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6.9.26. 23 DO. Leyes, naciones y dioses esclavizan. Ley, nación y Dios es el Hombre: Yo soy el hambriento, desnudo, extranjero… (Mt 18, 15-20).

       Este es el mensaje de Dt 8 (amarás a Dios…) que Jesús tradujo diciendo “amaos unos a otros” (Jn 13),  presentándose como, “yo universal” de comunión: Donde dos o tres se reúnen en mi nombre allí estoy yo en medio de ellos, como he comentado libro: Dios es verbo/comunión: Cristo y la Biblia.

Texto Mateo 18,15-20

 En aquel tiempo, dijo Jesús: "Si tu hermano peca, repréndelo a solas entre los dos. Si te hace caso, has salvado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos….  

Si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará i Padre del cielo.  Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos."

Esta es la ley, nación y Dios: Que unos seres humanos amen a otros: Que en medio (como ley, nación y Dios) esté Jesús que dice: Yo estoy en medio de ellos, como ley, nación y Dios, diciendo: Tuve hambre, estuve desnudo, fui extranjero. Ésta es la ley, nación y Dios de todos y con todos, según Mt 25, 31-46.

 

1. MT 18:20 DOS O TRES EN MI NOMBRE, YO EN MEDIO DE ELLOS.  

 Lo primero es la corrección y perdón, Mt 18 15 Y si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele a solas; si te escucha, has ganado a tu hermano.  Si no te escucha, toma contigo a uno o a dos, pues todo problema se resuelva por dos o tres testigos.

 El texto comienza diciendo “si peca contra ti tu hermano”, es decir, un miembro de la comunidad. No se trata pues de un pecado interior (entre el creyente y Dios), sino de tipo social, que enfrenta a unos creyentes con otros, poniendo en riesgo la unidad y vida de los hermanos. Esa fórmula (si tu hermano peca contra ti: eis se)   indicar que se trata de un problema entre dos, pero el tú tiene  aquí un carácter colectivo, y así lo interpretan, en el fondo, aquellos manuscritos que ponen simplemente “quien peca” (sin añadir contra ti: cf. GNT y NTG). Se trata, pues, de un pecado de ruptura fraterna.

Por eso, a fin de restaurar la comunión se instituye un proceso en regla, primero entre algunos hermanos concretos a quienes empieza afectando la ruptura y después entre todos los miembros de la comunidad. El principio y norma es el perdón, pero allí donde ese perdón no se acoge ni ofrece se rompe la comunión, centrada en la salvación de los pobres y en la universalidad mesiánica. Por eso, los que no perdonan, se desligan ellos mismos de la Iglesia. Ese proceso de separación resulta doloroso, pero es necesario y no puede delegarse, dejándolo en manos de otra instancia, como podría suceder en la administración imperial, donde las autoridades o instancias inferiores podían apelar al Cesar, que era juez supremo, por encima de las ciudades o provincias del imperio.

Cada comunidad de creyentes es autónoma, presencia de Dios, pues está formada por personas capaces de juntarse y resolver dialogando sus problemas, en un proceso en regla, que permite conocer las exigencias y límites de las comunidades. El criterio de fondo es el evangelio, como indica una visión de conjunto de las tres formulaciones de perdón en Mateo:

Este pasaje ha de unirse a otros pasajes de perdón, como Mt 5, 23-24 (si llevas tu don al altar y recuerdas que tu hermano tiene algo contra ti…”.) y 18, 21-22; "¿Señor, cuantas veces debo perdonar…? Respondió Jesús ¡Has de perdonar setenta veces siete! (18, 21-22).

Estos pasajes sirven para trazar la frontera interna de la Iglesia: Sólo una comunidad de personas dispuestas a perdonar siempre pueden y deben trazar una norma que regule el perdón, de manera que aquellos que no se dejan perdonar ni perdonan se excluyen a sí mismos de la Iglesia. El perdón es, según eso, una experiencia de comunión universal, de la que se excluyen aquellos que no perdonan ni se dejan perdonar[3].

2. AUTORIDAD COMUNITARIA (Mt 18, 18).

18 18 En verdad os digo: todo lo que atareis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatareis en la tierra, será desatado en el cielo[4]

Estas palabras, lo que atareis y lo que desatareis (con deô y lyô, palabra centrales del "derecho" de Jesús) se dirigen a cada comunidad de cristianos, afirmando que ella tiene la autoridad suprema, que se concretiza en la doble sentencia de atar y desatar, es decir, de acoger o no acoger, de confirmar o abrogar.

Los judeocristianos sostenían que nadie puede desatar (lyô) los mandamientos de la ley (5, 19); pero Pedro había recibido las llaves del Reino, como primer escriba, intérprete de Jesús, y así pudo atar y desatar, estableciendo los principios de vida de la comunidad (cf. 16, 18-19). Lo que hizo Pedro para toda la iglesia, en el principio, puede y debe hacerlo cada comunidad, avalada por el Cielo (=Dios), no para fundar otra iglesia, sino para expresar y actualidad en cada comunidad el fundamento y sentido de la Iglesia entera (evidentemente, en la línea de Pedro).

Eso significa que la autoridad   la tiene y despliega cada iglesia, esto es, “vosotros”, los creyentes reunidos en comunidad que expresa en su vida la Vida del Cristo,  cuya identidad (yo) es el hambriento, desnudo, extranjero enfermo..

PRESENCIA DE DIOS. CRISTO HAMBRIENTO, EXTRANJERO  (Mr 18, 19-20).   

 Diversos grupos judíos de aquel tiempo (qumramitas, fariseos…) lo sabían y practicaban (al menos en principio), afirmando que Dios está presente allí donde concuerdan los hermanos, pero corrían el riesgo de convertir la comunidad en unidades elitistas de puros, centrados en la observancia de una Ley externa. Los cristianos, en cambio, quisieron edificar su comunidad sobre los excluidos y pequeños, esto es, sobre los mismos pecadores perdonados.  Por eso:

  18 19 En verdad os digo: si dos de vosotros concuerdan en la tierra, sobre cualquier cosa que pidieren, les será dado por mi Padre que está en los cielos.

20 Porque donde se reúnen dos o tres en mi Nombre, allí estoy Yo en medio de ellos.

De esa forma se vinculan el plano teológico (la misma comunión orantes de los creyentes es presencia de Dios) y el plano cristológico, pues Jesús está en aquellos que se reúnen en su nombre, siendo como es Dios con nosotros (cf. Mt 1, 23; 28, 10)Esa comunión fraterna de la Iglesia no es el resultado de unas obras, que pueden regularse por ley, ni se organiza en forma de sistema judicial, sino que emerge y se cultiva en forma de oración, esto es, como encuentro personal de unos hermanos que dialogan entre sí dialogando con Dios.

Según eso, la autoridad suprema es el diálogo orante, para bien del “yo” de Dios en Cristo, que es el hambriento, desnudo, extranjero enfermo…

   Desde finales del siglo II, un tipo de iglesia más atenta al estilo jerárquico del entorno socio-cultural, ha tendido a convertirse en sistema sagrado muy eficaz de ley-nación. divinidad, organizado de forma unitaria (desde arriba), pero ha podido perder esta raíz fraterna y evangélica de Mateo, que quiere ser fiel a Jesús, formando federaciones de Iglesias, cada una de las cuales constituye un espacio o campo de fraternidad completa, capaz de acoger nuevos miembros y de vivir con ellos en gratuidad y comunión personal.

Otras líneas de cristianismo (Marcos o Pablo, Santiago o Apocalipsis, Juan o pastorales) no han sentido la necesidad de trazar un pasaje de organización eclesial como éste de Mt 18, 15-20, pero en el fondo de ellas se expresa, con matices algo distintos, un mismo estilo de autoridad fraterna. Este esquema de organización comunitaria ha sido después parcialmente abandonado, por influjo de un tipo de autoridad mística y social, derivada del ambiente. Pero este pasaje de Mt 18 ha ejercido y sigue ejerciendo un gran influjo, suscitando una fuerte dinámica eclesial, que aún no se ha desarrollado plenamente, como están mostrando muchos movimientos comunitarios de la actualidad (año 2026)

COMPARACIÓN CON EL JUDAÍSMO RABÍNICO

Ésta fue la novedad cristiana: crear comunidades/iglesias auto-gestionarías, en torno a los hambrientos, desnudos, extranjeros, enfermos que los cristianos de Mateo identificaban con Cristo Hijo de Dios, que integra en su yo ampliado, según Mt 25, 31-46 a los hambriento, extranjeros, enfermos…Pero, en ese mismo tiempo, a finales del siglo I d. C., los judíos rabínicos (de ley nacional), en parte para diferenciase de los cristianos y mantener su ley de grupo separado, empiezan a formular su ley misnáica, que se ha mantenido hasta el día de hoy. Es una ley que puede ser muy buena, pero no es la del “yo” de Jesús, centrada en el hambriento, desnudo, extranjero…

La Ley tradicional de Esdras/Nehemías (siglo IV-II a.C.) no había uniformado al pueblo israelita. Existían tendencias de tipo sapiencial y apocalíptico, esenio y saduceo. Fariseos y algún tipo de celotas coexistían dentro de una fidelidad común a las tradiciones israelitas. Pues bien, tras el 70 EC, a consecuencia de los grandes cambios de tipo social y religioso, con la destrucción de Jerusalén, se establecen las dos líneas:

A un lado quedan los cristianos (segiudores del Jesús mesías), cada vez más abiertos hacia todos los pueblos en camino que les permite conservar la Ley (Pentateuco), pero interpretándola de un modo pascual, universal.

Al otro lado emergen y triunfan los judíos rabínicos, que asumen la herencia de sus propias tradiciones (de tipo sobre todo fariseo), en clave de identidad nacional, reinterpretando así la antigua Ley (del Pentateuco).

En contra de lo que suele decirse, estos judíos rabínicos de la Misná no están preocupados por la Ley Escrita de Moisés (aceptada también por los cristianos). Según ellos, la misma Ley se expresa sobre todo en tradiciones orales que se han fijando, en proceso de fidelidad a un  pasado (tradiciones de los padres), en diálogo de siglos, reflejado en su Código Legal, Misná o Libro de Repeticiones. De esa manera, el pueblo-nación emerge como valor central (=Dios, Nación, Ley) por encima del hambriento, extranjero, enfermo de Cristo

Cuando hablamos de Ley los cristianos solemos pensar en el AT y de manera más precisa en el Pentateuco. Pues bien, en contra de eso, los rabinos entienden por Ley algo mucho más extenso que, además del Pentateuco y de la BH, incluye aquellas tradiciones que partiendo de Moisés habrían llegado, por vía oral, a los maestros de la Misná. Esas tradiciones compulsadas y unificadas dialogalmente en un código, reciben de manera especial el nombre y condición de Ley (Torah) conforme a la Misná,  Abot 1,1 y a toda la doctrina judía de ese tiempo. Pierden importancia otras posturas y tendencias. El judaismo va centrándose en torno a los maestros de la Misná. De la importancia teológica que tiene para ellos la Ley habla nuestro Abot 3, 2-4

Rabi Ananías, hijo de Teradión, decía: si dos están sentados juntos y no median entre ellos las palabras de Torah, es una reunión de insolentes, como está escrito: en la junta de los insolentes no se sienta (Sal 1,1). Pero si dos personas están sentadas juntas y median entre ellas las palabras de la Tórah, la Sekina (=Dios) está en medio de ellos, como está escrito: cuando los temerosos de Yahvé se hablan mutuamente, Yahvé les habla y escucha y es escrito un libro de memorias en su presencia para los justos de Yahvé y para los que consideran su Nombre… (Mal 3,16).

Rabí Simeón decía: si tres comen en una mesa y no hablan en ella sobre las palabras de la Torah, es como si comieran de los sacrificios de los muertos, tal como está escrito: porque todas las mesas están llenas de vómito y de inmundicia, sin que quede lugar libre (Is 21,8). Pero si tres comen en una mesa y hablan entre ellos palabras de la Torah, es como si comieran de la mesa de Dios ( del Maqom ), tal como está escrito: me dijo: esta es la mesa que está ante Yahvé (Ez 41,22).

 Estas sentencias de la Misná se encuentran avaladas por textos de la Ley Escrita (BH), pero la mayoría de sus dichos dichos de la Misná son autónomos. Los rabinos de la Misná citan la Ley escrita para probar que el Dios de la Torah Escrita es el mismo Dios de la Torah Oral que ellos acogen y transmiten y practican, de forma que sólo hay una Ley, que es idéntica y la misma, la de la Escritura antigua y la de la Tradición oral. Los cristianos, en cambio, citan la Torah para mostrar que ella se cumple en la vida y palabras de Jesús, que así aparece como interpretación y cumplimiento renovado, recreado, de la Antigua Escritura, como seguiremos viendo. Éstos son para los rabinos de la Misná los principios esenciales de la Ley (Torah), que se expresa tanto en la ·Escritura antigua como en la Tradición oral terna.

Para estos judíos hablar de la ley significa hablar de ellos mismo, reunirse en nombre de Dios significa reunirse en nombre de la nación. Ellos mismos son la Ley, son la Nación, son Dios.

- La Torah viene de Dios, como expresión de su misterio más profundo, como don de su amor especial hacia Israel. Quizá puede afirmarse que ella es la revelación plena de Dios, la Palabra de su amor hacia los hombres (cf 3,23).

- Los israelitas fieles acogen la Torah, la meditan y convierten en principio de existencia. La Torah no es sólo Libro (aunque lo es en un sentido); no es Ley normativa que se impone desde fuera... Ella es ante todo Tradición viviente (cf. Misná 3,13), un tipo de comportamiento social que se hace objeto de diálogo y respeto entre todos los rabinos.

- Dios está presente. Ha dado la Torah, pero no ha quedado fuera, como al margen de aquello que los israelitas dicen, hacen. Dios mismo está con ellos (en ellos) como presencia de misterio, que sanciona y da sentido a su estudio/compromiso por la Ley.

Esa Torah no es por lo tanto un ley externa, impositiva, sino ellos mismos como nación de Dios En ese sentido se podría afirmar, utilizando una terminología cristiana posterior, que la Torah tiene dos naturalezas: por otro lado es una realidad humana y por otro lado es pertenece al mismo Dios.

El texto citado de Abot nos sitúa en la línea Mt 18,20: donde estén dos o tres estén reunidos en mi nombre allí estoy yo en medio de ellos. Es posible que tanto Mateo como Abot remitan a una tradición anterior. Pero en el lugar donde Abot pone el estudio de la Ley ha situado Mateo el compromiso de unión en nombre de Jesús, a favor de los hambrientos, desnudos, extranjeros que son dios en la tierra: para los cristianos Jesús ha ocupado el lugar que tiene la Torah para los rabinos; por eso, donde Abot pone Sekina o presencia de Dios ha colocado Mateo a Jesucristo, es decir, a al yo ampliado de Jesús, que son los hambrientos y extranjeros

         Conforme a la tradición que venía de Prob 8, Eclo 26 y Sab 1-10, la Sophia de Dios (hokmah, nomos) era mediadora de la creación y fundamento de sentido/realidad del mundo; por medio de ella había creado Dios todas las cosas. Pues bien, siguiendo en la línea ya iniciada en Eclo 24, la misma Torah viene a presentarse aquí como principio de estabilidad y ser de todo lo que existe pues por ella fue creado el mundo ( Misná 3,14). Dios era, según eso, la vida del Pueblo, es decir, la nación

         Este es un motivo que nos sitúa en centro de las grandes religiones y culturas de la historia. Los chinos han interpretado el tao y los griegos al logos como mediador y centro de toda realidad. Buscan el fondo del ser: quieren descubrir el sentido de toda realidad. Pues bien, para los rabinos ese principio y sentido universal es la ley nacional judía, es la Torah, la nación… por encima de los pobres y extranjeros del mundo. 

 Según el rabinismo ios ha creado el mundo a través de la Torah, por Israel para Israel… Ellos son los primero, Dios en la tierra como nación elegida…, de tal forma que sólo en ella encuentra su valor, su estructura y permanencia. Si nadie descubriera y respetara esa Torah sobre la tierra, si todos la olvidaran y quebraran su equilibrio, el mundo entero perdería su sentido, sumiéndose en el caos.

Según el cristianismo Dios ha creado el mundo por los pobres, hambrientos, extranjeros… en el Yo de comunión universal de Cristo. La humanidad no vive por y para Israel, sino por y para los hambrientos, extranjeros, desnudos, enfermos…

  Los judíos rabínicos de la Biblia/Misná no eran sectarios, grupo aparte, alejados de todos, en lucha contra los poderes adversarios, como los iniciados de Qumrán. Sin duda, son buena gente… pero gente separada, primero ellos, luego los otros.. por gracia de ellos.

- Los judíos rabínicos sienten el deber de cultivar su propia identidad, como pueblo de la Ley, reinterpretando en forma nacional las tradiciones anteriores y codificándolas a modo de Torah nacional, vivida al interior del propio grupo humano. De esa forma se mantienen fieles a su propia vocación: son el Israel eterno. Son buena gente, pero gente de ellos, como si todos les debiéramos la vida.

- Los israelitas cristianos expanden la herencia de la BH y los LXX hacia el espacio más extenso de los pueblos: pues Dios no se ha encarnado en un pueblo nacional (Israel), sino en los hambrientos, desnudos, extranjeros.   de Dios, el respeto a sus instituciones.

Tras el 70 d.C, los rabinos se han sentido llamados a guardar la Torah de Dios en un camino de fidelidad intensa, radical a sus mandatos. Les ha tocado esta tarea y la han cumplido de forma ejemplar. Una fuerza extraordinaria les vincula por encima de la decepción y orgullo, más allá del miedo y la soberbia. Han tenido inspiradores y maestros como Hillel y Samay, como Yohanan ben Zakay, Gamaliel II o Jehudá-ha-Nasí, pero en el fondo, buscando a Dios se han encontrado consigo mismos, como dice Pablo (Seguirá)  

NOTAS

1. Misná, ley nacional judía.raducción castellana en C. del Valle, La Misna, Ed. Nacional, Madrid 1982 (Sígueme, Salamanca 1995). El Sidur o ritual judío de oraciones incluye el Abot y lo titula Tratado de los Principios (Edición bilingüe hebreo-castellana: Ritual de Oraciones. RitoAschkenaz, Sigal, Buenos Aires 1976, 328-392).

 He ofrecido bibliografía sobre la Misná y su visión teológica en Dios judío, Dios cristiano.  . Hay en castellano una extensa y buena literatura sobre el Targum (los targumes) y el Midrás, como muestran: A. Díez Macho, El Targúm. Introducción a las traducciones aramaicas de la Biblia, CSIC, Madrid 1979 y A. del Agua, El método midrásico y la exégesis del NT, EVD, Estella 1985. Por desgracia, no existe, que yo sepa, nada semejante sobre la Misná; lo más cercano a nuestro texto es P. Lenhardt y M. Collin, La Torá de los Fariseos, Doc. en torno a la Biblia 20, EVD, Estella 1991; también ofrece una recopilación de textos misnáicos R. Penna, Ambiente histórico-culturalde los orígenes del Cristianismo, DDD, Bilbao 1994, 49-61.

Para un mayor estudio del tema : S. Safrai (ed), The Literature of the Sages I, CRJ ad NT, Van Gorcum 1987 (sobre Abot cf págs 263-282; J. Bonsirven, LeJudaïsme palestinien aux temps de Jésus-Christ: Sa théologie I-II, Beuchesne, Paris 1934/5; Textes rabbiniques des deux premiers siècles chrétiens por servir à l'intelligence du NT, IstBiblico, Roma 1995; F. Manns, Leggere la Misnah, Paidea, Brescia 1987; J. Neusner, The RabbinicTraditions about the Pharisees before 70 AD I-III, Brill, Leiden 1971; Way of torah: AnIntroduction to Judaism, Wadsworth, Belmont 1988; Judaism. The evidence of Mishnah, Chicago UP 1981; Torah through the ages: A short history of Judaism, SCM, London 1990; A. Paul, Il Giudaismo antico e la Bibbia, EDB, Bologna 1991, 1-50; S. Sandmel, Judaism andChristian Beginnings, Oxford UP 1978; S. Schechter, La Pensée Religeuse d'Israel. Aspects de théologie rabinique, Ed. Universitaires, Paris 1964. Visión sintética del judaismo en L. Baeck, Laesencia del Judaismo, Paidós, Buenos Aires 1964. Una interpretación cristiana de judaismo en F. Mussner, Tratado sobre los judíos, Sígueme, Salamanca 1983.

 2. Un perdón ofrecido a todos, pero quedan fueran los que no personan Para que la gracia lo sea, y para que esa gracia y el perdón puedan seguirse ofreciendo a los mismos que la niegan debe establecerse aquí ese límite, de manera que quienes no la aceptan quedan fuera del camino de Jesús. Eso supone que la Iglesia no puede ocupar todo el espacio social (como sabe la parábola del trigo y la cizaña en Mt 13), de manera que quienes no perdonan no son Iglesia, no pueden vivir sin más dentro de ella, aunque están invitados siempre a volver a la patria del perdón, que es esa iglesia. Los fundamentalismos o inquisiciones que han condenado a muerte a los que no aceptan un tipo de perdón se oponen totalmente al evangelio.

3.  En el origen de la Iglesia de Mateo se encuentra la decisión fundacional de Pedro (16, 17-19). Pero después, cada iglesia o comunidad debe instituir ese perdón, organizando su propia vida, conforme a la mejor tradición del judaísmo rabínico que se establecerá tras la caída del templo (70 dC) como federación de sinagogas. En esa línea, cada Iglesia es toda la Iglesia, en federación (comunión) con las demás.

[4] Cada comunidad cristiana es toda la iglesia, de forma que en diálogo con otras, puede y debe organizarse en línea de evangelio, pues los hermanos reunidos en nombre de Jesús son autoridad para admitir nuevos miembros, celebrar la eucaristía y declarar, si fuere necesario, la exclusión de aquellos que se excluyen a sí mismo, si no quieren ser iglesia (si no aceptan el perdón).

[5] Este pasaje (18, 15-20) sigue recordando que la autoridad comunitaria resulta inseparable del valor de los pequeños-excluidos (18, 1-14) y del perdón universal (18, 21-35). Al servicio de aquellos que el sistema rechaza y como sacramento de gracia (no para imponerse sobre nadie), la iglesia ha de ofrecer su experiencia de comunión, pues la misma comunidad es fuente de “derecho” evangélico.   En contra de esa experiencia dialogal, cierta iglesia posterior ha creado un tipo de lógica de grados (de órdenes sagrados), que deriva del pensamiento jerárquico del platonismo y de la administración romana, que regula desde arriba la vida de las comunidades. De esa forma, el evangelio, que debía ser espacio de gratuidad y comunicación personal para todos, ha podido convertirse en un sistema religioso, dominado por expertos o jerarcas, que parecen elevarse sobre el conjunto de la comunidad.

[6]  Llaves de los escribas y fariseos (Mt 23, 13-14) son las de aquellos que quieren cerrar de nuevo la puerta universal del mensaje cristiano, para exigir que los cristianos de la gentilidad se hagan previamente judíos. Según eso, las llaves de Pedro se concretan y despliegan en las llaves de cada comunidad, formada por hermanos y hermanas que se reúnen en nombre de Cristo, orando a Dios Padre y resolviendo sus problemas (en comunión con otras iglesias, pero sin subordinarse a ellas). Cada Iglesia es responsable de su camino de oración, comunión y decisión, creando instituciones para la solución de problemas que no pueden delegarse en otra iglesia, aunque todas han de ser solidarias y han de unirse entre sí no sólo porque invocan al mismo Cristo, sino porque ese Cristo las vincula en comunión. Esta forma de entender las iglesias ha sido formulada de un modo específico por Mateo, pero responde igualmente a la teología de los herederos de Pablo, en una línea universal (seguirá)

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