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Los que vivimos las consecuencias de la Guerra Civil.

Cada vez seremos menos los que guardamos en nuestra mente retazos de las consecuencias de la Guerra Civil, principalmente porque nuestra infancia o adolescencia se desarrolló entre gentes de un bando o de otro y en un clima espeso de carestía de todo y de dificultades sobrevenidas.

No tanto los papeles que pudieran reflejar lo que en esa época sucedió, más bien lo que luego se ha escrito, pero todos eran conscientes de la dificilísima tarea que era enfrentarse a la dura realidad del día a día, de formar una familia, de conseguir el pan nuestro de cada día, de llegar a fin de mes… Y hay que decir claro que la realidad era dura tanto para los que habían luchado en un bando como en el otro. La posguerra fue igual para todos.

No, no voy a pasar por alto lo que ha sido tema reiterado en estos últimos 30 años y que ha reverdecido con no muy sana intención: la represión franquista. La inmensa mayoría de la sociedad no la vivió, por lo que no se puede asimilar a la situación general en que vivía España. Ese “espíritu nacional” con que el estado y la Iglesia quisieron impregnar las conciencias, no caló en absoluto entre la gente. La radio, la escuela… todo ello sonaba como extraño, a veces hasta ridículo e incluso absurdo: la vida iba por un lado, las soflamas por otro. Hasta los niños tergiversaban las canciones patrióticas obligados a aprender.

Mi primer recuerdo de tales gentes es que no querían hablar de lo que habían vivido, es decir, sufrido y padecido. Querían, como fuera, desarrollar una vida pacífica al margen del recuerdo. Harto tenían con hacer frente a los rigores de la pobreza. Eso sí, se vivía con miedo a cualquier desliz que contraviniera las ordenanzas, como por ejemplo pintar una persiana con colores no “apropiados”. La presencia de la Guardia Civil producía temor. Era el brazo ejecutor del nuevo destino.

¿Y los que entonces éramos niños? Vivíamos felices, porque la vida se componía de pequeñas satisfacciones, sobre todo las que propiciaba la vida social de compañeros y amigos, unidos en la escuela y en los juegos.

Llegó un momento en que Franco y su camarilla no podían aportar nada al progreso de España. Todo cambió a mejor merced a la labor de políticos nuevos, con ideas y planes en consonancia con los tiempos. La autarquía, que había sido un desastre y una rémora, quedó atrás; España conoció un progreso espectacular… A partir de 1960 o algo más, con la nueva política económica, los españoles pudimos mejorar; la nueva clase media emergente hizo que cambiaran las ideas; España se acercaba a Europa a pesar del entramado político que gobernaba el país; la universidad se hizo "poopular" (yo mismo "gocé" de algo hoy impensable, la "beca-salario").

Franco había desaparecido mucho antes de su muerte. En el año 1978 se juntaron próceres personajes de ambos bandos otrora enfrentados. Y reflejaron en sus palabras, actitudes, charlas, escritos y, sobre todo, en lo que salió de aquello, la Constitución, que era llegado el momento de construir una nueva sociedad. Iba a escribir “superar”, pero una guerra vivida nunca se supera. Refleja mejor lo que luego ha sucedido la palabra “construir”.

¿Y la Guerra Civil, en esos años de pujanza, quedaba atrás? Pues no. Eran muchos los interesados en seguir “gozando” de los privilegios de casta, aunque el pueblo cada vez se alejaba más de sus soflamas. Entre otras cosas, era obligado estudiar las Leyes Fundamentales y los principios del Movimiento. En la Universidad se conocían como una de “las tres Marías”, junto a Religión y Gimnasia. ¿Y a partir de 1978, quedó atrás la Guerra Civil? , durante más o menos 30 años.

En este tiempo, todos pensábamos que debían ser los historiadores los que investigaran y juzgaran los hechos que en la Guerra sucedieron. Muchos fuimos los que, incluso en vida de Franco y comprando libros en Francia, nos embebimos en lo que “allí” sucedió. Y conocimos las barbaridades que se cometieron. Y cómo quebraron las leyes. Y cómo se impusieron en la vida diaria las venganzas, la irracionalidad, el desafuero, el nulo respeto a la vida…

¿Qué ha sucedido después, en estos últimos 15 o 20 años? Ha sucedido, ni más ni menos, que los irredentos de la historia han querido torcerla. Como se solía decir, “han querido ganar la guerra después de haberla perdido”. Y con este espíritu revisionista, todos hemos perdido. El conocimiento histórico apenas si importa. Leyes como la de Memoria Histórica han venido a reescribir los hechos de manera unilateral. Se ha procurado, desde la política, quebrar el clima de concordia, comprensión y superación. Ha primado el resarcimiento de uno de los bandos.

¿Son conscientes estos miserables del mal que están haciendo? ¿No se dan cuenta de que esto incita a un nuevo enfrentamiento? Ahora unos son los buenos y otros los malos, cuando en una guerra civil nunca hay buenos ni malos. ¿Será posible retomar el rumbo marcado por quienes quisieron construir una nueva sociedad?

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