Hazte socio/a
Última hora
El caso Zornoza, archivado

Tres consideraciones sobre el misionero.

El misionero, hoy, está rodeado de una aura de dignidad, por su altruismo, cual si de una aristocracia sacralizada se tratara. Y no somos quienes nosotros para negarlo.

Cuando se dice la palabra misionero, el inconsciente colectivo entiende "sacerdote o religioso que en tierras lejanas y generalmente paganas dedica su vida a la difusión del Evangelio". Pero ¿se puede llamar misionero al que toma posesión de una parroquia, por ejemplo en Perú, país de mayoría católica, y realiza allí idéntica labor a la que deja aquí? ¿Es misionero el religioso, como mi amigo G.F. en el Congo, cuya vida está ocupada en levantar granjas y escuelas aunque a primeras horas de la mañana diga su misa diaria, acompañado algunas veces por tres o cuatro beatas madrugadoras? ¿O ser misionero es ejercer una actividad laboral rodeado de pobreza, atraso y miseria?

¿Y cuál es la relación que la Iglesia oficial, los funcionarios burócratas de lo sagrado, tienen con aquellos que o bien optaron personalmente por “la misión” o bien fueron alejados por motivos alguna que otra vez demasiado oscuros.

Permítasenos hacer una triple disección de este status en cierto modo privilegiado en cuanto afecta al sentido de una vida:

EL MISIONERO-I.- Tras haber renegado de las comodidades de su mundo anterior, el misionero malvive en su misión contento de servir para algo más que cuatro misas y tres rosarios.

Detrás de él están los que han organizado su nueva vida y le han ayudado a tomar decisiones, pero que, gracias a su opción exclusivamente personal, justifican la pervivencia del mundo del que él renegó.

Su acto de heroísmo sirve de coartada para vidas apoltronadas y para llenar panfletos de los que están en retaguardia.

¿Cuántos misioneros se necesitan para justificar un jerarca? O al revés ¿a cuántos jerarcas justifica un misionero?

EL MISIONERO -II.- Se da el caso de muchísimos misioneros que en realidad han huido porque no podían soportar el hedor espiritual que desprendía una vida tan muelle, la de la metrópoli, o una doctrina que propicia actitudes vitales pancistas.

El impudor de que hacen gala aquellos que se hacen lenguas de tales héroes habría que desvelarlo y avergonzarles por ello: la metrópoli se enorgullece ante la sociedad de una doctrina que ha generado tales actos de desprendimiento y heroísmo, poniendo como ejemplo a los misioneros salidos de su seno. Huidos más bien. Pero ¿los motivos de esta opción personal no cuentan?

EL MISIONERO -III.- Los misioneros son verdaderos héroes individuales, porque lo son. Sin embargo las misiones son una ofensa social.

Personajes provenientes de un mundo económicamente, quizá también culturalmente, superior aportan las migajas de la "cultura del derroche"; aportan "desde fuera" soluciones a problemas internos, casi siempre por fallos o carencias en la estructura social y, con mayor frecuencia, política.

Problemas, paradoja del destino, también heredados de los mismos países que ahora les envían residuos de consuelo...

Hemos de admitir que siempre habrá personas dentro de esa sociedad desvalida con suficiente empuje para alzar de la postración al pueblo. Lo que les suele faltar son los medios o la voz para ello. ¿Qué hacen los misioneros en este sentido? ¿Les dejan las autoridades metropolitanas? Con el añadido de que a veces son la cabeza de turco de una historia pasada de opresión que ellos, precisamente, tratan de paliar.

También te puede interesar

Lo último