Notas sobre el variopinto dios de la Biblia, Dios de Israel.
Hay días en que uno tiene necesidad de hurgar en asuntos en los que, en otros, no tiene el más mínimo interés. Y si trato de compartir zozobras, veo con desolación que a la mayor parte de mis congéneres no sólo no les importa un comino, sino que les produce agotamiento mental. Nos servirá el prurito para una nueva secuencia de ironías bíblicas.
Siento pecar de reiterativo, pero llevo días en un sin vivir, retozando por la Biblia y encontrando cosas inauditas en lo que me cuesta creer que sea “palabra de Dios”, aunque digan que lo es. No reconozco al Dios cristiano. Por eso intento aclarar la esencia del Dios de Israel, la esencia “manifestada” por Él mismo a su pueblo escogido, Dios que debería ser el mismo que el de los cristianos, pero que no lo es.
No puedo recurrir a otras fuentes para conocerlo que las que Él mismo proporciona, en lo que la Iglesia -- portavoz oficial de Dios--, ha dicho, repetimos de nuevo, que es “palabra de Dios” (“te alabamos, Señor”), la Biblia.
Después de este embarullado exordio, me acerco a los Libros ("biblia", Nom. Plur. Neutro de "biblion"), Génesis, Éxodo, Salmos, Profetas, etc. etc. con la lupa aséptica del que sólo busca, para recabar datos. Frente a aquellos que podríamos considerar aceptables, emergen otros que desconciertan al más pintado.
Veamos algunos rasgos de este variopinto “dios de la Biblia”, que se supone Dios.
a) Que Dios sea Todopoderoso está bien. Lo puede todo, lo hizo todo, trabajó a destajo durante seis días para una obra sobre-humana. Pero, al final de esta tarea más que titánica, nos encontramos con un Dios cansado, necesitado de reposo. De ahí el breve versículo de Ex. 31.17: “…y al séptimo día descansó” Sabemos cómo descansó: Dios se echó a dormir. Lo dice el salmista.
b) Al despertar...; “Entonces se despertó el Señor, a la manera del que duerme, como un guerrero que grita excitado por el vino” (Sal, 78.65). Podría el salmista haber recurrido a otra metáfora o comparación, pero ¿Dios como un sargento borracho?
c) ¿Un Dios olvidadizo? El mismo salmista atolondrado le dice a Dios que no se olvide de los pobres (Salmo 10.12). ¿Cree este atrevido “palabrero del Señor” que a Dios le puede flaquear la memoria? Pues sí, porque lo repite varias veces: “¿Hasta cuándo, oh Yahvé, me olvidarás para siempre?” (Salmo 13.1). Algo de lo que también el gran Jeremías se “lamenta” (Lam. 5.20) al final de sus “trenos”: “¿Por qué te olvidarás de nosotros para siempre y nos dejarás a lo largo de los días?”
d) Con frecuencia encontramos a un Dios que se lamenta, se reprocha y hasta se arrepiente de lo que hace, de haber creado al hombre o, también, de haberlo tratado mal: “Entonces Yahvé lamentó haber hecho al hombre en la Tierra y le dolió en su corazón” (Gen. 6.6). “Entonces Yahvé se arrepintió del mal que dijo que haría a su pueblo” (Éxodo 32.14). Parece que el cocido de arcilla no se le dio bien.
e) A la vista de los improperios que lanza contra sí mismo en Jeremías, 10. 18-20. lógicamente debemos preguntarnos si estamos ante un Dios depresivo. ¿Tiene sus horas bajas? ¿Siente vergüenza de lo que le sucede? ¿Se reprocha a sí mismo defectos o desgracias? Pues sí: “¡Ay de mí por mi ruina! Mi herida es incurable. Sin embargo dije: “Ciertamente ésta es mi enfermedad y debo sufrirla. Mi tienda, destruida; mis cuerdas, rotas. Mis hijos se fueron de casa y ya no están. Ya no hay nadie que extienda mi morada ni quien levante mi tienda”.
f) Pero como a Dios nadie lo puede conocer ni es consecuente con la lógica de los humanos, hace gala de confundir al personal y se solaza con ello. Así, el Dios bíblico se contenta con facilidad, se la pasa rápidamente el enfado y aplaude a rabiar cuando algo le satisface. No se confunda nadie, Dios no padece ciclotimia: Él es así. Éxodo 21.17: Yo también batiré mano contra mano y haré que se asiente mi ira. Yo, Yahvé, he hablado.Ezequiel, 22.13:He aquí que he batido mis palmas por tu avaricia y por la sangre que hay en medio de ti [aplaude por su próxima venganza].
g) Un Dios realmente ininteligible e incomprensible. Sabemos bien que uno de los preceptos que en el Sinaí impondrá con meridiana claridad es aquel de “no robarás”. Lo que se suele olvidar es lo que había sucedido antes, por inspiración suya. Poco tiempo era el que separaba tal apodíctico "logo", "No matarás", de aquella artera recomendación anterior que aparece en Éxodo 3.21: Yo haré que halle el pueblo gracia a los ojos de los egipcios [¡con castigos terribles!]; y cuando salgáis, no saldréis con las manos vacías, sino que cada mujer pedirá a su vecina y a la que vive en su casa objetos de plata, objetos de oro y vestidos, que pondréis vosotros a vuestros hijos y a vuestras hijas y os llevaréis los despojos de Egipto”. ¿Pero qué Dios tan raro es éste?
h) ¡Qué Dios tan teatrero! Para no alargar el asunto, referiremos dos textos donde se ve a Dios como un perfecto teatrero que domina como nadie los recursos escénicos y que utiliza los elementos naturales como efectos especiales –el humo, los terremotos, los eclipses, las tormentas…-- en ese gran teatro de la fe. En el “Canto de David” de II Samuel, 22. 8 ss leemos: “…y en mi angustia invocaba a Yahvé, imploraba el auxilio de mi Dios. Él oyó mi voz desde sus palacios, mi clamor llegó a sus oídos. Conmovióse y tembló la tierra, vacilaron los fundamentos de los cielos, se estremecieron porque se airó contra ellos. Subía de sus narices el humo y de su boca el fuego abrasador, carbones encendidos por él. Y abajó los cielos y descendió. Negra oscuridad tenía bajo sus pies. Cabalgó sobre los querubines y voló, fue visto sobre las alas de los vientos. Puso en derredor suyo tinieblas por velo; calígine acuosa, densos nubarrones. Ante su resplandor, que le precedía, se encendieron ascuas de fuego. Tronó Yahvé desde los cielos, etc. [sigue: merece la pena leer el pasaje completo].
En los Salmos se puede apreciar la gran variedad de recursos de que Dios dispone para hacerse valer. Por ejemplo, Salmo 21.10: Tú los pondrás como en un horno de fuego, en el día de tu faz; Yahvé los consumirá en su ira, el fuego los abrasará. Pero donde más evidente se aprecia ese temblor de los elementos escénicos, es en el momento en que Jesús expira en la cruz… De vértigo. Desistimos de repetir algo que todos conocen.
La Biblia es un tesoro inagotable, pero hemos de dejar en el tintero asuntos de sumo interés. Dado que nos hizo a su imagen y semejanza y Él es uno, es lógico preguntarse dónde está la semejanza con el elemento femenino. Pero, ¿cómo es su lado masculino? ¿Cómo aparece su psiquismo senil, dada la avanzada edad de que Dios goza? ¿Y qué decir de sus terribles venganzas, de su cólera fácil, algo de lo que está plagado el Antiguo Testamento?
A pesar de las dudas, de las sorpresas, del desconcierto, del estupor y los sobresaltos que producen ciertos párrafos, hemos de decir con aquellos que saben explicar todo eso , los teólogos: “Palabra de Dios – Te alabamos, Señor”.