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Fin de locos, Apocalipsis. Los locos tienen razón, pero sólo la suya (la de otros al infierno)

   Cuando quiero entender la política y no logro (incluso la de cierta iglesia), vuelvo al Apocalipsis. Tampoco me gusta, pero entiendo.

La estirpe del Dragón (el gran loco).

Los locos de la política y economía actual (como los dragones,  bestias y prostitutas del Apocalipsis), tienen razón, pero sólo la suya; sólo la suya, eso es la locura, es la maldad: No entender ni amar la razón de los otros.

Para entender lo que pasa en el mundo (dragones, bestias y prostitutas) he vuelto a leer el Apocalipsis (de Ap 12-13 a Ap 13). No es que me diviertas, al contrario, me aterra. Pero, al menos, entiendo algo.

Siga leyendo conmigo quien quiera entender. Lea a pecho el libro del Apocalipsis. Si se le hace difícil seguir, lea lo que he puesto a continuación, tomado de antiguos intérpretes cristianos. Buen finde, que no sea por ahora fin del mundo. 

[Principio]: El Dragón) se puso en pie sobre la arena del mar (12, 18).

[Agente 1º] . Y salió del mar una Bestia: con diez cuernos y siete                                cabezas... (13, 1)

[Agente 2º].Y vi otra Bestia, subiendo de la tierra, con dos cuernos como      de Cordero... (13, 11)

                   Habíamos escuchado el lamento de los cristianos, amenazados por el Dragón furioso, sobre el mar y la tierra, (cf. 11, 12). Ahora descubrimos la razón: el Dragón había intentado apresar a la Mujer para matarla, o quizá para obligarle a pactar (a someterse), devorando a sus hijos y convirtiendo así la historia en círculo de muerte. De haberlo conseguido, no habrían sido necesarias Bestias (como en Ap 13), ni tampoco Prostituta (como en Ap 17), pues todo hubiera quedado dominado por el Dragón de muerte.

                   Pero la Mujer con sus hijos ha opuesto resistencia, manteniendo la confesión de Jesús (cf. Ap 12,11.17). Por eso, a fin de combatir de un modo personal social (eficaz) sobre la tierra, el Dragón ha debido buscar unos agentes que realicen  su tarea y que le representen en la historia; y para eso se ha "encarnado" (se ha manifestado y actúa) a través de la Bestia de Mar y la Bestia de tierra, que representan al Dragón y actúan con su fuerza sobre el mundo[1].

                   Muchos profetas (de Amós hasta Ezequiel) habían condenado los poderes imperiales, enemigos y opresores de Israel, insistiendo en el carácter opresor, violento, idolátrico, de los pactos y las armas militares y de las riquezas que destruyen a los pobres. En esa línea habían avanzado, de forma sorprendente, algunos textos apocalípticos como Dan 7 y 1 Henoc 83-90, que vinculan la perversión de la historia con figuras bestiales, de animales destructores, indicando así que los poderes del mundo que se divinizan a sí mismo son en realidad satánicos, ídolos de muerte[2].

Dos bestias

                   Pero nadie que se sepa había logrado describir esos poderes con la radicalidad y precisión de Ap 13, distinguiendo y vinculando, desde el Dragón original, dos Bestias, una que simboliza el poder político-militar (Roma como Imperio) y otra el ideológico-religioso (Roma como sistema de pensamiento y religión pevertida). De esta forma, el Dragón, que podía parecer una figura intemporal y extramundana aparece encarnado en unos poderes concretos, que por un lado se refieren al imperio romano, pero que, por otro, se expanden y pueden aplicarse a todos los sistemas de opresión y destrucción a lo largo de la historia. Estas son las Bestias que van a luchar contra la Mujer y sus Hijos, desde una perspectiva histórica y social:

Bestia del mar, ejército imperial (Ap 13, 1-10) encarna la perversión de los poderes político-militares que reciben su fuerza del Dragón, para combatir contra "el resto de la estirpe de la mujer", es decir, contra los seguidores de Jesús. Hasta ahora, ningún profeta había presentado con esta radicalidad el mal concreto, la opresión sistematizada, encarnándola de modo social en un imperio, como culmen y compendio de todos (Roma). Diversos textos hablaban de potencias sacrales destructoras, pero de manera general, como muestran los textos de Dan 2 y 7 (cf. 1 Hen, 2 Bar y 4 Es). Pues bien, el Apocalipsis ha visto y descrito a la Gran Bestia, identificándola en concretoel imperio de Roma, aunque después podrá aplicarse a los restantes imperios perversos de la tierra.

 Bestia de la tierra, inteligencia artificial: Propaganda para engañar  (13, 11-18). Ess la perversión profético-religiosa, encarnada en los sacerdotes y/o filósofos al servicio de la Bestia, funcionarios de su violencia social e ideológica (religiosa).   La Primera Bestia era el Poder militar del imperio. Pues bien, al servicio de ells ha surgido esta Segunda, que es la religión y/o conocimiento pervertidos. Nadie la había presentado de forma tan precisa, desarrollando y destacando con tanta nitidez la perversión de mentira, esto es, la opresión de una cultura (religión y propaganda, filosofía y educación, ideología) al servicio del poder de algunos y de la muerte de la mayoría. El profeta del Apocalipsis ha ofrecido en la figura y rasgos de este Segunda Bestia una radiografía descarnada y demoledora de la "inteligencia sacral" puesta (vendida) al servicio de la Primera Bestia. A su juicio, hay algo peor que las armas y conquistas militares: la falsedad organizada de aquellos que las justifican esas armas y conquistas para su provecho[3].

                   Estas dos Bestias (poder militar y religión, dictadura imperial e ideología) brotan del mar de occidente (Roma) y de la tierra de oriente (Asia Menor) y combaten al servicio del Dragón, contra la estirpe de la Mujer, es decir, contra la humanidad fiel (representada aquí por la iglesia).

Ellas constituyen un peligro real y muy concreto para las comunidades cristianas de Asia (a las que se dirige el Apocalipsis), pues quieren obligarles a participar de la vida, violencia e ideología del Imperio, tanto en el sentido más externo (orden cívico, intercambios económicos: 1ª Bestia) cono interno (vida religioso-cultural: 2ª Bestia). Ellas son una encarnación social del Dragón, que ya no actúa simplemente sobre el alto de los cielos, sino que ha descendido para combatir a los creyentes en la plaza y mercado de la tierra.

                   En ese contexto, ser cristiano implica oponerse a un tipo de política social e ideología de Imperio (que manipula y destruye todo), de manera que la Mujer ha debido escapar al desierto, soportando los ataques del Dragón. Pues bien, ese mismo Dragón, burlado pero aún no vencido, persiste en su intento de imponerse sobre la creación de Dios: por eso suscita estas Bestias, para luchar de forma  histórica y social, militar e ideológica  contra los hijos de la Mujer, que era fuente de vida. Lógicamente, esta Mujer fugitiva, perseguida y amenazada, es ante todo una realidad social, de manera que podemos precisar su identidad por la forma en que la atacan (en línea de imposición militar, marginación económica y engaño ideológico).  Pero, al mismo tiempo, ella se expresa en personas que luchan en contra de la mujer de cielo y de sus hijos.[4].

 Mujer del Dragón y las bestias Prostituta y perseguidora  (Ap 17-18)

                   Las dos Bestias de Ap 13, que reciben el poder del Dragón y persiguen a la Mujer (y a sus hijos), repiten en forma histórica el enfrentamiento primigenio de Ap 12, 1-5, desde una perspectiva política, social e histórica. Pero ellas no agotan la furia destructora del Dragón, que necesita todavía otra figura para realizar su obra y que por eso se "encarna" finalmente en el signo más concreto y fuerte de pecado, que es la Prostituta económica, política y personal del mundo, la perversidad en forma femenina. De esa manera se oponen las dos mujeres (que son las dos “ciudades” enfrentadas, una de Dios (loa perseguidos), otra de pecado (los perseguidores)

Por un lado está la ciudad de Dios que se manifiesta en los perseguidos. En esa línea, como destacaban los textos anteriores (Ap 12‒13), la Madre celeste ha venido a expresarse en la historia a través de la Mujer perseguida, que es la Iglesia (humanidad) fugitiva en el desierto. Como expresión positiva de la mujer‒madre del principio, esa mujer era semilla y germen de amor, y así aparecerá al final, plenamente, como Novia del Cordero.

Por otro lado está la ciudad perseguidora, prostituta económica (Ap 17). Es la Mujer perversa, la “amada” de las bestias, emporio central de todas las riquezas, mercado donde se compra y vende todo. Ella aparece así como expresión y cumplimiento del sistema de poder perverso que el Dragón intenta elevar sobre la tierra, en forma de perversión político‒económica encarnada en la ciudad del Roma.

                   La Mujer‒Ciudad Prostituta puede defenderse, diciendo que ella representa el orden social y garantiza la riqueza y comercio entre los pueblos. Muchos filósofos y sabios del imperio la llamaban Diosa y la veneraban, quemando en su honor  aromas e incienso. Incluso Jesús pudo haber dicho "dad al César lo que es del César…”, identificando de algún modo al César con la ciudad de Roma. Por su parte, Pablo (o el autor de la glosa de Rom 13, 1‒7) aceptó la autoridad de Roma, diciendo que es preciso someterse a su poder, pues Dios le ha dado su espada, para mantener el equilibrio económico y militar del mundo  y cobrar con razón los tributos.

                   A pesar de ello, el autor del Apocalipsis la ha condenado,  como aliada de las Bestias, encarnación socio‒económica del Dragón sobre la tierra. Es muy posible que este pasaje de condena tenga elementos de exageración, pero resulta sobrecogedor y certero: El profeta ha visto y destacado algo que normalmente no vemos: El riesgo de un sistema que se diviniza a sí mismo sobre bases de imposición y engaño (bestias), encarnándose en un orden político que expulsa y niega a los disidentes y contrarios, condenando a muerte a los pobres, y actuando de esa forma como prostituta. 

                   La maldad de las Bestias anteriores (Ap 13) desemboca y se condensa así en la Prostituta, que recibe de ellas su poder y quiere presentarse como Diosa (un tipo esposa/falsa del Dragón), siendo en realidad la madre de los prostitutos de la tierra, es decir, de todos los que, en un sentido u otro, se venden por influjo social o dinero. Ella es también compañera (falsa esposa) de la Bestia Primera en la que monta, siendo, al mismo tiempo, la expresión femenina de la Segunda (sistema de engaño) y compañera terrena del Dragón expulsado del cielo. De esa manera, la prostituta, aliada y delegada de las Bestias, representa el despliegue más alto del mal de la tierra, que ha venido a reflejarse en Roma: la perversión que se cierra en sí misma, divinizándose en forma política y social, religiosa y económica como anti-trinidad femenina[5].

Política imperial. El mundo de la prostituta

‒ La prosttitues es madre anti-madre, aliada del  Dragón. Así se opone a la Mujer fiel de Ap 12, 1-5 y de un modo más concreto a la Fugitiva y Perseguida de 12, 6.14. Esta mujer invertida engendra para el Dragón, que mata lo engendrado. Es violencia hecha Ciudad, sistema donde la opresión culmina y se concreta en la historia y economía de Roma.

‒ Es mujer, hija y aliada del Dragón, revelación mundana perversa (femenina) del poder de las bestias del mar y de la tierra (Ap 13), en línea político-militar e ideológica.

-Es finalmente, el  Espíritu perverso, prostituta definitiva del Dragón. Se ha vendido a la Bestia de Roma, en matrimonio de conveniencia violenta, persiguiendo por ello a los fieles de Cristo, es decir, a los que no quieren adorarla. No es novia para el amor, sino mujer para la muerte, pues vive y se eleva oprimiendo a los otros, en contra de la Novia del Cordero, Esposa fiel, amor gratuito y permanente (cf. 17, 14; 18, 7). Ella es el Anti-Espíritu Santo

                   Desde ese fondo se entiende el despliegue de sus rasgos. Ciertamente, en sí misma no es varón ni mujer. Pero, significativamente, desde una antigua tradición israelita, el texto la presenta de manera femenina, como ciudad infiel o anti-esposa (con lo que eso supone de más altaperversión). Culminando la maldad de las Bestias simbólicamente masculinas (aunque en griego sean neutras: ta theria), se eleva esta Ciudad representada como Mujer prostituida, al servicio del dinero:

1. Es la Prostituta Imperial (Pornê: Ap 17, 1-2), que los lectores identifican con la Ciudad imperial, que ha convertido todo lo que existe en objeto de precio. Un mercado donde nada vale en sí, sino para el negocio: eso es ella. Es el Poder que se ha vuelto prostitución o, a la inversa, la prostitución hecha poder: así recibe el poder que le ofrecen las Bestias y de esa forma domina a los Reyes de los pueblos, poniéndolos a su servicio; así emborracha a los habitantes del mundo, haciéndoles beber su vino de olvido y muerte (cf. Ap 17, 2). De esa forma engaña, de manera militar (como la Bestia 1ª), sin acudir a propagandas de tipo ideológico (como la Bestia 2ª), sino utilizando la seducción del dinero (promete riqueza a los reyes) y el placer (emborracha con su vino a los incautos), empobreciendo y matando a los pobres de la tierra. Dinero y placer, sexo mercantil y vino: estos son sus signos y poderes.

2. Es Reina sentada (=entronizada) sobre la Bestia escarlata (17, 3). Al principio del texto la vimos sentada sobre las Aguas caudalosas del mar satánico (17, 1; cf. Ap 13, 1), que son los pueblos, naciones y lenguas: la totalidad de poderes del mundo en los que se asienta y domina la Mujer. Pues bien, aquí se añade, en otra perspectiva, que ella ha subido y cabalga sobre el trono de la Bestia de violencia militar de Ap 13, 1-10: no tiene su sede junto a (en el) Trono de Dios, como el Hijo vencedor (12, 5), sino en la Bestia. Sobre sus lomos cabalga, sobre su poder de destrucción se sienta. Bestia y Mujer se vinculan de esa forma, pero no en abrazo matrimonial gozoso y gratuito, de enriquecimiento personal, sino en contrato de manipulación: la Bestia utiliza a la Mujer-Ciudad, para conquistar de esa manera el mundo, con apariencia de cultura y orden; la Mujer cabalga sobre la Bestia, vendiendo su amor como Prostituta, para engañar a los pueblos de la tierra.

3. Es Diosa falsa (Ap 17, 4). El lector podía esperar el triunfo de Roma como un despliegue de jinetes victoriosos o como expresión de una Diosa de justicia que extiende un orden de paz sobre la tierra (cf. Ap 6, 1-6). Pues bien, el Apocalipsis responde que la Diosa Roma es una simple y perversa Prostituta, que se vende al poder del dinero y cabalga sobre lomos de la Bestia. Está vestida de honor sacerdotal, como Reina y Señora del mundo, de púrpura y escarlata, con oro y pedrería, sentada en seña de honor (Ap 18, 7.16), como si pudiera conceder sus favores a todos los habitantes de la tierra. Pero ella sólo busca placer y riqueza: con todos se vende, a todos utiliza, para elevarse a sí misma. Por eso puede alzarse mucho, pero es simple apariencia destructora, diosa falsa: expresión de maldad, pecado que se encarna en unas instituciones de opresión, en la Ciudad del mundo Por eso, quienes quieran aceptarla (como podía hacer Jezabel) han de saber que lleva en su mano una copa de muerte. Ha logrado su poder engañando y matando a los demás. No es diosa, como quieren sus devotos, ni autoridad neutral, sino poder de muerte: ha creado una religión imperial al servicio de sí misma, matando a los pobres[6].

                  Esta es Babilonia, Madre de los prostitutos y abominables de la tierra (Ap 17, 5). Babilonia la Grande, la Ciudad y Torre que quiso elevar su poder sobre los cielos, sufriendo así el gran rechazo de Dios (cf. Gen 11, 1-9), capital del imperio que en otro tiempo destruyó a Jerusalén y cautivó a sus hijos, los judíos (el 587 a. de C.). Ella es ahora Roma, que quiere elevarse como Diosa y Madre, siendo simplemente prostituta. Se le puede llamar madre, pero no como dadora de vida, sino todo lo contrario, como signo y principio de muerte, al servicio del Dragón. Por eso, siembra su mala su semilla en todos los "prostitutos y abominables" de la tierra, es decir, a los que se imponen por la fuerza a los demás y les engañan, como ratifica la parábola del trigo y la cizaña de Mt 13.

                 Ésta es la reina asesina, la que mata a todos los demás para vivir ella. Toda la gloria y el poder de Roma culminan en el asesinato… Es el principio del poder militar de muerte, la falsa sabiduría profética, la religión, el dinero, todo al servicio de la muerte de la muerte de los contrarios, en borrachera de destrucción. Por eso, dice el texto que ella se ha embriagado con la sangre de los santos. Está loca y borraca: vive de matar, bebiendo la vida de los fieles. Rlla puede identificarse con Mamón, el anti‒Dios (cf. Mt 6, 24), la humanidad que niega a Dios, negándose a sí misma, para terminar convirtiéndose en muerte[7].

  El juicio de la prostituta (Ap 18-19)

                   El relato anterior de tipo profético (Ap 17, 1-6), nos permite describir   los pecados de la Prostituta Perseguidora, frente a la Mujer Perseguida de Ap 12, 6-17, tal como aparece en el canto de gozo del cielo por la caída y destrucción de la Ciudad perversa (Ap 18, 1-19, 8).  

                   Jesús había ofrecido su sangre como don, había regalado su vida en favor de los demás, como recuerdan con tonos eucarísticos diversos pasajes del Apocalipsis (cf. 1, 5; 5, 9; 12, 11; 19, 13). Pues bien, invirtiendo ese signo cristiano, esta Ciudad lleva en su mano una copa o Cáliz de Oro (potêrion khrysoun: Ap 17, 4), pero no con un vino de amor y/o de sangre de entrega gozosa en favor de los demás, sino con la sangre de los inocentes que la Ciudad ha derramado para triunfar y elevarse sobre todos[8].

               Al interpretar la historia y sociedad de este manera, el Apocalipsis no está aludiendo a una experiencia religiosa separada de la vida de los pueblos, ni se ocupa de pequeños desajustes personales, sino que está condenando desde el evangelio la perversión de la humanidad que, por vez primera, puede verse como un todo, que se expresa y condensa de un modo privilegiado en Roma, como estructura de poder sacralizado al servicio de los comerciantes (compradores y vendedores de muerte) como expone Jesús en su parábola de los compradores y vendedores: Mt 22, 1-10; Lc 14, 16-24 y Evangelio de Tomás 64[9].

- Conforme a la versión de Lucas (tres escusas de los labradores-comerciantes …) tiene un hondo carácter económico y debe entenderse en un sentido “muy material” (es necesario dejar todo… o ponerlo al servicio del Reino, en ragalo de vida). Mateo, en cambio, la convierte en una alegoría, dirigida primero a los invitados de origen judío, y luego a todos los pueblos (misión universal), con un tinte apocalíptico, que incluye la más dura amenaza contra aquellos que han rehusado la llamada en e Dios (de la vida) por negocios y dinero.

-  Esta parábola (convertida por Mateo en alegoría del banquete/riqueza de Dios) sorprende por su llamada a la totsl gratuidad. El rey invita a los hombres y mujeres a su fiesta (fiesta de su Hijo) y no impone ninguna obligación a los llamados. Simplemente quiere honrarles, pidiéndoles que compartan su alegría, aunque corre el riesgo de ser rechazado, por motivos de tipo sino social y económico (campo, bueyes, matrimonio) más que religioso. Los invitados no aceptan la llamada porque están ocupados en sus campos y negocios, en problemas de trabajo y dinero, como Mateo ha supuesto desde 19, 16 ss (joven rico) y 6, 24 (Mammón), y como Lucas ha venido mostrando en todo su evangelio.

La versión del evangelio de Tomas  es la más radical de todas, la que en un sentido parece más cercana a Jesús, pues culmina con un rechazo total del Dinero, con lo que implica de condena la la “religión económica” (Mt 6, 24: No podéis servir a Dios y al dinero”. Por eso, el comentario de Jesús culmina en la condena de comerciantes y mercaderes: Comerciantes y mercaderes no entrarán en los lugares de mi padre. (Ev Tomas 64)[10].

Los primeros en llorar serán los mercantes, comerciantes de sangre

     De un modo especial se lamentan y gritan los comerciantes, que habían aprovechado el orden imperial para convertir la Ciudad y el Orbe en un mercado de pura compraventa o prostitución legalizada, robando y destruyendo así a los pobres. Cada cosa tenía en ella un precio y se podía conseguir pagando el precio correspondiente, como indica esta lista de bienes de venta y consumo (Ap 18, 11-13). En esta línea avanza el Apocalipsis, que no sólo condena el despliegue de la vida como negocio, sino que presenta el llanto de comerciantes (mercaderes) como expresión del infierno, esto es, del fracaso de la vida humana, de los hombres como destructores de la obra y vida de Dios:

Los mercaderes de la tierra llorarán y harán duelo por ella (Roma),

 porque ya nadie compra sus mercancías: 

mercancías de oro y plata, piedras preciosas y perlas; de lino, púrpura, seda y escarlata, toda clase de madera aromática,

 objetos de marfil, instrumentos de madera preciosa, de bronce, hierro y mármol; cinamomo y plantas olorosas, perfumes, mirra e incienso,

vino y aceite, flor de harina y trigo, vacas y ovejas, caballos y carros, cuerpos y almas humanas (Ap 18, 11-13)

      Ésta es la lista de bienes que ofrece el Sistema a quienes quieran disfrutar sus beneficios; ella empieza con el oro y acaba en los seres humanos, incluyendo las cosas que pueden comprarse y venderse, incluidos los cuerpos y almas de los hombres. Roma ha creado un espacio de rica libertad pero sólo para los ricos, convirtiendo el amor en compraventa y la vida en objeto de cambio y consumo, esclavizando de esa forma a todos los pueblos. Por eso, cuando la Ciudad se va quemando, lloran sin remedio los comerciantes, pues su "negocio" de robo legal y universal, vinculado al sacrificio, que señalábamos atrás ha terminado.

      La caída de Roma significa el fin de un "orden" económico montado sobre el “libre” intercambio de bienes para servicio de los poderosos y para opresión de los débiles, dentro de un Sistema sacral que se diviniza a sí mismo a costa de la expulsión y muerte de los que no pueden imponer su fuerza. El pecado de esta Ciudad no es un gesto ocasional, sino todo el sistema. Su misma estructura social, su economía de base es Pecado. Por eso, para bien de los pobres y de todos los humanos, es necesario que Roma sea destruida.

                   Pues bien, frente al Sistema de opresión y esclavitud (robo legal) que es la Ciudad del mundo se eleva el signo de la Madre-Mujer perseguida, que no puede establecerse en forma de Ciudad imperial a lo largo de la historia, pues no utiliza armas de sangre-opresión y robo. El Apocalipsis no plantea, según eso, una lucha homogénea o de magnitudes equivalentes entre la Ciudad y la Mujer, sino un enfrentamiento de realidades inversas.

- La estirpe del Dragón, que culmina en la Ciudad imperial tiene el poder de la sangre-muerte (asesinato) y del dinero, y de esa forma parece dominar de una manera indiscutida sobre el mundo (cf. Gen 3, 15).  Todo en ella es compra-venta, todo es negocio de muerte.

- La estirpe de la Mujer no tiene dinero alguno, no compra ni vende nada, todo lo regala, todo lo comparte, no puede haber en ella negocio alguno. Ella no tiene más “negocio que el don de su vida, su sangre al servicio de los demás   (cf. 12, 11).

                   A partir de aquí, contará Apocalipsis la historia de esa guerra en la que, conforme a la lógica de Jesús, los sacrificados y expulsados de la historia triunfarán muriendo sobre el mundo. Esta es una "historia" que, por una parte, apela al "más allá" del tiempo actual, es decir, al fin del drama de este mundo que empezó con la persecución del Dragón y la huida de la mujer, y que culminará cuando lleguen los cielos nuevos y la tierra nueva de la creación definitiva (cf. Ap 21, 1ss); por eso, en este tiempo de Roma y de las Bestias no queda otro remedio que la resistencia. Pero, en otra perspectiva, el Apocalipsis sabe que los fieles de Jesús pueden y deben buscar en este mismo tiempo un orden nuevo de fidelidad, expresado en la derrota de la Prostituta y de las Bestias, en el signo del Milenio (cf. Ap 20, 6).

     Ese Milenio sin Prostituta-Bestias forma un horizonte necesario de esperanza (para mantener la promesa profética de la justicia sobre el mundo), pero no puede traducirse en un Orden político o social de imposición y violencia organizada. Por eso, la figura de la Mujer buena que se opone a lo largo de este tiempo a la mala Prostituta no es una Iglesia o un Estado bien establecido y poderoso, en línea de poder del mundo, sino una comunidad confesante de fugitivos y perseguidos, en los márgenes del mundo. De esa forma, el Apocalipsis nos traslada del centro mentiroso y opresor (de Roma) a la periferia de los hombres, al lugar de la verdad de los auténticos creyentes, que puede estar simbolizados por la Iglesia de los perseguidos, a lo largo del milenio final de la historia[11].

     Este es el sentido más hondo del signo eclesial, que un cristianismo católico ha concretado en la Virgen María, oponiéndose al Sistema de la Prostituta, que domina sobre el mundo con la ayuda de las Bestias. Este es el signo de la Mujer-Humanidad fiel, que mantiene el testimonio de Jesús (el evangelio de la vida) y no mata a los demás para vivir, sino todo lo contrario: es el testimonio de la Mujer que, manteniéndose en la persecución, puede caminar y camina hacia las bodas finales, superando el orden de un sistema (Ciudad) que se funda en el asesinado y robo estructurado.

Mujer prostituta. Imperio universal de opresión

                  Conforme a lo anterior, la Prostituta (que quiere presentarse a sí misma como Diosa) es signo y principio de un sistema de opresión social, que se expresa en Roma como Ciudad que ha triunfado y se mantiene por el asesinato y robo legal (sacralizado: para bien del imperio). Por el contrario, la Mujer perseguida de Ap 12, 6-17, que no quiere hacerse Diosa, representa a todos los que no ponen el fruto de su vida (y su misma vida) en manos del Dragón (cf. 12, 1-5), sino que la entregan y se entregan por amor, en favor de los demás, en gesto generoso de donación personal y comunicación de bienes, que se expresa simbólicamente en el milenio, que es el triunfo de los sacrificados de la historia (cf. 20, 1-4)[12].

                     Esta Mujer Prostituta aparece en el Apocalipsis como signo y compendio de todos los males, Sistema de Pecado, economía al servicio del poder. Difícilmente se podría haber hallado un simbolismo más intenso, una crítica más honda de la institución imperial, interpretada como estructura de perversión organizada, en la línea del templo de Jerusalén, que el mismo Jesús definió como cueva (sacral) de bandidos, legalizados para robar mejor en nombre de Dios (cf. Mc 11, 17, con cita de Jer 7, 11).

                     La mayoría de los filósofos y sabios de aquel tiempo (a finales del siglo I d.C.) cantaban a Roma como Diosa eterna (Cudad  inmortal), pero el Apocalipsis afirma que ella es una simple Prostituta y que se encuentra condenada a muerte. Detrás de su ropaje y misterio sólo hay vulgar prostitución político‒económica, al servicio de la muerte  que terminará destruyéndola muy proto. Pues bien, de un modo sorprendente, en este contexto, descubrimos que no es necesario que descienda Dios para destruirla, pues lo harán sus mismos falsos amantes- Así la describe el Apocalipsis:

- Descripción. Las siete Cabezas (de la Bestia) son siete montañas donde se asienta la Mujer... Los diez Cuernos que has visto son diez reyes..., que darán su fuerza y poder a la Bestia... (Ap 17, 9-13; cf. 17, 3). Las aguas que has visto, sobre las que está sentada la Prostituta, son pueblos, muchedumbres, razas y lenguas.

- Destrucción. Y los diez Cuernos que has visto y la misma Bestia despreciarán a la Prostituta, la convertirán en desierto, la desnudarán, comerán sus carnes y la convertirán en pasto de las llamas. Porque Dios les ha inspirado para que cumplan su Consejo: que tengan un único Consejo y entreguen su reino a la Bestia, hasta que se cumplan las palabras de Dios.

Identidad.  Y la Mujer que has visto es la Gran Ciudad, la que domina sobre los reyes de la tierra (Ap 17, 15-18)

                    En la escena anterior (Ap 17, 3‒8), la Prostituta se hallaba vinculada con las Bestias y los reyes del mundo, en simbiosis de egoísmo y sangre, de violencia y mentira que podía parecer eterna. Pues bien, ahora se rompe esa simbiosis: quiebra la identidad anterior, que podría compararse con la cueva de ladrones del templo de Jerusalén (Mc 11, 17), de manera que el matrimonio de prostitución de la Mujer‒Roma con los reyes y las bestias viene a convertirse en expresión de violencia y guerras, de forma que los mismos amantes de la prostituta se elevan con rabia contra ella, para destruirla, después de haberla utilizado. El autor del apocalipsis ha descubierto y contado de esta forma la verdad oculta del sistema perverso que se destruye a sí mismo: no hace falta que vengan poderes exteriores; la misma estructura de prostitución lleva la muerte dentro de sí misma.

                    La Prostituta tenía su trono en la Bestia de siete cabezas (colinas de Roma) y ejercía su poder sobre los pueblos de la tierra, reflejados en las aguas de su río (o del mar de pueblos en los que se asentaba su poder). Ella era un sistema bien trabado por lazos de intereses y dinero. Pero de pronto se rompen esos lazos (que no eran de amor, ni de fidelidad, sino de puro interés y violencia), y el "orden" anterior se desordena, sin razones exteriores, como una bomba cuando estalla, como el tiempo cuando acaba.

                     La Ciudad era orgullo del mundo, "perla " de la historia; siglos y siglos habían tardado las bestias y reyes en labrarla. Pues bien, de pronto (sin razones que puedan razonarse), Bestia y reyes del mundo (que habían disfrutado de ella) se elevan y se juntan para destruirla, desvelando así un secreto de Dios, expresando una verdad que se halla escrita en la misma entraña de violencia del sistema[13].

                     Dios les ha inspirado este consejo. Parecía que se hallaba ciego y sordo, dejando que la tierra se destruyera en manos de las Bestias y la Prostituta; pero ahora descubrimos que él mismo ha ido guiando los caminos hasta inspirar este "consejo" en las Bestia y los Reyes: que se unen con violencia en contra de la Ciudad que ellos mismos han construido sobre bases de mentira. Este "consejo" está inscrito en la misma dinámica del amor perverso de bestias, reyes y prostituta.

                     En el fondo del amor que bestias y reyes muestran por ella no hay más que conveniencia y odio; la prostitución lleva en sí misma un dinamismo de violencia destructora. Lógicamente, aquellos que la amaban por conveniencia, amando por ella a la muerte, acaban por matarla, realizando así con ella eso lo que por y con ella han aprendido y ejercido. Este no es un “consejo” que brota directamente de Dios, como parece decir el texto (pues Dios es sólo amor), sino unl pensamiento y decisión de muerte que brota de la falta de Dios, pues Dios es vida.

                      Paroxismo del mal. La Ciudad tenía (parecía tener) una grandeza impresionante, capaz de unificar a hombres y pueblos para mantener de esa manera el equilibro del mundo. Por eso, ella inspiraba en Juan un sentimiento de horror admirado. En un plano externo, la misma Ciudad parecía un "baluarte" contra la invasión de los poderes perversos, como quizá evoca el signo apocalíptico del katekhon o realidad que impide por ahora el despliegue total de la maldad sobre la tierra (cf. 2 Tes 2, 6-7).

                   Ella, la Ciudad, era de alguna forma una barrera, un impedimento de ley y justicia mundana, contra los poderes totalmente irracionales de lo malo, como supone quizá el mismo Pablo (cf. Rom 13, 1-3). Pues bien, ahora, en un momento de paroxismo, la Bestia y los Reyes, se elevan directamente contra ella, para matarla, quemarla y comerla, mostrándose así totalmente perversos, poniendo así el poder, directamente, en manos de la Bestia, esto es, de la pura violencia, sin intermediarios ni sistemas que pudieran parecer legales, como el de la Prostituta[14].

                   3. Ritual de destrucción, ruina completa. La Prostituta Roma era un Sistema total de opresión, una Ciudad organizada sobre bases de violencia (montada sobre la Bestia), pero tenía al menos un tipo de legalidad: Ofrecía una cobertura económica y social para algunos estamentos del imperio, de manera que muchos agradecían su asistencia. Pues bien, al fin de un largo período de prostitución, los mismos poderes del mal que la habían utilizado, prostituyéndola (Bestias y Reyes) se elevan en contra ella en gesto de asesinato fundacional y definitivo, siguiendo un rito que parece tomado del "ajusticiamiento" de una adúltera: se la desprecia y desertiza, se la desnuda y quema, para comer después su carne[15]

Los diez Cuernos que has visto y la Bestia despreciarán a la Prostituta,

la convertirán en desierto, la desnudarán, comerán sus carnesy la convertirán en pasto de las llamas.                  

Los asesinatos anteriores parecían tener un sentido: servían para establecer el orden de los triunfadores, en forma de "sistema legal" o ciudad. Este, en cambio, no tiene ya sentido racional alguno: "los reyes de la tierra entregaron su poder a la Bestia", poniéndolo en manos de la pura destrucción. Antes, la Ciudad podía servir de "contrapeso", como signo de cierta racionalidad humana, en medio de la gran violencia (como supone la elegía: 17, 1-19, 8). Roma   había logrado  “crear” un Estado y Religión, de violencia y mentira, una Ciudad organizada al servicio de la muerte. Pero ahora, destruida la Ciudad, con su política y religión   impositiva, llega el puro caos: la violencia de una Bestia que es pura violencia, el paroxismo de la muerte que se destruye a sí misma, sin racionalidad alguna.

                   

NOTAS

[1] A pesar de su carácter social, los signos anteriores (Ap 12) podían parecer elaboraciones gnósticas y espiritualistas sobre el bien y el mal del mundo, reflejados en Mujer y Dragón. Por el contrario, lossignos que siguen (las dos Bestias) nos sitúan sobre el suelo concreto del mundo: el pecado del Dragón se expresa la violencia y mentira del imperio.

[2] Cf. P. Jaramillo, La injusticia y la opresión en el lenguaje figurado de los profetas, Estella 1992; X. Pikaza, Dios judío, Dios cristiano, Estella 1996, 259-277.

[3] Estas dos Bestias (con la Prostituta que viene después) encarnan el pecado fuerte (o central) de la humanidad, tal como he mostrado en Antropología bíblica, Salamanca 2005.  

[4] A través de las dos bestias (y de la prostituta o mujer perseguidora), el Apocalipsis ha evocado el "orden" de un imperio mundial donde todo se encuentra estructurado en forma militar (1ª Bestia) y cultural (2ª Bestia). Pues bien, ese orden que los filósofos de Roma juzgaban divino y sagrado (ha extendido un orden "racional" por todo el mundo conocido), es para el Apocalipsis un signo del Dragón, sobre la opresión militar, la expulsión de los disidentes (cf. quien al exilio al exilio, quien deba morir muera: 13, 10) y la prostitución económica, como seguiré indicando.

[5]He ofrecido un estudio razonado y extenso del tema en Dios y el dinero. Teología y economía,   Santander 2019. Cf. H. Schlier,   Mächte und Gewalten nach dem NT en Id., Exegestische Aufsätze und Vorträge,   Freiburg 1964.

[6] Vestido y adornos, que aquí aparecen como pecado, vendrán a mostrarse después (cf. Ap 21, 2.9-21) como señal de gloria de la esposa, plenitud de la Ciudad escatológica. Ciertamente, el profeta no se opone al vestido y las joyas en sí, sino a la forma de adquirirlas y emplearlas y así aparecen en el texto (15, 4) como signo de engaño y de muerte.  

[7] Roma no es una ciudad neutral, que deja en libertad a los creyentes, sino un imperio y sistema de prostitución, que les obliga a vivir de engaño, en gesto de violencia y robo. Ciertamente, él no analiza el tema en clave socio-política, sino religiosa; pero su análisis contiene elementos económico-políticos muy hondos.He desarrollado el tema en Dios o el dinero. La economía de la Biblia, Sal Terrae, Santander 2019. Sobre el sentido de Roma-Babilonia en Ap y en el cristianismo primitivo, cf. K. Wengst, Pax Romana and the Peace of Jesus Christ,   Londres 1987; A. Y. Collins, The Combat Myth in the Book of Revelation,   Missoula MO 1976.

[8] Este asesinato político no consiste en matar por error o pasión, o de un modo ocasional, sino por necesidad sacral, de manera que la prostituta asesina lleva en una copa de culto religioso la sangre de los asesinados: Vive de beber esa sangr  inocentes, como el Vampiro Dragón de Ap 12, 4. Según eso, ella no tiene otra realidad ni oficio que matar y alimentarse de la vida de los otros y justifica su pecado, diciendo que así impone y mantiene el orden divino sobre el mundo.   

                    La Ciudad Roma aparece así, por tanto, como religión y política de muerte  De esa forma se alimenta y diviniza a sí misma, llevando hasta su culminación la lógica de todos los sacrificios de la historia religiosa del poder: Se eleva a sí misma abajando a los demás, vive de oprimir y matar a otros, como máquina refinada y malvada de aniquilación sacral, conforme a una experiencia que la tradición sinóptica ha centrado en Jerusalén, diciendo que caerá sobre ella "la sangre de todos los asesinados, desde el comienzo del mundo"(cf. Mt 23, 35).Pero sobre los pecados personales se eleva el pecado universal de la prostituta Roma, poder imperial sobre el mundo.

[9] He desarrollado el asesinato de Jesús como "compendio de todas las muertes" y pecado original en Antropología Bíblica, Sígueme, Salamanca 2005.

[10] El tema de entrar o no entrar en el Reino aparece en diversos lugares del NT, desde 1 Cor 6, 9-10 (no entrarán los injustos…), pasando por Ef 5, 5 (los fornicarios, avaros…), hasta Ap 25, 15 (los perros, hechiceros…). En un contexto distinto, Mt 18, 3 par habla de “hacerse niños” para entrar en el Reino. Para el trasfondo griego de EvTom, cf. R. Kasser, L’Évangile selon Thomas, Genève 1961 90. Para situar el tema de la parábola en el conjunto de los evangelios, cf. J. S. Kloppenborg, Q parallers, Sonoma CA 1988. Esos “negociantes” aparecen así como personas que compran (son agorastai, hombres de mercado, se esfuerzan en adquirir y tener: casas, fincas) y viven del comercio (son emporoi: mercaderes). A ellos se refiere, por ejemplo la parábola de Mt 13, 45, que habla de un anthropos emporos, comerciante en margaritas de valor. Tanto en esta parábola de Mateo, como en la anterior (Mt 13, 44: tesoro escondido en el campo) se alude a la exigencia de “venderlo todo” (=quedarse sin nada de dinero), para comprar así el campo del tesoro o la misma margarita, superando de esa forma un tipo de economía (venderlo todo) para iniciar una diferente (comprar el campo del tesoro o la perla).Cuando el EvTomás habla de hombres que compran y negocian con dinero, añadiendo que no entrarán en los lugares del Padre (el Reino), está evocando la necesidad de un intenso cambio personal y social, económico y religioso. No se trata de portarse mejor o peor, de un modo más leal, con más o menos justicia, sino de superar el nivel económico del dinero (de las compras, del negocio). En esa línea, de un modo absoluto, EvTom 64

[11] He tratado del milenio en Apocalipsis, EVD, Estella 1999, 229-234. El motivo de fondo del milenio (el sentido del triunfo "histórico" de los sacrificados de la historia) constituye uno de los temas básicos dela teología y eclesiología a lo largo de la historia cristiana, como he mostrado en Apocalipsis: ¿fin de la historia o utopía cristiana?, Univ. Iberoamericana, México 1999

[12] De esa forma, el signo de la Mujer Celeste (Ap 12, 1-3) recibe forma social: es el signo de Mujer-Persona de amor, que se opone al asesinato y robo de la prostituta Roma, que compra y vende todo, al servicio de su dinero (es decir, de la muerte). Esta mujer es el signo de una humanidad que se mantiene fiel a Dios, en gesto de amor generoso y comunión humana, tal como ha venido a expresarse en el milenio (Ap 20, 1‒6), para culminar en las Bodas del Cordero (Ap 21-22).

[13] Vuelve así el mito de Babel (Gen 11), donde los constructores se enfrentan (no se entienden) y comienzan a expandirse por la tierra. El "mito" de nuestro texto es más fatídico y profundo: los mismos constructores de Babel (la Diosa-Ciudad) se elevan al fin contra ella, la matan y queman y comen, destruyéndose a sí mismos al hacerlo. El psicólogo y filósofo Michel Henry escribió en esa línea una preciosa novela (L'Amour les yeux fermés, Gallimard, Paris 1976) narrando la destrucción civil de una Ciudad perfecta: todo funcionaba bien en ella, pero todo en el fondo era mentira; por eso, un día emergen las contradicciones y la Ciudad se destruyó a sí misma.

[14] R. Girard, El Chivo Emisario,   Barcelona 1986, ha evocado el tema de fondo de la crisis mimética donde se destruyen todos los esquemas y modelos de ley, de manera que al fin sólo queda la violencia pura, la destrucción por la destrucción, que está simbolizada por la Bestia.

[15] En el fondo está la ley del “talión”. Pero este es un talión que se destruye a sí mismo. Reyes y Bestias habían podido apoyarse en la aparecen “justicia” de Roma. Ahora que la han matado han perdido toda posibilidad de mantener un tipo de justicia “aparentemente” racional; tienen que enfrentarse con la pura lucha, sin “razón” ninguna.

Baptisterio de San Juan de Florencia

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