León XIV, a los jóvenes del mundo: "Lleven a Cristo esta creación que gime y sufre, el grito de la tierra y de los pobres"
"¡Déjense alcanzar y conmover por esta realidad! Jesús no amó al mundo desde lejos", recuerda el Papa, quien recalca que los jóvenes "viven en un mundo creado que es bueno, pero que está herido; lleno de posibilidades, pero marcado por injusticias, tensiones y miedos"
"Lleven a Cristo sus preguntas, sus heridas, incluso las que desgarran a sus sociedades y enfrentan a sus países. Llévenle esta creación que gime y sufre, el grito de la tierra y de los pobres, que el Papa Francisco nos ha enseñado a escuchar. Compartan con Jesús sus alegrías y esperanzas". El Papa León XIV ha escrito una carta-mensaje a todos los jóvenes del mundo, con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud, que se celebra a nivel diocesano el 22 de noviembre, y con la mirada puesta en la JMJ de Corea del próximo mes de agosto, a la que el pontífice promete acudir.
Días antes de partir hacia Uruguay, Prevost comienza su. mensaje agradeciendo a los jóvenes "por el don que son ustedes para la Iglesia y para la sociedad", aun "siendo tan diferentes y estando dispersos por el mundo". "Su deseo de amar y ser amados proviene de Dios, así como la esperanza que el Espíritu Santo suscita en sus corazones: una esperanza que también puede convertirse en luz para los demás", subraya el Papa, quien reivindica la virtud de valor en tiempos de preguntas y preocupaciones.
"Muchos de ustedes tienen preguntas y preocupaciones que oprimen el corazón. Quizá experimenten temores por el futuro, sientan la presión por tener éxito y parecer perfectos, y estén expuestos al estrés de una continua comparación con los demás o con modelos inalcanzables y artificiales. Posiblemente encuentren difícil reconocer y aceptar su identidad bajo la influencia de imágenes construidas por las redes sociales; perciben la necesidad de afecto sincero, porque la tecnología puede imitar la empatía, pero no sustituye la auténtica cercanía humana. Algunos de ustedes conocen la soledad, la desilusión o el temor de no estar a la altura", recalca León XIV, quien reconoce que los jóvenes, como el propio Cristo, no tienen "una vida sin tormentas".
"Si pensamos que Cristo ha vencido al mundo amándolo, comprendemos que la valentía cristiana no es una valentía “contra” algo o alguien, sino una valentía “por”: por la vida, por la verdad, por la libertad y por la justicia" subraya el pontífice, quien invita a los jovenes "no a huir de ese mundo sino a verlo con su mirada y a tocarlo con su amor que todo sana". "¡Déjense alcanzar y conmover por esta realidad! Jesús no amó al mundo desde lejos", recuerda el Papa, quien recalca que los jóvenes "viven en un mundo creado que es bueno, pero que está herido; lleno de posibilidades, pero marcado por injusticias, tensiones y miedos".
"Muchos desean la paz, pero encuentran la violencia; muchos anhelan la comunión, pero experimentan la soledad. En medio de estas contradicciones, los cristianos están llamados a seguir a Cristo en su valentía humilde: la valentía de ser amables cuando la dureza parece más fácil y resolutiva, la valentía de buscar la paz cuando el enfrentamiento parece más ventajoso, la valentía de custodiar la esperanza cuando el cinismo parece más convincente", añade.
La victoria, subraya el Papa, "no es imponerse, sino entregarse", "ni demostrar continuamente lo que valen, ni parecer perfectos o esconder sus fragilidades, sus dudas o sus límites". "Una cierta mentalidad nos dice que hagamos todo solos, que trabajemos en nosotros mismos para mejorar continuamente, para construir una personalidad y un carácter más fuertes, pero al final esto puede hacernos creer que somos nuestros propios salvadores. El Evangelio nos presenta otro camino de crecimiento: no nos salvamos solos, sino que nos dejamos salvar por Jesucristo". Esta es la valentía: la de "aceptar la ayuda de los demás, de reconocer los propios límites, de detenernos, de escuchar y de confiar la vida a Dios".
"Quizá también en sus corazones y en las comunidades a las que pertenecen hay puertas que aún siguen cerradas a causa de desilusiones, heridas, resentimientos, sentimientos de culpa. Cristo viene a darles su paz y a reconciliarlos unos con otros. La valentía cristiana nace de la presencia del Señor resucitado, que perdona y envía. El don de su paz nos infunde un valor que el mundo no puede dar; un valor en el que, a pesar de las heridas, el miedo no tiene la última palabra", culmina Prevost, quien de cara a Seúl vuelve a reclamar a los jóvenes que "abran a Cristo sus vidas". "Abran a Cristo sus comunidades. Abran las calles que los conducen al corazón de las personas con las que se encuentran. El Señor resucitado, que entró a través de las puertas cerradas, sigue viniendo hoy entre ustedes. Por eso, no se conformen con una vida más pequeña de aquella a la que Cristo los llama. Déjense unir y transformar por su amor".