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Cobo suspende a las HAM

2.8.26. Coman todos (DOM 18, Mt 14). 50.000 hambrientos cruzaron ayer una frontera cristiana sin hallar comida. Jesús alimentó a 5.000 “guerreros” , en un camino de paz (Jn 6)

Quizá los de ayer no venían sólo por hambre física, sino también por motivos "interesados", de identidad o contra-identidad nacional, con ribetes de ruptura social… Pero la mayoría venían por hambre, como los 5.000 hombres (sin contar mujeres y niños) que buscaron a Jesús por hambre, rompiendo la barrera de seguridad de sus apóstoles.

Jesús les acogió, habló con ellos, se puso a curar a los enfermos, montando un “hospital de campaña” y finalmente pidió (mandó) a sus discípulos que les dieran de comer lo que tenían

Este evangelio, leído, proclamado y comentado hoy en millones de iglesias cristianas-católicas pone los pelos de punta, en una situación como la nuestra, donde un ejército y una policía ha “devuelto en caliente” a los 50.000 que venían básicamente por comida, con riesgo de morir ahogados (parece que más de 50 han muerto).

              El problema no es sólo de España, sino de  Europa, donde hay países que acusan a España de mala política y poca humanidad… (o, al contrario, de un "buenismo" ineficaz) El problema es también de Marruecos y de los estados de África, con su política económica y nacional… El problema es de todos los países… de la humanidad en su conjunto, con la ONU, la UNESCO, la FAO etc.. El problema es de todos, pero en especial delos hambrientos…de quienes Jesús puede decir: Tuve hambre, busqué comida entre vosotros y me devolvisteis enc aliente

  Muy posiblemente, los 50.000 hambrientos que han pasado y han sido “devueltos” no eran santos penitentes de ayuno, sino personas normales, como nosotros, con problemas también “políticos” de fondo. Pero no olvidemos que, para un cristiano (con Mt 25, 31-46) el primer problema religioso es la político dell hambre…

              Éste es un tema de evangelio, pero también de moral clásica cristiana… Desde los Padres de la iglesia (Juan Crisóstomo, Agustín) hasta los teólogos clásicos de la Edad Media (Tomás de Aquino, Buenaventura…) en caso de hambre todos los bienes de la tierra son comunes.

              En este contexto, no olvidemos que entre los 5.000 hambrientos de Jesús, conforme a la versión más minuciosa de Jn 6, muchos estaban “tramando” un levantamiento político-militar, contra los gobernantes (romanos y los galileos herodiano-celotas). Actualmente hay también un problema de políticos de España, Marruecos, Europa…e incluso de USA y China, con sus intereses declarados o latentes

   El tema es difícil como he puesto de relieve en mis comentarios de Marcos y Mateo, donde podrá acudir el que quiera estudiar técnicamente el tema En este contexto, a mi juicio, el Estado español y marroquí son invenciones secundarias, que nacieron hace pocos siglos… y que se desintegrarán muy pronto. También la iglesia como estructura de “poder sacral” es una invención derivada. El tema de fondo, según este evangelio, y todo el evangelio de Mateo, son los hambrientos-sedientos-extranjeros y desnudos…

Tengo la impresión de que una parte de católicos “practicantes” (de práctica de poder religioso) no han entendido esto…. Una parte considerable de la llamada “prensa católica” tampoco lo ha entendido ni algunos jerarcas de iglesia.

Opción de Jesús, la comida. Dadles vosotros de comer.

Jesús empezó dando de comer a todos en Galilea, como si hoy domingo diera de en Ceuta a los los 85.000 habitantes de la ciudad hispana y a los 50.000  “allegados” de Marruecos y de otros países de África…,

     Recordemos que según Jn 6,  Jesús dio de comer a 5.000 varones, junto a Cafarnaúm, a pesar de qe  querían proclamar de inmediato la guerra contra Roma y/o contra Galilea (=España y/o Marruecos). Jesús les dio de comer, y después se escapó (no quiso ser rey de España, ni de Marruecos… ni de los dos países), abriendo un camino distinto de paz en paz compartido y entrega mutua de la vida en amor, entre todos… Jesús no aceptó la guerra (Jesús la evitó, la superó, según Jn 6),  pero dio de comer a todos los hambrientos,  abriendo un camino más alto de colaboración,  en solidaridad (en paz), superando este tipo concreto de naciones guerreras que hemos ido creando en contra de su evangelio.

En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan, el Bautista, se marchó de allí en barca, a un sitio tranquilo y apartado. Al saberlo la gente, lo siguió por tierra desde los pueblos. Al desembarcar, vio Jesús el gentío, le dio lástima y curó a los enfermos. Como se hizo tarde, se acercaron los discípulos a decirle: "Estamos en despoblado y es muy tarde, despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren de comer."

Jesús les replicó: "No hace falta que vayan, dadles vosotros de comer." Ellos le replicaron: "Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces." Les dijo: "Traédmelos." Mandó a la gente que se recostara en la hierba y, tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos se los dieron a la gente. Comieron todos hasta quedar satisfechos y recogieron doce cestos llenos de sobras. Comieron unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños (Mt 14,13-21)

Breve explicación

Este relato, que he desarrolladomuy extensamente en Comentario a Marcos  6, 30-44 (Verbo Divino 2012), incluye algunas abreviaciones y cambios que quiero indicar, destacando varios rasgos característicos de Mateo, un evangelio judío que es al mismo tiempo universal (abierto a todos los pueblos), pues nos sitúa en el espacio original de la existencia humana que es la salud y la comida:

Compasión, principio mesiánico (14, 13). Jesús huye, quiere resguardarse de Herodes,  que superar los problemas políticos directos, pero la gente le sigue (como había seguido al Bautista). En esa situación, busca un lugar deshabitado (una zona de desierto. Pero la gente viene a buscarle, abandonando las ciudades, donde podían obtener comida (los que tuvieran dinero para pagarla).Pues bien, Jesús ve a la muchedumbre que viene, y siente compasión, lo mismo que en Mt 9, 36, donde se dice que las gentes vagaban perdidas como ovejas sin pastor, cosa que aquí ya no se afirma (aunque se supone).

Ciertamente, Jesús ha venido respondiendo a la llamada de Dios (cf. Mt3, 17), pero, al mismo tiempo, él debe y quiere responder a las necesidades de los hombres y mujeres que le buscan, esperando y/o pidiendo su ayuda… y le primera necesidad de los hombres es la comida… Jesús quiere que todos puedan comer, vengan de donde vengan, sean del país y religión que sea[1].

               La misericordia se identifica con la justica. Tanto Marcos como Mateo destacan la “misericordia” de Jesús, que acoge y ayuda a los que vienen, pero la expresan de formas diferentes. (a) Mc 6, 34 pone de relieve la educación: Jesús empezó a enseñarles muchas cosas, para darles después de comer. (b)Mt 14, 14 destaca la misericordia: Jesús curaba a los enfermos (para darles después de comer); primero es la enseñanza, después la curación. La misericordia de Jesús se expresa no sólo ante las grandes enfermedades, sino ante las dolencias y debilidades normales, y así se dice en Mt 14, 14 que cura a los   enfermos, en sentido estricto, a los que son más débiles, afligidos, impedidos, como pone de relieve Mc 6, 5,cuando afirma que la gente de Nazaret no creía en él, de manera que sólo pudo aliviar a algunos impedidos o débiles.

‒Curar y alimentar, cuidar y dar de comer, De la salud al pan, la multiplicación (Mt 14, 15-21). Lógicamente, la “alimentación” sigue a las curaciones, pues el hambre es un tipo de enfermedad (quizá la primera de todas). Alimentar es “curar” en el sentido originario, para que los hombres y mujeres más debilitados tomen fuerzas (=puedan vivir), sin ser dominados por la mayor aflicción que es la falta de comida, especialmente en situaciones de inseguridad económica y enfrentamiento social, como había indicado ya el relato original del paraíso (Gen 2-3), donde Dios quiere ante todo que los hombres y mujeres coman y vivan[2].

Frente a la propuesta de los discípulos que quieren despachar a la gente, a fin de que los ricos puedan comprar (de manera que los que pueden compren para comer y los demás sigan con hambre), Jesús instaura otro sistema (dadles vosotros de comer), pasando así del modelo de la compra-venta al de la comunión, al de la comunicación gratuita de vid y comida.

El imperio romano, el estado judío de Herodes (lo mismo que el estado actual de España o Marruecos) están al servicio de la comida de todos. La prioridad nacional de Jesús es qu todos los hombres y mujeres puedan comer, puedan vivir.

 Ciertamente, los discípulos plantean el tema en plano económico (sólo tenemos cinco panes y dos peces: 14, 17); pero Jesús les responde subiendo de plano y diciendo “traedlos aquí” (los panes y los peces), haciendo que se sienten todos (sin preguntar de dónde viene de cada uno), sobre la yerba del campo[3].

Esta alimentación es, con las curaciones de Mt 11, 2-5, la acción más significativa de Jesús, su gesto sacramental por excelencia, expresión de su compromiso a favor de los pobres (que son evangelizados ante todo a través de la comida, es decir, de la solidaridad personal: Mt 11, 5). En este contexto se entrelazan, partiendo de la muerte del Bautista, y en contra de la política de Herodes, la necesidad de la muchedumbre (enferma, hambrienta) y la estrategia compasiva de Jesús.

Los estados nacionales pasan, las fronteras confesionales acaban… Sólo el hombre queda, como necesidad humana, como presencia de Dios   El tema de fondo no es el estado español, ni el marroquí sino el hambre… Jesús no dirá al final yo fui español, ni dirá Allah fue marroquí… El Cristo de Dios dirá “yo tuve hambre…”.

c. Bendecir a Dios, dar de comer( 14, 19). Tras curar a los enfermos, Jesús alimenta a los hambrientos con los panes y peces de fraternidad mesiánica, iniciando así el momento central de su tarea, al servicio de los pobres (14, 19-20). Frente al Bautista, que no comía ni bebía (11, 18), Jesús responde bendiciendo al cielo/Dios por la comida   partiendo los panes y los peces que así ofrece a sus discípulos   para que ellos los repartan al pueblo. En contra del Diablo que intentaba dominar a los hombres con pan (4, 1-4), Jesús regala el pan y lo comparte como signo de bendición divina y abundancia humana.

Panes discutidos. Ese mismo banquete (ofrecido a los expulsados) suscita gran rechazo de parte muchos, como sabe Jesús cuando dice que la Reina del Sur y los habitantes de Nínive se alzarán contra esta generación (cf. Mt 12, 41s), porque ellos, sin ser israelitas, aceptaron a Salomón y a Jonás, mientras que ahora los galileos no acogen su Reino. En esa línea se había situado la acusación de Jesús contra las poblaciones de Corozain, Betsaida y Cafarnaúm por no haber aceptado su mensaje (Mt 11, 21-24), mientras que las ciudades paganas de Tiro y Sidón lo habrían acogido, de haberlo escuchado.

El mismo programa y camino del pan de Jesús, que es para todos, suscita el rechazo de los privilegiados que quieren un pan exclusivo,  para España o para Marruecos, sólo para ellos, pan separado, de puros y ricos, mientras los otros pasan hambre. En esa línea, perseguido por Herodes, él ha sacado a sus discípulos del espacio social resguardado de los poderosos, para iniciar con los pobres un camino de pan universal y compartido, desde fuera de la sociedad establecida (en un campo desierto…)[4].

Por un lado, Jesús es mesías  de panes y peces. Según el relato del maná (Éxodo), Dios ofrecía por Moisés, su pan de cielo en el camino del desierto. Ahora Jesús se encuentra con la muchedumbre en la misma situación (14, 15: en un lugar desierto), y ofrece comida a los que tienen hambre, precisando así el centro y sentido de su mensaje mesiánico:

(a) Por un lado, bendice  al Dios del pan compartido (eulogía) en la tierra de todos, entendida como templo universal, lugar de culto supremo para el conjunto de la humanidad. (b) Por otro lado dice a sus discípulos que alimenten a la muchedumbre (14, 16: dadles vosotros mismos de comer, trazando así el camino de la iglesia.

De esa manera establece el “código” nuevo de la comunidad mesiánica, centrado en los panes y peces, sobre el campo universal, para todos los que vienen, frente a un tipo de judaísmo rabínico que sigue recordando con nostalgia los signos/sacramentos del templo y sus prácticas de pureza, propias de privilegiados. Ésta es comida sagrada (don de Dios), siendo, al mismo tiempo, “pan nuestro de cada día” (cf. oración de Jesús; 6, 11). Frente a la desconfianza de los discípulos, que empiezan diciendo que sólo tienen siete panes y dos peces (¡dieta mediterránea!), el relato termina hablando de una gran cantidad de sobras: Doce canastos llenos, que simbolizan la riqueza de Israel, de manera que puede suponerse que los que vienen y comen son judíos marginales, pero no en cuanto opuestos a los gentiles, sino como signo de toda la humanidad.  

    Esos doce canastos (¡todo Israel!) no son posesión o capital, un tesoro utilizado para dominar a los demás, sino signo y principio de gratuidad compartida. No son comida para algunos, sino pan para todos, un Israel que se abre y regala lo que tiene sobre el campo extenso de la vida. Jesús había comenzado a realizar un gesto de retirada, queriendo alejarse del peligro de Herodes; pero ese mismo gesto le ha llevado a encontrarse con la muchedumbre de los necesitados[5].

Reflexión final

Pan compartido, artesano del Reino. En principio, Jesús fue trabajador eventual, en tiempos de crisis y destrucción de los tejidos sociales, y eso le permitió entender a Juan Bautista, que anunciaba la destrucción de este orden político-social injusto. Así vivió al comienzo de un proceso que, en algún sentido, está culminando en nuestro tiempo (año 2026), con el triunfo y crisis de un capitalismo avanzado y el paso de una sociedad de agricultores autosuficientes de subsistencia a una economía industrial y comercial que por un lado “fabrica” gran riqueza), pero conlleva mucho sufrimiento (destrucción social e injusticia. Jesús no fue constructor de nuevas ciudades helenistas (Scitopolis, Tiro) o judías de su entorno (Séforis, Tiberíades), probablemente porque pensaba que su misma estructura (con división jerárquica y dominio de clase) iba en contra del ideal de fraternidad del Dios israelita.

1. Jesús no quiso empezar cambiando el orden urbano de naciones o ciudades-estado porque el Dios de su tradición campesino/nazorea no era Dios de ciudades dominadoras, en la línea de la religión y cultura helenista. Posiblemente, el pensó que la vida de las ciudades no podía cambiarse partiendo de ellas mismas, pues sus habitantes eran responsables de la situación de los campesinos-artesanos, que habían perdido su identidad y autonomía.

2. Jesús fue un profeta mesiánico, de tipo nazoreo, a partir del campo, es decir, de hombres y mujeres libres, desde Galilea, y desde ese contexto subió a Jerusalén para culminar su obra. En esa perspectiva, conforme a su proyecto, Jerusalén no aparecerá como una ciudad helenista (que domina sobre el campo, de un modo político), sino como ciudad de las promesas de Dios, donde debe culminar el movimiento del Reino. Jesús descubrió e inicio desde las zonas rurales un movimiento social y religioso que puede y debe extenderse a todos los estratos de la población, empezando por las duras ciudades del imperio romano.

     No fue hombre de amor universal abstracto, diciendo que se debe amar a todos por igual, espiritualmente, sino hombre de amor universal concreto, de dar de comer, de acoger al extranjero, de vestir al desnudo…pues eso sirve para justificar y sostener el orden establecido, sino hombre de pan compatido, entre todos, para todos, superando estados, naciones y clases sociales. El signo básico de Jesús era y sigue siendo el pan compartido, superando fronteras de religiones y naciones, de estados y clases sociales. El pan compartido, a cielo abierto, entre todos los que van y vienen, esto es su signo de reino.

 Sólo se puede ser universal de un modo concreto, desde los desfavorecidos. En ese contexto de universalidad concreta, desde los más pobres, escuchó la voz de Dios y pudo desarrollar su proyecto mesiánico (nazoreo) a través de un intenso compromiso de acompañamiento, curación e impulso de comunicación directa de amor y servicio entre hombres y mujeres, compartiendo el pan, acogiendo, cuidando, queriendo a todos.. No nació teniendo la respuesta sabida de antemano, pues eso no sería perfección, sino imperfección humana.

      Lc 2, 52 afirma que creció en humanidad y sabiduría a lo largo de los años, en apertura al Dios de la experiencia israelita y de la esperanza nazorea, que es la esperanza de vida entre los hombres, no en una escuela de templo o de rabinismo legal, sino en la escuela del trabajo real, de . Sin esos treinta años de aprendizaje y misión en la escuela de Dios, que es la escuela de la vida humana, en contacto con las tradiciones de Israel y con las necesidades de los hombres, en solidaridad laboral y cercanía humana, Jesús no había podido ser mensajero de Dios.

      Jesús no dejó un trabajo de artesano por negación o rechazo, sino por búsqueda y comunicación de un Reino superior desde los trabajadores, excluidos y prescindibles, al servicio de todos los necesitados. No abandonó el tipo de familia-patriarcado que existía en su entorno por rechazo o represión, sino por búsqueda de una familia donde cupieran los expulsados de las familias anteriores. Algo especial le mantuvo abierto al Dios de los pobres, que es el Dios de la esperanza y experiencia de su pueblo, el Dios de la gracia para todos.

     Iba a comenzar un camino que nadie hasta entonces había explorado, partiendo de una intensa experiencia de Dios, por amor hacia los hombres y mujeres concretos de su entorno. Por eso buscó a Juan Bautista y después de se bautizado en el Jordán, tras escuchar la voz de Dios que le decía “tú eres mi Hijo” (Mc 1, 9-11), Jesús inició su tarea de Reino como lucha contra lo diabólico, es decir, al servicio del pan compartido

NOTAS

[1]De esa forma se vinculan dos gestos: (a) Huida prudente, escapándose de Herodes que quiere matarle. (b) Respuesta de la muchedumbre que le busca, rompiendo (superando) el cerco de Herodes, y provocando la misericordia de Jesús  El Reino de Dios se expresa aquí en dos signos: curar y alimentar. Jesús no enseña, a diferencia de lo que sucede en Marcos (6, 34), sino que cura y alimenta. Éstos son sus signos, ésta es su tarea: Cura a los enfermos para que puedan comer, compartiendo el pan; anuncia el Reino en un mundo donde se extiende el hambre y la opresión.

Por eso, tras haber dicho que el hombre no sólo vive de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios (Mt 4, 4; cf.Lc 4, 4), ha debido traducir su palabra en forma de pan, que él ofrece y comparte con muchos campesinos galileos, en contra del rey Antipas, que no da de comer, sino que empobrece a l gente. Por eso, la llegada del Reino debía expresarse en forma de comida ¡bienaventurados los hambrientos! ¡los hambrientos serán saciados!. En ese contexto se dice que Jesús tiene misericordia de los hombres y mujeres y le cura, con splangnisthomai  como en Mt  9, 36, evocando el movimiento interior de compasión, en la línea del amor entrañable, como en el hebreo rehem.  Cf. X. Pikaza y J. A. Pagola,Amor entrañable. Las obras de misericordia, Verbo Divino, Estella2016.

[2]La comida separaba no sólo a ricos y pobres, sino a puros de impuros, a judíos de gentiles, impidiendo una comunión universal. Pues bien, en contra de eso, Jesús quiere y promueve una comida que vincule a todos, y de esa forma se introduce en el centro real de la conflictividad humana, en un tiempo de hambre y de fuertes divisiones sociales y sacrales. Su mensaje y camino de Reino es mensaje y camino de pan (multiplicaciones, Última Cena).

[3]El evangelio nos sitúa así ante un relato de humanidad, no de grupo separado, vinculando a todos ante los panes y los peces, por encima de las leyes alimenticias de separación, por encima de estados y naciones, razas y religiones..  

[4]En esa línea, un texto del Q (Lc 13, 28) afirma que vendrán para el banquete gentes de todas las naciones (norte y sur, levante y poniente), mientras los hijos del Reino (israelitas, elegidos) quedan excluidos (Mt 8, 11-12). Ese banquete ha comenzado ahora, en un lugar donde todos puedan vincularse, abriendo un conflicto con aquellos que quieren asegurar sus panes materiales y espirituales, sociales y religiosos a costa de los otros.

[5]La clave del “milagro” no es un aumento físico de panes y peces, sino la solidaridad y comunión humana. Más que de multiplicación material, debemos hablar de alimentación mesiánica, en un contexto por ahora más israelita (Mt 14, 13-21; cf. Mc 6, 31-46;), y que luego será más gentil, desbordando las fronteras del judaísmo (Mt 15, 32-39; cf. Mc 8, 1-12). Estas multiplicaciones/alimentaciones evocan la fraternidad que surge y se despliega allí donde hombres y mujeres son capaces de dar y compartir lo que tienen, desde la pobreza, anunciando así la llegada del Reino. La conversión de las piedras en pan, que el Diablo promete a Jesús, habría sido un prodigio satánico de magia (cf. Mc 4, 1-4 par), no un milagro de Reino, que consiste en la comunicación de la vida con (desde) los pobres, en fraternidad mesiánica.

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