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¿Qué espíritu anima a nuestra sociedad?

En relación con la religión tradicional, que parecía conformar el "espíritu" de occidente, de Europa, hay quien define el espíritu de nuestra sociedad actual como “religión laica”, lo cual no deja de ser una “contradictio in términis”, pues nada hay más a-religioso que la laicidad. Casi podríamos decir que este nuestro mundo occidental, Europa, carece de espíritu.

En otros tiempos, pensadores de alto calado intelectual, incluso políticos de alto “standing”, dieron forma y vida al espíritu de Europa y conformaron sus esencias. Hoy parece que supuestos grandes pensadores han dimitido de su misión “evangelizadora”, quizá porque nadie sabe lo que supone “occidente”.

Echemos la vista atrás respecto a acontecimientos que han conformado nuestro mundo actual, bien que en muchos aspectos en nada se parece nuestro mundo al de hace un siglo. Ha habido o se está gestando una mutación que todavía no tiene visos de saber a dónde puede conducir.

 Occidente ha pasado por una época desesperada. Las dos guerras mundiales provocadas "causalmente" por un país que se consideraba "esencia" de las esencias europeas, Alemania, supusieron una sacudida mortal para muchas posturas y muchos criterios mentales que se pensaban inamovibles. Entre ellos la esencia cristiana de Europa. También la católica España ha sufrido la garra de la división. Hoy, en la descreída España parece impensable una contienda civil fuera del círculo de aquellos que siguen identificando la esencia patria con la fe secular.

Nada tuvo que ver la religión en el inicio de ambas contiendas, pero al final siempre se recurre a ella como justificación, como tabla de salvación cuando no queda nada a lo que asirse o como muñeco de pim pam pum a donde dirigir los dardos.

Sería simplista hablar de contienda religiosa la de nuestra Guerra Civil, pero la parte vencedora sí lo hizo: laintituló Cruzada de Liberación con otras martingalas añadidas. Arrastrada por el ideario o falta de ideario de la dictadura triunfante, la Iglesia se creyó vencedora y como tal obró.La apuesta le salió bien y le duró cuarenta años. La España de siempre, la España católica seguía conservando las esencias patrias, identificadas, claro está, con la fe de Don Pelayo, los Reyes Católicos, Santa Teresa... y Franco.

Algunos siguen pensando así. Otros somos más relativistas y vemos las cosas con socarronería: ¿ideal patriótico? ¿esencia secular? ¿la fe de nuestros antepasados? ¡Pues vaya con losideales, la esencia y la fe de siempre, que a la mínima sacudida democrática y con el mayor poder adquisitivo de los obreros y las ayudas europeas al desarrollo han corrido a esconderse en los Hogares Sacerdotales. Todo era palabrería.

Hoy impera el librepensamiento, que no hay que confundir con el liberalismo. El librepensamiento impregna el tejido social y es como el báculo de cualquier ideología o movimiento ciudadano, principalmente movimientos sociales, aunque también de ámbito político: puedo pensar y decir lo que quiera, la imposición de las ideas debe pasar previamente por la discusión y la conveniencia y, sobre todo, el convencimiento.

Hubo un tiempo en que la lucha contra la beatería ideológica creó individuos clonados del clero, pero en sentido diametralmente opuesto: utilizaban el incienso para asfixiar al creyente y el agua bendita para ahogar en ella al beato. Vulgares caricaturas del católico practicante convencido. Parecían pastores de una Iglesia atea. Pero cazurros y asesinos cuando les iban bien dadas. 

Nuestra Europa de hoy y nuestra España post dictatorial han dado de lado ambas posturas, la de la creencia y la de la beligerancia contraria (excepto algunos, dirán aquí, que todavía esgrimen la espada del ateísmo cerril) . Lo que prima es otra cosa que se podría concretar en indiferencia, desapego, despreocupación, omisión, incluso exclusión de lo sacro en la vida diaria cuando lo sacro pretende hacerse presente de manera petulante y oscena en la sociedad.

Quienes militan bajo credos religiosos, creyentes y jerarcas, no niegan los hechos, se dan cuenta de la desafección popular... pero siguen defendiendo que lo que subyace bajo idearios civiles es sagrado; que la religión está ahí, oculta, escondida en el fondo de cada uno; que España sigue siendo católica... Y "en el fondo" es cierto porque hasta las sustituciones de lo religioso parecen de lo más religioso: aquella Educación para la Ciudadanía parecçia un Catecismo laico; se pretenden ceremonias civiles calcadas de sus correspondientes ritos sagrados: bautismo = ingreso en la sociedad; I Comunión = fiesta de la niñez; Confirmación = fiesta de la juventud... En algunos lugares, se ha llegado a cuestionar el repique de campanas bajo pretextos nimios; se pretende implantar otro calendario; se busca suprimir las imágenes sagradas de entornos civiles...

En definitiva, de una u otra forma se busca arrinconar o relegar lo sacro al ámbito estrictamente privado. Ya no son actos aislados de vandálicos mentales; hay una nueva disposición intelectual, un nuevo modo de sentir y de pensar que hinca sus raíces en periodos gloriosamente humanos del pensamiento: movimientos filosóficos grecorromanos antropocéntricos, Humanismo renacentista, Ilustración, Racionalismo, Modernismo...

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