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Sendas pedidas

Máas y mejor - 2

... tras "el más y mejor".

bifurcación

 “¡Oh qué triste es andar en la vida por senda perdida, lejos del hogar!”, cantaba Antonio Machín por Navidad. Sobre el “más y mejor” que ahora sirve de guía a nuestra reflexión, cifrado en la búsqueda de una mejor humanidad, inquietud larvada en no pocos seres humanos, pero muy viva en otros muchos, el maestro Chávarri nos previene sobre intentos fallidos que, lejos de dar fruto, pueden conducirnos al desengaño y a la frustración.

Quien demanda más humanidad -escribe en Perfiles de nueva humanidad, págs. 8-9)- tiene claro el punto de partida (el hombre productor consumidor de nuestro tiempo). ¿Es igualmente diáfano el punto de llegada? ¿Hacia dónde se dirige? ¿Hacia una humanidad libre de inhumanidad? ¿Hacia humanidades ya experimentadas en el pasado? ¿Hacia un estilo de ser hombre perfectamente definido? Es aquí donde uno puede tomar sendas perdidas, caminos que naufragan en el vasto mar de los deseos, de las añoranzas y de las utopías. La senda perdida no es algo periférico a la demanda de más humanidad. Es la tentación, el espíritu insidioso o la ingenuidad caprichosa que la acompaña siempre. Pocos han ansiado más humanidad que Jesús de Nazaret. Pues bien, los evangelistas sinópticos han ponderado la constante solicitación de un espíritu extraño, siempre dispuesto a insuflar en el gran profeta numerosas sendas perdidas para construir el reino de Dios (Cf. Mt 4, 1‑11; Mc 1, 12‑13; Lc 4, 1‑13). La tentación de la senda perdida acecha sin tregua a quien demanda más humanidad”.

Y poco después, ahondando en el tema, añade: Casi todos los filósofos ‑no solamente Heidegger‑ han ligado inextricablemente el ser a la dimensión temporal. La existencia se traduce simplemente en una serie fugaz de acontecimientos y sucesos, situados entre el nacimiento y la muerte. Las demandas de nueva humanidad han de encontrarse, por fuerza, con el tiempo. Y en esta misma dimensión aparecen sendas que se pierden en las articulaciones del tiempo humano (pág. 10).

El tiempo se articula en pasado, presente y futuro. En cada uno de esos ámbitos podemos equivocarnos, desorientarnos, emprender viajes a ninguna parte al encaminar nuestros esfuerzos. Para no malgastar nuestras energías en busca fallida de una forma de vida mejor que la que nos toca vivir, fijémonos hoy en las sendas equivocadas que pueden tomarse como retorno al pasado tras tesoros enterrados o vivencias añoradas. Son intentos de construcciones de nueva humanidad que discurren por las sendas perdidas del regreso y que se deben a una cierta pereza vital, a la creciente complejidad de la sociedad en que vivimos o a la añoranza de supuestos paraísos perdidos.

1) Sobre la pereza vital:La vuelta a anteriores formas de vida-nos advierte Chávarri- es muy explicable; es consecuencia de nuestras reminiscencias. No se encuentra ciertamente a nivel de memoria biótica. Ni siquiera entre los filósofos ‑clan poblado de sublimidades y extravagancias‑ se ha pretendido retornar a los australopitecos. En cambio, las memorias histórica e individual suscitan constantemente añoranzas del pasado. Creo que esto se debe a una especie de pereza vital inscrita en el viviente, particularmente en la especie humana, que congela o dilapida nuestras energías (pág. 10).

Subrayemos de paso lo tremendo que resulta hoy el movimiento “therians” (la theriantropía es la creencia de que uno es o puede transformarse en un animal) que pretende retroceder en el tiempo más allá incluso de los australopitecos y de los homínidos para sentirse y comportarse como un animal a secas. 

Le verdad es que las innovaciones acarrean desajustes de rutinas y formas de proceder, además de comportar un cierto aire de aventura para quienes piensan que es mejor seguir como estamos, aunque no estemos del todo a gusto, por aquello de que “más vale malo conocido que bueno por conocer”. Desde luego, el sofá es mucho más confortable que una mesa de laboratorio atiborrada de herramientas y que una reivindicativa manifestación callejera para subsanar injusticias. La rutina es dulce y sosegada frente a lo escabrosa y arriesgada que puede resultar cualquier innovación.

Com plejidad

2) Sobre la creciente complejidad de nuestra vida actual: Algunas (sendas perdidas) -continúa nuestro maestro- se encuentran ligadas íntimamente a la creciente complejidad de las sociedades. Detengámonos sin prisa en el adjetivo creciente, pues implica que los individuos han de asimilar por fuerza nuevas y nuevas facetas. No se les concede tregua en el aprender a vivir. Esto resulta muy duro para niños, jóvenes, adultos y ancianos. El HPC (hombre productor consumidor) no es precisamente un hombre sencillo. La tupida malla de sus relaciones se extiende poco a poco a todo el planeta. A mucha gente le resulta difícil aprender a ser hombre en esta forma de vida. Para otros, el obstáculo está en seguir su acelerado ritmo. Quienes demandan más humanidad pueden fijarse muy bien en formas de vida más simplificadas del pasado. Se rinden sencillamente a la pereza vital. Pero no hay regreso posible; solo existe la tensa peregrinación cultural. ¿Hemos de volver a la simplificada humanidad de la divisa "Dios, patria y rey"?; ¿acaso a las ciudades medievales o a las griegas?; ¿quizá a la época de los faraones?; ¿nos haremos otra vez nómadas? o ¿retrocederemos hasta dejarnos orientar por la certera simplicidad del instinto, como sencillas palomas?

Si bien la vida humana es una, la forma de plasmarse puede ser tan numerosa como los individuos vivientes. Podría decirse lo mismo del cristianismo, no ya por cómo se rigen las distintas congregaciones o iglesias, sino simplemente por cómo entendemos y vivimos los católicos españoles, pongo por caso, nuestra fe. En conjunto, la complejidad de la sociedad es tal que asusta el mero intento de aunar discernimientos y voluntades para cualquier proyecto común. Mejor será, piensan muchos, quedarse uno como está, anclado en sus propios pensamientos, sentimientos y formas de enfocar las cosas. Cada uno somos, en definitiva, como somos y mejor eso que intentar mejoras que ¡vaya uno a saber a dónde conducen!

modelo

3) Sobre los paraísos perdidos: Nuestra memoria -dice Chávarri- está traspasada de inteligencia, pues es de inteligentes olvidar el dolor de la vida y recordar los ratos felices. Pero esta saludable treta terapéutica se transforma inconscientemente en teoría, es decir, en una visión peculiar del pasado. Peculiar quiere decir falsa. De jóvenes, falseamos los recuerdos de la niñez; de hombres ya maduros, los de la juventud; en muchos ancianos el engaño se extiende a toda su vida. Algunos hijos y nietos demandan más humanidad. ¿La encontrarán en los paraísos perdidos de sus padres o abuelos? El pueblo israelita exclamaba en su dura peregrinación por el desierto del Sinaí: “¡Cómo nos acordamos de tanto pescado como de balde comíamos en Egipto, de los cohombros, de los puerros, de las cebollas, de los ajos! Ahora está al seco nuestro apetito, y no vemos sino el maná” (Núm 11, 5‑6). Padres y abuelos israelitas que añoraban su propia esclavitud.

La vida es construcción permanente, siempre inacabada. Mal nos iría si pretendiéramos guarecernos en un habitáculo todavía sin techo o en los solos contenidos de la memoria colectiva e individual. El pasado, pasado está, y ya nunca volverá, salvo como almacén de provisiones, como cimiento, como lección iluminadora y como habilidad para inyectar fuerza a la volatilidad de un presente en tránsito continuo hacia un futuro cifrado en la esperanza, que será a su vez pasado cuando el futuro se haga presente. La búsqueda de una forma de vida mejor requiere el discernimiento esencial de que el pasado no nos sirve como retorno, sino como catapulta para tan esencial e irrenunciable tarea.

Como colofón a esta reflexión sobre la mejora de nuestra forma de vida, concluyamos que tampoco nos serviría la pretensión de “reproducir” tal cual los tiempos vividos por el modelo de humanidad consumada a que apela Chávarri en su propuesta, Jesús de Nazaret, pues lo que hoy necesitamos no es que nosotros vivamos su tiempo, sino que él, bendito cirineo de nuestro propio calvario, viva el nuestro, camine con nosotros por nuestras calles, predique en nuestras iglesias, ore en nuestros huertos de los olivos, ocupe la bancada de nuestros parlamentos, dirija nuestras empresas, una sus brazos a los nuestros en el trabajo, y, en suma, plasme en nuestras mentes la gratuidad que da todo de sí sin pensar en sí, similar a la del amor que Dios nos profesa según su mismo testimonio. Y como reflejo de la importante celebracion de hoy, 8 de marzo, "día internacional de la mujer", digamos que la mujer en sí nunca será una senda perdida en nuestra búsqueda del más y mejor, pues de ella depende obviamente, cuando menos, el cincuenta por cien del esfuerzo y del éxito de tan encomiable reto.

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