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Dijo a los hombres: No arranquéis la cizaña. A la mujer: Hazte levadura de tres masas (Mt 13, 24-43).

19.7.26 Dom 16 TO. Este es un evangelio escandaloso, que la Iglesia en general no ha cumplido. Los hombres han querido arrancar toda yerba y no han dejado a la mujer ser levadura de eucaristía de Reino.

 En aquel tiempo, Jesús propuso otra parábola a la gente: "El reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero, mientras la gente dormía, su enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó. Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga apareció también la cizaña. Entonces fueron los criados a decirle al amo: "Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña?" Él les dijo: "Un enemigo lo ha hecho." Los criados le preguntaron: "¿Quieres que vayamos a arrancarla?" Pero él les respondió: "No, que, al arrancar la cizaña, podríais arrancar también el trigo. Dejadlos crecer juntos hasta la siega y, cuando llegue la siega, diré a los segadores: 'Arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo almacenadlo en mi granero.'""

[Les propuso esta otra parábola…  "El reino de los cielos se parece a la levadura qe una mujer la amasa con tres medidas de harina para hacerse buen pan

   El evangelio del domingo anterior (Mt 13, 1-23) había presentado el reino de Dios como una siembra (partiendo del relato base de Mc 4, 1-20). Pero Mateo no se ha contentado con esa primera elaboración del tema, sino que ha querido desarrollarlo, introduciendo unos elementos nuevos, de tipo apocalíptico, que eran comunes en el judaísmo de aquel  que insistía en estos “principios”: (1)   oposición entre los dos sembradores, Jesús y el Diablo; (2) los servidores del orden (qus parecen varones)quieren juzgar y matar (arrancar la mala semilla). (3) La mujer transforma la masa con su buena levadura y crea de esa forma iglesia

 El mismo don Quijote quiere arrancar esta mala simiente  en el pasaje de los molinos de viento, que le parece diablos perversos a los que hay matar (arrancar esta mala simiente de sobre la haz de la tierra, como quería cierta España de los austrias, expulsando judíos y moros, combatiendo a protestantes y matando a turcos (Quijote 1, 8).

           Siguiendo en esa línea, en contra del evangelio de Jesús que dice “no arranquéis”   arrancarían la semilla del Papa y del Vaticano, y otros la semilla de todos los moros del mundo, incluídos de paso los comunistas.. Otros arrancarían la semilla de los llamados herejes…

           En contra de unos y de otros (con inquisidores y arrancadores se semilla, de derecha y de izquierda), el Jesús de Mateo nos pide paciencia, que seamos capaces de crear y dar fruto en un mundo mezclado, sabiendo que al final (en el fondo) de la historia hay un sentido.

           En esa línea, más que una parábola (como el texto anterior Mt 13, 3-9), este nuevo texto acaba siendo una “alegoría”, una explicación del argumento  anterior en clave de conflicto satánico y de juicio escatológico.

           Esta doble alegoría parabólica se sitúa en el centro de un proceso que comienza en la tentación (Mt 4), que se centra en el Sermón de la montaña (no juzguéis) y culmina en el juicio final (Mt 25, 31-46)m donde Cristo no juzga a los demás, sino que sufre en carne el dolor de todos (tuve hambre, estuve desnudo, fui extranjero, estuve en la cárcel….

               EL SEMBRADOR Y SU ENEMIGO (Mt 13, 24-30).

El texto consta de tres partes, construidas en forma de tríptico:  (a) (parábola básica): El sembrador y su enemigo (Mt 13, 24-30).(b )(parábolas explicativas): ayudar a situar el tema (Mt 13, 31-35). C)(interpretación alegórica): resuelve el sentido de la parábola, en línea teológica y añade la figura enigmática de la mujer que fermenta tres masas de harina. (Mt 13, 36-43)  

Es una nueva versión, en parte más alegorizada, de la parábola anterior (13, 3-9). Las transposiciones y cambios son fáciles de entender desde el mismo contexto mediterráneo en que la imagen se sitúa; ellos nos obligan a entender el tema en un contexto más judío, de división ética y de culminación escatológica.

Otra parábola les propuso, diciendo: «El Reino de los Cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo. Pero, mientras su gente dormía, vino su enemigo, sembró encima cizaña entre el trigo, y se fue. Cuando brotó la hierba y produjo fruto, apareció entonces también la cizaña. Los siervos del amo se acercaron a decirle: “Señor, ¿no sembraste semilla buena en tu campo? ¿Cómo es que tiene cizaña?”   (Mt 13, 24-30)….

Esta parábola vincula el motivo central del mensaje de Jesús (la buena siembra) con algunos motivos de la apocalíptica judía, tal como aparecía reflejada en el mensaje de Juan Bautista, centrado en la siega y en la separación escatológica. Desde ese fondo, en la perspectiva del mensaje de Jesús, los cristianos que están en el fondo del evangelio de Mateo, reinterpretan los motivos apocalípticos de la tradición judía:  

– El Reino de los Cielos se parece a un Hombre que siembra buena semilla... (13, 24). En la parábola anterior e decía simplemente que “sembraba” (13, 3). Ahora se añade que siembra buena semilla, introduciendo así en todo el relato la división entre el bien y el mal. Conforme a la simbología agraria de aquel tiempo, la buena semilla será trigo; la mala, cizaña (13, 2). Nos encontramos, por lo tanto, ante el mensaje de la buena siembra que se encuentra amenazada.

  La parábola presenta al Sembrador como un oikodespotes, etxejauna, amo de casa, que realiza su labor a través de unos siervos o criados, que están a su servicio. De esta forma se indica el carácter eclesial del tema: el Mesías de Dios realiza su obra a través de unos ministros, como aparece en Mt 10 y en el envío misionero de Mt 28, 16-20; pero también puede ponerse de relieve el fondo angélico del tema, como indicará la misma explicación de la parábola, desde la perspectiva de la apocalíptica judía: Los ángeles del fin recogerán la cosecha

El Enemigo del Sembrador. Conforme a la parábola anterior (Mt 13, 3-9), ese Enemigo  estaba simbolizado por los pájaros que comen la semilla o por las preocupaciones y riquezas del mundo, que impiden  Pues bien, ahora se supone que hay un Enemigo/Diablo, que siembra mala semilla en medio de la noche (tiempo de oscuridad, tiempo en que duermen los siervos del Amo). Esa semilla mala (cizaña), lo mismo que la noche (oscuridad) forma parte del riesgo de la vida sobre el mundo.

– Dejad que crezcan ambas.... (13, 30). Los siervos del amo quieren anticipar el juicio, dentro de la historia, destruyendo (arrancando) por la fuerza a la cizaña. Esta es la tentación de todo mesianismo político, de poder, de nación,, que intenta resolver los problemas por la fuerza, empleando en el fondo una táctica propia del diablo.

La respuesta del Amo de Casa nos sitúa en un plano de comunicación, de sincretismo positivo: “dejad que crezcan ambas”. Ese Mesías de la siembra acepta la conflictividad histórica: entiende el mundo como dividido; así deja que su semilla crezca y madure su grano en medio de la cizaña. Antes (13, 7) se suponía que el campo no debe estar lleno de espinas (eran las espinas o zarzas de los mismos creyentes); ahora se añade que debe respetarse la cizaña, con las espinas del mundo, para así crecer ayudándonos mutuamente..

Hasta que llegue la siega... (13, 30). El mismo Sembrador y Guardián aparecerá, al final, como Jefe Segador que dirá a los segadores que recojan el trigo y lo guarden, que quemen la cizaña... Para Mateo es evidente que la obra mesiánica de gratuidad (de no violencia) sobre el mundo está dirigida hacia un futuro de juicio que supondrá la separación de los humanos. Se trata de un juicio “simétrico”, que consta de dos partes: el trigo se recoge en el granero de Dios, la cizaña se quema.

De esa forma, la parábola de la semilla se convierte en alegoría de siembra inicial, de disputa histórica y de decisión final, marcando así los tres tiempos históricos. -- Al principio está la siembra de la buena semilla, en el campo del Amo. -- En medio está la disputa. El Buen Sembrador tiene un Enemigo que siembra su mala semilla, con toda intención, para oponerse a la Palabra. Este tiempo intermedio está determinado por la confrontación o lucha: las dos semillas crecen, una junto a la otra, de manera que el campo del amo (del Señor de la casa) viene a presentarse como campo mixto, de trigo y cizaña. -- Al final estará la solución del problema.

  Éste es un tema centrar del evangelio que dice “no jusguéis, amaos unos a los otros:

INTERMEDIO: NO JUZGUÉIS NO ARRANQUÉIS LO QUE PARECE CIZAÑA:

Lc 6, 37- No juzguéis y no seréis juzgados. No condenéis y no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados. 38 Dad y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo

Mt 7, 1. No juzguéis, para que no seáis juzgados,2 porque con el juicio con que juzgáis seréis juzgados, y con la medida con que midáis seréis medidos.

              Ésta es una  afirmación originaria. No traza objetivos concretos, ni fija casos en los que debe aplicarse, sino que supone que somos nosotros los que debemos buscar los objetivos en la vida, pero añadiendo que para ello debemos situarnos en un nivel que está por encima del juicio  «Amaos mutuamente, dad gratuitamente aquello que gratuitamente habéis recibido» (cf. Mt 10, 8).

              2. Es una exigencia o, mejor dicho, una  afirmación de vida universal,  manera ilimitada, porque hemos brotado de un Dios que nos ha dado la vida como gracia y quiere que nos mantengamos como gracia, marcándonos una frontera positiva, que son los otros, a los que debemos amar y no «comer» (es decir «no-juzgar»). Es bueno que haya otros y que podamos abrirnos a ellos (para vivir en comunión), sin dominarles ni juzgarles. Si les «comemos» (les juzgamos) nos oponemos a la gracia, nos negamos a nosotros mismos y nos destruimos.

              3. Es camino que os nos lleva desde  principio de la creación a la gloria,  superando una leu de violencia y de muerte. Vivir en amor mutuo universal, eso es el cielo… .

MUJER DE LA LEVADURA, MUJER EUCARISTÍA

  Les dijo otra parábola: "El reino de los cielos se parece a la levadura; una mujer la amasa con tres medidas de harina, y basta para que todo fermente.   

Como signo de Cristo, Hijo de Dios, fundador de la Eucaristía, , vemos aquí a una mujer que introduce fermento en la masa del pan (γυνὴ ἐνέκρυψεν εἰς ἀλεύρου σάτα τρία, ἕως οὗ ἐζυμώθη ὅλον)… Frente, al fermento de la mujer no hay un anti-fermento. El texto está diciendo que el fermento de la mujer es sólo positivo, dividida en tres partes, hasta que toda fermente. El signo de Dios no es ya siega y división del trigo y la cizaña, sino el fermento simple y poderoso que una mujer introduce en el trigo que ella misma ha amasado y dividido en tres partes, para el mundo entero, para la humanidad en su conjunto, varones y mujeres, judíos, gentiles y cristianos

Levadura de mujer.

De nuevo se compara el Reino con algo familiar y sencillo, el Hijo de Dios, Jesucristo, que actúa como nuevo sacerdote de la eucaristía de la vida, representada por una mujer

Los varones criados de la parábola anterior…. Querían arrancar por la fuerza la cizaña, celebrando una eucaristía de guerra y de muerte de los supuestos enemigos… No sabían administrar las cosas de Jesús, soló arrancar y matar.

Pero esta mujer del pan con levadura…sabe fermentar, leudar,transformar la masa de la vida, sus tres partes, celebrando la eucaristía universal de Cristo, para las tres razas de la tierra (Sem, Cam y Jafet), pare las tres partes del mudo (Asia, África, Europa, América y Oceanía no se conocían)… Jesús quiso crear un reino universal de pan de vida de Eucaristía de Dios, por mano y fermento de mujer, pero  sacerdotes y soldados envidiosos, del imperio de Roma y del Templo de Jerusalén se lo han impedido hasta el día de hoy

           Quizá las cosas se pueden interpretar de otras maneras.. Yo he recogido por oficios dos o tres docenas de interpretaciones…. Pero ésta es la más evangélica, la más cristiana. Pero los señores de Dios y de la guerra (los arrancadores de pretendida cizaña) lo  han impedido hasta ahora…

  Ya sé que las cosas son complejas…. Que no todos los hombres son arrancadores de pretendida cizaña y matadores de pretendidos enemigos… ni todas las mujeres se amasadoras de pan de eucaristía…. Las cosas han cambiado. Algunos me han dicho que quizá es ya tarde. La mujer de hoy es la mujer del tiempo de Jesús… Pero creo que es tiempo de empezar

Reflexión final

  A lo largo de la tradición bíblica,  tanto la mujer como la levadra tienen un sentido ambivalente. Sin duda, la levadura es buena para fermentar el pan, pero, al mismo tiempo, se vincula con un tipo de impureza (desintegración) que la vuelve peligrosa. Por eso, los panes para la ofrenda de Dios son ázimos, sin levadura, como el de pascua, que no podía mezclarse con la levadura (masa fermentada del año anterior), de manera que cada año, tras la pascua, debía comenzar con nueva levadura (cf. Gen 19, 3; Ex 12, 8-20; 23, 15; Lev 2, 4; 8, 26; Dt 16, 3 Jos 5, 11 etc.). En ese último sentido emplea Pablo este símbolo, pidiendo a los creyentes que dejen «la vieja levadura de la malicia y maldad, para celebrar los panes ázimos, de la sinceridad y la verdad» (1 Cor 5, 9).

Conforme a esa parábola (probablemente de Jesús; cf. también EvTom 96), el pan del Reino de Dios (=de los cielos) no es ázimo (separado y sin fermentación peligrosa), sino que se compara precisamente con la levadura, peligrosa por su poder de transformación, pues fermenta la masa. Ésta es una de las imágenes más atrevidas de esús, pues separa el Reino de Dios del contexto sagrado del templo (donde se come pan sin levadura) y de la fiesta de pascua (también sin levadura), para situar el camino del Reino en el espacio y movimiento de la masa  de harina fermentada, leudada, por la levadura de vida y ampr, que aparecía en la parábola de la cizaña, que puede compararse con la levadura mala (frente a la buena del Reino). Pues bien, en contra de lo que sucede en la cizaña, la levadura aparece ahora como buena y necesaria, pues transforma la masa de trigo.

  El Reino de Dios se relaciona con una levadura que pertenece al campo de trabajo y experiencia de las mujeres que amasan el pan y aparecen por su biología (ritmos de menstruación) más vinculadas a la visión judía de la levadura, como campo que se juzga más propenso a la impureza. Pues bien, Jesús compara el reino con una levadura de mujer que puede fermentar la masa del pan, no para un servicio litúrgico (con panes sin fermentar), sino para la vida normal (como en las multiplicaciones), de pan con levadura.

Ciertamente el trabajo y signo de los varones sigue estando al fondo (ellos han dirigido el proceso de la agricultura, la siembra y cosecha). Pero el gesto final lo realizan las mujeres que introducen la “levadura” en la masa y así la fermentan, para cocer (hornear) el pan y volverlo comestible. Esta colaboración de las mujeres en el proceso y despliegue del Reino es fundamental por lo que aportan, con sus posibles riesgos, en línea de humanidad, pues el reino de Dios es imposible sin levadura de mujeres, pasando así del espacio sacral (templo, pan sin levadura) y del mundo de los sacerdotes varones (que juzgan a las mujeres impuras) al campo de las mujeres, en el centro de la vida, vinculadas al pan fermentado .

((Mateo recordará que hay una levadura mala, que es la doctrina de fariseos y los saduceos (16, 6-12), que consiste ponen el “reino de Dios” al servicio de sus intereses. En contra de ella, destaca Jesús esta levadura buena de mujer. El Reino pasa del mundo de los varones que emplean la religión al servicio de su interés y su miedo (por eso condenan lo que consideran impuro) al de las mujeres que amasan el pan con su propia vida)).

Junto a esos dos signos (levadura, mujer) hoy resulta más difícil comprender lo que significan las tres partes en las que la mujer divide precisamente la masa, para introducir la levadura en ella “hasta que todo fermente”. Pueden significar el cuidado que se pone en el proceso de la “fermentación”, que quizá es distinto en un contexto más judío y en otro más pagano. También puede significar plenitud… A mi juicio como he dicho signo de tres evoca no sólo la Trindad de Dios, sino las partes del mundo, los principios de la vida humana (cuerpo, alma, Espíritu…)

Sea como fuere, esa comparación del tres con la mujer y con la masa (hasta que todo fermente:) implica abundancia, en la línea del grano de mostaza sembrado por el hombre, que se hace un árbol grande, donde anidan los pájaros del cielo. El tres implica también diversidad, multiplicidad. Saduceos y fariseos (lo mismo que un tipo de cristianos) quieren sólo una única masa, una religión exclusiva, que se expresa en la condena y expulsión de los contrarios. Por el contrario, la mujer y la levadura nos sitúan ante un mundo de pluralidad, donde no hay sólo una masa (un judaísmo o cristianismo impuesto a todos), sino varias, procesos diversos de fermentación.

La mujer introduce el fermento en tres medidas de harina amasada . El dato es muy significativo, pues el saton (sa,ton) evoca una gran cantidad para un contexto familiar, pues equivale a unos 35 litros… Eso significa que la mujer amasa, fermenta y cuece (hornea) tres masas, que pueden producir uno 35 kilos de pan cada una, una cantidad evidentemente excesiva en un ámbito familiar de subsistencia.

 En EvTom 96 el Reino del Padre es como una mujer que puso un poco de levadura en la masa, haciendo así grandes panes, identificando el Reino con cada creyente, cada uno con su levadura interior. Por el contrario, en Q (Lc 13, 21) y de un modo especial en Mt 13, 33, el reino es semejante a la levadura de Dios (como la semilla de la parábola anterior), una levadura en manos de mujer.

  La levadura es única para varones y mujeres….y actúa por sí misma, pero está vinculada de un modo especial a la mujer, que sabe introducirla en tres porciones de masa, más que a los hombres sacerdotes (saduceos o fariseos) que no saben operar con ella.

  Las porciones de masa son varias, son tres, según el texto. Eso significa que la mujer del reino sabe operar en varias líneas a la vez, pues el fermento de Dios opera y actúa en cada una de ellas.

  Hasta que todo quede fermentado, pues hay una fermentación o transformación de la totalidad, en línea de mujer, más que de hombre. Ciertamente, Mateo sabe que un tipo de organización de la Iglesia está en manos de varones, especialmente de Pedro (16, 18). Pero la transformación del Reino está ligada al gesto de la mujer que introduce el fermento de Dios en las tres medidas de harina, que son un signo de la humanidad.  Por el fermento de tres mujeres (Magdalena, María la de Santiago Juan, madre de Jesús, y Salome) empezó la iglesia

Corpus 2025

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