¿Who is who, Jesús? ¿Quién era, qué sería en nuestro tiempo?
"Jesús sólo tenía autoridad de gracia, abierta, por amor a todos, sin poder, pero capaz de transformar por gracia(curación, comunión interhumana) la vida de hombres y mujeres de su tiempo"
Oficio: Un Artesano
Más que su genealogía intrafamiliar (fijada en Mt 1, 1-17 y Lc 3, 23-38), los evangelisos destacan su genealogía laboral, para entroncar en ella su encuentro con Dios y su palabra mesiánica. Veamos en resumen lo ya visto:
1. Marcos 6, 3 ledefine directamente como el tekton (artesano, Mc 6, 3). Ésa es su escuela, ése es su oficio e identidad: debía vender su trabajo, de forma que, para vivir, no se hallaba vinculado a la providencia de Dios (lluvia) y a su propio esfuerzo (trabajo personal en la tierra de dios), sino que dependía de la oferta y demanda de otros, en un mundo lleno de carencia y dureza.
2. Mateo parece suavizar esa afirmación y presenta a Jesús como el hijo del tekton (Mt 13, 53-55). Ese cambio no atenúa la dureza de su estado laboral, sino que lo corrobora pues no le presenta como nuevo tekton, alguien que acaba de empobrecer, por situaciones inmediatas de familia, sino como «hijo de» una familia de artesanos, sin la seguridad económica que ofrece un campo propio, como signo de bendición de Dios. Cuando más tarde prometa a sus seguidores «el ciento por uno» en campos (agrous: Mc 10, 30 par), casas y familia, Jesús querrá cambiar esa situación, pero no dando a cada padre de familia su poder y tierra, sino para superar el patriarcado, en forma de familia y tierra compartida en gratuidad.
3. Lucas y Juan pueden haber sentido embarazo de llamarle tekton (o hijo de tekton) y por eso cambian la expresión, diciendo: «¿No es éste el hijo de José? (Lc 4, 22 y Jn 6, 42)… Así pudo comenzar un vaciamiento de sentido de la palabra “tekton”, artesano-constructor del reino, en comunión de amor y vida con cien madres, hermanos e hijos para convertir el cristianismo (el mesianismo de Jesús) en religión de fe individual y de conocimiento espiritualizado, separado de la vida. Por eso es importante recuperar el fondo social del símbolo de artesano.
Contra lo prometido por las bendiciones de Israel y promesas davídicas, Jesús era un hombre de poca importancia social; no era propietario de tierras, ni miembro de una estirpe sacerdotal como la de J. Bautista (cf. Lc 1) o F. Josefo (según su Autobiografía), ni escriba con autoridad docente establecida. Conocía la pobreza por dentro, no de un modo intelectual. No era sólo pobre de espíritu (ante Dios), sino un pobre real, por su trabajo y su lugar de sociedad, un judío marginal[1].
Jesús sólo tenía autoridad de gracia, abierta, por amor a todos, sin poder, pero capaz de transformar por gracia(curación, comunión interhumana) la vida de hombres y mujeres de su tiempo. No se enfrentó con la ley (judía, romana) desde arriba, con poder de imposición, violencia externa, sino con autoridad de vida, con amor sanador, desde abajo.
No empezó siendo marginado y pobre por vocación de Dios, sino por realidad social y familiar. Pero aceptó esa marginación no escogida como principio de trasformación mesiánica. Su escuela fue la pobreza y el trabajo alienado de millones de personas, que no tenían poder superior y dependían de aquello que otros quisieran ofrecerles, para cambiar las directrices de la vida personal y social desde los principios de la palabra y el amor, en solidaridad, en sanación personal, en amor mutuo.
No ha sido trabajador autosuficiente (dueño de empresa o campo propio), sino dependiente de otros, de forma que, desde esa misma dependencia (¡como siervo no amo, Flp 2, 6-11!) inició y realizó un< tarea de nazoreo de poder, haciéndose hombre de amor entre lsmujeres y niños de su entorno, empezando por los pobres, enfermos, oprimidos.
No ha sido pensador de tiempo libre, para mejorar algunos fallos, sino profeta en tiempos de opresión, empeñado en iniciar un cambio radical en las condiciones de su pueblo, retomando, recreando, actualizando la historia israelita. Fuera oriundo de Belén (como he supuesto) o descendiente de algún clan anterior de Galilea, Jesús era víctima de trasformaciones laborales y sociales, marcadas por la comercialización de los campos que, por la política de Roma y de los herodianos, pasaron a depender de las ciudades del entorno y de los nuevos comerciantes, “condenados” a trabajar como artesanos
Siendo artesano a cuenta ajena, caminando por pueblos y conociendo a mendigos y expulsados de la tierra, Jesús pudo tener más movilidad y conocimientos que un campesino propietario que era opulento de las lindes de su heredad, pero carecía de la autoridad y de la autonomía que ofrece una herencia en la tierra que Dios había prometido a los israelitas. En esa línea, Flp 2,7 afirma con toda propiedad que él tomo “forma” de “siervo” (μορφὴν δούλου λαβών). Más adelante, Gal 3, 28 dirá que en Cristo no hay siervo ni libre, pero como ser humano concreto, conforme a la proclamación de Flp 2, 7, el mismo Jesús que fue judío (no gentil), varón (no mujer) fue de hecho un siervo (esclavo o dependiente), no libre (no ἐλεύθερος), pero con la libertad que ofrece el no tener nada para defender.
Los artesanos (no propietarios de tierra propia) carecían de patrimonio (vinculado al patriarcado) y no tenían una herencia/heredad para dejarla a sus descendientes o discípulos, de manera que, estrictamente hablando, no eran “libres” carecían de herederos, y no se podían casar de un modo patriarcal, pues no tenían casas-labranzas para imponer su dominio sobre otros.
En ese sentido, los artesanos eran hombres sin patria, itinerantes obligados a “pedir” trabajo en aldeas y pueblos, a merced de aquellos que quisieran dárselo o negárselo. No eran dueños de su propiedad y de su vida, de manera que dependían de otros. Pues bien, sólo ellos, como los hebreos que salieron de Egipto hacia el XII-XI a C. podían iniciar una vida liberada en solidaridad mutua, no por imperio como Roma ni por religión como los judíos rabínicos, sino por servicio de amor, como ratifica Flp 2, 6-11
No tenían ejército y dinero como Roma y por eso pudieron precisamente triunfar. No tenían unas leyes superior, como la de Israel, y por eso pudieron expandir el amor gratuito de Cristo, sin formar unos grupos nacionales de dominio legal, por encima de otros. En esa línea, los galileos artesanos de Jesús, campesinos sin tierra ni estructuras familiares de dominio (casas), en el sentido tradicional podíán asumir con más libertad el ideal mesiánico de Jesús..
Campesino y artesano, tabla de oficios
Había una clase superior de Gobernantes, formada por los reyes-etnarcas y sus familiares herodianos, aliados o dependientes de Roma. Jesús no se enfrentó directamente contra ellos, no quiso ocupar su lugar, pero fue mirado con mucho recelo por ellos´
1. Subclase militar. No había en Galilea una clase armada propiamente dicha, pues su ejército estaba subordinado al de Roma, bajo el poder de Poncio Pilatos gobernador con mando sobre Samaría y Judea y sobre todo del Legado de Siria.). Jesús no se opuso con armas al ejército imperial, ni quiso crear un ejército contrario, para así crear un estado militar alternativo.
2. Subclase sacerdotal. Roma ejercía un control militar sobre el judaísmo y, para asegurar su dominio, tuvo que pactar con la clase sacerdotal del templo de Jerusalén, con un Sumo Sacerdote, que gozaba de mucha autonomía, un santuario rico y unas instituciones clericales gran influjo socio-religioso sobre los judíos de Galilea.
3. Subclase intelectual, escribas y rabinos. Estaba surgiendo en Israel, no sólo en Judea, sino también en Galilea y en la diáspora una subclase intelectual formada por rabinos y escribas, que interpretaban y recreaban las tradiciones escritas y orales, adaptadas a un tipo de necesidades del conjunto de la población. Escribas y rabinos había pactado con los sacerdotes y tenían una gran autonomía, aunque no tanta como la que obtendrán después, con el judaísmo rabínico, a partir del siglo II d.C. (destruido el templo). Esa subclase optó por la identidad y el poder nacional del judaísmo; Jesús optó, en cambio, por los “pobres y excluidos” de Israel, en comunión con todos los pobres del mundo.
4. Clase mercantil, Dios Mammon. En el comienzo de Israel, según la Escritura, no había una clase superior de comerciantes del dinero que controlaran los excedentes agrícolas y organizaran los intercambios económicos, pues no había grandes excedentes. Pero en el tiempo de Jesús, con el desarrollo del mercantilismo, vinculado a la administración política y social de los herodianos, en pacto con Roma, se estaba imponiendo una casta de comerciantes, dueños del dinero, relacionados con reyes, terratenientes, y con los soldados y las élites ricas de las ciudades Frente al trabajo del agricultor, que produce bienes que se consumen o intercambian de un modo directo, surge así y se desarrolla el Dios universal Dinero (Mammón: Mt 6 24), contra el que se opone el movimiento de Jesús, artesano del Reino de Dios Padre.
En ese contexto Jesús pudo presentar y condenar el poder de Mammon, dinero universal, como ídolo supremo, anti-Dios que domina sobre el mundo y compra-vende todo lo que existente (cf. Mt 6, 24; Lc 16, 13). En un sentido, los gestores del comercio/mercado y del dinero, dependían de gobernantes y militares; pero, en otro sentido, podían controlarles y de hecho lo hicieron. Esos gestores del dinero eran sacerdotes o ministros, una religión universal, en cuyo templo-mercado se vende y compra todo, desde oro y la plata hasta cuerpos y vidas humanas (cf. Ap 18, 11-13; Jn 2, 14-17; esta religión del dios-dinero, controlado por comerciantes fue condenada por Ev Tomas 64).
No era purista extremo, contrario a toda posesión: ni ha condenó sin m-as a los comerciantes (como hará Ev Tom 64), ni ha rechazó a los publicanos (recaudadores de impuestos, al servicio de un orden socio/económico vinculado a Roma), a los que gran parte del pueblo consideraba impuros. Pero, en una línea de mayor profundidad, él quiso que comercio y dinero estuvieran al servicio de los pobres, de un modo gratuito (por comunicación directa), sin que el dinero se convirtiera en Dios (cf. Mt 6, 24, No podéis servir a Dios y el dinero, Santander 2019).
El proyecto de Jesús implicaba un cambio radical en la manera de entender la economía de la vida (trinidad “económica”), a fin de que el dinero no fuera valor en sí, sino que se convirtiera en medio de comunicación al servicio de las personas. En principio, Israel había formado una federación o liga de agricultores y pastores libres, con tierras y trabajos semejantes para todos, de manera que no había campesinos inferiores, separados de la clase superior de gobernantes-soldados-mercaderes, pues funciones y grupos no habían desembocado en clases opuestas. En el proyecto de Jesús no había lugar para reyes (jerarquía social), sacerdotes (jerarquía sacral), ni soldados profesionales, sino que todos eran madres, hermanos e hijos (Mc 2, 31-35)
No quiso lucha militar de clases, sino una comunidad o federación de agricultores-pastores autónomos capaces de ayudarse unos a otros y de intercambiarse bienes y servicios (sin una clase intermediaria, liberada para funciones burocráticas), sin apelar a un “dios dinero” (Mammón) por encima de ellos.
Jesús nació y vivió en un momento crucial de ese cambio, vinculado a la caída de la federación de agricultores libres y a la degradación de un campesinado sometido al poder político/mercantil de reyes, ciudades y comerciantes (es decir, al servicio del dinero). Pues bien, en aquel momento (ya en el tiempo de los padres de Jesús) una parte considerable de los agricultores no pudieron mantener su autonomía familiar y social, de manera que tuvieron que ponerse (les pudieron) al servicio de una estructura política, laboral y comercial al servicio del Dios-Dinero, dominando sobre todos.
Los artesanos no vivían del producto directo de la tierra (de los campos y rebaños) sino del dinero que les pagaban dueños de campos, funcionarios de administración, comerciantes y sacerdotes. Aquel momento es muy semejante al nuestro (2026), cuando una pequeña “clase” con dominio militar y económico, y gran capacidad “intelectual” (Bestia 2 de Ap 13, inteligencia artificial de nuestro tiempo) puede hacerse dueña de la humanidad, esclavizando o encerrando en “cárceles” o reservas “raciales y sociales”, controladas desde arriba, al resto de la población, en la línea de Mt 25, 31-46 (por hambre y un tipo de cárcel universal.
Esclavos y prescindibles
El orden económico de Roma se podía definir como esclavista, pues fundaba su economía y administración en la existencia de personas-objeto, sin derechos propios. Ciertamente, en el contexto rural de Galilea, en tiempos de Jesús, había pocos esclavos “legales” o tenían menos importancia, y en esa línea Jesús no encabezó una rebelión como la de Espartaco en Roma el 71 a.C. Pero había en Galilea muchos pobres y artesanos que vivían (malvivían) a sueldo de las clases “superiores” de terratenientes, funcionarios o comerciantes.
Más que esclavos legales había en Galilea muchos prescindibles, sin ley que les defendiera, ilegales, sin oficio o beneficio. En aquella situación, Jesús vino a presentarse como representante “artesano” de los prescindibles, esto es, de los que carecían de valor para el sistema, pues no tienen poder laboral, ni garantía legal, afectiva o simbólico… Eran los cojos-mancos-ciegos a los que alude el evangelio, los leprosos-impuros. Éstos eran menos que esclavos, pues los esclavos tienen un valor (un precio) para sus dueños; os prescindibles, en cambio, no tienen ni dueños, son simplemente mendigos sin rendimiento, incapaces de realizar un servicio, enfermos, locos.
El número de prescindibles varía de sociedad a sociedad, pero ellos pueden volverse relativamente numeroso en tiempos de crisis (como eran los de Jesús). Son prescindibles porque parece que no aportan, ni importan a nadie, de manera que todo seguiría igual si ellos murieran. Pero ellos eran los que más importaban para Jesús, que se hizo artesano amigo, animador de in-válidos, es decir, de prescindibles. Según esto, Jesús no hablará de Dios en general, de un modo evasivo, desde una superestructura impositiva, sino desde los pobres, enfermos y expulsados de la sociedad israelita.
Ciudad y campo
En principio, Jesús fue trabajador eventual, en tiempos de crisis y destrucción de los tejidos sociales, y eso le permitió entender a Juan Bautista, que anunciaba la destrucción de este orden político-social injusto. Así vivió al comienzo de un proceso que, en algún sentido, está culminando en nuestro tiempo (año 2026), con el triunfo y crisis de un capitalismo avanzado y el paso de una sociedad de agricultores autosuficientes de subsistencia a una economía industrial y comercial que por un lado “fabrica” gran riqueza), pero conlleva mucho sufrimiento (destrucción social e injusticia. Jesús no fue constructor de nuevas ciudades helenistas (Scitopolis, Tiro) o judías de su entorno (Séforis, Tiberíades), probablemente porque pensaba que su misma estructura (con división jerárquica y dominio de clase) iba en contra del ideal de fraternidad del Dios israelita.
- Jesús no quiso cambiar el orden urbano porque el Dios de su tradición campesino/nazorea no era de ciudades dominadoras, en la línea de la religión y cultura helenista. Posiblemente, el pensó que la vida de las ciudades no podía cambiarse partiendo de ellas mismas, pues sus habitantes eran responsables de la situación de los campesinos-artesanos, que habían perdido su identidad y autonomía.
- Jesús fue un profeta mesiánico, de tipo nazoreo, a partir del campo, es decir, desde Galilea, y en ese contexto anunciará e iniciará el Reino de Dios, desde la tierra de los campesinos pobres, subiendo a Jerusalén para culminar su obra. En esa perspectiva, conforme a su proyecto, Jerusalén no aparecerá como una ciudad helenista (que domina sobre el campo, de un modo político), sino como ciudad de las promesas de Dios, lugar donde debe decidirse el movimiento del Reino. Quizá podemos decir que Jesús descubrió e inicio desde las zonas rurales un movimiento social y religioso que puede y debe extenderse a todos los estratos de la población, empezando por las duras ciudades del imperio romano .
No fue hombre de amor universal abstracto, amando a todos por igual, pues eso sirve para justificar y sostener el orden establecido. Sólo se puede ser universal de un modo concreto, desde los desfavorecidos. En ese contexto de universalidad concreta, desde los más pobres, escuchó la voz de Dios y pudo desarrollar su proyecto mesiánico (nazoreo) a través de un intenso compromiso de acompañamiento, curación e impulso de comunicación directa de amor y servicio entre hombres y mujeres. No nació teniendo la respuesta sabida de antemano, pues eso no sería perfección, sino imperfección humana.
Lc 2, 52 afirma que creció en humanidad y sabiduría a lo largo de los años, en apertura al Dios de la experiencia israelita y de la esperanza nazorea, que es la esperanza de vida entre los hombres, no en una escuela de templo o de rabinismo legal, sino en la escuela del trabajo real, de . Sin esos treinta años de aprendizaje y misión en la escuela de Dios, que es la escuela de la vida humana, en contacto con las tradiciones de Israel y con las necesidades de los hombres, en solidaridad laboral y cercanía humana, Jesús no había podido ser mensajero de Dios.
Jesús no abandonó su trabajo de artesano por negación o rechazo, sino por búsqueda y comunicación de un Reino superior desde los trabajadores, excluidos y prescindibles, al servicio de todos los necesitados. No abandonó el tipo de familia-patriarcado que existía en su entorno por rechazo o represión, sino por búsqueda de una familia donde cupieran los expulsados de las familias anteriores. Algo especial le mantuvo abierto al Dios de los pobres, que es el Dios de la esperanza y experiencia de su pueblo, el Dios de la gracia para todos.
Iba a comenzar un camino distinto, que nadie hasta entonces había explorado, partiendo de una intensa experiencia de Dios, por amor hacia los hombres y mujeres concretos de su entorno. Por eso buscó a Juan Bautista y después de ser bautizado en el Jordán, tras escuchar la voz de Dios que le decía “tú eres mi Hijo” (Mc 1, 9-11), Jesús inició su tarea de Reino como lucha contra lo diabólico.
[1] Más que marginal era un marginado, un expulsado, pero él convirtió su marginación-expulsión en principio de más alta creatividad personal y social Por eso, cuando habla de pobreza y llama bienaventurados a los ptojoi-mendigos, aquellos que no tienen ni siquiera trabajo), Jesús no está proponiendo una teoría sobre la vida de otros, ni un mensaje general, de tipo abstracto, sino que está hablando de su propia situación de marginado. No se retira y aleja, saliendo de los altos círculos sociales, como el idiota de F. Dostoievski (acogido en un sanatorio para ricos), No era un “negado” que no sabe oponerse, como decía F. Nietzsche, El Anticristo, o como ha repetido desde un judaísmo de “tribu” rica, como decía J. Klausner (cf. Jesús de Nazaret, 1907), uno de los creadores del nuevo Estado poderoso de Israel. Pero Jesús se opuso de un modo más alto contra un tipo de estado de Israel y Roma, siendo crucificado por ello.