Ormuz
Ahora, marzo de 2026, está de moda el “Estrecho de Ormuz”. Incluso supongo que muchos españoles han buscado su ubicación en un mapa. Pero aún así, lo que todavía seguramente desconocen es que durante un tiempo la isla que da nombre a este estrecho pertenecía a España, y que controlábamos todo el comercio marítimo del Golfo Pérsico, es decir las ricas rutas comerciales entre los diferentes continentes, hasta que perdimos este enclave en 1622.
Unos versos de Quevedo titulados “Al mal gobierno de Felipe IV” hacen referencia a estos acontecimientos comenzando con “Los ingleses, Señor, y los persianos han conquistado a Ormuz…”
Y ya lo que es muy desconocido, salvo por algunos historiadores locales, es que en Villanueva del Fresno, una pequeña localidad extremeña, en las inmediaciones del manantial llamado “Pilar de la Mora”, se encontraba la denominada “Quinta del Alcaide” o “Quinta del Marqués”, donde posiblemente se alojó el autor de esos versos, don Francisco de Quevedo y Villegas, que en aquellos tiempos era amigo de andanzas de Alonso Portocarrero (II), V marqués de Villanueva del Fresno. Se habrían conocido en su juventud vallisoletana cuando ambos medraban cerca de la corte real. A ello se sumaba que la ascendencia extremeña de la familia materna del escritor, los Villegas, estaban al servicio de los Portocarrero, tanto en Villanueva como en Barcarrota, Jerez de los Caballeros o Fregenal de la Sierra, habiendo constancia de que eran naturales de Villanueva del Fresno don Hernán de Villegas y su esposa, doña María Moriano.
Durante su estancia en Villanueva, entre 1607 y 1608, Quevedo escribió “El Alguacil Endemoniado (Alguacilado)”, el segundo de los famosos “Sueños”, y se lo dedicó al marqués, «bien sé que a los ojos de V. Excelencia es más endemoniado el autor que el sujeto...».
Cuando en 1622 España perdió el Estrecho de Ormuz, Quevedo perdió la paciencia y escribió esos versos al mal gobierno del rey. El cierre del estrecho representó para el Imperio español de Felipe IV, el nieto de Felipe II, un golpe devastador que combinó pérdidas económicas, humillación geopolítica y la ruptura de un delicado equilibrio diplomático. Esta pérdida produjo en España un hundimiento financiero ya que Ormuz no era solo una fortaleza, era la aduana más rentable del imperio al controlar todo el comercio entre Asia y Europa a través del Golfo Pérsico.
Durante más de un siglo, los portugueses, y a partir de 1580, los españoles, tras integrarse las coronas portuguesa y española en la Unión Ibérica, imponían derechos y aranceles a cada barco que transitaba por allí, siendo una de las principales fuentes de ingresos del “Estado da India”, la estructura que sostenía la presencia ibérica en Asia. En esa época en la que se decía que en el Imperio Español no se ponía el sol, había otro dicho que lo resumía todo: "El mundo es un anillo y Ormuz es su piedra preciosa".
Fueron los persas y los ingleses lo que se lo arrebataron a España y Portugal. No ganaron Ormuz con un simple enfrentamiento militar con asaltos frontales. Antes de atacar la isla principal, tomaron la vecina isla de Qeshm, la más grande del Golfo Pérsino, donde se ubicaban los pozos que abastecían de agua potable a toda la región. Ahora Qeshm también es famosa porque es donde se almacena el petróleo de los pozos antes de cargar el crudo en los buques que viajan al resto del mundo cruzando Ormuz. Pues en 1622 los persas y los ingleses no sólo cortaron el suministro de agua, también hundieron los barcos portugueses (Portugal y España estaban unidas en la Monarquía Hispánica) para bloquear la entrada de víveres y munición, y sometieron a la guarnición de Ormuz a un asedio de diez semanas. Sin agua que beber, ni abastecimiento de víveres, ni pólvora con la que defenderse, los 500 soldados españoles y portugueses no tuvieron más opción que rendirse en mayo de 1622. El imperio más grande del mundo había perdido una posición clave por no garantizar algo tan básico como el agua potable.
La alianza anglo-persa que arrebató Ormuz a los españoles se había estado gestando durante años. El imperio español había intentado aliarse con Persia para combatir al enemigo común otomano. Se habían enviado embajadores, se negociaron acuerdos comerciales para exportar la seda, se crearon comisiones conjuntas para coordinar estrategias, pero la diplomacia española fue un desastre. No aprendemos nunca. Mientras, los hijos de la Gran Bretaña ya habían establecido acuerdos comerciales con el sah de Persia Abbás el Grande. Los ingleses, como siempre, se quedaron con el botín. También con los derechos de aduana y se instalaron como nueva potencia europea en el golfo Pérsico, lo que cambió el equilibrio de poder en el Índico para siempre. La Compañía Inglesa de las Indias Orientales había abierto una puerta que España ya no podría cerrar. A nosotros nos habían cerrado el grifo. El grifo del Pilar de la Mora.
Los versos del poema de Quevedo en los que denunciaba el mal gobierno de España también aludían a lo que nos cuesta a los hispanos actuar rápido cuando se necesita ayuda. Que la pidan. Entre que en Ormuz estallaba una crisis y en Madrid se tomaba una decisión, pasaban meses. El verso que dice "El daño es pronto y el remedio tarde", no era una metáfora que hacía Quevedo de tiempos pasados. Era el diagnóstico de una realidad burocrática estructural. De entonces y de ahora.
Cuando la noticia de la caída de Ormuz le llegó en Aranjuez a Felipe IV, ya era tarde. Lo intentamos reconquistar en 1623, 1624, 1625 y 1627… todos los intentos fracasaron. Ya era muy tarde. Había comenzado el inicio del fin de la "España asiática". Fue un golpe al prestigio de un imperio, al dominio de las rutas marítimas, al fin del control del comercio entre Oriente y Occidente. Su caída demostró que el Imperio español, inmerso en demasiados frentes abiertos, había perdido capacidad para proteger sus posesiones más remotas. También las más cercanas. Portugal inició su guerra de independencia en 1640, Guerra da Restauração la llamaron.
Si Quevedo levantara la cabeza y viera hoy lo que pasa en el estrecho de Ormuz … vería a otro imperio decadente metido en líos con los persas. Iraníes los llamamos ahora. No aprendemos nunca. El mundo no aprende jamás.