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Mt. 20, 1-16. Parábola de los salarios: Un denario a cada uno, todos igual (20.7.26. Dom 25)

Suele llamarse parábola de los viñadores (de los trabajadores). Pero ese título es inexacto. La novedad de la parábola no son los trabajos (más largos o más cortos, más importantes o menos importantes, de ingenieros o braceros, en California, Mali o Rusia): Un denario/dinero para cada uno al día, lo que se necesita para vivir dignamente.

   Por eso protestan los que se creían defraudados (altos ejecutivos). Por eso tiene que defenderse el dueño, diciendo que no es el hombre para el salario, sino el salario para los hombres.

El argumento de base de la parábola es antiguo, aparece en el Tao de China y en culturas de la India y del entorno de la Biblia. Pero su mensaje concreto viene de Jesús, su formulación actual es de la iglesia de Mateo.

En general los cristianos posteriores de rango no han querido entenderlo y la economía y política actual lo rechaza con grandísimos argumentos, desde Silicón Valle a Pekín, de Rabat Roma. La iglesia ha tenido y tiene dificultad en aceptarlo. Podemos ser de cristiandad, pero no somos de evangelio.

 Parábola

El Reino de los Cielos se parece a un dueño de casa que al amanecer (=hora de prima) salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña. Salió otra vez a media mañana (=hora de tercia), vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo, y les dijo: Id también vosotros a mi viña, y os pagaré lo debido. Ellos fueron. Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde (=hora de sexta, hora de nona) e hizo lo mismo. 6 Salió al caer la tarde (=hora undécima) y encontró a otros, parados, y les dijo: ¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar? Le respondieron: Nadie nos ha contratado. Él les dijo: Id también vosotros a mi viña.

Cuando oscureció, el dueño de la viña dijo al administrador: Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros. Vinieron los del atardecer (hora undécima) y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Y recibiendo (el denario) se pusieron a protestar contra el amo, diciendo: Estos últimos han trabajado sólo una hora, y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el calor. Él replicó a uno de ellos: Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete… (Mt 20, 1-14)[1].

Primer comentario

 El texto evoca cinco grupos de contratados: al amanecer, a la hora tercia, sexta, nona, y finalmente a la caída de la tarde, aunque al final sólo habla de dos grupos: Los del amanecer (hora de prima)…, y los del final de la tarde (=hora undécima), cuando sólo quedaban breves momentos de faena. Pues bien, en contra de las normas laborales, todos reciben el mismo salario: Es decir, lo que necesita cada uno para vivir.

Los de la prima parecen judíos, que han estado en la viña desde muy antiguo, y que se sienten injustamente tratados porque el dueño les paga igual que a los que de nona sólo han trabajado una hora. Los trabajos son importantes, pero todos están al servicio del salario, que todos tengan para vivir. No es el hombre para el trabajo, sino el trabajo parael hombres[2].  

Los últimos, igual que los primeros (Mt 20, 16). Ante Dios todos son iguales y que nadie tiene ventaja sobre nadie (a no ser los niños y pequeños (Mt 18, 1-14; 19, 13-14), con aquellos que lo dejan y dan todo a los pobres (Mt 19, 16-29). En esa línea se dice que los últimos serán los primeros, sentencia con la que empezaba también esta parábola (19, 30), que es  

‒         En un sentido, esta parábola va en contra de una iglesia establecida (de tipo quizá judeo-cristiano), que no quiere que las nuevas iglesias (de paganos) tengan sus mismos derechos y su misma libertad mesiánica, como si siglos de buen judaísmo no hubieran valido para nada... que no quiere que cobren igual clérigos de misa y fieles de calle.

En contra de eso, el Jesús de Mateo defiende a los “trabajadores de la última hora”, que serían, en general, los pagano-cristianos, clérigos o laicos, superando el sistema de las diferencias salariales… Todos han de trabajar, porque el trabajo es de Dios, todos han de recibir lo mismo, lo que les vale para la vida.

           El salario no es para pagar méritos o trabajos… sino poder vivir, que todos pueda trabajar y que tengan un dinero-denario para ellos y para la familia, pues el texto supone que el de paga de gratuidad valga por igual para todas las familias del mundo[3].

Nuevo comentario. Diez principios:

1. La viña o finca es el mundo entero, para la humanidad entera, China o África, M España o Argentina. Todas las lindes o vallados son artificiales. El pensamiento o deseo de los hombres supera todas las lindes.

2. El dueño de la viña es en un sentido Dios….pero no un Dios separado, sino la humanidad entera, encarnación de Dios. El dueño o administrador de la viña somos nosotros, que tenemos aprender a pensar juntos, por el bien de todos.

3. Es bueno que haya lindes para mejor organizar y dividir pensamientos y trabajos, pero lindes para dialogar y enriquecernos, en línea de amor (matrimonios mixtos), de ayuda mutua.

4. Tenemos que encontrar y potenciar trabajos para todos, de hora prima y hora nona,  según las condiciones de tiempos, lugares y personas….   Trabajos que se ajusten a las condiciones campos, mares y montañas, enseñando a todos a trabajar, es decir, a potenciar su vida y disfrutar…. Consigo mismo y con los otros. Organizar trabajos y bienes es la primera tarea de Dios en los hombre, por los hombres

El dueño (los animadores de empresas y personas) tienen que salir de continuo a la plaza, es decir, al mercado, a todas horas, para potenciar y ofrecer trabajos al servicio de todos, por conocimiento directo y amor, no como turistas curio que miran por arriba, sino como hermanos, amigos y compañeros para disfrutar y conocerse.

6. El trabajo no es para disfrutar después con el salario de paga….  sino también para disfrutar también mientras se trabaja…y va pasando la vida. En ese sentido el mismo trabajo se puede convertir en gimnasia (quedar “desnudos” de otras ocupaciones en ejercicio corporal mental) y deporte (un tipo de competición gozosa y gratuita)

7. Ora et labora, trabaja y “reza”, como dice el programa de los monjes… Trabajos de todos y para todos, con interioridad, conocimiento y canto… Con momentos de gratuidad de encuentro con la naturaleza, con la propia interioridad con la comunión entre personas, en familia, en comunidades de vida etc.

8. El trabajo es para el salario… pero sin olvidar que el mismo buen trabajo o despliegue de la vida, en cuidado propio y cuidado por los demás es ya salario… El trabajo es lo que me permite dar, vivir dando, compartiendo, siendo en los demás y los demás conmigo

9. El trabajo de saber morir… Se da a los demás la herencia de nuestro trabajo. En ellos se resucita, como Jesús, pues el pensamiento, el amor, la vida no se acaba sino que semuda, no para ser otra vez, millones de veces lo que hemos sido, sino para ser de forma nueva…

10 . Dios es trabajo y descanso a la vez.. Pero de eso podemos tratar otro día

Conclusión.

 El mercado salarial (en línea de talión, ojo por ojo, diente por diene ) mide la recompensa por las horas y calidad del trabajo realizado (según quién y dónde lo realice). En contra de eso, esta parábola supone que salario es gracia, un denario, esto es, aquello que cada uno puede recibir, en línea de gratuidad.

De esa manera se supera la distinción por origen y por “calidad” de unos y otros (judíos y gentiles; de primera y última hora, blancos y negros, nacionales y extranjeros).

Eso significa que la división laboral (la diversidad de los trabajos) no es para ganar menos o más, sino para que cada uno exprese y realice lo que sabe y lo que puede, al servicio de los demás, de forma que todos reciban lo mismo, un “denario”, es decir, el equivalente al pan nuestro de cada día (cf. Padrenuestro: Mt 6, 11). Los trabajadores de la primera hora han calculado el jornal en términos de salario de mercado; pero, con gran escándalo, el amo paga a todos el mismo jornal: un denario.

 Salario y gratuidad. En el fondo del relato está el problema del salario y la justicia. Quizá hay también una disputa entre judeocristianos (obreros del día entero) y pagano-cristianos (de la última hora) ¿Es justo que todos reciben lo mismo? En términos de salario no es justo. Pero Jesús, con esta parábola y con toda su conducta, ha superado el nivel de la justicia legal, para situarnos en un plano de pura gratuidad, donde la vida es don para todos.

Más allá del salario...El denario, que ha empezado siendo un dinero material, viene a convertirse en signo de gratuidad y de participación de bienes. Es una expresión de don de Dios su gracia soberana, en clave de salvación. Hemos pasado del nivel de la obras de la ley al de la gracia (por utilizar una terminología paulina).Más allá de los cálculos y pagas, Jesús ha revelado el más hondo principio de la gracia que iguala en amor (en promesa de salvación) a todos los humanos.

Ese salario/Denario  no es igual para cada uno, en un sentido material, sino que responde a la necesidad y capacidad de acogida de cada uno. Según eso, no debe trabajarse para ganar más, sino para expresar el don de Dios y compartirlo, sabiendo al fin que cada uno ha de recibir lo que necesita. De esa manera, este pasaje eleva una crítica frontal contra un sistema salarial de tipo capitalista, que se mide por el mercado del capital y no por el valor de cada uno

[1] Cf. D. Aleixandre, Mujeres de la hora undécima, Sal Terrae, Santander 1991; J. D. Derrett, Workers in the Vineyard: A Parable of Jesus: JJS 25 (1974) 64-91; A. Orbe, Parábolas evangélicas en San Ireneo I, BAC, Madrid 1972, 411-460; G. de Ru, Conception of Reward in the Teaching of Jesus: NT 8 (1966) 202-222; M. Theobald, Die Arbeiter im Weinberg (Mt 20,1- 16), en D. Mieth (ed.), Christliche Sozialethik im Anspruch der Zukunft: SThE 41 (1992) 107-127.

[2]Mateo asume, pues, el sistema salarial, pero a fin superarlo, en una línea que había destacado poderosamente Pablo, cuando interpretaba la experiencia mesiánica como puro don de Dios. Ciertamente, en un plano se puede hablar de ventaja de los judíos, como supone el mismo Pablo (cf. Rom 3, 1-3; 9, 1-5), pero, en sentido radical, no hay ventaja de unos sobre otros. Ante Dios no hay mérito, nadie puede tomar algo como merecido por su trabajo.

[3]Leída desde la actualidad, esta parábola puede entenderse como crítica contra creyentes o comunidades que se piensan superiores, con más méritos que otros. Ella eleva también su crítica contra una Iglesia que parece haberse convertido en una sociedad muy jerarquizada, con trabajos y méritos particulares.

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