Hazte socio/a
Última hora:
Satué nombra nuevo Gobierno para el IVE

Lo que pudo haber sido de otro modo: Verdad, libertad y la edificación del Reino

De las verdades necesarias de Leibniz a la Filosofía de la Historia de Teresa Oñate y el horizonte de la Teología de la Liberación

Esta es la única cruzada

Pocas intuiciones poseen tanta fuerza poética, filosófica y espiritual como la conciencia de que la realidad no está sellada. La experiencia cotidiana de recordar un cruce de caminos en nuestra biografía o contemplar un hito histórico truncado nos enfrenta directamente al peso de lo que pudo haber sido de otro modo: un mapa de palabras no dichas, decisiones alternativas y promesas que quedaron aguardando en la penumbra de la historia.

Esta vivencia de la finitud constituye el corazón de la distinción leibniziana entre las verdades necesarias —inflexibles como las leyes matemáticas— y las verdades contingentes, cuyo rasgo distintivo es haber llegado a ser, aun conservando la capacidad interna de haber resultado distintas. Leibniz situó la Creación entera en el ámbito de la contingencia: Dios contempla infinitos mundos posibles y elige dar paso a este en concreto. Esta intuición desvela que el mundo no responde a un algoritmo ciego ni a un fatalismo inexorable. La historia es un espacio abierto fundado en la libertad.

La Filosofía de la Historia en Teresa Oñate: Desmontar el relato teleológico

Si Leibniz pensó la contingencia «desde arriba» —en la mente divina antes de la Creación—, Teresa Oñate traslada este debate al núcleo del pensamiento contemporáneo mediante una crítica radical a la Filosofía de la Historia clásica. Frente a la concepción moderna que entiende el tiempo histórico como un proceso lineal, necesario y teleológico (donde el presente se justifica como el único desenlace "inevitable" del progreso), Oñate denuncia la complicidad de este relato con el poder de los vencedores.

En la perspectiva hermenéutico-ontológica de Oñate, el pasado no es un archivo muerto ni un escalón superado. La historia contingente no agota lo real en lo que de hecho sucedió. Su propuesta exige «recuperar los pasados posibles»: desenterrar las alternativas derrotadas, las posibilidades no realizadas y las memorias sofocadas por el absolutismo de los hechos consumados. Para Oñate, la Filosofía de la Historia debe dejar de ser una legitimación del éxito histórico para convertirse en una hermenéutica crítica del presente.

De la memoria ontológica a la praxis: El horizonte de la Teología de la Liberación

Esta crítica a la Filosofía de la Historia conecta de manera natural y profunda con la Teología de la Liberación. Si la historia no es un destino ciego ni una fatalidad inapelable, la injusticia estructural deja de ser un orden "natural". Rescatar los pasados posibles equivale a invocar la memoria subversiva y peligrosa de las víctimas y de los profetas silenciados.

Lejos de resignarse ante un presente distorsionado por la opresión, la fe liberadora asume la rehabilitación del presente no como una contemplación pasiva, sino como el deber histórico y teológico de la humanidad: cooperar activamente en la construcción del Reino de Dios en la Tierra. El Reino se erige así como el juicio crítico contra la historia de la dominación y como la actualización real de aquellas promesas de justicia que el progreso excluyente dejó en el camino.

La Filosofía de la Historia en Oñate desmantela la trampa de los hechos consumados; la Teología de la Liberación convierte esa memoria de los pasados posibles en la fuerza impulsora para rehabilitar el presente y edificar el Reino en la Tierra.

Tres ejes para una fe encarnada y transformadora

1. La memoria de las víctimas frente al determinismo: Afirmar que el orden social actual pudo ser de otro modo despoja al poder de su coartada del «siempre ha sido así». La memoria de los pasados posibles devuelve la dignidad a los silenciados y exige reparar la historia en el presente.

2. El Reino como misión histórica y responsabilidad: La salvación no es una evasión del mundo, sino la transformación de sus estructuras. Construir el Reino en la Tierra implica hacer efectiva la contingencia radical: intervenir activamente para que la opresión ceda el paso a la liberación y la comunión.

3. Dios como compañero en el devenir humano: Frente al Dios relojero que contempla la necesidad desde la distancia, descubrimos a un Dios encarnado que habita las contingencias de la historia, sufriendo en las víctimas y espoleando la esperanza colectiva en cada gesto de redención.

Horizontal Abierto: Diálogos para la praxis

La articulación entre la filosofía de la contingencia, la hermenéutica de Oñate y la teología de la liberación nos abre a tres interrogantes fundamentales:

También te puede interesar

Lo último

Domingo 21º del tiempo ordinario

¿Quién es Jesucristo?