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Lo complicado que es hablar seriamente de “moral” - 2

Cierto que todos entendemos lo que significa “moral”. Cierto también que hace referencia a la conducta de la persona. Cierto, asimismo, que la conducta moral tiene sus derivaciones y connotaciones sociales: baste pensar en la inmensa madeja y el entramado monumental que ha sido y es la legislación a lo largo de la historia y en los distintos países. Y cierto, por último, que adentrarse en el complejo asunto que supone el estudio científico de “la moral” o “la ética” es darse de bruces con prejuicios y presunciones, puntos de partida, visiones parciales… en que incurren todos los sistemas científicos en asuntos como éste.

Al repasar textos y apuntes de la asignatura “Ética” he vuelto a sufrir esa sensación ambivalente: por una parte se puede divagar y tomar a la ligera algo que todos dan por supuesto, cual es el concepto de ética y conducta moral; por otra, la multitud de sistemas, de concepciones filosófico-sociales-psicológicas, harían inviable el tratar de plasmar en pocas páginas los estudios y tratados sobre moral. Y ello sin caer en la vulgarización.

Añádase otra consideración que cualquiera con conocimientos sobre metodología de la ciencia se puede imaginar: ¿se puede hacer ciencia de la conducta moral y de la ética sin verse desbordados? ¿Sin caer en subjetivismos? Lo más fácil es hacer recensión de todo lo que la historia de las ideas ha legado sobre moral y por ahí hay tratados “ad hoc”. Pero esto es lisa y llanamente divagación.

Más que nada porque en asuntos de conducta el escollo primero con que uno se encuentra es la cuestión previa de la “libertad”, otro asunto espinoso y peliagudo. Algunos ni siquiera se atreven a conceder carta de naturaleza a la libertad, afectados de determinismo como estamos los humanos.

Quedémonos con la Ética, presuponiendo que es la ciencia de la conducta moral, en su dimensión individual, vital y social (recomendable Social Antropology del profesor Robert Redfield). La ética tiene un doble componente, el normativo y el descriptivo. El normativo hace referencia a la formación de juicios de valor y reglas de conducta que condicionarán el comportamiento moral; el descriptivo trata de explicar los fenómenos morales, las conductas, su porqué, sus condicionantes, etc.

La ética normativa ha generado muy diversos campos e infinidad de estudios referidos a aspectos de la misma que tienen que ver con la ciencia de manera muy sesgada, pero que buscan explicar de algún modo las conductas: el campo de la praxiología, es decir, lo que tiene que ver con la eficacia de las acciones (ver Alfred Espinas); axiología, que es definición, diferenciación, clasificación y jerarquización de los valores éticos; “felicitología” (Neurath, María Osowska); “ideal de perfección”, en un doble enfoque posible: filosófico que se puede retrotraer hasta Aristóteles y racionalista o antropológico, que hace referencia a los tipos ideales de una cultura, tipos “envidiables” (recomiendo el libro de Crane Brinton, Hª de la moral occidental. Ed. Aguilar), con sus correspondientes “anti héroes” (ver K. Horney “La personalidad neurótica de nuestro tiempo”); armonía social que presupone conceptos previos sobre sociedad, tipos de sociedad, sociedad ideal, etc. Recordemos los precedentes de esa aspiración a la felicidad del hombre dentro de una sociedad ideal. Referencias a esa sociedad ideal son la República de Platón; la Política de Aristóteles; La Ciudad del Sol, de Campanella o la Utopía de Tomás Moro. En nuestros días, “Walden Dos”, de Skinner, novela con un sustrato filosófico y psicológico. Y por ampliar lo que han sido elaboraciones teóricas sobre la armonía social recordemos la obra de Th. Hobbes “De Cive”, donde explica cómo organizar una sociedad que evite el dolor y los conflictos entre individuos; Voltaire, “lo bueno para el hombre es bueno para la sociedad”; Adam Smith y su famosa teoría de la “simpatía moral”; Moritz Schlick, de la Universidad de Viena, asesinado por un ex alumno en ese clima enrarecido previo a la II GM; Sartre y su “moral del compromiso”…

Se acercan más a la ciencia los tratados y escuelas sobre ética descriptiva –por el hecho de que no emite juicios de valor--, como la metaética (George Edward Moore, Ayer, Stevenson, Toolmin, Bunge) o más en concreto todos los englobados en la psicología y la sociología de la moral, que tanto deben a los estudios de Émile Durkheim.

La “metaética” pretende llevar a cabo un análisis de la estructura de los sistemas éticos; trata del carácter lógico de los juicios y reglas de valor; de si existe posibilidad de aplicación de las nociones de verdad y falsedad y profundiza en las características de los juicios y normas de valor.

La psicología de la ética trata sobre los procesos de evaluación de la conducta moral (su ambivalencia, el peligro del etnocentrismo, las actitudes valorativas de que habla G.Allport). Estudia, asimismo, la motivación, los sentimientos de deber, los sentimientos de culpabilidad; analiza bajo el punto de vista psicológico (relación con la persona y cómo afectan a la persona) el remordimiento, los escrúpulos, el arrepentimiento… Estudia las emociones o actitudes aprobadas o desaprobadas por la ética, la génesis de los juicios y actitudes morales (estudios de Piaget), los procesos de aprendizaje moral, el influjo de la genética y similares.

Por su parte la sociología de la ética centra su interés en la conducta en relación con la sociedad, incluyendo múltiples factores que afectan a la persona: clima, grupo opresivo, demorafía, sexo, emigraciones, nomadismo, tipo de población… (a este respecto es interesante el estudio de María Osowska, “Determinantes sociales de las ideas morales”). O sea, los factores que determinan el “ethos” (en griego, ezos) de un grupo social (proceso de normas éticas, diferenciación entre grupos) llegando a hablar incluso de la “física de las costumbres”. Las corrientes son muy diversas: la evolucionista de Darwin, Letourneau, Sutherland, Wertermarck, Hobhouse, con estudios sobre la evolución de los más aptos, principios de selección biológica, normativa eugenésica; humanistas como Wundt, Simmel e incluso Max Weber; y los reduccionistas (la ética es sociología): escuela de Durkheim, Levy-Bruhl…

Las acciones a que hacen referencia moral y ética tradicionalmente se clasificaban en buenas, verdaderas o bellas. Como podemos apreciar por lo dicho hasta aquí, no está hoy tan clara la cosa. Hay autores que califican las acciones según los “intereses”; o según las “necesidades” como Bronislaw Malinowski; o según su relación con las instituciones, teorías de J. Stuart o E. Merrick Dodd. ¿Relativismo moral? En modo alguno, cuestión de enfoques.

Otro asunto a tener en cuenta cuando se habla de “moral” es su triple dimensión o triple referencia, que hemos sugerido anteriormente, la fisiológica, la psicológica y la sociológica. Cada uno con su tratamiento, sus defensores y detractores. A este respecto, interesante son los tratados de Max Scheler “La ética material de los valores” y la acerada crítica que hace esta obra Nicolai Hartmann; Stephen C. Pepper (análisis de actitudes) o E. Durkheim (cohesión social, medición de valores).

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