Con teología, calle y catalanidad serena, Joan Planellas podría ser el sucesor natural de Omella en Barcelona
"A mi juicio, es, hoy por hoy, el candidato ideal para tomar el relevo de Omella y pilotar una archidiócesis llamada a ser laboratorio de una Iglesia pensante, encarnada y valiente"
El mejor relevo para Barcelona habla catalán con acento teológico y olor a parroquia. Joan Planellas, arzobispo de Tarragona desde 2019, reúne algo tan escaso como decisivo en el actual episcopado español: altura intelectual, experiencia pastoral probada, arraigo real en Cataluña y una rara capacidad de leer (y de intervenir) en la agenda social sin perder un ápice de suavidad evangélica. Por biografía, por cabeza y por talante, es el candidato más sólido y natural para suceder al cardenal Omella al frente de la archidiócesis de Barcelona.
Un obispo con cabeza… y con rodilleras gastadas
En un episcopado donde sobran gestores mediocres y faltan teólogos de talla, Planellas es una excepción saludable. Doctor en Teología, antiguo rector del Seminario de Girona, decano de la Facultad de Teología de Cataluña y profesor durante años, está acostumbrado a pensar la fe en profundidad, sin consignas fáciles.
Esa formación le ha permitido sostener, como arzobispo, un discurso eclesial que no se limita a repetir eslóganes de manual, sino que articula Evangelio, tradición y realidad catalana con una finura poco habitual.
Pero el perfil de Planellas no es el de un teólogo de gabinete, encerrado en su despacho. Antes de llegar a Tarragona en 2019, su biografía es la de un cura de pueblo que ha hecho kilómetros y ha pisado barro: vicario y párroco en múltiples comunidades rurales, responsable de santuario y acompañante de realidades muy diversas en Girona, su diócesis de procedencia.
Esa mezcla de biblioteca y masía, de cátedra y confesionario, lo dota de algo imprescindible para Barcelona: una teología que sabe de soledades, de precariedad, de penas y alegrías, de familias rotas y de fe que se agarra a la vida cotidiana.
Encarnado en Cataluña, no encerrado en trincheras
Tarragona lo ha confirmado como un pastor profundamente encarnado en la realidad catalana. No necesita intérpretes para entender las sensibilidades del país: las lleva en la sangre y las ha respirado en parroquias, aulas y debates públicos.
De ahí que en ciertos ambientes se le cataloga como “catalanista moderado”, un obispo que reconoce la identidad catalana, habla el idioma, escucha sus heridas, conoce sus sueños y sabe que la misión de la Iglesia no es avivar las fracturas, sino suturarlas, desde el máximo respeto al principio de la encarnación.
Su conocimiento de Barcelona no es de turista episcopal. Durante años fue sacerdote en la diócesis y profesor en el seminario, conoce por dentro el tejido presbiteral, los movimientos, las tensiones entre centro y periferia, y el peso simbólico de la capital en el conjunto de Cataluña y de España.
En un contexto donde la archidiócesis barcelonesa es foco de expectativas y recelos -dentro y fuera de la Iglesia-, contar con un arzobispo que no llega “de fuera”, sino que ha sido moldeado en la misma fragua catalana, es una ventaja evidente.
Primado de Cataluña y relevo natural
Hay, además, un dato institucional nada menor en su biografía. Como arzobispo de Tarragona, Planellas es primado de Cataluña, presidente natural de la Tarraconense y referencia simbólica de las diócesis catalanas. Esa condición lo convierte en el relevo ‘natural’ de Omella, tanto por rango como por trayectoria.
Si Roma quiere dar continuidad a un modelo de Iglesia catalana dialogante, en sintonía con el Papa pero arraigada en su territorio, el salto de Tarragona a Barcelona encaja con la lógica de la tradición (de allí vino el penúltimo arzobispo barcelonés, monseñor Martínez Sistach) y con las necesidades del presente.
Frente a otros nombres que suenan (Conesa, Benavent, Brotons o el mismísimo cardenal de Córcega, el español Bustillo) más por equilibrios de pasillo que por peso pastoral, Planellas aporta un perfil completo. No es un paracaidista, conoce el funcionamiento de la Conferencia Episcopal Tarraconense, está acostumbrado a coordinar obispos, ha aprendido a moverse en la discreta pero real tensión entre Barcelona y Tarragona, y ha sabido mantener su propia voz sin entrar en guerras internas.
Valentía y palabra profética en la plaza pública
Lo más llamativo, quizás, de su personalidad es su valentía y capacidad profética en la esfera pública, algo poco frecuente en el episcopado español, demasiado asustado o demasiado alineado con trincheras ideológicas. Planellas no se esconde, cuando saltan temas espinosos. Se le ha escuchado hablar del burka, de la vivienda, de la cuestión migratoria o de la exclusión social con un tono que combina respeto, claridad y un evidente dominio de la agenda mediática.
Cuando se le ha preguntado por el uso del velo integral o por las políticas identitarias, ha insistido en que “no se puede instrumentalizar la libertad religiosa ni para imponer símbolos ni para prohibirlos sin más”, reclamando una lectura que priorice “la dignidad de la mujer y el diálogo intercultural” frente a los discursos del miedo de la ultraderecha católica.
Sobre vivienda -una auténtica emergencia en Barcelona y su entorno-, ha subrayado que “un sistema que expulsa a las familias de sus barrios por la presión especulativa es injusto y contrario al Evangelio”, invitando a aprobar políticas que “pongan por delante el derecho a un hogar digno frente a la lógica del máximo beneficio”.
En materia migratoria, sus intervenciones han sido igual de claras, contundentes y proféticas: “No podemos aceptar que haya vidas de primera y de segunda según el pasaporte”, ha dicho, recordando que “la Iglesia ha de ser siempre casa abierta, nunca fortaleza cerrada” y reclamando “corredores seguros, acogida responsable y políticas que no conviertan el Mediterráneo en un cementerio”.
Ese modo de hablar -siempre en clave evangélica, pero sin miedo a bajar al detalle concreto y al barro- es justamente lo que Barcelona necesita en un contexto de desigualdad creciente, tensiones identitarias y debate permanente sobre el modelo de ciudad, que quiere escapar de la gentrificación y hacerse vivible para su gente.
Un candidato ideal para una diócesis clave
En conjunto, el perfil de Joan Planellas dibuja algo más que un buen candidato, porque perfila al arzobispo que Barcelona necesita en la próxima etapa que está a punto de iniciarse tras la marcha del cardenal Omella. Y es que se trata de un teólogo con altura intelectual en un episcopado corto de ideas; un pastor con rodaje parroquial y experiencia de gobierno diocesano contrastada; un catalán profundamente encarnado en su tierra, capaz de hablar a todos sin levantar muros; un primado que ya ejerce un liderazgo sereno entre sus hermanos obispos; y una voz que no teme entrar en las grandes cuestiones de la agenda social, con una palabra clara, evangélica y comprensible para la opinión pública.
Por todo eso, y porque la Iglesia catalana se juega en Barcelona buena parte de su futuro, Planellas no es solo un nombre más en la quiniela sucesoria. A mi juicio, es, hoy por hoy, el candidato ideal para tomar el relevo de Omella y pilotar una archidiócesis llamada a ser laboratorio de una Iglesia pensante, encarnada y valiente. La última palabra la tiene el Papa León XIV, pero la penúltima está en manos del actual arzobispo, incluso por encima de la influencia (todavía inédita en el tema de nombramientos episcopales) del nuevo nuncio, Piero Pioppo.
Está claro que el cardenal Omella tenía mando en plazo con el Papa Francisco, que lo situó en el famoso consejo de cardenales y le dio potestad (junto a una comisión) de intervenir directamente en las ternas de candidatos a obispos. Pero el cardenal de Barcelona se dejó guiar por su máxima favorita: “Hay que dar juego a todos”.
Y, en virtud de esa actitud, dejó ‘colar’ a candidatos conservadores, que vinieron a engrosar las filas del episcopado. Con una consecuencia evidente: que el sector conservador es el mayoritario en la CEE y copa los principales puestos en la dirección, en el comité ejecutivo y en la comisión permanente.
Ahora, Omella se va, pero sigue conservando cierto ascendiente con el Papa Prevost, que lo acaba de renovar como miembro del dicasterio de Obispos, precisamente, junto al cardenal Cobo y a monseñor Satué. ¿Seguirá influyendo desde ese puesto para ‘imponer’ a sus candidatos para sucederle en Barcelona? Qui lo sa…Lo que sí parece evidente es que Omella volvería a equivocarse, si no apuesta por Planellas. Porque un eje Cobo-Planellas sería clave para hacer frente al sector conservador episcopal todavía mayoritario en España, a pesar de los 13 años del pontificado de Francisco.