Reconstruir juntos la comunión
Mensaje del obispo de Mondoñedo-Ferrol con motivo de la Cuaresma: "También en nuestra Iglesia se nos ha colado la división y la fractura, nos cuesta la unidad y la sinodalidad"
Las fiestas de Carnaval de nuestra tierra puede que nos hayan hecho olvidar que hoy comienza la Cuaresma, un tiempo muy especial en la vida de la Iglesia y de los cristianos. Es una oportunidad para entrar en la necesaria ITV que necesitamos y descubrir cómo estamos, hacia dónde caminamos, qué buscamos, qué priorizamos… Son preguntas que siempre nos ayudan y que, responderlas con sinceridad, nos permite crecer, caminar, avanzar hacia la meta. Son preguntas que nos ponen en camino de conversión como respuesta a una invitación previa.
Los cristianos comenzamos este tiempo de camino hacia la vida nueva que se nos regala en la Pascua con el gesto de la ceniza. Se trata de un gesto antiguo que nos invita a la penitencia, a la conversión, a la austeridad de vida. Es un acto que indica voluntad de cambiar, de seguir la llamada que el Señor nos hace a “ser más” en la vida, en ese itinerario de desarrollo y de crecimiento que todos llevamos en nuestro interior. Es hermoso que lo hagamos juntos para expresar este camino comunitario al que nos comprometemos.
Permitidme que, en esta Cuaresma, os haga una propuesta comunitaria de peregrinación compartida descubriendo el mundo que nos toca vivir. Con el papa León os invito a que este tiempo de Cuaresma sea una ocasión privilegiada para “reconstruir juntos la comunión”.
Todos llevamos dentro una sed de comunión interior: estamos hechos para la filiación divina, para la fraternidad entre iguales, para la unidad interior, para la armonía con el universo. Y, sin embargo, los hechos nos hablan de rupturas, enfrentamientos, desasosiego interior, explotación, alejamiento de Dios… Por eso, la comunión como tesoro y meta a reconstruir y trabajar durante la Cuaresma me parece una hermosa tarea compartida. A eso nos convoca constantemente la Palabra, si la escuchamos y la acogemos. Una meta que, si avanzamos hacia ella, nos llenará de vida y engendrará mucha vida a nuestro alrededor. Por eso, os invito a unir nuestras manos en ese horizonte común y de conversión.
Urge también reconstruir la comunión con nosotros mismos. En nuestra conciencia percibimos nuestras propias contradicciones, nuestra falta de unidad interior entre lo que pensamos y hacemos, entre lo que sentimos, vivimos y decimos
La primera tarea es reconstruir la comunión con Dios. El pecado es el que ha roto esa unidad. De Dios prescindimos en muchas ocasiones; otras veces lo ignoramos; no pocas lo utilizamos; en otras lo faltamos… El misterio de la Pascua que nos disponemos a celebrar es la demostración del amor de Dios que ansía entrar en comunión con nosotros. Es Él quien nos convoca a vivir en Él, y percibir que nuestro corazón está hecho para acogerlo y tener los mismos sentimientos que Él. La oración y las celebraciones cuaresmales, especialmente la celebración del sacramento de la reconciliación, constituyen un hermoso camino para reparar esta unidad dañada.
Urge también reconstruir la comunión con nosotros mismos. En nuestra conciencia percibimos nuestras propias contradicciones, nuestra falta de unidad interior entre lo que pensamos y hacemos, entre lo que sentimos, vivimos y decimos. Precisamente la Cuaresma tiene mucho de introspección, de escucha, de proceso interior, de búsqueda de integración y armonía interna. Necesitamos trabajar ese corazón que nos centre y nos dé armonía y paz, nos serene y nos integre. El ayuno puede ayudarnos a trabajar esa comunión interior.
También hemos de reconstruir la comunión entre nosotros, especialmente con los más pobres. Quizás es la más elocuente y la que se visibiliza en la polarización, la ausencia de vínculos, el individualismo atroz, las guerras entre iguales, las palabras que hieren, la indiferencia ante el sufrimiento… También en nuestra Iglesia se nos ha colado la división y la fractura, nos cuesta la unidad y la sinodalidad. Se necesita urgentemente reconstruir tantos caminos que nos permitan caminar hacia la fraternidad y engendrar esa comunión entre diversos. Sin duda, la limosna como instrumento cuaresmal puede ayudar a generar esos puentes.
Por último, reconstruir la comunión con lo creado: nuestra casa común que hemos de administrar y cuidar para, en justicia, donarla a las futuras generaciones. No caben miradas explotadoras o economicistas hacia nuestro planeta, sino que hay que fomentar la ética del cuidado y de la responsabilidad.
Sin duda, en este deseo de “reconstruir juntos la comunión” se abren muchas perspectivas, iniciativas, procesos… Caminos para recorrer juntos. Es el camino de la Cuaresma, de tu conversión hacia la Pascua. Feliz peregrinaje.