramiento social de palabra y libertad, que le vincula a todos los humanos, superando las fronteras de una ley cerrada de ideal y de una justicia de talión, centrada en el castigo de las culpas y en la redención por correctivo y sanción violenta. María ha sido según eso la madre educadora de Jesús, que comienza por la ley de Israel y culmina en el amor universal divino, que le lleva a compartir la cruz de castigo de los hombres para renacer en el amor de resurrección de Dios. 

- Entendida así, la mujer María forma parte de la historia israelita. Es evidente que ella empieza viviendo en un mundo de ley, como su Hijo. Más aún, ella aparece especialmente sometida a la ley por ser mujer, según ha precisado con enorme rigor la legislación judía de la Misná, detallando las normas de pureza y sometimiento sacral de las mujeres. Jesús ha nacido de una mujer sometida a la norma legal israelita, norma que regula de forma minuciosa todo lo tocante al sexo femenino y a la maternidad, con menstruación, matrimonio, parto etc.

- María forma parte de la acción generadora de Dios pues, conforme a lo indicado, el ser humano se define como nacido de mujer, pero no para el sometimiento, sino para la libertad. Se cumple así en María aquello que anunciaba Gén 3, 20, cuando presentaba a la mujer como Eva, Vitalidad generadora, por ser madre de todos los vivientes (=humanos) Antes de ser una mujer sometida a la ley, la madre del Hijo divino aparece así como fuente de vida e liberad divina: humanidad que expande vida, vida capaz de crecer y multiplicarse, según la bendición de Gen 1, 29, ratificada por Adán n Gen 2. 23-25 y definida al fin por el mismo Dios cuando instituye y confirma a la mujer como “defensora y transmisora” de vida, en lucha sin cesar contra la serpiente envidiosa, que no vive dando vida, sino que queriendo destruir toda vida..

- Finalmente, María se encuentra especialmente vinculada con Dios y con su Hijo, en comunión de vida con los hombres, de forma que no es sólo madre, sino hermana, amiga, compañera, como seguiremos indicando. Pablo sabe que Dios en sí no tiene mujer en plano teogámico (de unión matrimonial sagrada) ni tiene un hijo a nivel biológico (de generación sexual, de poder político, como el César de Roma). Por eso, Pablo  no puede aceptar el mito pagano más usual del mundo antiguo, que hablaba de relación sexual divina, de dioses del cielo y mujeres de la tierra, dioses y diosas de lucha y de sometimiento, sino que proclama el misteriossuperior de la comunión personal de amor y palabra, como seguiré mostrando en todo lo que sigue.

 En ese camino que conduce hacia la libertad, recibe importancia especial la figura de María, mujer de la que nace el Hijo, enviado  (=engendrado por el Padre.) Pablo sabe y dice que Jesús es Hijo de David y descendiente de la familia de Abraham, como afirma en Rom 1, 3-4 que Jesús, hijo de Dios,  ha nacido del esperma o semilla vital de David, en la línea del mesianismo carnal  (γενομένου ἐκ σπέρματος Δαυεὶδ κατὰ σάρκα), pero ha sido constituido Hijo de Dios por la resurrección (τοῦ ὁρισθέντος Υἱοῦ Θεοῦ ἐν δυνάμει κατὰ πνεῦμα ἁγιωσύνης ἐξ ἀναστάσεως νεκρῶν). En ese camino que lleva de la generación carnal (en la línea de David, según la carne) a la resurrección de los muertos se vincula con Jesús su madre María, aprendiendo de esa forma a ser madre del Hijo de Dios, mientras en otro plano enseña a Jesús a ser hijo de Dios en la tierra de los hombres.

Un año de carne un año de Espíritu Santo

María forma parte de la carne (esperanza regia de poder y triunfo social) de David…indicando que ese camino carnal/regio/mesiánico de David y su reino judío en el mundo ha terminado en el fracaso (muerte en Cruz). Esa historia de Jesús/Mesías, hijo de María, es la historia del último mesías, ideal y fracaso de todos los que han querido vencer por la fuerza sobre el mundo. En esa línea, el mesías ha muerto (1 Cor 15,3-4); en esa línea no ha más mesías sobre el mundo. Pero de esa manera, muriendo como mesías triunfante de Israel o de otros pueblos, dando la vida por todos, Jesús ha podido resucitar y ha resucitado como Hijo de Dios y Dios Vivo sobre el mundo, como sigue diciendo Rom 1, 3-4 como ratifica 1 Cor 15, 22-28.

El mismo Jesús de la carne, nacido de la “semilla vital” (promesa judía de David, por María) es Jesús Cristo, Kyrios-Yahvé (Ἰησοῦ Χριστοῦ τοῦ Κυρίου ἡμῶν). No ha nacido sólo de las promesas masculinas de Abrahán y David, en una línea israelita, sino más bien de Eva, mujer primigenia, como evoca el llamado protoevangelio, de Gen 3,15, donde se dice qu Dios condena a la serpiente, que ha querido cautivar (=dominar, esclavizar) a los humanos, empezando por la mujer, diciendo a la serpiente: Pondré enemistades entre ti y la mujer, entre tu descendencia y la suya. La serpiente era semilla de muerte en la vida humana. La mujer, en cambio, lleva la semilla de Dios que es vida yresurrección en la historia de los hombres.

         Dios instituye así la vida humana como lucha entre el principio-serpiente (veneno de muerte) y el principio-mujer, genealogía de vida. La misma mujer que en el relato de la tentación parecía sometida rebelarse contra el principio divino de la, comiendo la “manzana” y haciendo que Adán también comiera,  viene a presentarse ahora como fuente de victoria y madre de vida contra la serpiente de muerte, dando a luz al Hijo, porque cree en la palabra de Dios y la acepta en su vida, viniendo a presentarse como madre que acoge, concibe, engendra y educa a Jesús, en filiación y libertad divina sobre el mundo.  

         Leyendo el relato del Gén 2 y 3 vemos que la figura principal de la humanidad, en relación con Dios y con el futuro mesiánico es Eva-mujer. Ella, no Adán, es representante de la humanidad entera, concibiendo a Jesús por el Espíritu Santo, como le dice el ángel de Dios a José (Mt 1, 18-25). Ella es la mujer que, dialogando libremente con Dios y aceptando su palabra, concibe y engendra al Hijo de Dios sobre la tierra, por obra del Espíritu Santo (Lc 1, 16-38)

         Ella había querido iniciar el camino de muerte, desconfiando de Dios, empezando a creer a la serpiente y comiendo el fruto prohibido, haciendo que también Adán comiera, supeditándose de esa forma asu deseo Pero, dialogando a más profundidad, Dios ha iniciado con ella un camino de perdón y la gracia, como muestra, con toda nitidez, Gen 3, 15, que ha de entenderse por tanto como expresión de la meta-noia de María (cf. Mc 1, 14-15), una metanoia que no es conversiónmoralista, sino transformación y recreación de su persona. Dios actúa en ella y la cambia (la reconfigura), de tal forma que ese diálogo de Dios con la mujer en Gen 3 (pondré enemistades entre ti y la serpiente) se ratifica y culmina en el diálogo de Dios con María, mujer, en Lc 1, 26-38, que culmina en el fiat/genoito (=hágase, hagamos juntos según tu palabra). De esa manera, es ella quien asume la promesa, el compromiso de lucha contra la serpiente, como delegada y presencia de Dios sobre la tierra.

         Según eso, conforme al testimonio de Mateo 1, 18-25 y de Lucas, en la línea abierta por Pablo en Gal 4, 4, María ha retomado y cumplido la tarea de mujer (de persona humana) a la que aludía Gen 3, 15: Enemistades pondré entre ti (mujer) y la serpiente (tema que se así se cumple, con toda claridad  en Jn 2, 2-2 y 19, 25-27).        La mujer (Eva) había iniciado un camino de enfrentamiento,  corriendo el riesgo de seguir a la serpiente, pero Dios la había confirmado en el buen camino (Gen 3, 15)como madre de una estirpe de vida enfrentada a la serpiente, y como madre de todos los vivientes (seres humanos, conforme a la palabra de Adán, en Gen 3, 20). 

La tradición ortodoxa y católica sabe que esa mujer-madre portadora de vida es Eva (la Mujer) y que su función  ha sido asumida, ratificada y cumplida por la madre de Jesús, María. Ella es más que David, mesías israelita; es más que Abrahán, patriarca de un pueblo de creyentes. Ella es madre de todos los vivientes, signo del amor de Dios que ofrece vida a toda la humanidad, encarnándose en ella, para liberar a los que estaban oprimidos por la ley.

– La primera Mujer-Eva había empezado deseado el dominio total sobre la vida, por sí misma (cf Gen 3,1-6), empezando a vincularse así con la serpiente: tiene envidia de Dios, quiere hacerse divina por sí misma, en línea de imposición, adquiriendo el dominio total sobre sí misma y sobre el mundo, como deseo absoluto: voluntad de apoderarse de la vida, madre sin Dios, mujer engañada por la serpiente de la envidia y de muerte.

– Pero, al fin Dios ha querido (cf. Gen 3, 15) y así lo ha ratificado Adán (Gen 3, 20) que  la Mujer, Eva, cuya función ha sido retomada y cumplida por María, venza para siempre a la serpiente, como el mismo Dios ha dicho: Pongo guerra (enemistad) entre ti (serpiente) y la mujer (Eva), entre tu descendencia y la suya... Esto significa que la serpiente no ha logrado su deseo, no ha pervertido a Eva, no ha destruido a la humanidad.

- La primera mujer Eva fue tentada en el paraíso terrestre, pero no destruida, entregada a su dolor, pero no aniquilada; por eso, ella mantiene un deseo positivo de vida y combate sin tregua contra la serpiente. La segunda mujer María ha logrado lo que aquella, la primera, pretendía, sin lograrlo por sí misma: Ha sido Madre del Hijo de Dios, del mesías.

Mujer y serpiente son los signos supremos de la historia, como sabe  y dirá Ap 12. La derrota parcial  de la primera mujer se ha vuelto guerra incesante; y al final ha vencido la mujer María. Solemos pensar que el principio de la humanidad es un pacto o conflicto de varones, de manera que las mujeres son subordinadas. Pues bien, en contra de eso, el símbolo bíblico coloca en el principio de la historia (de pecado y esperanza) a la mujer (Eva), portadora de semilla o descendencia santa. La descendencia de varones, como Abrahán o David, es limitada. Sólo Eva-María es Madre de todos los vivientes, esto es, del Mesías, como indica Gal 4, 4.

Tanto Génesis como Gálatas saben que la humanidad la forman  varones y mujeres. Pero en la base y fundamento de la historia no colocan ya una pareja (Adán y Eva), sino a Dios que suscita y funda la vida a través de una mujer, que al principio es Eva, al final María. Por eso, en la culminación de los tiempos la humanidad aparece simbolizada por una mujer, colaborando con Dios.

Lógicamente, conforme a la visión más honda de Gen 3.15. 20, los hombres ya no somos hijos de Adán-Eva, sino de Eva (humanidad completa) y de Dios (que es alma mater, principio fundacional y portador de toda vida). Por eso, al llegar la plenitud de los tiempos, según Gálatas 4, 4, los miembros de la nueva humanidad, centrada en Cristo, son hijos de Dios y de la Mujer María, que aparece como madre universal, representante de todo el género humano. Ella ha derrotado por su Hijo a la serpiente, en diálogo con Dios, como principio de libertad y vida sobre el mundo.

         La tradición de la iglesia, atestiguada por los evangelios de la infancia de Lucas y Mateo, afirma que Dios ha enviado a su Hijo, nacido de mujer, por obra del Espíritu Santo. el nacimiento liberador del Hijo de Dios  es ya principio de salvación. Ciertamente, ese nacimiento de Jesús, en cuanto Hijo de Dios y Señor, ha culminado en la pascua, cuando él ha entregado su vida a favor de. Pero, como ya hemos indicado, el mismo nacimiento histórico de Jesús es un acontecimiento salvador, porque Dios ha enviado a su Hijo sobre el mundo, nacido bajo la ley, nacido de mujer, para liberar a los que estaban sometidos a la ley.

María, humanidad en la  nace y se inicia la salvación de Cristo.

 Pablo sabe que Jesús es nuevo Adán: no es sólo hijo/descendiente del Adán antiguo, sino nuevo Adán, ser humano verdadero. Pablo sabe también que Jesús es hijo de David según la carne (Romanos 1, 3), portador de esperanza mesiánica de los judíos¸ pero en su sentido más profundo Jesús es Hijo de Dios por la resurrección, es decir, por la culminación de su camino, tal como ha empezado desde su nacimiento, por obra del Espíritu de Dios, como saben y proclaman Mt 1, 18-25 y Lc 1, 26-38.

 Pues bien, preparando y anunciando la experiencia formulada por Mateo y Lucas, cuando afirman que Jesús ha sido concebido y ha nacido por obra del espíritu Santo, Pablo ha podido unir y ha unido implícitamente los dos niveles del surgimiento de Jesús, que ha nacido por un lado de la carne humana, pero, al mismos tiempo de la gracia y vida de Dios, como afirman no sólo por Mt 1  y Lc 1, sino de un modo especial Jn 1, 12-14

 Pablo no lo dice expresamente, de manera que su formulación, en un primer momento debe centrarse en Jesús resucitado pues sólo él apaaarece plenamente como hijo de Dios. Por el contrario, el Jesús histórico (antes de la muerte y resurrección) no habría sido Hijo de Dios, sino sólo “hijo de Adán terreno”.

Pues bien, llenando ese hueco, los cuatro evangelios canónicos, de Marcos a Juan, pasando por Mateo y Lucas, han querido superar y han superado esa “limitación” de Pablo, presentando al Jesús histórico como verdadero hijo de Dios, trazando un camino que lleva del nacimingo a la resurrección, con María, la madre, pues Jesús, hijo de Dios, ha nacido de mujer, superando los principios genealógicos de la historia israelita. El mismo “nacido de mujer”,  con todo lo que significa nacer (ser engendrado, acogido, educado, madurado…) de mujer, una mujer que hace las veces del mismo Dios para los serers humanos que nace, y de un modo especial para Jesús.

María, mujer puente entre el Antiguo y Nuevo Testamento

Jesús, nacido de mujer (bajo la ley de Israel) inicia y recorre un camino de maduración humana como “hijo de Dios en plenitud”, pasando de la servidumbre del pecado y la serpiente al y entrega de la vida (Flp 2, 6-11). Pues bien, en ese camino que pasa de la servidumbre del pecado a la gracia de la vida sitúan Mateo 1, 18-25 y Lc 26, 38 la acción y presencia del espíritu santo en por medio (con la ayuda) de María, como muestran Mt 1 18-25 y Lc 1, 26-38. Sólo una mujer (María), en la línea de la mujer Eva de Gen 3 15.20, la figura y camino de la mujer, María. 

Sólo a través de una mujer/humanidad en libertad, una mujer que conoce el riesgo de Satán/Serpiente, habiendo sido liberado de ella por Dios (Gen 3), puede iniciarse un camino de humanidad que lleva a la filiación de Dios, como reconoce el mismo Adán masculino en Gen 3. Sólo de esa forma, el nacido de mujer, en la plenitud de los tiempos, nacido bajo una ley de muerte (=ley de varones, simbolizados por José) puede superar la esclavitud de la ley, que es esclavitud de muerte, alcanzando la filiación de Dios.

De esa manera, el mismo Jesús, nacido  de mujer, bajo la ley, puede superar y ha superado la esclavitud de muerte de la ley, culminando y superado, el camino de la vida de ley  en forma de plenitud de amor. No basta que el mesías sea hijo de Abrahán y de David; pues en línea de varones Abraham y David culminan en la muerte; el mesías verdadero tiene que nacer “de mujer”, esto es, de la raíz de una humanidad abierta a la vida.

Según eso, el mismo que ha nacido de la historia humana como hijo de Mujer, de toda la historia humana (=Eva), ha podido surgir y ha surgido, al mismo tiempo, del misterio eterno, como Hijo de Dios, para culminar como Hijo pleno de Dios por la resurrección, en una historia que empieza en Gen 3 y culmina en el Apocalipsis (vinculando Ap 7 con Ap 17-18 y 21-22).

De esa forma, Jesúsha introducido con su vida y con su muerte y resurrección la gracia de Dios al interior de esa historia de muerte y pecado de los hombres. Según eso, al llegar el momento culminante, Dios ha enviado a su Hijo, para liberar a los que estaban sometidos a la ley, culminando así el camino de salvación iniciado ya en el Génesis. Así ha trazado Pablo las claves teológicas y antropológicas (humanas) de la vida y mensaje de María, que irán desarrollando después los cuatro evangelios con el Apocalipsis, como iré mostrando en este libro de sus siete historias, que no son más que una historia.

- María  la mujer que engendra al Hijo de Dios está por una parte bajo la "condena": es mujer limitada y no diosa; es madre mortal y no figura eterna, Ha empezado escuchando a la Serpiente para hacerse diosa por imposición vital, pero ha escuchado después al Dios verdadero, para iniciar con él una historia de comunión de gracia y de vida, sin comer el fruto del árbol prohibido (divinidad de violencia), sino escuchando al Dios verdadero. De esa manera, en su misma limitación ella es capaz de ponerse al servicio de la vida, en comunión con Dios, luchando contra la serpiente.

- Pero esta mujer engendra desde Dios, superando, según eso, la visión de un mundo dominado por la ley de los varones, que se expresa en forma de violencia. En ese contexto, encima de la ley de violencia de varones, al comienzo de un camino mesiánico iniciado ya en el Génesis (Gen 3), San Pablo afirma que el mismo Dios ha enviado a su Hijo a través de una mujer, es decir, de la historia femenina de la humanidad, condensada en María. Por encima de todos los hombres, varones de ley, simbolizados por Abraham y por David, Dios ha encontrado a una mujer, iniciando con ella la historia de la encarnación y salvación. Esta mujer, de la que nace el Hijo de Dios, es María. Pablo no necesita decir su nombre, pero se refiere a ella y la presenta en el principio y centro de su teología como persona en la que se inicia la historia de la salvación.

Situada de esta forma, en el origen y centro de todos los caminos de la historia, la madre de Jesús expresa el valor supremo de lo humano: ella emerge precisamente allí donde las promesas de Abraham y el mesianismo de David acaban siendo insuficientes; por eso, formando parte del camino de Abraham y de David, ella lleva en sí el recuerdo del pecado (como Eva), siendo principio y buena nueva de humanidad, superación del pecado

- El pecado original ha sido el deseo de divinización egoísta: Eva quiere apoderarse de la vida de Dios; el pecado es la violencia: Caín y Abel luchando para siempre. Pues bien, ese pecado ha culminado en la muerte de Cristo: crucificando al Hijo de Dios, los hombres ratifican el pecado. Se ha mostrado la gracia de Dios y los hombres la han negado; Dios les ha ofrecido la vida en Jesús y los hombres han preferido su muerte.

- Pues bien, frente al pecado se eleva el regalo gratuito de la vida de esta nueva mujer (María), que no quiere adueñarse de manera egoísta de la vida, sino recibirla desde Dios y regalarla, a través de su Hijo Jesucristo, que es Hijo de Dios. Frente a la mujer-Eva, que quiere divinizarse y al hacerlo se pervierte, emerge ahora la mujer-María, que ha puesto su vida al servicio de la vida de Dios, del nacimiento del Mesías.

 Esta “mujer” (bendita tú entre las mujeres, Lc 1, 42) encuentra su máxima expresión y se concreta históricamente en la madre de Jesús. Ella es la figura más destacada de aquellos que luchan contra la serpiente, como prometía Gen 3, 15. Por eso, dialoga con Dios en gesto positivo y no quiere poseer la vida en un sentido egoísta (comiendo del árbol del conocimiento), sino en fidelidad amistosa. Al servicio de la vida de Dios y del conjunto de la humanidad ha desplegado la existencia.

Ella es la virgen por antonomasia (Is 7, 14) la mujer en plenitud,  toda la humanidad condensada en María, no en Adán. La otra Eva (que Pablo ha evocado en 2 Cor 11, 2) puede presentarse como adúltera,  mujer seducida que engaña a todos los que dicen amarla (en la línea de la mujer prostituta y signo de muerte de Ap 17-18) Por el contrario, la madre de Jesús, principio y compendio de la iglesia, es el signo de la virgen santa que Pablo quiere presentar ante Dios.    

La mujer de la que nace Dios… La mujer que yo querría, la humanidad que quiero

 

- La mujer de Gal 4,4 (Dios naciedo de Mujer) ha de verse desde la mujer original de Gen 2-3. Es claro que Eva, cerrada en sí misma, está  bajo la "condena" del pecado: no ha podido alcanzar la vida divina del paraíso; es mujer limitada y no diosa; es madre mortal y no figura eterna. Pero en su misma limitación ella es capaz de ponerse al servicio de la vida, luchando contra la serpiente. Pablo no dice el nombre de esta mujer, pero es evidente que para la tradición cristiana ella es María, la madre de Jesús.

- Esta mujer engendra desde Dios, como  Eva en Gen 4,1. Pero el Hijo que ellaalumbra de parte de Dios ya no es Caín, el envidioso asesino sino el Anoticaín,  el verdadero Abel  Hijo de Dios, el hombre que muere (no mata) dando la vida por sus hermanos. En algún sentido debemos afirmar que toda madre verdadera engendra desde Dios; hay en ella un princi­pio de vida que desborda el camino de violencia (de sacrificio y lucha mutua) que han ido suscitando los varones. Esto lo sabe Gen 24; esto lo presupone de forma ejemplar Gal 4,4 en el momento culmi­nante de los tiempos. Toda madre del mundo es de algún modo “salvadora” (madre de vida), pero sólo María, madre de Jesús, es salvadora en plenitud, madre del Hijo de Dios

          Esta interpretación del texto nos obliga a releer en clave cristológica el tema del pecado original. Sabemos que Gen 2-4 (y de un modo más extenso todo Gen 1-11) es un texto abierto: un anuncio y compendio, un espejo en el que puede y debe mirarse (leerse e interpre­tarse) todo el conjunto de la Biblia. Lógicamente, los judíos no han visto aquí pecado original en el sentido estricto sino sólo una expresión simbólica de aquello que siempre sucede, como una especie de compendio de nuestra realidad e historia humana. Los cristianos, en cambio, hemos descubierto en esos textos antiguos elreverso y espejo de aquello queha venido a culminar y resolverse enCristo. Sólo así podemos hablar plenamente de pecado y gracia:

- Decimos que hay pecado original entendido en el sentido fuerte de deseo de divinización (que se expresa por medio de Eva cuando quiere saberlo/poseerlo todo, poseyendo así la vida) y en el deseo de violencia (que aparece en el camino de imposición y lucha, de sacralización y muerte que descubri­mos en Adán y de un modo especial en Caín). Este pecado original culmina en la muerte del Cristo: matando al Hijo de Dios los hombres ratifican el pecado, llevándolo hasta su última expresión, haciéndola ya definitivo. Este es el pecado: ha venido la gracia de Dios y los hombres la han negado; ha ofrecido Dios la vida en Jesús y los hombres han preferido su muerte. Ahora y sólo ahora culmina (se vuelve realidad completa) el camino que había comenzado en la historia de Adán/Eva (14).

- En un determinado sentido, ese pecado original lo hemos cometido todos, vinculados como estamos enuna misma humanidad violenta, simbolizada por Adán y Caín. Todos nosotros hemos participado en el homicidio central de Jesús, de tal forma que en el día de la gran celebración (Vigilia pascual) debemos descubrirnos pecadores. Hemos descargado en Jesús nuestro egoísmo, le hemos asesinado, asesinando con él a todos los inocentes de la historia, convertidos en chivos emisarios de la maldad humana. Pues bien, ese Jesús inocente no nos condena, no nos rechaza sino que ofrece su perdón (la salvación de Dios) a todos aquellos que le han matado. Así aparece como el Hijo de Dios Padre.

- Pero en ese mundo que ha matado a Jesús no todo es muerte; en el camino que lleva al Calvario no todo es pecado. En el fondo de esa muerte se revela el don más alto de la vida, la gracia creadora, en forma de promesa de salvación o, mejor dicho, de salvación ya realizada por medio de la resurrección de Jesús . Este es el camino de la fe, simbolizada por A­brahán. Este es el camino de la donación materna de vida, simbolizada y expresada por la mujer de Gen 3,15.20. Este es el camino que culmina en la madre de Jesús (Gal 4,4), de tal modo que a ella le podemos llamar “vitalidad”, madre de todos los vivientes.

          Las dos “evas”. Dios no ha encontrado en el mundo pura muerte, no planea sobre un valle de asesinos violentos y cadáveres irrecuperables. El Dios de Gen 3 y Gal 3-4 quiere y puede dialogar con los humanos. Por eso ha venido a expresarse en la fe de Abrahán, en la entrega materna de la madre de Jesús. En esta línea podemos distinguir dos tipos de mujeres, bien marcadas dentro de la misma teología de Pablo:

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